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sábado, 26 de septiembre de 2015

Las ruinas

Isla ciudad, por Cecilia Moscovich

En mi adolescencia, durante el menemismo, la ciudad estaba llena de ruinas. El Puerto, las estaciones de trenes, el Puente Colgante y lo que hoy es la Costanera Este eran espacios de escombros, fierros retorcidos, esqueletos metálicos y piezas vacías. Con mis amigos buscábamos el peligro y la aventura en esos lugares. Entrábamos de noche a los galpones abandonados del puerto, trepábamos a los elevadores de granos y nos colgábamos mirando los vidrios rotos del Molino Marconetti. Fumábamos nuestro primer porro en los pedazos de escalera que la inundación del 83 había perdonado, por el Espigón o La Rambla. Subíamos a la única y oxidada torre del puente, mirando desde arriba una ciudad sin rascacielos, y del otro lado, allá abajo donde el puente se derrumbaba de golpe, nos hipnotizaba el abismo de borbotones oscuros del río.
El antiguo puente era de madera; recuerdo los tablones podridos, con unos tornillos enormes, partidos donde el puente había colapsado. 
Una vez subimos con mi amiga Flavia, las dos solas. Se subía por una escalerita que estaba embutida en la estructura de la torre. Ya arriba, el viento era bastante salvaje. Flavia se agarraba de la baranda que le llegaba a la cintura e inclinaba el resto del cuerpo hacia el vacío.
Fantaseábamos con bajar deslizándonos tipo tirolesa por los enormes cables de acero. Aterrizaríamos, sanas y salvas, entre las paredes y habitaciones arrasadas de Piedras Blancas, por donde la vegetación isleña trepaba y sacaba flores amarillas y azules.

Publicada en Pausa #162, miércoles 23 de septiembre de 2015
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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Diez años en Santa Rosa de Lima

El Lugar Barrial de Ajedrez celebró su primera década de trabajo junto a los pibes del barrio.


La inundación de 2003 marcó tristemente a la ciudad. Vidas perdidas, hogares perdidos, sueños perdidos. Huellas que permacerán para siempre, de una u otra forma, por una u otra razón.
Pero siempre de esas historias de pérdida, dolor, injusticia y varias sensaciones y sentimientos más, surgen esas otras historias que pudieron resignificar el sufrimiento para seguir adelante y transformarlo en algo más.
Nuevas generaciones de purretes se acercan para aprender a jugar y estar con amigos, mientras que las viejas camadas ahora los instruyen.

Cuando Atahualpa Larrea, un niño de apenas 6 años en aquel 2003, se encontró por primera vez con un tablero de ajedrez luego de que el agua se tragara sus otros juegos y juguetes, nunca imaginó que 10 años después esa experiencia que, según dice, cambió su vida, también cambiaría la de cientos de chicos y chicas. “A nivel personal fue un crecimiento muy grande, yo cuando tenía 7 u 8 años competía, jugaba torneos, lo hacía como un deporte. Con la creación de este espacio comencé a ver al ajedrez de otra forma, ya no como un deporte, sino como algo social, inclusivo, al alcance de todos. El ajedrez desde siempre, culturalmente, había sido sólo para gente de cierto nivel económico, era un deporte de elite, entonces la idea de crear este lugar libre y gratuito rompió un poco con esa concepción”, dice Ata, hoy un adolescente de 18 años. “Después de 10 años ha significado un cambio de mentalidad muy grande en los chicos, en el barrio y en la ciudad, porque esta idea del ajedrez social se fue replicando en otros lados, de hecho hoy hay unas 10 escuelas similares a ésta, y también pudimos ver esta idea replicada en el resto del país y Latinoamerica”, celebró.
Marcela Faraone, madre de Atahualpa y una de las fundadoras del LBA, recuerda que cuando en 2005 su hijo les preguntó por qué en el barrio no había una escuela de ajedrez, la decisión fue hacerla ellos mismos. “En su momento esto era un gran desafío porque era la primera escuela de ajedrez libre y gratuita de la ciudad”, dice Marcela. “Hoy ya hay varias más y acá nosotros tenemos unos 80 pibes de entre 4 y 26 años participando de las actividades que, de a poco, fueron sumándose, además del ajedrez. A lo largo de estos años hemos tenido talleres de computación, de plástica, de música, hip-hop, tango, folclore. Vamos siempre buscando esas cosas que a los chicos les van interesando para poder engancharlos y que vengan. También valoramos mucho que en estos 10 años pasaron por acá muchos practicantes, que han hecho sus tesis y trabajos para las facultades e institutos, eso fue armando un grupo humano muy lindo y valioso”, destacó la madre.
El LBA funciona en Mendoza 4261, en un ex Hogar Escuela que fue levantado por la Fundación Eva Perón y desmantelado durante la última dictadura militar. En 2003, los vecinos de Santa Rosa reabrieron este espacio que se encontraba abandonado para darles un lugar a los chicos y chicas del barrio. 
“Nosotros lo limpiamos, lo pintamos, lo recuperamos. Con el correr del tiempo pudimos ir revitalizándolo, y hoy el gobierno provincial lo está manteniendo y usándolo también para dar talleres y actividades”, comenta Juan Larrea, padre de Atahualpa. “Nosotros sentimos que cumplimos un rol fundamental, el de ser custodios de este lugar que es tan significativo para el barrio, porque acá en la década del 70 vivían amigos nuestros, pibes del barrio. Sentimos satisfacción de que pudimos hacer que este lugar permanezca en el tiempo a pesar de los intentos de hacerlo desaparecer o transformarlo en otra cosa que tuvieron algunos gobiernos. Pero acá estamos, y manteniendo el espíritu con el que fue creado: para los niños y niñas. Creemos haber sido nosotros, como asociación, un granito de arena que aportó a eso”, cerró.

Crecer jugando
El LBA cumple un rol social muy importante en Santa Rosa de Lima, más allá de la práctica del ajedrez. En 2005, cuando la ciudad todavía se recuperaba del paso del agua y de una de las crisis más profundas que vivió el país, este lugar acogió a los pibes que además de la necesidad  de un espacio de contención, tenían hambre. Juan grafica esto con claridad: “todavía seguimos dando la copa de leche, pero en un principio necesitábamos 50 litros para atender a todos los pibes, hoy preparamos sólo 10 litros. Con eso vemos que todavía hay una fracción de esta población que necesita la alimentación y otra muy importante que ya puede acceder a ella en sus casas”. Marcela arroja otro dato que agrega más claridad sobre el valor que este tipo de lugares tienen en barrios como Santa Rosa: “nosotros vemos que como espacio de contención social esto ha funcionado, los chicos van por el buen camino, muchos han formado sus familias, hay una gran cantidad que está en la facultad y eso es muy valioso, porque el barrio tiene 70 años y cuando arrancamos con este proyecto había solamente 14  egresados de la facultad, ahora sólo de nuestro grupo de chicos tenemos unos 14 estudiando y algunos a punto de recibirse. Eso nos llena de orgullo y de ganas de seguir apostando”.
Muchos de esos chicos y chicas que en 2005 se encontraron por primera vez con los tableros negros y blancos, con los peones, alfiles, torres y demás, hoy ya adolescentes y jóvenes, son quienes están tomando la posta de la comisión directiva del LBA, organizando torneos y llevando sus conocimientos y experiencias a otras escuelas en la ciudad y alrededores. “Hay muchos chicos que están ejerciendo como instructores en las escuelas públicas en distintas ciudades, pero este año salió un artículo que estipula que si no estás federado no podes ejercer como instructor, y eso es complicado para nosotros porque federarse implica mucho dinero, nosotros somos ajedrez social y por eso estamos intentando que se nos reconozca como ONG, para que las nuevas camadas de chicos que se van formando también puedan tener la posibilidad de ser instructores, que haya igualdad de oportunidades con el resto”, comenta Marcela. Y Atahualpa agrega: “creo que hoy se ha cumplido uno de los objetivos que tiene LBA, que es brindarles a los chicos oportunidades de inserción laboral. Gran parte de quienes comenzaron acá como alumnos, con 8 o 10 años, se están desempeñando como instructores de ajedrez en las escuelas públicas y además vuelven acá para seguir colaborando con este proyecto”.

Publicada en Pausa #162, miércoles 23 de septiembre de 2015
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miércoles, 5 de agosto de 2015

La primera derrota de Reutemann


Fue el eje de la política provincial durante casi 25 años. Con ley de lemas para los cargos ejecutivos y con elección directa para el Senado nacional, su imbatible actuación electoral ordenó los liderazgos en su partido y los temores en su oposición.
Carlos Reutemann le dio al peronismo provincial cuatro gestiones continuadas, con él como gobernador o como figura dominante sobre el obeidismo. De su lapicera emanaban las listas de todas las categorías. Ponía y sacaba candidaturas según su gusto y parecer. Su nombre se volvió sinónimo del peronismo santafesino. Pero la inundación, el fin de la ley de lemas y el kirchnerismo –a nivel nacional– resquebrajaron su poderío. Bastó el rosario de gruesos errores estratégicos del PRO en los últimos meses para que quedara, bajo el actual escenario, boqueando y recostado en las cuerdas, pidiendo el gong.
Este domingo, en las primarias nacionales, el imbatible tanque suizo alemán tiene serias chances de caer noqueado.

