miércoles, 23 de abril de 2014

Fútbol: una forma de leer la vida

Sobre la colección de cuentos Cortitos y al pie.

El fútbol, una de las formas de la vida, atraviesa e interpela emotivamente a cualquier argentino standard, ya sea desde la experiencia del juego, de la tribuna, de un afecto. Múltiples valores, vivencias y hábitos son satélites de esta práctica que opera como móvil de cuestiones más significativas y que hacen no sólo al ser individual, sino también al ser social: el respeto y el trabajo en grupo, el compañerismo, la solidaridad. También promueve cuestiones menos abstractas y más palpables como el alejamiento de la vida ociosa y de las drogas, el compromiso por un objetivo colectivo, la posibilidad de encontrar un amigo que no se hubiera conseguido en un ámbito menos saludables.
“Cortitos y al pie”, el proyecto presentado por el Concejode la ciudad la semana pasada, ya está en marcha con algunas de estas consideraciones como fundamento de acción. Inscripto en el marco del Programa de Convivencia y Participación, esta iniciativa se acerca a las aulas con el propósito de fortalecer nociones que colaboren tanto a la armonía ciudadana como a la relevancia de hábitos intelectuales como la lectura y la escritura: “Leer nos da la posibilidad de escribir y escribir nos da la posibilidad de dialogar”, remarcó Leonardo Simoniello, presidente del deliberativo municipal y promotor principal de la iniciativa.
Aunque valerse de prejuicios es contraindicado, resulta una certeza (parcial, claro) lamentable el dejo de la práctica de sentarse a gozar de un texto en lo que respecta a las generaciones de jóvenes próximos a ese abismo de dudas que resulta la finalización del período de enseñanza media; a partir de ello, y habiéndolo constatado en la primera serie de actividades, es que se trabajó tanto en las intenciones de los estudiantes en lo que refiere al aprovechamiento de la vasta oferta terciaria y universitaria de la ciudad, como en lo trascendente que es para ese transitar el encontrarse en ritmo para afrontar instancias intensivas de estudio. No obstante, la mecánica de trabajo busca eludir el pecado de la unidireccionalidad, puesto que los encuentros constan también de etapas de diálogo en los que se pretenden motivar en los alumnos secundarios la reflexión y en consecuencia, la formación de una postura crítica de su contexto así como de su individualidad. El encuentro es el capítulo más enriquecedor de esta historia, en la que los pibes de distintos barrios que conviven todos los días en el aula acceden a un momento de diálogo en el que intercambian y comparan sus cotidianeidades, se familiarizan al caer en la cuenta de que sus vidas no son tan disímiles, que tienen los mismos problemas y urgencias.
El periodista Ángel “Chavo” Cappeletti participó de la presentación ante alumnos de la Dante Alighieri.

Además, valiéndose de la adrenalina generada por el Mundial de Brasil y la efervescencia futbolera santafesina, se revalidan también los escritos de algunos autores locales, como Ángel Cappeletti o Claudio Cherep, y de algunos universales, como Eduardo Galeano.
Entrometerse en un texto es incurrir en la posibilidad de reforzar la propia palabra, de desarrollarse como sujeto capaz de clarificar el acontecer reflexivo, la capacidad de expresarse. Los alcances de la literatura permiten asimismo que sea empleada como excusa incluso a los efectos perseguidos por el Concejo, que abarcan estas cuestiones y otras más generales como la de mostrar al organismo como un actor social que no se limita a su labor de mínima, formal, sino que también apuesta a la inclusión y a la participación joven.
Precisamente, ésta es una de las estrategias empleadas por el equipo técnico del Concejo, que afirma que “tanto en esta actividad, como en la muestra de Ana Frank o la experiencia del Concejo Joven, se apuesta a que la coordinación esté a cargo de personas generacionalmente cercanas a los chicos; así, efectuando una interacción instructiva entre pares es que los públicos de estudiantes tienen más a mano la posibilidad de dimensionar sus propias capacidades, que no son tan acotadas como muchas veces manifiestan creer”.
Otro recurso apelado es el del acercamiento de figuras reconocidas por los jóvenes que se acercan hasta ellos y potencian el fundamento de la propuesta. Ricardo Porta y Juan Carlos Oldani, como periodistas, y la posibilidad de ver a algunos jugadores tanto de Colón como de Unión leyendo algunos relatos son acontecimientos que indudablemente conmoverán de alguna manera en el transcurso de esta tarea que también aporta a la construcción de la identidad. Los jugadores de divisiones inferiores del fútbol santafesino entero, más periodistas, más escuelas son la inevitable ambición del proyecto que busca ser generador de inquietud y reflexión que también debe (según lo convenido con las casas de estudio) ser aplicado por otro actor muy importante: los docentes mismos. El material de trabajo fue facilitado por el equipo técnico del Concejo para que en el día a día de las aulas se aborden estas cuestiones que tienen que ver más con la gimnasia pensativa y no tanto con el insumo de contenidos. El 27 de mayo se clausurará esta primera experiencia, en lo que será una convocatoria abierta con locación a confirmar y del que participarán el reconocido escritor Eduardo Sacheri, el experimentado relator Walter Saavedra y Ricardo Centurión, íntimo amigo de Roberto Fontanarrosa e integrante de la célebre Mesa de los Galanes del bar El Cairo de Rosario.

