domingo, 21 de septiembre de 2014

Soy mocoví, la radio originaria

La ley de medios de a poco se vuelve una realidad: los mocovíes de Colonia Dolores festejan la apertura de  Aim Mokoilek 88.5, una radio con licencia para los pueblos originarios.


Entre los caminos que llevan al norte se alcanza a ver desde la ruta 11 una antena que parece un alfiler que se alza desde lo hondo del campo adentro. Colonia Dolores es el albergue de una nueva torre que no es nada más ni nada menos que la que posibilita, desde el 30 de agosto, que la comuna tenga su propia radio. Fueron dos años de trabajo los que sostuvieron junto a la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) y funcionarios regionales y nacionales, entre los que se dividió el otorgamiento de licencias, compra de equipos y acondicionamiento del estudio. No obstante, el camino que debió recorrer el pueblo mocoví, que significa el 90% de la población del lugar, fue aún más extenso y ardoroso.
Son 502 las personas que viven (y morirán) en condición de doloreños, linaje que carga mucho de lo que es su historia, su raíz, su arraigo a la tierra y a la comunidad que defendió el cacique Mariano Salteño junto a José Manuel y Valentín Teotí en los levantamientos de 1904 por la recuperación de sus tierras colonizadas. Esa, la llamada Guerra de San Javier, ocupa la mitad del museo que es recorrido por algunos de los visitantes mientras inicia el acto de protocolo con quienes militaron el nacimiento de la FM Aim Mokoilek 88.5: la primera radio completamente a cargo de un pueblo originario de la provincia en comenzar a funcionar (ya en Tostado se había otorgado la primera licencia) gracias a los alcances de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Aim Mokoilek significa: soy mocoví.
Los artículos 151 y 152 de la ley 26.522 (acerca de los Servicios de Comunicación Audiovisual de Pueblos Originarios) trascendieron la condición de posibilidad para hacerse un beneficio real. Si bien existen organismos descentralizados que velan por el ejercicio pleno de los derechos constitucionales de los integrantes de los pueblos indígenas, como el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, algunas conquistas requieren ciertos rigores: “todos los pueblos originarios, los mocovíes en este caso puntual, debieron adaptarse a la burocracia ineludible para estos casos. Es decir que, si bien se los reconoce como sujetos de derecho a partir desde su condición misma de pueblo originario, debieron constituirse como asociación civil, adoptar un presidente y demás cuestiones para adjudicarse la licencia y recibir subsidios”, relata Juan Cesoni, coordinador de Afsca Santa Fe a Pausa.
Sabe decirse que no hay sábado sin sol: el 30 de agosto fue sábado y no fue la excepción. También fue Santa Rosa de Lima, celebración que a los mocovíes les calza en el cambio de temporada que en sus leyendas figuran en el cambio de piel de la iguana tras la tormenta que la fecha siempre trae, y tras la cual sobreviene un nuevo comienzo: el año nuevo. A veinte metros de los micrófonos y los banners, una humareda proveniente de una inmensa parrillada comenzaba a perfumar el aire de las once y cuarto, cuando el presidente de la comunidad, LashiCotapic (Quebracho Colorado), abrió el acto saludando por el año nuevo y pronunciando: “hoy no somos esos feroces guerreros ancestrales, pues la lucha hoy la emprendemos con la palabra. Gracias a esta ley de medios estamos viendo concretarse nuestra ansiada reparación histórica”. Una montaña de leños y hierbas arde en medio de una ronda de césped verde en la que se confunden los distintos medios regionales que están cubriendo el asunto con la gente nativa. Todo Colonia Dolores (más la gente visitante) asistió al acto, la leyenda del cambio de temporada la representan los pequeños de la primaria San Martín, la montaña sigue en llamas purificando la pacha.