2003 y después
Es cierto: en 2003 y 2009 el Lole triunfó sin sobresaltos en las elecciones para senador. Sin embargo, estaba claro que ya no podía caminar por su ciudad sin ser escrachado por las víctimas de la trágica inundación que él propició, a fuerza de obras incumplidas y desastrosos y corruptos manejos en el salvataje y atención de las víctimas. A esto se suma la virulenta  disputa por la renta agraria en 2008, en la que Reutemann rompió con el gobierno nacional. Así, en 2009 le ganaría la contienda a Rubén Giustiniani, pero bajo el sello del Peronismo Federal. Reutemann se garantizaría seis años más de fueros. El precio: perder el dominio total del partido.
Acaso haya calculado (con buen tino) que el peronismo jamás le iba reclamar seriamente por los muertos de la inundación; pero ni siquiera sus adversarios impulsaron debidamente a la Justicia en tal sentido. Y se trataba de un empujón más que necesario: el Lole amasó un Poder Judicial a su semejanza, bajo la sombra su primo político, el ministro de la Corte Rafael Gutiérrez.
En la vereda opuesta al kirchnerismo, alejado completamente del partido local, dormitando en su poltrona del Congreso, Reutemann tiró un bombazo durante las elecciones de 2011, al volcar al electorado peronista más conservador a los pies de Miguel Torres del Sel, que marchaba sin muchas chances hacia las generales tras unas primarias más bien pobres. “Yo soy peronista, no kirchnerista”, fue la reaccionaria señal para generar una masiva sangría de votos que huyeron desde Agustín Rossi hacia el Midachi PRO, que por primera vez quedó a las puertas de Casa Gris. Pero no le alcanzó. Y el Lole puso los pies afuera del plato, definitivamente.

Errores no forzados
En el último año, la pringosa combinación entre las operaciones de los medios de prensa nacionales, los vaticinios de la encuestología y el arrobado misticismo de los buhoneros del marketing electoral devino en una serie de piruetas desconcertantes, de las que salió como único triunfador Daniel Scioli, quien se mantuvo en su carril haciendo lo que tenía que hacer: esperar y no hacer olas. (Algo que bien podría haber hecho Florencio Randazzo, pero eso es harina de otro costal).
Reutemann formó parte de esta bailanta, sacándose fotitos con Sergio Massa y abonándose luego al PRO. Su periplo es equivalente a la extraña estrategia del Grupo Clarín: entronar a Massa –que significaba el cambio manso y sin brusquedad– para luego arrastrarlo por el piso y, finalmente, apostar por Macri –que representaba el cambio radical y ahora es, sencillamente, un versero. El resultado final es equivalente: ambos, Reutemann y Clarín, quedarán a la buena de Scioli una vez pasado octubre.
(Ah, sí. Excepto por esta probable caída de Reutemann, estas elecciones generan tan poca pasión que todavía no vamos a gastar su tiempo de lectura en explicar por qué el escenario indica que Scioli camina tranquilo hacia la victoria).
Lo del PRO también es jocundo. Le histeriqueó feo a Massa, que hociqueó abiertamente pidiendo un puestito como candidato amarillo para la provincia de Buenos Aires, y le abrió las ventanas a la UCR, pero prácticamente sin ningún tipo de alianza o acuerdo electoral sustantivo en el más alto nivel. Ay de los recoletos, creyendo que así ganaron medio fiscal. Cerca de 200 mil personas en todo el país son necesarias para que no te mojen las orejas en el conteo de papeletas sobre los bancos de las escuelas. El PRO despreció el aparato de la UCR, no sin haber embarrado su centenaria prosapia, y ahora apela a conseguir fiscales… vía Facebook y Whatsapp.
Por último, quizá tampoco sea necesario agregar un comentario sobre el viraje del discurso de Mauricio Macri respecto de YPF, Aerolíneas o la asignación universal. Ese momento pertenece más a la historia de la psicodelia que a la de la política. Basta decir: no importa cuánto te diga tu buhonero que tenés que ir a la caza del voto que no es cautivo, si lo hacés de un modo tan guaso te convertís en un mentiroso a secas. Pares y profanos desconfiarán, con razón y fundamento evidente.

Mirar al costado
Desde 2009 –en parte, desde 2003– el Lole no se hizo cargo en absoluto de la crisis del PJ provincial. Pero, además, una vez volcado al PRO también fue totalmente incapaz de armar una alianza eficaz entre el partido amarillo y los representantes del conservadurismo peronista en la bota. Reutemann fue un mero objeto del marketing electoral PRO. No quiso, o no pudo, terciar en favor de un buen sector del peronismo que hubiera visto con mucho agrado una articulación con la candidatura de Del Sel (sector que ahora negaría rotundamente haber tenido esa intención).
Ay de los recoletos, que creen que fuera de su coto puede garpar una fórmula presidencial cuyo binomio no se puede sacar la papa de la boca ni decir “yo” en lugar de “sho” o “cho”: la obcecada estrategia PRO de fomentar la pureza tuvo la eficacia de Higuaín en Chile. Fue un error no articular con la UCR, fue un error no bajar a Massa, y se repitió el tropiezo con el PJ vernáculo. El Lole, rebajado a su rol de mera foto, de selfie de campaña, tampoco hizo demasiado para sumar algo más que a UPCN, que siempre le hizo la segunda y que mucho empujó para lograr el acuerdo que los dejó terceros en la ciudad.
Y así llegamos a este pálido agosto.
Sobre Hermes Binner no hay demasiado para acotar. Esta es una oportunidad interesante para analizar cómo funciona el corte de boleta y cuánto influye en su performance que el Frente Progresista no lleve candidato a presidente. Fuera de ello, cuenta con una enorme cantidad de votos propios y es un probo anti kirchnerista –para los anti kirchneristas republicanos, sean o no neoliberales– y el padre de los progresistas –para los progresistas republicanos, sean o no anti kirchneristas. Entre el tercio del electorado que obtuvo Lifschitz y la chorrada de votos que recibió Bonfatti, estará la cifra de apoyos a Binner que lo dejarán en el binomio ganador.
Omar Perotti salió tercero para gobernador, pero fue la estrella de la elección. Protagonizó una remontada fenomenal y es, sin duda, quien más votos auténticos cosechó. Entre los votos a Del Sel hay que contar a los que eligieron al cómico por su repulsión al oficialismo socialista. Entre los votos a Lifschitz son muchísimos los que tomaron la decisión para evitar a la Tota gobernador. A Perotti se lo votó con convicción. Es imposible que baje respecto de su resultado reciente. Es más: el abierto apoyo de Scioli le va sumar, tanto como su buena entrada en los sectores anti kirchneristas. Perotti es el más cabal representante del futuro político del peronismo post Cristina. Todo el PJ provincial es capaz de leer esto y por ello es el primer peronista que efectivamente está logrando encolumnar al partido desde 2003: algo que parecía un desafío imposible hace apenas ocho meses.
Recuento. Binner suma más que Lifschitz (un tercio de los votos) por ser el mejor candidato histórico del Frente Progresista y por tener buena entrada en progresistas y anti K. Perotti superará su tercio de votos por el espaldarazo sciolista, por su anclaje en La Capital y la campiña y por haber demostrado su capacidad de conducción, arrancando cojo y desde abajo, ante sus propios compañeros. El único que pierde de su tercio es el que jugó solo y para sí mismo, el candidato de un partido que lleva para la presidencial a un concheto que quedó como un farabute. ¿Hubiera sido otra la realidad de no ser por los 1.700 votos de diferencia en las elecciones provinciales de junio? Oiga: esos 1.700 votos casi que decidieron la elección nacional toda.
Sí, por ese pelito, finalmente, el Lole quedó solo. Los sectores sociales y económicos que representaba ya encontraron mejor cobijo. Encima, está obligado a hacer declaraciones y a mostrarse, está obligado, como nunca, a exponerse en la campaña.
Porque se la ve venir.
¡Hasta el domingo!

viernes, 24 de julio de 2015

Ahora viene la pelea principal

En octubre, además de la elección presidencial, la provincia renovará senadores y diputados.

