viernes, 21 de noviembre de 2014

Una fortuna por calentar la silla

En 2014, solamente uno de los tres senadores nacionales por Santa Fe, Giustiniani, participó activamente de las sesiones. Los otros dos, Reutemann y Latorre, sólo cobraron.


Con esta nota se da inicio a una serie de artículos sobre el desempeño de nuestros representantes en el Congreso durante los debates del corriente año, comenzando por la Cámara Alta. Se tomó como fuente las versiones taquigráficas que constan en la página oficial del Senado.
El Lole jura sobre la Biblia. En 2014 no pronunció ni una sola palabra en el recinto y se opuso sistemáticamente al gobierno nacional.

Entre el 28 de febrero y el 30 de octubre pasados, la Cámara de Senadores tuvo 20 reuniones. En tres de ellas (la sesión preparatoria y dos asambleas) no había lugar para el debate; en las 17 restantes, sí. Rubén Giustiniani intervino en 14 de estas últimas, mientras que a Carlos Alberto Reutemann no se le escuchó la voz en el recinto ni una vez en el corriente año, y Roxana Latorre pronunció, literalmente, cinco palabras.

El que labura
El socialista Rubén Giustiniani integra el interbloque FAP-UNEN en el Senado de la Nación. Asistió a 19 de las 20 sesiones relevadas, y participó en prácticamente todas las discusiones trascendentes del período legislativo vigente, con dos excepciones: en el tratamiento del Régimen para la Explotación de Hidrocarburos estuvo ausente y antes del informe del jefe de Gabinete del 6 de agosto se retiró, con el resto de la oposición, para manifestar su repudio ante la presencia de Amado Boudou al frente del cuerpo.
En las otras dos oportunidades en que Jorge Capitanich se presentó este año, Giustiniani le reclamó por el puente Santa Fe-Santo Tomé, por la compensación prometida por la Nación sobre la ruta 19, y por la deuda del Ejecutivo nacional con la Caja de Jubilaciones santafesina. Además, criticó la política económica central, sobre todo por la inflación.
Cuando la Cámara Alta aprobó el convenio con Repsol por la estatización de YPF, el senador socialista cuestionó que nuestro país terminara pagando 5.000 millones de dólares a la empresa española. Tampoco acompañó la restructuración de la deuda extranjera, porque, en su opinión, el proyecto no permitía recuperar “la soberanía perdida”. No obstante, hizo su propia propuesta, que planteaba convocar a los tenedores de títulos y conciliar condiciones con ellos.
A la hora de debatir el presupuesto 2015, justificó su negativa al texto del Ejecutivo haciendo especial hincapié en la inflación y sus consecuencias en la macroeconomía; apeló a la necesidad de implementar una postergada reforma tributaria que contemple gravar la renta financiera y modificar el IVA; se refirió a la distorsión en la asignación de subsidios y también aseguró que el gobierno central no cumple con la Ley de Coparticipación Federal.
A la Ley de Abastecimiento también la votó en contra, por considerar que “en las góndolas no hay desabastecimiento, sino aumento de precios”. En ese sentido, insistió, “la cuestión a abordar es la inflación”. En la misma sesión se opuso a la implementación del observatorio de precios pretendido por el kirchnerismo, pero se manifestó a favor de la creación de un fuero de consumidores.
En tanto, hubo dos proyectos ingresados por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que Giustiniani no dudó en apoyar: el Digesto Jurídico Argentino y la Ley de Biodiesel. 
En conclusión, en lo que va de 2014 el representante del socialismo tuvo asistencia casi perfecta y votó mayoritariamente en contra de los proyectos del Poder Ejecutivo, pero lo ha fundamentado; y ha calentado tanto la silla como el micrófono de su banca.