“Es la fuerza de la sangre…
...sangre brava mocoví” finaliza su himno en palabras de una nena que con la cara hecha sonrisa acaba de recitar para todos los presentes, a los que se les acercó un mensaje de hermandad en palabras del sacerdote del pueblo que, tras echar agua bendecida a la puerta de la radio, habilitó el paso al nuevo estudio. Una de las primeras en ingresar fue Cynthia Ottaviano, la periodista que desde 2012 ejerce el cargo nacional de Defensora del Público: “cosas hermosas como las que vivimos hoy aquí son posibles gracias a la ley, que quienes tenemos un cargo público podamos verdaderamente hacer algo, que viajemos y conozcamos lugares que ahora sí tienen su oportunidad es maravilloso. Muchos de los que militamos en su momento el proyecto, hoy militamos su aplicación plena”, se confesó a Pausa la ganadora de un premio Rey de España. Gracias a la gestión de la diputada nacional Claudia Giaccone, además, se consiguió que los estudiantes de la escuela primaria puedan viajar a Tecnópolis.
La comunidad mocoví de Colonia Dolores festejó por partida doble: el año nuevo los encontró, además, con la apertura de la radio propia.

Hasta Sabatella pasó por Colonia Dolores, también por acá en FM Chalet. Es importante tanto que asuman como que cumplan y asistan a los compromisos como lo es esta reparación histórica que todavía se les debe a los pacientes pueblos nativos. Por eso ya están pensando en algo más grande que el transmisor de 250 watts que ellos mismos operarán: están avanzando hacia una red de comunicación mocoví con sus comunidades hermanas de Rosario, Venado Tuerto, Recreo, Reconquista, Melincué, Firmat y Casilda. Iván Faisal es un músico sanjustino que cantó folklores y chamarritas después del asado con cuero, convenció a muchas parejas a levantarse a bailar. Pignik Salteño (que fue el último cacique en ejercer y último descendiente del cacique Mariano) observa todo el asunto desde un costado. Hace poco se le fue su compañera de 50 años, me cuenta que está triste pero que está en la fiesta por todos los que salieron a patear el camino inverso, partiendo desde el pueblo: “Hemos pasado frío, hemos pasado calor, esos muchachos que ves por allá hacían dedo para ir hasta otros lado a hacer nuestro programa y soñaban qué lindo sería tener una radio propia”, sonríe Mariano (ése es su nombre occidental). El derecho humano a la comunicación, a poder transmitir su historia y su lengua que aprehenden desde la escuela, ahora los alcanza.

La fuerza de la sangre brava

(Himno mocoví recitado durante el ritual del fuego)

El sonar del tambor me hace vibrar de emoción,
es la sangre mocoví que impulsa a mi corazón.
Acompaña dulce flauta al tambor juntos otra vez,
Gritando a los cuatro vientos que el mocoví está de pie…
No niego yo mi origen tengo sangre mocoví,
Lo que a otros avergüenza es orgullo para mí.
Mostrá hermano tu origen en toda su dimensión,
Así no tendrás vergüenza, tampoco humillación.
Si antes fuimos sometidos, eso quizás sea verdad,
mostremos nuestra grandeza y convivamos en paz.
Mi pecho con fuerza late, algo quema dentro de mí,
Es la fuerza de la sangre… sangre brava mocoví.

En Pausa #141, miércoles 10 de septiembre de 2014. Pedí tu ejemplar en estos kioscos.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Ningunos dormilones

Habitación 13, un nuevo serial local, ya se encuentra en la etapa final de su producción.


Es así, mientras más grande la ciudad, más grande es la posibilidad de que en el momento de la cena familiar, uno de los lugares (ese que todos pueden ver sin estorbos) esté ocupado por el televisor. Como tantísimos otros, este es un hábito que rara vez se llega a cuestionar. Lo que cada vez resulta menos extraño, no obstante, es que emerjan proyectos e iniciativas de producción locales con lógica cooperativa. Tal es la experiencia de Muchasiesta Productora Audiovisual Cooperativa, que se encuentra en vías de realización del último capítulo de Habitación 13, una serie de trece episodios en los que justamente se cuestiona y se invita a reflexionar acerca de qué consecuencias trae la automatización del consumo televisivo porque sí.
El equipo de la productora audiovisual Muchasiesta en pleno rodaje de la serie Habitación 13, escrita por Agustín Falco y Arturo Castro Godoy.