Casi la mitad de las provincias ya eligieron gobierno para el período 2015-2019 y la primera conclusión que se puede sacar es que hubo una consolidación de los oficialismos. La elección presidencial es la única de distrito único: los 32.064.323 electores habilitados para sufragar elegirán entre los mismos candidatos. No hay otra instancia similar, por lo cual el último antecedente válido es el de octubre de 2011, cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner llegó al 54%. Eso –y no las encuestas– es lo que hay que tener en cuenta al momento de analizar el escenario de cara a las primarias del 9 de agosto y las generales del 25 de octubre.
Incluida la reciente elección en la ciudad de Buenos Aires, nueve de los 22 distritos del país que este año votan ejecutivos ya eligieron a sus próximos gobernantes: en ocho ganó el oficialismo. Los principales referentes para la presidencia, Daniel Scioli y Mauricio Macri, aún no pudieron festejar una victoria trascendente que les permita caminar confiados el camino hacia octubre: el Frente Para la Victoria ganó en las provincias de La Rioja, Salta y Tierra del Fuego –de baja incidencia en el padrón– y el PRO hasta ahora sólo triunfó, con susto, en su único bastión –la ciudad de Buenos Aires– de la mano Horacio Rodríguez Larreta.
Hasta la elección en Santa Fe, en la que el macrista Miguel Torres del Sel quedó a apenas 1.700 votos de ganar la Casa Gris, el jefe de Gobierno porteño y principal opositor al gobierno nacional expresó un discurso basado en la idea de cambio radical, absoluto. La derrota en Santa Fe y el ajustado triunfo en Buenos Aires le cambiaron el eje a Macri: ahora reconoce aciertos y promueve la continuidad de muchas políticas del kirchnerismo. Su principal aliado en la provincia, el ex gobernador y actual senador Carlos Reutemann, aparece cada vez más distanciado de su “amigo”, como define al alcalde porteño. Reutemann se juega en octubre su continuidad en el Congreso, con su boleta pegada a la de un Macri en descenso. ¿Seguirá en el Senado seis años más? Compite contra dos candidatos fuertes –el kirchnerista Omar Perotti y el socialista Hermes Binner– y no hay lugar para los tres.

El desempate
Con un primer turno simbólico el 9 de agosto, en el cual ninguno tiene internas, Binner, Perotti y Reutemann competirán en las elecciones generales de octubre en las cuales Santa Fe renovará 10 de sus 19 bancas en la Cámara de Diputados de la Nación y sus tres escaños en el Senado, que se reparten dos para el ganador y el otro para el que salga segundo. El tercero, aunque quede a un voto, estará afuera de todo.
En la provincia, el Frente Progresista compite con el mismo esquema de 2013: un armado provincial que reúne a todos los partidos que lo conforman –el socialismo, la UCR, la Coalición Cívica, el GEN y otros aliados– sin referencia nacional. Luego de la buena performance en las provinciales del 14 de junio, el Frente para la Victoria propone a Perotti como primer senador y en la lista de diputados aparecen Marcos Cleri (La Cámpora), Silvina Frana (PJ Santa Fe), Alejandro Ramos (secretario de Transporte de la Nación y compañero de fórmula de Perotti) y Lucila De Ponte (Movimiento Evita).
A diferencia del Frente Progresista y del Frente para la Victoria, que lograron contener a todos sus sectores y además exhiben una fuerte presencia territorial, con candidatos provenientes de distintas lugares de la bota, el PRO santafesino se deshilachó después de las elecciones provinciales. El macrismo sólo contuvo a los puros –en los primeros lugares de la lista de diputados aparecen Anita Martínez, Lucas Incicco y José Nuñez– y a sus aliados reutemistas, con el Lole acompañado por Alejandra Vucasovich.
Binner, Perotti y Reutemann: cada fuerza santafesina larga sus peso pesado al combate.

¿Se repetirá en octubre el escenario de triple empate registrado el 14 de junio? Hay dos motivos que permiten sospechar que no: los resultados de las elecciones provinciales calaron distinto en cada fuerza (el Frente Progresista y el PJ salieron fortalecidos, mientras que para el PRO la derrota fue un golpe muy duro) y además hay distintas configuraciones de boletas (se utilizará el sistema sábana en lugar de la boleta única, con lo cual se reduce el margen de corte y tiende a haber mayor arrastre de los candidatos más importantes a favor de los menos conocidos).
Un sondeo de Andrés Mautone realizado a principios de julio, de 400 casos en Rosario, le otorga ventaja en senadores al ex gobernador Binner (26,9%), seguido por Perotti (25,9%) y, en tercer lugar, lejos, Reutemann con el 14,5%. Es un primer sondeo y la muestra solo abarca Rosario; aún quedan tres meses para las generales.
Inundados al Congreso
El Frente Popular, que postula a Víctor De Gennaro como presidente, inscribió en la provincia como precandidato a senador nacional a Jorge Castro, actor civil de la causa inundación, y a María Claudia Albornoz, referente de la Carpa Negra de los Inundados, como precandidata a diputada nacional.
Castro y Albornoz han puesto énfasis en acusar a Reutemann, actual aliado de Macri, por las siete muertes ocurridas en Rosario entre el 19 y el 20 de diciembre de 2001 y por la inundación de Santa Fe del año 2003, que dejó 158 víctimas y por la cual hay una causa penal en curso en la cual, de momento, el ex gobernador está sobreseído. Sin fueros, la suerte del Lole puede cambiar también en el plano judicial.

Mirando hacia octubre
En las primarias presidenciales solo se resuelve la interna del Frente Cambiemos entre Macri, el radical Ernesto Sanz y la líder de la Coalición Cívica Elisa Carrió y la interna del Frente UNA entre Sergio Massa y José Manuel De la Sota. Para el resto de los candidatos, será una encuesta de cara a octubre: una mucho más confiable que las que elaboran las consultoras.
Como ocurre en todas las elecciones presidenciales, una de las claves tiene que ver con la elección en provincia de Buenos Aires –el mayor distrito electoral con el 37% del padrón– que se realiza el mismo día. El kirchnerismo resolverá la interna de gobernador entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez; el PRO postula a la vicejefa de Gobierno porteño María Eugenia Vidal. El resultado de octubre, entre el vencedor del Frente para la Victoria y la candidata macrista, será determinante para la presidencial.
Pasados los comicios porteños, Scioli –que aún no festejó ningún triunfo relevante, a excepción de la reelección en Salta del gobernador Juan Manuel Urtubey– aparece más entero que Macri y mucho más que Massa. No solo por los sondeos que circulan, que lo muestran como favorito, sino principalmente porque Macri no pudo ganar en Santa Fe –su gran apuesta previa a las primarias– y porque se llevó un triunfo pírrico en la elección en Capital Federal, donde su candidato apenas quedó a un punto y medio –descontados los votos en blanco– del postulante de ECO Martín Lousteau.
Esa recaída en el pago propio y el nulo desarrollo territorial del PRO envalentonaron al kirchnerismo. Sus principales referentes lo hicieron notar apenas terminado el balotaje porteño. Aníbal Fernández opinó que “el PRO es un partido vecinal” y que “Macri no ganó nada en ningún lado”: una referencia que abarca a Mendoza (donde ganó el radicalismo), a Santa Fe y a la propia ciudad de Buenos Aires. Scioli dijo algo parecido: “El balotaje dejó un sabor amargo en el PRO”. Hasta Massa aprovechó para montarse en la ola anti-amarilla: el tigrense piensa que la “debilidad de Macri” le abre una oportunidad.

Publicada en Pausa #158, miércoles 22 de julio de 2015
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lunes, 22 de junio de 2015

Inundados e inundadores en las listas nacionales

Binner, Perotti y Reutemann animan la principal pelea: uno de los tres quedará afuera del Congreso. Aparecen dirigentes del movimiento de inundados como precandidatos. Santa Fe renueva sus legisladores nacionales el mismo día de la elección presidencial.


Pasados los comicios locales, la segunda mitad de 2015 estará dominada por la elección nacional, que no es cualquier elección: los argentinos vamos a elegir presidente para los próximos cuatro años y además se renovará parcialmente el Congreso. La novedad es que, además, se votarán por primera vez representantes para el Parlasur.
Las primarias serán el 9 de agosto y las generales el 25 de octubre. Ese día Santa Fe renovará sus tres senadores nacionales –dos para el partido ganador y uno para el que resulte segundo– y 10 de sus 19 diputados. La elección más atractiva será la del Senado, donde se enfrentarán tres pesos pesados: Hermes Binner, Omar Perotti y Carlos Reutemann.
El ex gobernador Binner encabeza la propuesta del Frente Progresista, que no lleva boleta presidencial. El actual diputado nacional Omar Perotti va por el Frente para la Victoria pegado a la boleta de Daniel Scioli. El senador Reutemann, que ocupa una banca por el PJ, lidera en la provincia la propuesta del PRO, acompañando al candidato presidencial Mauricio Macri.
La principal novedad, este año, la dio el Frente Popular, que postula a Víctor De Gennaro como presidente y que inscribió, en la provincia, como precandidato a senador nacional a Jorge Castro, actor civil de la causa inundación, y también a María Claudia Albornoz, referente de la Carpa Negra de los Inundados, como precandidata a diputada nacional.
Castro y Albornoz han puesto énfasis en acusar a Reutemann, actual aliado de Macri, por las siete muertes ocurridas en Rosario entre el 19 y el 20 de diciembre de 2001 y por la inundación de Santa Fe ocurrida en el año 2003. La propia Albornoz lideró, el pasado 11 de junio, un escrache contra el ex gobernador en el Puerto de Santa Fe, durante el cierre de campaña del PRO.