Publicada en Pausa #132, miércoles 23 de abril de 2014
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No quiero tu piropo, quiero tu respeto

Una campaña para concientizar sobre los “piropos”: una forma de violencia hacia la mujer.

Por Ileana Manucci

No, no es un “piropo”. No, no me halaga ni ayuda a mejorar mi autoestima.
Según la ONG Stop Street Harassment, el 90% de las jóvenes de 19 años ya sufrieron acoso callejero y una de cada cuatro niñas de 12 años ya ha vivido un episodio de acoso en la vía pública. No importa si la frase es “Sonreí, sos muy linda para estar tan seria”, que a más de uno podría parecerle inocente, o la incalificable “Te rompería el orto hasta que sangres”, todas son formas de acoso, son palabras y acciones no deseadas de parte de desconocidos, en lugares públicos, que están motivadas por el género, que invaden el espacio personal y son irrespetuosas e insultantes para las mujeres.
Durante la Semana Internacional del Acoso Callejero, la organización “Acción Respeto” empapeló varias ciudades del país con carteles que reproducían frases agresivas contra la mujer bajo el eslogan: “Si te incomoda leerlo, imaginate escucharlo”. Una campaña que además se viralizó en las redes sociales, dándole mayor repercusión y fuerza.
Social y culturalmente el piropo está aceptado como una forma de galantería y caballerosidad, o al menos esto es lo que esgrimen gran cantidad de hombres cuando se los acusa de acosadores. Micaela di Leonardo, autora del libro La Economía Política del Acoso Callejero explica que “a través de miradas, palabras o gestos, el hombre afirma su derecho a entrometerse en la atención de la mujer, definiéndola como un objeto sexual y obligándola a interactuar con él”.
“Desde edades tempranas todas las mujeres son objeto de este tipo de comentarios agresivos e intimidantes, prácticamente todos los días de su vida. Esa es la realidad de muchísimas mujeres en su vida diaria”, dice Acción Respeto en su perfil de Facebook. Las personas, muchos hombres pero también muchas mujeres, que ven esta campaña como exagerada y acusan a quienes la llevan adelante de histéricas, locas, feas, sólo revelan con esa actitud lo naturalizada que se encuentra esta forma de violencia.
“La capucha y los auriculares son su escudo de cada día”, dice un afiche que llama la atención sobre cómo el acoso callejero condiciona la manera de vestir de mujeres y niñas; mientras otro muestra cómo este mismo tipo de agresiones las obliga a cambiar su recorrido o temer circular solas por las calles.
El terror a ser violadas es una sensación que sólo las mujeres sentimos y que la mayoría de los hombres jamás podrá entender, aunque muchos lo intenten. Ese temor es cada día palpable en las calles cuando, sin importar la edad, la forma de vestir o si estemos peinadas o despeinadas, jadeantes “señores”, acosadores, descargan sobre nosotras sus más íntimos y repulsivos deseos que lejos, muy lejos, están de halagarnos o hacernos sentir lindas y deseadas.