Los autores de la serie son Agustín Falco y Arturo Castro Godoy que, además de haber escrito el guión, son los directores. El proyecto fue presentado por estudiantes del Instituto Superior de Cine y Artes Audiovisuales en la convocatoria lanzada en Santa Fe a través del Nodo Litoral.
Esta nueva productora está integrada por realizadores jóvenes que a fuerza de rodajes para distintas piezas para cine y TV se fueron cruzando tan seguido en las calles santafesinas que no pudieron menos que bautizarse y reconocerse bajo el nombre de un grupo, como para dotar de cierta formalidad a la cosa.
Así como los animadores de El Molinete o también La Huella Contenidos, Muchasiesta evidencia los resultados de sumarle a las buenas ideas una capacidad técnica con la compañía de actores de gran talla para el ámbito local como Raúl Kreig y Rubén Von der Thüsen. En consonancia con ello, y para que sea posible el financiamiento, el colectivo superó numerosas etapas a fuerza de méritos hasta llegar a la instancia de premiación. Así fue que hace poco más de dos años la convocatoria de la Fábrica de TV, organizada por el Consejo Interuniversitario Nacional, en el marco del Programa Polos Audiovisuales Tecnológicos, alcanzó a este emprendimiento que abre el juego a otras puestas en pantalla: escenas de la vida en las provincias, de historias de gente más de acá con contratiempos y problemas que más tienen que ver con viajes en bicicleta que con la demora del subte.
No obstante, las historias que pueden ser creadas pueden variar tanto en contenido como en forma. Tanto es así, que desde la producción comentaron a Pausa que “con esta premisa, nos permitimos ir variando capítulo a capítulo no sólo las historias y los elencos, sino que hay también una fuerte experimentación con diferentes géneros televisivos que nos interesó abordar”.
En esta vía, cada episodio será una entrega en la que cualquier cosa puede esperarse, ya sea un policial negro o una comedia de situación, una nueva oportunidad para  la proliferación y la invasión de zombis (¿puede acusarse como un género ya consolidado?) o una de intriga política, una comedia negra o un documental falso (más como el volumen I de Blair Witch Project que como sus lamentables secuelas): “Siempre manteniendo como un elemento importante en la construcción de cada una de las historias la idea de que lo que se está viendo es, en efecto, una historia construida que decidimos sentarnos a mirar, aceptando, según sea el caso, las reglas genéricas y de verosimilitud de cada tipo de capítulo”.
Ni la diversidad genérica buscada ni la rotación de actores (que aún con el capítulo 13 por rodar ya fueron 55) desviaron el eje organizador elegido, lo que permite que desde el fondo de las distintas tramas emerjan preguntas que son planteadas de diferentes maneras a lo largo de la serie. Cuestionamientos tales como ¿cuál es el lugar que ocupa la televisión en nuestra vida?, ¿qué es lo que nos hace sentarnos a mirar televisión en vez de hacer otra cosa?, o, finalmente ¿hacia dónde nos lleva toda esta automatización tecnológica a la que estamos sometidos?
Hacer la televisión que les gusta ver a ellos es el anhelo y por ello es que los recursos no se agotan en la puesta estética, sino que son acoplados con un contenido crítico, sugerente, que no se extingue en el goce sino que trasciende el horizonte de la transmisión para convertirse en germen de una reflexión superadora.
Verdaderamente podría decirse que el grupo de jóvenes están piloteando una carrera, si apuntamos que en mayo recién se comenzó con la etapa de pre-producción y que el 7 de julio se comenzó con el rodaje al que le resta (al momento de concretada esta nota) un solo episodio por filmar, por lo que podría arriesgarse que la post-producción y la emisión son cuestiones al caer. Uner, UNL, Iscaa, Asociación Argentina de Actores sede Santa Fe, Cairo Hnos., Municipalidad de Santa Fe, entre otras tantas fueron las instituciones que acompañaron y acercaron una mano para que en el balance final, con todas sus fichas jugadas, a los Muchasiesta les quede solo remarcar que “creemos en los recursos locales, y organizarnos es un aporte más al crecimiento de la industria audiovisual local”.