Las principales candidaturas en la provincia

Frente Progresista
* Senado: Hermes Binner (PS) y Marta Speranza (MAR-UCR, Reconquista)
* Diputados: Hugo Marcucci (UCR de Santa Fe, Grupo Universidad), María de los Ángeles González (actual ministra de Cultura de la provincia), Mónica Peralta (GEN), Pablo Lamberto (secretario general de la Juventud del PS) y Juan Cruz Cándido (UCR)
* Parlasur: Juan Carlos Zabalza (lista nacional) y Carlos Comi (lista regional)

Frente para la Victoria
* Senado: Omar Perotti y Marilin Sacnun
* Diputados: Marcos Cleri (La Cámpora), Silvina Frana (PJ de la ciudad Santa Fe), Alejandro Ramos (secretario de Transporte de la Nación), Lucila De Ponte (Movimieto Evita) y Claudio Tesini (La Cámpora)
* Parlasur: Agustín Rossi (nacional) y Diego Mansilla (regional)

PRO
* Senado: Carlos Reutemann y Alejandra Vucasovich
* Diputados: Anita Martínez (candidata a intendenta en Rosario, derrotada el 14 de junio por Mónica Fein), Lucas Incicco (apoderado de Unión PRO en Santa Fe), José Núñez (referente provincial de la Fundación Pensar), Astrid Hummel y Francisco Orell (Jóvenes PRO)
* Parlasur: Lilia Puig de Stubrin (dirigente de la UCR, en el tercer lugar de la nómina nacional) y Gonzalo Mansilla de Souza (lista regional)

Frente Renovador
* Senado: Eduardo Romagnoli
* Diputados: Alejandro Grandinetti, Vanesa Massetani y Guillermo Ramonda

Frente de Izquierda y de los Trabajadores
* Senado: Franco Casasola (PTS)
* Diputados: habrá internas entre el candidato del PTS Octavio Crivaro y su rival del Partido Obrero Jorgelina Signa, quien acaba de renovar su banca en el Concejo Deliberante de San Lorenzo
* Parlasur: Virginia Grisolía (PTS, candidata regional)

Las dos únicas agrupaciones que tendrán internas son el Frente Popular y el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). En el primero, dirimirán la candidatura a senador el actor civil de la causa inundación Jorge Castro y Alejandro “Cacho” Parlante, en tanto que por las de diputados habrá una compulsa entre las listas que encabezan Jimena Sosa y Marcelo Fernández por un lado, y Luciano Molina y María Claudia Albornoz por el otro.

Los que se van
El 10 de diciembre, cuando se renueve parcialmente el Congreso Nacional, 13 legisladores que representan a la provincia –10 diputados y tres senadores– dejarán sus bancas, aunque algunos –como Carlos Reutemann y Marcos Cleri– son candidatos a renovar sus mandatos.
Los tres senadores que dejarán sus cargos son Reutemann y Roxana Latorre –electos en 2009 por Santa Fe Federal, el nombre que utilizó ese año el ya extinto Peronismo Federal para participar de los comicios– y el socialista Rubén Giustiniani, recientemente electo como diputado provincial.
También se irán del Congreso 10 de los 19 diputados nacionales que representan a Santa Fe y que fueron electos el 23 de octubre de 2011: cinco del Frente Progresista (los socialistas Juan Carlos Zabalza, Élida Rasino y Omar Barchetta, Fabián Peralta del GEN y Antonio Riestra del partido Pares) y cinco del Frente para la Victoria (Omar Perotti, Marcos Cleri, Claudia Giaccone, Silvia Simoncini –ambas diputadas provinciales electas– y Oscar Martínez, quien en 2013 se pasó al Frente Renovador).

Los que siguen
Electos en 2013, tienen mandato hasta diciembre 2017 otros nueve diputados nacionales que representan a la provincia: Josefina González y Eduardo Seminara (Frente para la Victoria), Hermes Binner, Mario Barletta, Alicia Ciciliani y Pablo Javkin (Frente Progresista) y Gisela Scaglia, Ricardo Spinozzi y Luciano Laspina (Unión PRO Federal).
El líder del PRO santafesino, Miguel Torres del Sel, había sido electo en 2013 como diputado nacional, pero dejó su banca a principios de este año para competir por la gobernación (su lugar lo ocupó Laspina).
Si Binner resulta electo senador nacional, su lugar en la Cámara de Diputados lo ocupará el primer suplente del Frente Progresista: Ana Copes, del Partido Demócrata Progresista.

sábado, 20 de junio de 2015

El Deportivo Saer mira la Copa

ESPECIAL: DIEZ AÑOS SIN SAER | En un extraño juego, la literatura de Juan José Saer y las pasiones deportivas –con el fútbol como estrella absoluta–, se conjugan en este texto que nos regala el periodista Ariel Scher.

Por Ariel Scher

Los tres delanteros del Deportivo Saer se llamaban Nadie, Nada y Nunca, pero ese no era el rasgo sobresaliente del equipo. No podía serlo porque en el Deportivo Saer no había ni socio ni hincha ni jugador ni mozo que no supiera de atrás para adelante y de adelante para atrás Nadie, nada, nunca, novela cumbre de Saer, de Juan José Saer, el escritor santafesino que le daba nombre, sentido, estilo y vida a cada pelotazo y a cada penal en ese club. Lo sobresaliente, lo que de verdad resultaba sobresaliente, era que ni hinchas, ni socios, ni jugadores ni mozos tenían la más mínima idea de si a Saer, maestro del lenguaje y de los libros, talento mayúsculo que nació en 1937 y murió en 2005, le había gustado el fútbol.
“Le gustaba, desde luego que le gustaba”, vociferaba el tío de Nadie, que se llamaba Juan o Pedro o José, pero ni Nadie ni nadie lo llamaba de esa manera porque él exigía que le dijeran Tomatis, como el emblemático personaje que Saer introdujo en muchos de sus textos.
“Le gustaba”, insistía, imbuido de su ser Tomatis y de su entrenamiento como lector de Saer. Y, mientras analizaba partidos de la Copa América de Chile –una Copa comenzada el día en el que se cumplían diez años de la muerte de Saer en París–, recordaba que en Nadie, nada, nunca reluce un concepto del juego. Lo enuncia un entrenador: “El fútbol es, antes que nada, armonía y combate”.
Otra imagen de Saer, también en la Costanera de la ciudad donde inició con su escritura.