Publicada en Pausa #132, miércoles 23 de abril de 2014
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martes, 22 de abril de 2014

Pausa #131, completo en pdf

El archivo completo en pdf de Pausa #130, si hacés click acá.

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domingo, 20 de abril de 2014

Abuela Zakíe

Otro yo mismo, por Mari Hechim

A los 16 años, me tocaba ir a dormir a la casa de la abuela Yaka de vez en cuando. Ella estaba sola y nos turnábamos, las hermanas, para acompañarla. No recuerdo que fuera todas las noches o si fue un tiempo, hasta que una tía y su familia se fueron a vivir con ella.
Era una tarea que yo cumplía con cierta felicidad. Ella era la abuela que, viuda, a los 30 años y con tres hijos, se cruzó el océano viajando en tercera desde el lejanísimo Líbano hasta acá. Mi viejo, el menor de los tres, contaba que los chicos bailaban en el barco para conseguir unas monedas.
Había enviudado de un señor Hechim que viajó por negocios a África y nunca volvió. Yo contaba alegremente en la escuela primaria que a mi abuelo se lo había comido un león. Pero parece que sólo había muerto de una insolación, según la leyenda familiar.
Ya en la Argentina, se las arreglaron. Todos trabajaban, hasta los más pequeños, y fueron haciendo sus vidas.


Mi abuela Yaka se volvió a casar con don José, que fue el abuelo que tuve. Como mi hermano nació cuando yo tenía un poco más de dos años, me mandaban siempre a la casa de los abuelos, que vivían allí a la vuelta. Así que me crié en dos casas. En la casa de ellos había un jardín, en la entrada. Sobre la puerta crecía una enredadera que daba rosas blancas en primavera. Había cascadas que daban flores rosadas, jazmincitos, y, entre las plantas y algunos yuyos, goteaba una canilla que formaba un sendero de agua que yo miraba correr con mucha atención. Y bajo la ventana del dormitorio, había un banco tipo de plaza, pero con azulejos de colores, en donde me gustaba sentarme percibiendo, en silencio, la multitud de olores, colores y sonidos que surgían del jardín.
Los abuelos me amaban. Me decían “Fatum Boro”, no sé si así se escribe: así sonaba. ¿Quién era Fatum Boro? “La mujer más hermosa del Líbano”, decían. “Aquí llegó Fatum Boro”, decía la abuela mientras buscaba en el mueble una copita para tomar anís.
La recuerdo ahora mirando, absorta, una novela en la televisión, toda entregada. Y recuerdo una danza increíble cuando yo llegué de Mendoza, que se bailó desde la puerta de entrada de mi casa hasta la cocina, canturreando, balanceando sus enormes caderas a los 80 años.
Ella no sabía que yo había estado en la cárcel; le habían dicho que estaba estudiando en Mendoza. Siempre mandaba unas líneas para ella cuando le escribía a mis viejos, cuando todavía se podía mandar cartas y ella, analfabeta en árabe y en castellano, iba a casa de los vecinos pidiendo que le vuelvan a leer los saludos y abrazos que yo le enviaba.
Pues, cuando iba a dormir a su casa, me encantaba que me contara historias de cuando ella era joven. Que el nombre de su madre era Shmune, de cómo le vino la menstruación estando sola en el campo y el susto que se pegó. Si le dolía un poco la cabeza, se ponía un trapo mojado sobre la frente y cerraba los ojos, acostada a mi lado, y contaba cosas hasta que terminaba farfullando en árabe y se dormía.
Esa noche yo le pregunté si se había casado enamorada de don José. Ella levantó una punta del paño que tenía en la frente, me miró un ratito y dijo:
—¿Enamorada? —pensé: ¿no entiende la expresión?
Y siguió:
—Entre lavarle los calzoncillos sin estar casada, y lavárselos estando casada...

Publicada en Pausa #131, miércoles 9 de abril de 2014
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Desesperados por la violencia

Quienes trabajan en los centros de salud de los barrios más pobres advierten que el Estado los deja abandonados a su suerte: falta de recursos y desamparo frente al delito.