En Pausa #141, miércoles 10 de septiembre de 2014. Pedí tu ejemplar en estos kioscos.

La zorra roza el arroz al azar

Mil mates, por Fernando Callero
fernando.callero@gmail.com

El cartel de ARENERA, que bordea la ruta 11, yendo a Sauce, me tiene cautivado desde que lo vi por primera vez, hacia finales de los 90. Esta palabra es muy fuerte, tiene forma de logo de banda heavy metal. Las A parecen empujar con sus torres hacia dentro para contener y comprimir los sonidos que simétricamente se disponen en el centro, y en ese rigor circulante un lado al otro por escapar, a la manera de las luces del auto fantástico. Qué pasa con estos moldes fónicos, con este diseño que en la grafía se hace más patente, como también en las experiencias de escuchar una lengua ajena. Recordemos la palabra BÁRBAROS, que tiene su origen en cómo escuchaban los griegos a los “balbuceos” incomprensibles de los extranjeros. Incomprensibles pero identificables por las recurrencias fónicas propias del uso de su lengua.
Se me ocurre pensar algunas cosas relacionadas con una intuición que voy a tratar de apuntar lo más claramente desde el principio en forma de preguntas. ¿Continúa siendo la repetición la estrategia mediadora más confiable a la hora de enseñar la lengua? ¿Sobre qué nuevos formatos didácticos se desarrolla hoy día la interfase del niño con los signos en contextos culturales informatizados o semi informatizados?
A pesar de que las cantinelas escolares siguen practicándose en ámbitos formales de primera escolarización, un gran porcentaje de los niños en nuestro contexto más cercano convive con medios electrónicos, consolas, computadoras, teléfonos celulares y, de no ser así, con una extensa programación de canales infantiles afectada por nuevas formas de comunicación que desde hace un tiempo se han expandido como estándar y donde la lengua discurre casi sin apelar a la repetición. (Comparemos apresuradamente el bodrio que significa la letra del Payaso Plin Plin frente al éxito popular infantil El sapo Pepe.
Tutú, cucú, nene, nena, mamá, Ema amasa, Susana no sé qué, suenan ya a sustrato decimonónico de formas didácticas perimidas.
Lo mismo en el caso de la educación estética que hemos recibido las generaciones preinformatizadas. En la escuela, sí, pero esa fórmula se extendía a todo tipo de espectáculos, circos de barrio, obras de teatro infantil, programas infantiles, como Carlitos Balá, Cacho Bochinche, Telejuegos, Pipo Pescador, el duo musical Edu y el Pollo, las canciones de María Elena, que usaban continuamente estos patrones repetitivos que de Saussure destacó en la poesía germánica primitiva y que luego se fueran introduciendo como régimen en el uso comunicativo de las lenguas naturales.
Puede ser que me esté apresurando, pero creo que el éxito de los soportes tecnológicos actuales está en proveer a los hablantes incipientes una destreza que no proviene ya del ensayo que supone la repetición, sino de la confianza puesta en que los niños poseen un espectro más amplio de inteligencias correlacionadas que hacen posible la aceleración de la apropiación de los códigos. Seguiremos ensayando en una próxima columna.

En Pausa #141, miércoles 10 de septiembre de 2014. Pedí tu ejemplar en estos kioscos.

El acecho

La calle, por José Luis Pagés

Llueve y es noche cerrada cuando llaman a la puerta. R. aparta el libro, abandona el sillón y abre la mirilla. La luz de las farolas se refleja en la laguna. Vuelve sobre sus pasos y nuevamente se dispone a seguir con la lectura junto al hogar. Llaman a la puerta. Molesto, pero intrigado, R. cierra el libro y entonces descubre un sobre blanco en el piso del zaguán. La carta no tiene sellos. El destinario es él, pero nada dice del remitente. Rasga el papel y encuentra una hoja, anverso y reverso, en blanco. Quien ensobró ese papel solo se tomó el trabajo de plegarlo cuidadosamente. Su nombre y dirección fueron escritos con impersonal tipografía de imprenta. Entonces suena el teléfono, pero cuando atiende y pregunta no tiene respuesta. Llueve y el viento silba entre los árboles de la costanera vieja. Ahora recuerda la intranquilidad de ella y el alacrán aplastado en el umbral al regresar de la cita. “Hay gente enferma…”, se dice R. Aviva las brasas con el atizador, y otra vez en el sillón agita el vaso, sorbe un trago y cierra los ojos.
Una vez más llaman a la puerta y el teléfono suena con insistencia. Pero no hay qué temer con una Uzi al alcance de la mano. Dos días después lo encontrarán allí mismo, pero con los ojos inmensamente abiertos y los puños cerrados sobre el pecho. Uno de los peritos recogerá un segundo alacrán aplastado bajo el peso de una novela policial.