Muchos le cuestionaban a Juan o Pedro o José o Tomatis esa afirmación. Un mozo –alguien autorizado porque las obras de Saer traen unos cuantos mozos– se la refutó feo con el dato de que Tomatis, justo Tomatis, se manifiesta en La grande, la novela póstuma de Saer, “ridiculizando el deporte y proclamando sin mentir que nunca había entrado en una cancha de fútbol”.
“No sé si lo suyo era el fútbol”, soltaba el mozo. Para él, Saer, que abordaba cada cuestión aparentemente menor del mundo y la contaba como si fuera el mundo entero, portaba el secreto para definir las cosas y, entre las cosas, los deportes. Como certificado, ahí circulaba, entre los ensayos de El concepto de ficción, un resumen saeriano del ajedrez: “El ajedrez es una metáfora de la amistad aunque su decurso sea una batalla”. Y, para dejar en claro que su condición de mozo no lo volvía un hablador sin pruebas como otros mozos, rescataba a un personaje de Saer, Mauricio, quien, en Glosa, otra novela, batalla afectuosamente en el ajedrez con cuatro rivales al mismo tiempo.
Desde una visión u otra, en lo que sí coincidían socios, hinchas, jugadores y mozos del Deportivo Saer era en que quienes representaran al club debían comportarse sobre el césped respetando la lógica con la que Saer edificó su literatura.
En ese punto, más que las percepciones del Tata Martino o de Jorge Sampaoli, los deportistas aprendían el título del libro que la escritora Florencia Abbate enhebró sobre Saer: El espesor del presente. Y, más que especular sobre las magias de los pies de Neymar, se entrenaban en una explicación de la especialista Beatriz Sarlo. Esta explicación: “Saer fue siempre original porque eligió extenderse en la narración de acciones que, habitualmente, la ficción calla o simplemente menciona. Se puede escribir: ‘ella cosió el botón’. Saer lo cuenta a lo largo de cuatro páginas”.
Un córner, en consecuencia, no implicaba para los muchachos del Deportivo Saer un procedimiento más o menos mecánico por el que trataban de que la pelota, en vez de estar en la esquina, llegara a la red contraria. No: en el Deportivo Saer, más que el gol y más que el grito de gol, resultaban determinantes la mirada del número 11 a la posición del número 10, y el efecto de una brisa suave que desplazaba de derecha a izquierda los yuyos sobre los que estaba apoyada la pelota y cómo esa pelota viajaba de unos yuyos a otros yuyos, y el movimiento de cordones del botín diestro de un volante zurdo que parpadeaba dos, tres, seis veces.
Nada de confundirse: de todo eso no brotaba un fútbol agobiante o aburrido. Al contrario, ocurría lo mismo que con la literatura de Saer: una delicia.
Por si alguien lo olvidó, el centrodelantero del Deportivo Saer respondía al nombre de Nada. Un crack. Se emocionaba si jugaba Messi, si aceleraba Agüero o si se contorneaba Alexis Sánchez. No obstante, le comentaba a Nadie y a Nunca, los wines del equipo, que su ídolo, por encima de esas superfiguras, era Pedro Gorosito, goleador del club Progreso en los años cuarenta, según la presentación que le dedica Saer en Cicatrices, otra novela enorme. Ídolo, sí, Gorosito porque no sólo destinaba su talento deportivo al fútbol sino que lo expandía hacia la natación.
Santafesino y de río, narrador pormenorizado de remeros y de remos en El entenado y en El limonero real, Saer le atribuye a Gorosito en Cicatrices un mérito capaz de generar envidias en cualquier nadador: había dado brazadas con el mítico Pedro Candioti, un prócer de las aguas abiertas que llegó a las tapas de los diarios con sus hazañas. Un prócer de las aguas abiertas mutado, además, en prócer literario porque nadó hasta alcanzar un sitio en las páginas de Saer.
Es posible que se confundan ciertas gentes para las que el fútbol es sólo hacer más goles que los demás. Algunas de esas gentes hasta acaso subestimen la comprensión del juego que distinguía al Deportivo Saer y no se concentren en cuánta inteligencia circulaba allí en cualquier tiempo y también ahora, que hay Copa América. Aun así, a esas gentes les hubiera convenido concederle atención a las deliberaciones que socios, hinchas, jugadores y mozos desplegaban antes, durante y después de los partidos. La literatura de Saer les obsequiaba claves. Y ellos, desde esas claves, moldeaban filosofía futbolera, poesía futbolera, o sea filosofía y poesía. Dominaban todos que, por caso, en la novela La pesquisa, queda expuesta la preocupación de Saer por una sociedad que “ha sustituido la plegaria por la compra a crédito y la veneración de los mártires por la foto autografiada de un jugador de fútbol”. Y, si Saer se había preocupado, ellos también.
Y más: Juan o Pedro o José o Tomatis solía sugerirle a un mozo que quien averiguara por qué Saer, en el cuento Palo y hueso, resuelve que un personaje le ordene a otro “llévelo al fútbol” encontrará el secreto esencial de tamaña pasión de millones.
Porfiado, casi peleador, observador de los detalles a la manera de Saer, el mozo retrucaba que si, en algún rincón permanecía guardado el misterio del fútbol, ese lugar surgía en otro texto de Saer (del que no largaría el título para que todos lo fueran a rastrear) en el que una ciudad va siendo ocupada por una inundación. “Del otro lado de la avenida está el estadio de fútbol”, redactó allí Saer, quien nació en Serodino, un pueblo, pero cuando se radicó en Santa Fe capital se acostumbró a esperar un colectivo en la cancha de Unión para ir en busca de una novia.
A Nunca, el wing izquierdo del ataque que compartía con Nadie y con Nada, le sobraba devoción por el fútbol y por llevar las banderas del Deportivo Saer a un campo de juego. No por eso mentía. Durante la primera noche en la que socios, hinchas, jugadores y mozos del club se juntaron para debatir sobre alguno de los partidos de la Copa América chilena, confesó que de las aproximaciones de Saer al deporte sus favoritas no provenían del fútbol. Elegía a Coria, el hombre de rings del cuento El taximetrista (“Había sido boxeador amateur durante un tiempo, hasta que, durante una discusión extraprofesional, le vació el ojo de una trompada a un entrenador, incidente que interrumpió su carrera justo cuando se hallaba a punto de incorporarse al profesionalismo”), al billar con el que largaba Cicatrices (“Estoy inclinado sobre la mesa, haciendo deslizar el taco, listo para tirar. La colorada y la blanca –mi bola es la de punto– están del otro lado de la mesa, cerca del rincón”) y a la invocación a los Grand Slams que flotaba en La grande (donde alguien “jugó en torneos internacionales de tenis llegando algunas veces a las semifinales de Wimbledon y de Roland Garros”).
Pese a esas preferencias, su compromiso con el fútbol y con las concepciones del Deportivo Saer gozaban de tal intensidad que jamás hacía una gambeta con una pelota que no fuera multicolor porque así es la pelota que rebota en La grande.
Unas horas antes del debut de Argentina en la Copa América, los delanteros Nadie, Nada y Nunca elogiaron al mediocampo que los abastecía en el Deportivo Saer y se pusieron de acuerdo en que, por más méritos que acumulara, sería difícil que otro mediocampo, inclusive el de una selección, rindiera mejor.
Entonces, intervino Juan o Pedro o José o Tomatis, al cabo un experto, que sacudió el aire con un antiguo ejemplar de la revista El Porteño en la que Osvaldo Soriano, entrevistado caracterizaba desde la cancha a los grandes escritores de la época. Allí, se fundamentaba, con seriedad, con sabiduría y con gracia, el motivo de un mediocampo exquisito. Lo proclamaba a lo Ramón Díaz, Soriano: “A Juan José Saer lo pondría de ocho: es el que levanta la mirada y avisa que se viene el contragolpe”.
Sobre aquella entrevista y sobre el enigma de la relación de Saer con el fútbol polemizaron Nadie, Nada, Nunca, socios, hinchas, jugadores y mozos del equipo hasta que Argentina entró al estadio para estrenarse en la Copa América. Curiosamente, ni en esa circunstancia ni en ninguna otra se mostraron incómodos frente a una situación innegable: hay quienes dudan de la existencia del Deportivo Saer. “No existe para los que todavía no leyeron a Saer. Cualquiera que empiece a leerlo, más temprano o más tarde se hará socio, hincha, jugador o mozo del club”, argumentó Juan o Pedro o José o Tomatis. O ni Juan ni Pedro ni José y sí Tomatis. Tomatis, por fin Tomatis porque esta vez el mozo lo enfocó casi conmovido y le dio toda la razón.

Familia fútbol
El periodista y escritor Ariel Scher, junto a su hijo Ezequiel, siguen día a día la Copa América a través de una idea que comenzó el año pasado en el Mundial de Brasil, a la que denominaron Familia Mundial. Ezequiel desde Chile y Ariel desde Argentina buscaron la excelente excusa del fútbol para escribir sobre literatura y otras yerbas. En esta oportunidad, Ariel Scher nos deleita con un texto titulado originalmente Deportivo Saer, en referencia a nuestro gran escritor.

Publicada en Pausa #156, miércoles 17 de junio de 2015
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miércoles, 17 de junio de 2015

Las últimas cuatro balas socialistas

Desafíos de la frágil hegemonía del Frente Progresista.


Hermes Binner le arrebató el gobierno provincial al peronismo en 2007. Dos inundaciones, los residuos del menemismo activos, sin transfiguración ni alejamiento o repudio, y el fin de la Ley de Lemas le dieron cauce al aluvión de votos al socialista, que llegó a los 860 mil sufragios hace 8 años. Desde entonces, el declive del oficialismo local fue continuo.
Hubo festejos en Rosario, pero la caída paulatina y contundente en la preferencia por el Frente Progresista debiera funcionar como una alarma en una futura gestión.

Carlos Reutemann fue a las urnas por última vez en 2009. En la contienda por las bancas en el Senado Nacional, le ganó a Rubén Giustiniani, quien todavía era apoyado por su partido y que orilló los 680 mil votos. Dos años después, Antonio Bonfatti le ganaría a Miguel Torres Del Sel por algo más de 60 mil votos, en lo que fuera la primera aparición estelar del humorista en la política. Bonfatti fue electo gobernador con 687 mil sufragios. La performance de Binner, en 2013, marcaría una excepción, ya que llegaría a los 786 mil votos en la disputa por la representación en la Cámara de Diputados de la Nación. Dos años después, Miguel Lifschitz cerraría un escrutinio provisorio (95,45% de las mesas computadas) con 558 mil votos. Son 300 mil votos menos que en 2007 y 119 mil menos que en 2011.
La elección parece cerrada. Las mesas que quedan en disputa corresponden en su enorme mayoría a Rosario; es poco probable que se revierta la diferencia de 2.100 votos a favor –de acuerdo al conteo provisorio– del candidato del Frente Progresista por sobre el PRO.
La caída paulatina y contundente en la preferencia por el Frente Progresista debiera funcionar como una alarma en una futura gestión. Es correcta la apreciación que Miguel Lifschitz pronunció el día después de la votación: buena parte de las obras que el socialismo puso en marcha serían terminadas durante su gestión. Los acueductos del norte y el centro son muy esperados; los esqueletos enormes del nuevo Hospital Iturraspe, en barrio Yapeyú, o el Cemafe, al lado del Correo, exigen su finalización para que no se conviertan en grises monumentos de hormigón a la ineficacia.
La animadversión del electorado de La Capital hacia los candidatos que huelan a rosarino es otro dato. El cumplimiento del Acuerdo Capital, labrado con el reelecto intendente José Corral –hoy la figura principal del radicalismo en toda la provincia–, será otra de las claves. Una nueva inundación por lluvias en el norte de la ciudad, equivalente a la falta de desagües, haría insostenible cualquier justificación o excusa del oficialismo.
Otro eje de los próximos cuatro años será el manejo de la Policía. El desatino en el gobierno de la fuerza armada durante los últimos cuatro años culminó con el desembarco de la Gendarmería por toda la provincia. La enumeración es agotadora: renuncia de Leandro Corti por un pueril conflicto relacionado con un partido de fútbol, explosión de la violencia narco en Rosario, detención del ex jefe de la Policía Hugo Tognoli por su presunta vinculación con bandas delictivas, la balacera contra la casa de Bonfatti, una primera ocupación de los gendarmes en Rosario, fracasos en las reformas propuestas para la Policía, paro de los hombres de azul e instauración de una semanita de delirante estado de excepción con copamiento armado de la Plaza de Mayo, record de homicidios en la ciudad de Santa Fe. Hasta podría elaborarse una hipótesis, no tan arriesgada: quizá la Gendarmería haya bajado a la provincia después de las primarias con el solo fin de dar una fuerte señal de contención en el marco de unas elecciones que ya se sabían demasiado conflictivas como para ser salpimentadas con alguna opereta policial. Sólo una idea tirada al paso, por así decir.
Como sea, en los próximos cuatro años, que seguramente serán del Frente Progresista, también veremos nuevas tensiones al interior de ese espacio. El acuerdo entre socialistas y radicales tuvo un claro resultado durante los ocho años: triunfos provinciales, pero cada vez con menos votos y sin alternancia.
En este sentido, la victoria de Corral lo pone en el centro de la escena radical, por sobre Mario Barletta. El socialismo ya gastó a sus principales tres dirigentes (Binner, Bonfatti y Lifschitz), mientras que Mónica Fein le ganó por muy poco a la candidata del PRO, Anita Martínez, en la intendencia de Rosario. Imposible es avizorar cómo trabajará la estructura del Frente de aquí a cuatro años. Lo que sí es seguro es que el radicalismo avanzará con paso firme en la construcción de un candidato que haga realidad la alternancia al interior del espacio.