Personal insuficiente y trabajando bajo amenaza, recursos que no alcanzan, ambulancias que demoran una hora y media o no entran si no están escoltadas por un patrullero: el panorama de la atención primaria de la salud en muchos barrios de la ciudad es desolador. Trabajadores de los centros de salud de Santa Rosa de Lima, Mendoza Oeste, Chalet, Varadero Sarsotti, Alto Verde, del Hospital Cullen y Emaus, junto a representantes gremiales y de varias organizaciones se vienen reuniendo para encontrarle una vuelta de tuerca a un reclamo urgente: que la violencia deje de ser la diaria moneda de cambio.
“Estamos preocupados por la seguridad. Surgió un reclamo que tiene que ver con visibilizar todo lo que está pasando en los barrios, que no sólo afecta a los trabajadores sino también a la comunidad. Una de las ideas es poner una fecha, que podría ser el 29 de abril, para cerrar durante un día los centros de salud y hacer una concentración masiva. No obstante, buscamos que el cierre de los centros de salud sea la última instancia. La fecha surgió para equiparar las dos catástrofes: la del 2003, que se llevó mucha gente por la desidia del gobierno y la de hoy en día, que es la violencia, y se está llevando a un montón de jóvenes”, afirmó una trabajadora social que prefirió no identificarse.
Hasta comienzos de abril, en Santa Fe fueron asesinadas 45 personas. Comparando los datos de los primeros trimestres de años anteriores, la cifra aumentó de manera brutal: en 2005 hubo 19 homicidios, en 2007 se registraron 28, en 2010 fueron 33 y en 2013 se contabilizaron 30 muertes violentas.
Los trabajadores la pasan realmente mal. Algunos pidieron traslados, cada tanto deben pedir permiso para cerrar las puertas de ingreso con llave, soportan discusiones que suben de tono y es común ver gente armada adentro de las instituciones. “No queremos quedarnos en la queja, sino ver qué pasa con la violencia en los barrios. No es que nosotros trabajamos seis horas y nos vamos, acá la realidad abarca a todos. A veces la gente no puede llegar a los centros de salud porque no están dadas las condiciones para transitar por las calles. A la violencia la vivimos todos día a día pero no se ve”, aseguraron.
A los encuentros fueron invitados miembros del Nodo de Salud y de los ministerios de Salud, Desarrollo Social y Seguridad pero aún no se han acercado, sólo apuntaron que el diagnóstico “es correcto” pero no así las estrategias que plantean. Los gremios también están al tanto de la situación. Representantes de SiPRuS que participaron de una reunión en el Centro de Salud de barrio Chalet entendieron que “la adhesión será total porque comprendemos lo que ocurre y tendremos que abrir la discusión a la comunidad”.
En coincidencia, un profesional del Cullen sentenció: “Lamentablemente hay que tomar alguna medida porque los gobiernos no se dan por enterados. Vemos una indiferencia tremenda hacia los barrios, los trabajadores lo notan cuando llueve y se inundan las calles, por ejemplo. Se está haciendo una política cultural para los bulevares que no llega a los barrios. El Ministerio de Seguridad es incapaz y no ejecuta, el de Salud es indiferente y dice que la solución parte de la comunidad, algo que compartimos, pero con eso no alcanza. Y Desarrollo Social es el peor ministerio de la provincia: no tiene presupuesto, explota a los trabajadores y se retiró de los barrios. Lo único que les duele son los paros, los cierres y los medios de comunicación. Hablan de participación comunitaria y no se hacen reuniones en los barrios. Acá tiene que participar toda la comunidad para que se den cuenta de lo que está pasando”.
Algunos centros de salud cuentan con botones de pánico, pero suelen ser de poca ayuda porque desde la central los llaman para confirmar el pedido de auxilio y es difícil establecer la comunicación cuando los empleados están en medio de una situación complicada.
La conclusión es contundente: “Las instituciones terminaron encerrándose entre rejas y cuidando la quintita propia. Entonces el afuera no es de nadie y es ahí donde surgen los problemas”.