La confusa
“¿Por qué no dan audio?”, preguntó ofuscada Roxana Latorre el 7 de mayo pasado. Había problemas de sonido en el recinto y ella quería seguir el debate en curso, aunque sin participar de él, como de ningún otro. Esas fueron sus únicas cinco palabras del año.
Hasta octubre de 2014, Latorre asistió a 18 de las 20 reuniones de la Cámara Alta. Se desconoce su opinión sobre los temas tratados.
La legisladora justicialista surgió bajo el ala de Carlos Alberto Reutemann, que la ha cobijado lo suficiente como para que lleve tres períodos consecutivos como senadora nacional. En febrero de 2009, como consecuencia del conflicto por la resolución 125, secundó a su líder y abandonó el Frente para la Victoria, conformando el bloque “Santa Fe Federal”. En agosto de ese mismo año volvió a romper lazos y armó el bloque unipersonal “Federalismo Santafesino”. Sin embargo, pocos meses después consiguió la reelección en el parlamento gracias a una recauchutada alianza entre ambos.
Cuando creó su propio espacio (que mantiene al día de hoy), aseguró: “nadie puede pensar que votaré distinto que Reutemann. El dueño de los votos y el jefe político es él, y me he manejado siempre con lealtad y honestidad a su lado”. Su comportamiento este año desmiente abiertamente esas declaraciones. Latorre apoya sistemáticamente cualquier proyecto kirchnerista. Reutemann hace exactamente lo contrario. Lo único que tienen en común es que ninguno fundamenta sus votaciones.

El mudo 
Carlos Alberto Reutemann, titular y único integrante del bloque “Santa Fe Federal”, asistió a 15 de las 20 reuniones del Senado. Una vez se ausentó y otras cuatro estuvo con licencia por enfermedad. Como ya hemos dicho, no pronunció palabra alguna en el recinto en lo que va del corriente año. Sólo manifestó su postura por escrito en el debate por el presupuesto 2015 (ver aparte).
Si hay que buscar un patrón, el ex piloto se dedicó a votar en contra casi todo lo que cayó en su banca. Cierto es que la gran mayoría de los proyectos tratados en 2014 procedieron del kirchnerismo. Probablemente ese sea el motivo de su oposición acérrima. O no. Quizás cree que cada iniciativa debatida en el recinto perjudicaba a su provincia. En cualquier caso, 711.000 ciudadanos que lo votaron esperan, desde 2009, conocer su posición. Que no le suceda lo que en otra trágica ocasión. Que alguien, por favor, haga el bien de avisarle.

Y un día, el mudo escribió
A horas de que el presupuesto nacional 2015 se convirtiera en ley, el equipo de prensa de Santa Fe Federal envió un comunicado con la supuesta “manifestación del senador  Carlos Alberto Reutemann en la sesión” en la que se debatió dicho presupuesto. Se daba a entender, de esa forma, que el ex piloto había alzado la voz en el recinto a favor del territorio que representa. No fue así.
Esa manifestación existió, en efecto, pero sólo como “inserción”. Las inserciones son textos que quedan adosados a las versiones taquigráficas, en los que los legisladores sientan posición pero sin participar de las discusiones parlamentarias; duermen en papel o en versión digital, para quienes se tomen el trabajo de buscarlas en el fárrago de los intrascendentes apéndices a las sesiones.
En cualquier caso, fue la única oportunidad del año en la que Reutemann se expresó en el Congreso. Citamos algunos pasajes de su escrito:
- “No se puede decir sin ruborizarse que en 2015 la inflación será del 14,5%, y que la cotización del dólar será de $9,45”.
- “En este bochornoso proyecto de presupuesto, a Santa Fe se le asigna, sobre el total de las obras públicas plurianuales, menos del 2%, cuando le correspondería un 8,5 %”.
- “Los santafesinos seguimos esperando obras como los puentes Goya-Reconquista-Avellaneda, y Santo Tomé-Santa Fe; o rutas nacionales como la 11, la 34 y la 33, cuya licitación fue presentada hace siete años por Néstor Kirchner”.
- “El Poder Ejecutivo debe cumplir con el piso de coparticipación federal del 34%, impuesto por ley. Pero transfiere sólo el 28% y distribuye el resto discrecionalmente, obligando a las provincias no afines a él, a mendigar los fondos que les corresponden”.
- “La Nación mantiene una injusta deuda con Santa Fe. Nos sustrae el 15% de coparticipación, dejando en déficit a la Caja de Jubilación Provincial”.
- “Santa Fe recibe una indigna cifra como compensación de un pacto fiscal con el que nada tuvo que ver. Así, una de las cinco provincias que no se endeudó, ahora no se ve beneficiada... ¡por haber mantenido sus cuentas en orden!”
- “Este es un presupuesto maquillado, irreal. Sólo es una autorización formal para que el Poder Ejecutivo haga lo que quiera”.