Espacio opositor
Acaso hayamos visto el último intento de la Tota para llegar al poder. Es evidente que el PRO tiene un techo que no puede horadar: sus 612 mil votos en 2011 fueron el máximo; el domingo pasado sacó 56 mil votos menos. Sin Del Sel, el PRO ni siquiera es una estructura de marketing electoral, ya que toda su estrategia vino importada en paquete cerrado desde Buenos Aires. Finalmente, quizá Juan Carlos Mercier se jubile de la política de una buena vez. Poco probable parece que Reutemann intente una gobernación en 2019: tiene la próxima elección a senador para garantizarse la inmunidad de los fueros políticos y, para ese entonces, estará cerca de los 80 años.
El justicialismo encontró por fin un camino. Conduce a Rafaela. Por primera vez desde 2007 hubo una sensación de victoria, pese a que Perotti quedó 24 mil votos debajo de Del Sel. El hombre del departamento Castellanos arrancó su campaña tardísimo y de sopetón, tras los estériles coqueteos de María Eugenia Bielsa.
¿Qué hubiera pasado si la Bielsa sí hubiera ido por la provincia o por la ciudad de Rosario? Quién sabe. Al menos sí hay algo claro: la campaña del PJ hubiera sido mucho más extensa y organizada, con mejor y más amplia oferta.
Contra todo pronóstico, la arremetida de Perotti revitalizará al alicaído peronismo, dará un poco de orden, cohesión y línea a la resquebrajada estructura otrora superpoderosa. Habrá que ver cómo jugará el rossismo y cómo funcionarán las puertas giratorias para la estructura de UPCN, que esta vez le erró fiero: perdió al sumarse a la estrategia de Del Sel y, sobre todo, sufrió una golpiza en su figura principal en la ciudad, Sebastián Pignata. La orden de saltar del PJ al PRO significó un cómodo tercer puesto para el edil, que perdió 9 mil votos entre 2013 y 2015.

Gobierno con apoyo
El formidable resultado de Antonio Bonfatti ya venía cosido desde las primarias. Todos los candidatos del Frente Progresista, en la categoría de diputados, habían sumado 712 mil votos. Bonfatti llegó a 730 mil: no sólo los mantuvo en su redil sino que agregó algunos porotos. La Legislatura acompañará con mayoría propia al Ejecutivo, una realidad complemente distinta a la que transitó el socialismo durante los últimos cuatro años, si bien la mayoría justicialista tampoco le metió tantos palos en la rueda al gobierno.
No hubo confianza del electorado en la propuesta para la categoría de diputados del Frente Justicialista para la Victoria. Omar Perotti sumó como gobernador cerca de 194 mil votos más que Héctor Cavallero. El “Tigre” hizo una pésima elección, 18.78% de los sufragios. El PRO juntó en esa categoría un 18,05%. Así, el justicialismo tendrá 10 bancas y el PRO 10 o, acaso, nueve. Es que, por primera vez, la izquierda llegará a la Legislatura de la mano del renacido –literalmente, ya que estuvo muerto dos minutos por paro cardíaco tras una maratón en plena campaña– Carlos Del Frade. Y como los números todavía no están cerrados, quizá el Frente Social y Popular sume una banca más a las dos que ya tiene ganadas, restándole al PRO.

Publicada en Pausa #156, miércoles 17 de junio de 2015
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jueves, 11 de junio de 2015

Reutemann ya no es bienvenido en su ciudad

El senador nacional estuvo en Santa Fe, junto a Macri, para apoyar a Del Sel en el cierre de su campaña. Pero a la salida, los inundados lo escracharon al grito de “asesino”.

Carlos Reutemann no puede mostrarse en público en Santa Fe y hoy quedó probado, una vez más. Las demandas al ex gobernador siguen vigentes: por la inundación de 2003 –que arrasó a un tercio de la ciudad de Santa Fe–, por las siete personas asesinadas en Rosario en el trágico diciembre de 2001 –entre ellos Claudio “Pocho” Lepratti–, por las políticas que ejecutó en sus dos gestiones al frente de la Casa Gris y que dejaron a la provincia en un estado de abandono ruinoso.
Reutemann, increpado por los inundados. (Foto: Manuel Testi / Diario UNO Santa Fe)

Desde que dejó el gobierno, en diciembre de 2003, Reutemann volvió a la capital provincial muchas veces, pero en contadas ocasiones se animó a mostrarse en público. Cada vez que lo hizo, fue escrachado por vecinos, como ocurrió esta noche a la salida de una conferencia en el hotel Los Silos, en el puerto de Santa Fe.
Un grupo de inundados –no más de 15 personas– escrachó al ex gobernador después del acto político. Hubo momentos de tensión e insultos de ambos lados. Los manifestantes le gritaron “inundador” y “asesino” y le tiraron un huevo.
“¿No te da vergüenza? Nos inundaste, inundador. Asesino, querés seguir jodiendo a la gente, seguir manteniendo la impunidad y viviendo del Estado. Sufrimos Reutemann, asesino, los muertos te condenan, Reutemann, 130 mil inundados”, vociferaron integrantes de la Carpa Negra y de la Marcha de las Antorchas en el lobby del hotel, donde se mezclaron candidatos, asesores y periodistas.
La mujer del Lole, Verónica Ghío, devolvió los insultos y golpeó a María Claudia Albornoz, integrante de la Carpa Negra de la Dignidad. Albornoz hizo la denuncia en la Comisaría Primera. Acompañado por Mauricio Macri y Miguel Torres del Sel, Reutemann abandonó el lugar en medio de un fuerte operativo de seguridad.

Desprolijo cierre del PRO
Los incidentes fueron después de una conferencia de prensa realizada en los salones de Los Silos en el marco del cierre de campaña del PRO. Allí estuvieron Macri y Reutemann para apoyar al candidato a gobernador, Del Sel, quien enfrenta este domingo al socialista Miguel Lifschitz y al peronista Omar Perotti en las elecciones de gobernador.
La presencia de Macri había sido anunciada por el equipo de campaña de Del Sel, no así la de Reutemann. La prensa local tuvo dificultades para acceder a la actividad y debió interceder Adrián Aranda, miembro del equipo de prensa del PRO, para que los periodistas pudieran cubrir la actividad. Entre tanto, en los salones del primer piso del hotel, Macri, Reutemann y Del Sel atendían a los medios porteños.

El recuerdo de la inundación
El clima se empezó a caldear cuando una cronista le preguntó a Reutemann por la inundación de 2003. El actual senador nacional –candidato a la reelección por el PRO– contestó que ya declaró dos veces por escrito ante la justicia (en 2004 y 2013) y dijo: “No tengo nada más que aclarar”.
Ante una repregunta, sostuvo que “la responsabilidad primaria es de los intendentes”, le echó la culpa a las gestiones anteriores por la construcción del puente sobre la autopista a Rosario, dijo que se trata de un tema “técnico” pero no habló de la defensa oeste inconclusa, por donde ingresaron las aguas del río Salado a la ciudad. “El que tenía que avisar era alguien de Hidráulica, no yo”, cerró el Lole.
Del Sel lo defendió: dijo que se trató de una emergencia hídrica y calificó a la inundación, que causó 158 muertes –23 reconocidas por el Estado y 18 incorporadas en la causa penal–, como “un desastre de la naturaleza”. Macri también dio su punto de vista: “Nosotros venimos a hablar del futuro, no de estas cosas”.