Propuestas y recursos
Los miembros de de los centros de salud barriales junto a las organizaciones redactaron un documento (ver aparte), con propuestas de políticas para adolescentes. “Hace 10 años se reclamaban políticas públicas para los chicos que tenían cinco años. Hoy, esos niños son adolescentes y seguimos reclamando lo mismo. No pedimos más policías ni mano dura, estamos alejados de ese discurso: nosotros reclamamos políticas públicas para tener mejores condiciones de trabajo”, dijeron.
María Claudia Albornoz, trabajadora del Centro de Salud de barrio Chalet, comentó que “algunas personas no están de acuerdo con cerrar los centros pero no hay otra forma. Los centros de salud vienen trabajando como pueden, con todas las dificultades, pero aún así siguen abriendo. A veces no hay agua, a veces faltan insumos y hoy no tenemos leche. ¿Hasta cuándo? Me parece que hay que hacer un corte. Dentro de los equipos de salud podemos pensar distinto pero estamos para trabajar con la gente. Desde el Nodo de Salud no quieren que se derechice el reclamo, pero nosotros sostenemos que el planteo es otro, no se trata sólo de seguridad e inseguridad: estamos planteando convocar a otras instituciones barriales, sobre todo del norte de la ciudad, para visibilizar todos estos problemas. Más allá de estar o no de acuerdo con la medida de cerrar un día los centros de salud, hay muchísimo malestar en los equipos”.
Reclamos en seguridad, desarrollo social, infraestructura y cultura: los que ponen el cuerpo en las zonas excluidas ya no dan abasto. (Foto: Olivia Gutiérrez)

“Sabemos que se pueden hacer muchas cosas pero las políticas para los niños y jóvenes quedaron abandonadas. Creo que dejar que se maten es una manera de control social y eso es un horror. Desarrollo Social se retiró de los barrios, ya no hay ninguna política que apunte a que los pibes puedan tener alguna salida. Y habría alguna oportunidad pero las escuelas tampoco están fortalecidas, no tienen bancos. se dice que los van a incluir pero en realidad eso no ocurre. Tenemos propuestas pero al recurso lo tiene que poner el Estado, se tiene que trabajar con los adolescentes de otra manera, con campos deportivos por ejemplo, que son inexistentes en los barrios. Los narcos usan a los pibes como soldaditos que después son asesinados en las esquinas. A ciertos lugares del barrio ya no vamos a llevar las citaciones porque vemos las balas tiradas en el piso a cualquier hora. Todos saben quiénes son los que venden pero no podemos meternos nosotros, para eso está la policía. Están muy jugados”, dijo Albornoz.

Decisión cuestionada
Sobre la reciente designación de Francisco Sánchez Guerra como coordinador del Nodo Salud Región Santa Fe –ex director del Hospital Cullen–, los trabajadores cuestionaron la decisión, ya que su gestión en el nosocomio más grande de la provincia no arrojó los resultados esperados. “Ese nombramiento es deplorable, quedó como titular del nodo alguien que no presentó la memoria y balance en el hospital”, acotó María Claudia Albornoz.
Días pasados, Sánchez Guerra sostuvo que su desafío consiste “en tratar de mejorar la relación entre la base de la pirámide de la salud pública con los hospitales de complejidad. Hay que ser justo y también saber que cuando uno está superado en esto, se debe dar un paso al costado. Por pedido expreso del ministro Drisun, el objetivo es descentralizar la salud. Siempre se concurre al ministerio para buscar respuestas o soluciones y después trasladarlas a los efectores. En cambio, el pedido ahora es llegar a ellos, que el nodo sea reconocido como un espacio de discusión de problemas y búsqueda de soluciones”. Y declaró que en el ámbito de la salud pública “siempre hay que socorrer primero al más desvalido. Yo salgo de un efector que siempre estuvo puesto al tope de la pirámide. Ahora tenemos que lograr que ese tope se abra a toda la comunidad, de manera ordenada”.