En Pausa #141, miércoles 10 de septiembre de 2014. Pedí tu ejemplar en estos kioscos.

Foto: Pablo Ferraro, Colección Gestos (Pausa-Fundación Bica, 2011)

¡Hechim, visita!

Otro yo mismo, por Mari Hechim

La vida transcurre fuera de la cárcel. Puertas de hierro adentro, es semimuerte. Todo se vive como en un sueño enfermo, que ciñe en impotencia la necesidad de la libertad. Hay algo de desnudo y de obsceno en esa imposibilidad, que reduce a un ser humano a una cosa que se arrastra. Sin embargo, de vez en cuando,  el afuera, en forma de cartas y visitas, hace presente un hálito de lo que quizá nos espera y, por un momento, hay apertura y amor y es fácil erguirse y sonreír.
Las presas comunes saben que cada mañana alguien las ha recordado, y, el día domingo, es cosa de atarearse en ropas bonitas y pintura de labios para recibir al hijo, a la madre, al amigo. Las políticas, mucho menos. Hasta antes del golpe del 24 de marzo una vez por mes llega mi viejo, o los padres de alguien, y se comparten almuerzos, abrazos, noticias. La fiesta posterior, de abrir paquetes y encontrar manjares y libros, es comunitaria y consuela.
Pero los compañeros, que son parte del alma, imposible. Cada organización prohíbe en forma terminante cualquier contacto: el riesgo sería grande. Así, quizá lleguen periódicos reducidos al tamaño de un paquete de cigarrillos, o algún documento. Pero ni cartas, ni visitas, jamás. Hay muy pocas maneras de nombrar ese horror. César Vallejos, que en miles de poemas usa un lenguaje casi hermético, lo manifiesta al decir, en forma inusualmente concisa: “Oh, las cuatro paredes de la celda”.
Por eso, cuando una mañana sale un grito de la guardia, “Hechim, ¡visita!” se me hiela la sangre. ¿Visitas? Si mi viejo estuvo la semana pasada. Si en Mendoza no hay nadie que me conozca. ¿Me sacarán quién sabe para qué? La intriga puede más que el temor y me lanzo hacia adelante, hacia lo que ojalá no sea ominoso, y ya desde la galería la veo paradita junto al portón de la guardia, en el salón de las visitas. Es la Cheli. Me salta el corazón, como quien dice, dentro del pecho. Ahí está, con las manos metidas en el sacón negro, con el largo pelo rubio cayéndole sobre los hombros, la sonrisa temblorosa. El abrazo fue interminable. Pero, cómo, ¿cómo? La tomo de los hombros, “Loca”, le digo. Se ríe: “Dije que era tu prima”. “¿Así nomás? ¿Y los cumpas, cómo te dejaron?”. “No, no”, dice, “nadie sabe”. La alegría nos hace abrazarnos a cada rato, nos decimos mil cosas atolondradas en pocos minutos.
Cuando se va, me quedo feliz de su impetuoso coraje, yendo con ella caminando hacia el portón de salida, abrazadas.

En Pausa #141, miércoles 10 de septiembre de 2014. Pedí tu ejemplar en estos kioscos.