Manifestantes le recuerdan a Reutemann su responsabilidad por la inundación de 2003. Foto: El Litoral



martes, 12 de mayo de 2015

Otra orilla

La calle, por José Luis Pagés

“Por virgen que sea un comarca los hombres llegarán a convertirla en teatro de la guerra”, decía Bierce. En octubre del 72 el Gobernador Sánchez Almeida inauguró un puente sobre el Salado y con eso Santa Fe y Santo Tomé quedaron unidas por autopista. Pero el puente duró poco, se derrumbó el 13 de junio del 73.
Termino de leer, una vez más, el Puente sobre el río del búho, un cuento de Ambrose Bierce donde la realidad puede más que la imaginación del prisionero condenado a morir en la horca, la evocación no es caprichosa.
En plena cacería del hombre aquella inundación del 73, que superó la del 14, dejó largos años a la vista los muñones del viaducto que había unido el caserío chato y gris del oeste santafesino con los campos verdes de Santo Tomé.
A fines del 75 los santafesinos advirtieron que aquello que había sido la cabecera este era un basural y recién en abril del 76 el gobernador-vicealmirante Desimoni se comprometió a reconstruir la obra.
Cierro el libro de Bierce, apago la luz y me veo en la oficina de prensa ante un oficial de Operaciones:
—¿La mujer muerta en el Salado? —pregunto.
—Eso no se publica.
—¿Por?
—Porque puede ser un fondeo del Ejército.
De modo que en Santo Tomé la autopista permaneció seis años cerrada al tránsito entre la Ruta 19 y la cabecera del puente. Un largo tramo que día y noche recorrían libremente los vehículos del Batallón y las empresas que permitieron reinaugurar la obra el 15 de junio del 79. Las autoridades presentes en el acto fueron el vicelamirante Desimoni, gobernador de la provincia de Santa Fe, y el coronel Dorrego, el ex jefe militar de Santo Tomé convertido en Ministro de Obras Públicas. El auto del Coronel, quien durante el 76 pasó una temporada a las órdenes de Bussi en Tucumán, era conducido por el hermano del Lolo, el baqueano de la guerra sucia que “chapeaba” con credencial de Vialidad. En ese despoblado tramo de autopista muchos debieron ser los prisioneros que se quedaron soñando con llegar a la otra orilla, pero solo de uno de ellos logró hacerlo. Chocho Mamani fugó de una casilla de Vialidad, la sala de tortura y cautiverio que compartía con su amigo Duarte.

Publicada en Pausa #153, miércoles 6 de mayo de 2015
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domingo, 10 de mayo de 2015

Una papa caliente para la Justicia

La causa por la inundación 2003, otra vez sin juez. Se reanuda el carnaval de excusaciones.


“Nadie se quiere hacer cargo porque llega el momento de la verdad”, reiteraba por los medios el 29 de abril pasado Jorge Castro, actor civil de la causa inundación 2003. Sucede que el expediente está a fallo, pero como tantas otras veces, no tiene juez. Esto es: el caso llegó, por fin, al punto en que resta determinar si los imputados son culpables o inocentes, pero no hay quién lo determine.
Los dichos de Castro no son precipitados. A lo largo de estos 12 años ha quedado demostrado: los 15 cuerpos que lleva acumulados la causa queman las manos de los funcionarios judiciales, que urden las más cándidas excusas para no involucrarse o para retirarse. Algunos hasta han cometido curiosos errores que obligaron a su apartamiento o que entorpecieron la evolución del expediente.

Origen de la nueva acefalía
El 20 de agosto de 2013, la defensa del ex intendente Marcelo Álvarez presentó un planteo de prescripción de la causa Inundación. Por ese entonces, el juez de Sentencia era Gustavo Urdiales, quien “corrió traslado” sobre ese pedido a los actores civiles (Castro y su esposa, Milagros Demiryi) y no a los otros dos imputados junto a Álvarez (el ex ministro de Obras Públicas Edgardo Berli y el ex director provincial de Hidráulica Ricardo Fratti). Esto significa que el magistrado notificó y dio participación a los demandantes de la parte civil en una cuestión inherente al expediente penal. Primer error. Pero además, no hizo lo propio con los principales implicados en dicho expediente (los procesados precedentemente mencionados). Segundo error.
En cualquier caso, Urdiales no se pronunció sobre el planteo, y se retiró en diciembre de ese año para ocupar una fiscalía en el Ministerio Público de la Acusación, según el nuevo Código Procesal Penal que rige en la provincia.
Como todos los años, el reclamo de justicia resonó el 29 de abril en la Plaza de Mayo.
Foto: Alan Valsangiácomo

La posta la tomó el Dr. Cristian Fiz, que soslayó los yerros de su colega y en abril de 2014 falló en contra de la prescripción. Alejandro Paz y Pablo Guastavino, abogados de Álvarez, recurrieron a la Cámara de Apelación. Cuatro meses después ese tribunal, constituido por Roberto Prieu Mántaras, Jaquelina Balangione y Roberto Reyes, también rechazó el planteo por considerarlo “extemporáneo”, pero además declaró nula la resolución de Fiz a raíz de los vicios que acarreaban “los actos procesales anteriores” (tramitados por Urdiales), y separó a aquél de la causa. Asimismo, instó a dejar de lado las dilaciones y consideró que ya era “necesario” dictar sentencia. Sin embargo, Paz y Guastavino insistieron e interpusieron un recurso de inconstitucionalidad ante el mismo Cuerpo, que en marzo pasado volvió a fallar en su contra.
De esta forma, la Cámara dejó claro que no considera el caso como prescripto y ordenó que volviera a Sentencia. Pero también lo dejó sin juez.

Situación actual
Cuando un juez se aparta o es apartado de una causa, debe ser suplido por un magistrado de su misma competencia. Sin embargo, en este caso no fue posible. Actualmente en Santa Fe hay cuatro titulares de Sentencia, y tres de ellos están inhabilitados para intervenir porque ya actuaron en el proceso judicial en instancias anteriores. Se trata de Norberto Nisnevich, quien en 2008, siendo fiscal, formuló el requerimiento de elevación a juicio; Enrique Álvarez, que resolvió contra las nulidades pedidas a esa requisitoria; y el propio Cristian Fiz. Esto dejaba una única opción: María Amalia Mascheroni. Pero días atrás se excusó de participar porque, según indicó, ella misma estuvo entre los damnificados de la inundación.
Así dadas las cosas, el artículo 88 de la Ley Orgánica del Poder Judicial indica que el expediente sale de Sentencia y pasa a Correccional. La situación se repite: en los seis juzgados que entienden en la materia sólo hay dos magistrados, y uno es Ricardo Favaretto, que está inhibido por haber sido el primer fiscal de la causa inundación. La única chance es entonces Orlando Pascua, que al cierre de esta edición no había comunicado decisión alguna, aunque en los pasillos de Tribunales aseguran que se excusará. Si así fuera, el expediente deambularía por Instrucción. Arrancaría con el Dr. Jorge Alberto Pegassano, y eventualmente continuaría su raid por Darío Daniel Sánchez, Luis Octavio Silva y Susana Estela Guadalupe Luna.
De cualquier forma, la decisión no será inmediata. Por este indispensable requisito de que el nuevo juez no haya actuado previamente, quien acepte el desafío de dictar sentencia tendrá la difícil tarea de interpretar 12 años de actuaciones judiciales, con innumerables pruebas: 15 biblioratos de oficios, testimoniales, indagatorias e inconsistencias; y un amplio ropero desbordante de mapas, documentos, videos y DVDs. Y no será el único escollo que deberá sortear el juez designado. Porque para la “Justicia” santafesina, la causa inundación es un despreciable basural de material escrito y grabado, y un mero número (expediente 1.341/03); pero también, paradójicamente, una amenaza al status quo de la corporación judicial encabezada por el juez de la Corte Suprema y primo político de Reutemann, Rafael Gutiérrez.
Los obstáculos no son pocos ni simples. Ojalá el magistrado electo comprenda que no se trata de sostener a esa corpo, ni de ganarse un lugar en ella, como han logrado todos aquellos que se han doblegado a los designios del “primo”. Se trata de impartir justicia, ese derecho indeclinable. Sólo eso.