El documento
Los integrantes de los equipos de atención primaria de la salud elaboraron un documento “frente a los graves y repetidos hechos de violencia que ocurren en los barrios donde trabajamos”, dado que se encuentran “sobre-expuestos en la búsqueda de respuestas ante situaciones que los exceden”, las cuales son “producto de la falta de oportunidades para amplios sectores de la sociedad, del aumento de la circulación de drogas y armas”.
“Necesitamos romper el silenciamiento en el que nos deja la falta de respuestas, la escasez y precariedad, cuando no ausencia total, de las pretendidas estrategias de inclusión, lo cual no hace más que profundizar la sensación que los habitantes de estos barrios son ciudadanos de otra categoría”, expresan en el texto, en el que señalan que “hemos intentado transmitir esta inquietud a diferentes referentes de la gestión; las pocas veces que tuvimos respuestas, éstas no se sostuvieron en el tiempo”.
En concreto, los trabajadores exigen “la creación de nuevos espacios de inclusión (deportivos, culturales, entre otros) que promuevan otro tipo de lazo/vínculo entre los pibes/as”, ya que en los  barrios “son escasos, precarios o nulos o ninguno, lo cual lleva a generar una mayor brecha de exclusión”.

Publicada en Pausa #131, miércoles 9 de abril de 2014
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Cumbia grupal

El Grupo Res estrenó una nueva propuesta: la inquietante Tecumbié ya se puede ver en la Marechal.

Por Marcelo Przylucki

La esencia es aquello de nosotros mismos que no alcanzamos con ninguno de nuestros sentidos, pero que define y determina lo que sí podemos percibir: la materialidad de los cuerpos. Cada vez que nuestra percepción se encuentra recortada o limitada nos sentimos incómodos, no con aquello que estamos pretendiendo comprender sino con nosotros mismos, por encontrarnos incapaces de tal empresa. Tecumbié es un título sugerente con guiños de grafía africana que adelanta muy brevemente, aunque con consistencia, una puesta en escena basada en el desplazamiento, el baile, la fusión de los cuerpos. El espectáculo se estrenó el domingo pasado en la Sala Marechal del Teatro Municipal 1° de Mayo y seguirá allí por lo que resta del mes; mientras que durante mayo, el show se mudará al Foro Cultural de calle 9 de julio 2150.
Juan Berrón, director de la obra del Grupo Res, confiesa que “la danza es quizás uno de los lenguajes más abstractos, por eso el hecho de no tener texto es un desafío constante, aunque siempre acabamos encontrando la forma de ensayar movimientos que permitan otorgar significados. Creemos que para eso es necesario no cargar demasiado la ornamentación y demás, amén de que esto nos facilite la posibilidad de salir de gira”. De todos modos, ese mundo “ocre, sexual y nostálgico” que prometía cada anuncio previo al estreno es fácilmente decodificable y descriptible, desde el vestuario que resulta (y pretende) ser ambiguo al nivel de lograr la confusión entre cuerpos masculinos y femeninos, hasta la inclusión de la pieza de cumbia clásica, “Yo me llamo cumbia”, que carga con multicolor del trópico tanto como con ribetes de añoranza.

Cumbia y cuerpo
Cuerpos que dibujan lentos contornos al ritmo de una percusión digital, indiferentes a la luz, son los primeros estímulos presentados para elevar la obra a una instancia en la que sea comprendida como una pieza a completar: “la rotura de la linealidad, la estimulación de ciertos sentidos y percepciones que la palabra no permite son las que ponemos en juego para aludir a esta cuestión de la obra abierta que, para nosotros, es más posible en la danza que en cualquier otro terreno”, completa Berrón. Mientras tanto, técnicas de baile como el release van moldeando una cumbia que nos es sólo familiar, no tan conocida; cierta alineación corporal, la respiración, el mecanismo orgánico de las articulaciones y la distribución de la densidad del cuerpo en favor de la gravedad, y no de la fuerza, son elementos que se trabajan de un modo mucho más detallado que cuando la cumbia se da en situación de cortejo o mera fraternidad. Bajo las instrucciones de esta técnica y otras como el contact y el flyinglow es que los bailarines aprovechan un espacio que, al calor de una serpiente amarillenta apenas luminosa que recorre todo el ambiente aéreo, se cambia de Colombia a una covacha tropical cavernaria apelando sólo al más vago de los fluidos imaginarios.
Los performers al terminar el estreno de Tecumbié, una nueva puesta dirigida por Juan Berrón, prolífico y reconocido promotor de la danza. (Foto: Bárbara Favant)

Incurriendo en un caso de licencia poética, “Grupo Res” es, además de una compañía de danza y danza/teatro de más de 15 años de trayectoria (y la única local con show en cartelera), una construcción tan romántica como práctica: la metodología de trabajo del grupo no se resume a los roles de directores e intérpretes, sino que cada quién es consciente y capaz de sensibilizar lo que entre todos están buscando componer, desde sus distintos recorridos y procedencias, ya sean directamente de la danza, el teatro o las artes visuales. Digamos, lo que revoluciona y da energía a la dinámica grupal es la autoconciencia de la res (del latín ‘esencia’) plural.