Los libros, los boludos y un Cristo

Variopinta, por Federico Coutaz

Boludo es el que presta libros y el que los devuelve, cada tanto repite alguien con la sonrisa estúpida de los que pretenden conocer todos los trucos de la vida. Por lo general, gente miserable y con pocas luces. No me consta que sea boluda la gente que presta libros ni la que los devuelve, ni me molesta, en tal caso, contarme en ambos grupos. Sí me consta, en cambio, que suele ser notablemente boluda la gente que actualiza esa frase y sospecho que es la misma que, en la infancia, jamás prestaba sus juguetes bajo la irritante excusa de que sus padres no se lo permitían.
Hay quienes aman sus libros y les angustia perderlos; jamás les pido uno y, en caso de aceptar uno prestado, procuro devolverlo. Hasta entonces, me parece un objeto extraviado que quiere volver a su exacto sitio. Sin embargo, mis mejores amigos practican una forma de propiedad colectiva de los libros, en la conciencia de que hay pocas cosas más felices para compartir con la gente más querida. Compro libros frecuentemente y nunca se amontonan en mi biblioteca hasta rebalsar.  Un libro, si vale, tiene un recorrido misterioso que hay que saber permitir. Prefiero, siempre, un libro usado, transitado, a uno nuevo.
También me resulta extraña la cláusula según la cual robar libros no es robar, no creo que quienes la profesan acepten de buen grado ser saqueados. Recuerdo haber robado un libro una vez, la justificación, atendible, creo, fue que en otro momento había sido un libro mío, de los dos o tres que jamás había prestado. Lo encontré en una biblioteca de alguien a quien no recordaba habérselo dado y me dio pudor reclamarlo. La primera vez lo había encontrado en una feria americana en algún pueblo de Córdoba, lo compré por el título y sólo después advertí los detalles de  la ilustración de tapa. Jamás pude pasar de las primeras páginas, pero lo guardo con cierto recelo. La edición es de 1936, de la amable editorial Claridad, el autor es un brasileño que se llamó Aníbal Vaz de Mello. “Cristo el anarquista” reza el título, sobre el cual se ve la figura de un cristo obrero, en una montaña, con melena y manto rojo tironeados por el viento, contemplando una ciudad que parece Nueva York. En su mano derecha sostiene una bomba redonda con mecha, como la de los dibujitos animados, humeante y a punto de ser arrojada.

En Pausa #141, miércoles 10 de septiembre de 2014. Pedí tu ejemplar en estos kioscos.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El avance de los medios cooperativos en Santa Fe

Integrantes de la cooperativa Dypsa (Diarios y Periódicos de Santa Fe), que forma parte de Dypra (Diarios y Periódicos Regionales de la Argentina) y de la Usina de Medios participaron este lunes, en la Feria del Libro de Santa Fe, de una charla que tuvo como objetivo hacer conocer los avances de los medios pymes y cooperativos en la provincia de Santa Fe, producto de la creciente integración del sector.
Jerónimo Principiano, Juan Manuel Berlanga, Ezequiel Nieva y Aníbal Pérez. (Foto: Olivia Gutiérrez)

De la actividad, que llevó por título “Medios gráficos y autogestión”, participaron Ezequiel Nieva, director del periódico Pausa (Santa Fe), Jerónimo Principiano y Aníbal Pérez, integrantes de la cooperativa La Masa de Rosario (que edita El Eslabón y la web Redacción Rosario) y Juan Manuel Berlanga, coordinador de la Usina de Medios de Santa Fe.
En la oportunidad se desarrolló la presentación del proceso iniciado en 2012 por Dypsa para contar con su propia rotativa, instalada en uno de los galpones del ferrocarril, en la ciudad de San Cristóbal, donde se van a imprimir las diez publicaciones que forman parte de la cooperativa y todas aquellas que se sumen en el futuro.
Luego, los representantes de La Masa repasaron la historia de El Eslabón, que lleva 15 años en la calle, y la posterior conformación de la cooperativa de trabajo responsable del portal de noticias Redacción Rosario. Por último, se realizó un balance de la actividad de Trama, una organización nucleada en la Usina de Medios que tiene por objeto fomentar las producciones audiovisuales para canales de TV del sector cooperativo, en el marco de la nueva ley de medios.

Para conocer más sobre las organizaciones que forman parte de la Usina de Medios:
Trama