Cómo ser juez y no hacerse cargo
La causa inundación comenzó el 5 de mayo de 2003 y fue tomada por el juez de Instrucción de la 7ª Nominación, Diego De la Torre. El magistrado tomó declaración a más de 20 funcionarios y tuvo una destacada intervención en el caso. Sin embargo, a fines de 2005 Roberto Busser, abogado de dos funcionarios municipales imputados, recusó a De la Torre. En un singular escrito, el juez recusado aseguró haberse “desempeñado con la imparcialidad, neutralidad, prudencia, serenidad y ecuanimidad que el caso imponía” y dijo no compartir los argumentos del letrado, no obstante lo cual hizo lugar al planteo y se dio por echado.
La causa recayó en el juzgado de Jorge Patrizi, que avanzó en algunos llamados a declaración y en 2006 emitió el tristemente célebre auto de procesamiento, en el que resolvió procesar al ex intendente Marcelo Álvarez, al ex ministro de Obras Públicas Edgardo Berli y al ex director provincial de Hidráulica Ricardo Fratti por el delito de estrago culposo agravado por la muerte de 18 personas. En la última frase del fallo, señaló: “en el estado actual del proceso no existen elementos suficientes como para sospechar que Carlos Alberto Reutemann ha participado de los hechos” que motivaron la causa penal. Es decir: el magistrado resolvió que una persona que nunca fue imputada y cuya responsabilidad jamás se investigó, no era culpable. A priori, sin escarbar sobre su comportamiento y sin tomarle declaración indagatoria, Patrizi decidió que el ex gobernador no tenía responsabilidad alguna, plasmando por escrito su vergonzante felpudismo hacia la cúpula judicial.
Tiempo después, el juez pasó a ser Mauricio Frois, de nula actuación. Su inacción no sorprendió: en marzo de 2009 fue suspendido por dejar prescribir más de 300 causas. No obstante, el fiscal Norberto Nisnevich solicitó la elevación a juicio en marzo de 2008, y los abogados de Álvarez, Berli y Fratti apelaron esa medida. Suspendido Frois, tomó la causa el juez de Sentencia Enrique Álvarez, quien resolvió en contrario de esas solicitudes, se excusó y se retiró.
En 2011 comenzó la etapa definitoria del proceso, que continúa hasta el día de hoy. El expediente recayó en Dardo Rosciani, y ese año se abrió el caso a prueba, de forma tal que las partes debían proponer testigos y documental que avalaran sus posiciones. Sin novedades, Rosciani se jubiló a fines de 2012 y su juzgado fue subrogado por Gustavo Urdiales.
Entre el 10 de junio y el 25 de julio de 2013 se convocó a los testigos propuestos por los actores civiles y por las defensas de Berli y Fratti. En su mayoría, los testimonios no hicieron más que aportar a los argumentos de la Fiscalía, conducida por Mariela Jiménez y Jorge Andrés hasta el día de hoy, y a los de los actores civiles.
La defensa de Álvarez no presentó pruebas ni solicitó nuevos testigos en esa instancia. Todo hacía suponer que iba por la prescripción. Y así fue. Pero los resultados fueron  adversos a la estrategia planteada por sus abogados. O no, porque la idea era dilatar una decisión que sigue dilatada.

Publicada en Pausa #153, miércoles 6 de mayo de 2015
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Una vuelta por la plaza

RECORRIDOS | Baldosas, esculturas, cine, literatura y memoria.
Por Pablo Cruz

Las baldosas
El pasado 21 de marzo siete baldosas fueron  colocadas en la Plaza de las Banderas en homenaje a militantes secuestrados en febrero de 1976.  A cuarenta años de los hechos, allí mismo, un hecho violento quedó flotando y se revela en las baldosas y el césped. Pocos días después de su emplazamiento las placas fueron vandalizadas. Me dirijo a la plaza para fotografiar esas baldosas. Caminando hacia Marcial Candioti dos vecinas se detienen, leen, y murmuran algo que no entiendo. Las baldosas activan un resorte en la memoria colectiva, una herida abierta, el reflejo de una zona oscura. Vuelvo hacia el centro. Llego a Plaza España. Una pareja de recién casados sale del Registro Civil y posa para la foto en la vereda de calle San Luis. Me acuerdo entonces, de los Stoessel.

Una película muda
Hace poco menos de diez años me encontraba viviendo fuera de la ciudad. El período no fue extenso pero bastó para conocer un sentimiento cercano al desarraigo. Una tarde, en la Sala Lugones, en el Teatro San Martín de Buenos Aires, exhibían una película muda: Expedición Argentina Stoessel, publicitada como la primer road movie latinoamericana. Los  hermanos Stoessel iniciaron, en 1928, un viaje épico en automóvil hacia Nueva York. Registraron el mismo en 35mm. El film, perdido, encontrado, donado y finalmente restaurado por la Fundación Cinemateca Argentina, se exhibía con música en vivo por primera vez en público. En la platea se rumoreaba que veríamos registros de alto valor histórico, entre ellos las imágenes de la antigua Managua, destruida en 1931 por un terremoto. Las secuencias que describían los primeros pasos del Chevrolet  por la Argentina eran, para los presentadores del evento, pocas y prescindibles. Sin embargo, esos primeros minutos del film son los que me quedaron más presentes en la retina. A medida que los Stoessel incorporaban kilómetros, también ganaban destreza en el uso de la cámara.  Tres tomas, desde la azotea,  describen a Santa Fe en los años veinte. Una de ellas es un paneo a izquierda en leve picado que muestra una plaza: dos transeúntes, charlando, la cruzaban en diagonal; otro caminante, más apurado los sobrepasa; un tranvía se detiene detrás de los árboles. Recuerdo una leve conmoción, haber sostenido el aliento, inclinar el cuerpo hacia adelante en la butaca, para ver mejor.
La renovación de Plaza España tuvo un gran impulso en 1911 en el marco del Plan de Renovación General  durante la intendencia de Edmundo Rosas. El espíritu higienista propiciaba la multiplicación  de espacios verdes localizados en distintos puntos de la ciudad. En la antigua plaza de las carretas se trazaron diagonales, se plantaron árboles exóticos, se colocaron estatuas. Cuando los Stoessel pasaron por la ciudad, esos árboles daban sombra. La cámara debió estar emplazada en la esquina de Hipólito Yrigoyen y San Luis, donde se hallaba la farmacia Las Colonias.  En los años 30 los anarquistas celebraban en la plaza el 1º de mayo y se enfrentaban a los nacionalistas, que tenían su local sobre la farmacia: “Yo tenía diez años, con un pariente mío que era anárquico fui a un acto “forista” por el 1º de mayo, en San Luis y Crespo. Yo repartía panfletos. Desde arriba de Las Colonias tiraron una bomba, y se hizo un descalabro; mi pariente, que estaba por hablar, me buscaba. Hubo un muerto” (1). ¿Pero era la Plaza España? Creí que sí. Ahora no lo sé. Lo cierto es que las imágenes me devolvieron un lugar tantas veces transitado inscripto en otras capas de tiempo; el sabor suave del sol de las diez de la mañana cuando, yendo hacia el centro, atravesaba esa plaza en otoño.
Cerca de la Náyade todos los días cientos de personas esperan el colectivo. Fotos: Pablo Cruz.

La sensación también se vio reforzada, quizá, porque en aquellos días había leído una novela donde también se hacía presente la plaza. Una siesta, marzo de 1961: “Rey se metió las manos en los bolsillos del pantalón y comenzó a caminar con aire contemplativo: observó los árboles, y detrás, en medio de un claro rojizo, de polvo de ladrillo, la construcción circular y amarillenta destinada a la banda municipal. Una pareja conversaba instalada en un banco cercano. Rey se detuvo junto a la fuente. Era rigurosamente circular, a ras de suelo, y el agua corría por la boca de cuatro cabezas de endriago, de piedra, idénticas, dispuesta simétricamente. En el centro de la fuente había una náyade de piedra de tamaño natural, desnuda, y se hallaba dispuesta en actitud de secarse la pantorrilla...”(2). Las náyades –ninfas de los cuerpos de agua dulce– encarnan la divinidad del curso de agua que habitaban. Su presencia en la plaza es atinada si pensamos que la inundación de 1905 alcanzó la calle Rivadavia y la ninfa, en la fuente, no deja de recordarnos que el río estuvo allí.
La referencia no es casual si atendemos el lugar que ocupa el pulso de las inundaciones en nuestras conversaciones, en nuestro modo de organizar los hechos cotidianos, en el diseño abierto de nuestra geografía simbólica. Sobre la fachada de la esquina de Crespo y Rivadavia supo haber una marca que indicaba el nivel al que llegó el río en el año 1905. Fui a buscar esa marca. No estaba. En otro texto saeriano, dos parroquianos, los Salas, disputan cuál de las dos crecientes, la del ´5 o la del ´60, fue la más violenta. Como argumento categórico uno de los personajes plantea que años después del paso del agua todavía podían distinguirse en las copas de los árboles los restos de las osamentas de las vacas (3). Recordé entonces las calles de Santa Rosa de Lima, tras la inundación del 2003. Cuando la resaca fue quitada de las calles, cuando fueron cayendo deshilachados los despojos flotantes enredados en los cables de la luz, todavía permanecían las rayas que los vecinos hicieron en las paredes marcando la altura del Salado. Ojalá no se borren.
Todos estos elementos cobran sentido pensados como ingredientes de lo que suele llamarse memoria cultural, esa argamasa viscosa asociada a los lugares donde ha ocurrido algún suceso significativo y único o lugares donde un suceso se repite regularmente. El patrimonio urbano importa en tanto es la marca de un tiempo en el que, como ciudad, fuimos y estamos siendo. Las plazas, los monumentos, los edificios no tienen valor en sí mismo, sino como sustrato material de esa memoria colectiva que atraviesa las generaciones, que se construye, acaso, en los pliegues que rozan lo real y lo imaginario. El tiempo dirá que simbología se cuece en los prismas de hormigón que se alzan como pajareras en el centro de la ciudad. Mientras tanto, la náyade de la Plaza España evoca antiguas crecidas, las marcas del Salado viven en las paredes de Santa Rosa, y las baldosas de la memoria no dejan de acicatear el recuerdo de un Estado caníbal.

1. Testimonio de José Arévalo, citado en El peronismo antes del peronismo de Darío Macor y Eduardo Iglesias (UNL, 1997).
2. En la página 53 de La vuelta completa, de Juan José Saer (Seix Barral, 2001).
3. En la página 61 de El limonero real, de Juan José Saer (Alianza Bolsillo, 1987).

Publicada en Pausa #153, miércoles 6 de mayo de 2015
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