Escena local
La actividad en lo que respecta a la danza under, u off (como la llama Berrón), está experimentando un momento de impulso puesto que se registra un incremento en lo que tiene que ver con academias y, sobre todo, con futuros bailarines: “lo que sí es un poco más sensible es la cuestión de que está mermando la producción, ya que varios directores de mi generación, e incluso algunos más experimentados, se han volcado hacia la actividad de gestión. Esto resulta ambivalente ya que las políticas nos alcanzan y nos ayudan muchísimo (de hecho, Tecumbié cuenta con apoyo del Instituto Nacional del Teatro), pero por otro lado están estos vacíos que están a la espera de nuevas ideas”, concluyó el director.

STAFF

Intérpretes: Victoria Roldán, Sergio Trevisán, VariniaZelko, Lucas Aráoz, Mauro Cappadoro.
Coreografías: Grupo RES
Música: Esteban Coutaz
Diseño y videos: Juan Curto
Diseño de luces y espacio escénico: Alfonso “Ponchi” Insaurralde
Vestuario: HUE-hacemeunespacio.com.ar
Fotografías, producción y arte: HUE / Fotos: Juan Curto
Idea y dirección general: Juan Berrón

CUÁNDO

Todos los domingos de abril a las 20 en el Teatro Municipal 1° de Mayo (San Martín 2020)

ENTRADAS

$50 generales; $40 estudiantes y jubilados.

Publicada en Pausa #131, miércoles 9 de abril de 2014
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Mil mates: Locked


Una de las mejores cosas que me pasó este último año fue la computadora de Cristina. Me la dieron en comodato al comienzo del año lectivo 2013, en la Almirante, y desde ese momento me hice adicto a ese pequeño tupperware indestructible. De hecho todos mis anteriores equipos pasaron hace rato al estante alto del placar donde duermen un sueño que hasta hoy creí definitivo. Porque, ¡horror!
Hoy, después de un año de rendir como un caballo 24, 48, 72 horas, todo continuado, mi pequeño monstruo Exo se bloqueó. Es la primera vez que me pasa, ya he escuchado a muchos colegas y pibes quejarse de estos bloqueos, y a pesar de que me hacía una idea, no me imaginaba el daño moral que acarrea esta aplicación de seguridad. Desde ya que no estoy de acuerdo con ese control estúpido, violento. Las computadoras son parte de nosotros, no deberían considerarlas un servicio sino un derecho.
Su ostra se cerró con todo mi laburo dentro, incluida la última columna de Pausa que tenía preparada para este número: Hjelmslev, que habla sobre un tema muy distinto del que vengo prometiendo desde la primera columna de este año: las semillas del INTA.
Así que aprovecho este accidente para ir al grano y comunicar que en cualquiera de sus oficinas, todo googleable (en Santo Tomé está en esa oficinita en la punta de la Municipalidad), está abierta la entrega de semillas de estación, de óptima calidad, todo sale (y lo digo por propia experiencia amigos), más instructivos de cómo labrar la tierra y armar los tablones, una de las partes fundamentales del proceso.
El trámite es simple. Llevás tu DNI y una descripción somera del terreno y de los habitantes, futuros beneficiarios, y ya está. ¡A sembrar!
Primera lección en verso:

Los tablones
Se marca un perímetro con hilo alzado sobre palitos
Se cala un pan de tierra de la cabeza de 30x30
Se deja ese terrón a un costado
Calamos los próximos 30x30 y lo corremos
Hacia el lado de la cabeza
Así hasta llegar al final, va a faltar
Tierra entonces ponés el pan
Que arrancaste de la cabeza
Y sembrá

Publicada en Pausa #131, miércoles 9 de abril de 2014
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