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Aires de cambio en México

La “guerra contra el narcotráfico” en tierra azteca ya lleva más de 150 mil muertes. Hoy, en la punta del iceberg y en la agenda internacional, están los 43 estudiantes desaparecidos.

Por Emma Rodríguez (*)

“Cuando me desespero, recuerdo que a través de la historia,
los caminos de la verdad y el amor siempre han triunfado.
Ha habido tiranos, asesinos, y por un tiempo pueden parecer invencibles,
pero al final siempre caen”.
Mahatma Gandhi.

El pasado 26 de septiembre, el grito desesperado de los mexicanos comenzó hacer eco en el mundo. En el estado de Guerrero, al sur del país, una protesta estudiantil devino en masacre.
Cuarenta y tres estudiantes de la escuela normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, una población indígena, ubicada a unos cien kilómetros del famoso puerto de Acapulco, fueron desaparecidos. Diecisiete más, secuestrados y torturados hasta la muerte.  
A Julio César Mondragón Fontes, de apenas 22 años, lo desollaron. Su sueño de ser profesor para sacar adelante a su hija recién nacida se ahogó en un charco de sangre. Su rostro desencarnado representa la otra dimensión del terror y la rabia.
Apenas tres meses antes, en el poblado San Pedro Limón, enclavado en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, 22 personas fueron ejecutadas por el Ejército mexicano, durante un operativo contra el narcotráfico. Según declaró una testigo, muchas de las víctimas ya se habían rendido y entregado a las autoridades con las manos en la cabeza. 
Tras las matanzas, las protestas se expandieron a través de las redes sociales, y una caravana liderada por los padres de los estudiantes desaparecidos comenzó su periplo por todo el país: del Distrito Federal a Chihuahua, de Chiapas a Tlaxcala, de Guerrero a Michoacán. A su lado, van millones de mexicanos sacudidos por la indignación y una comunidad internacional horrorizada.
Detrás de este “dolor que llueve rabia” se esparce una exigencia que nunca se escuchó tan clara: ¡Este gobierno tiene que acabar! Y es que Ayotzinapa es tan solo la punta del iceberg de las violaciones sistemáticas a derechos humanos, desapariciones y muertes que existen en el país.
En tierras aztecas, reina la ilegalidad, la corrupción y la falta de un Estado de derecho mínimo, pues los gobernantes, procuradores, fiscales y fiscalías forman parte de un gran entramado de complicidad con el crimen organizado.
Detrás de los 43 estudiantes, hay otros 22 mil 322 desaparecidos, según contabiliza la Unidad Especializada de Búsqueda de Personas Desaparecidas de la Procuraduría General de la República (PGR). Los muertos, desde que empezó “la guerra contra el narco”, suman más de 150 mil, de acuerdo con cifras oficiales. El patrón de desapariciones forzadas y asesinatos nunca ha dejado de ser una política de Estado.

La misma historia
Cuando José Ángel, Marcial, Everardo y sus compañeros fueron bajados a punta de pistola del autobús donde viajaban y entregados por la policía municipal del Iguala a la banda criminal Guerreros Unidos, faltaban apenas unos días para que se conmemorara la matanza de estudiantes más grande en la historia del país, ocurrida el 2 de octubre de 1968.
Cuarenta y seis años atrás, el escenario fue la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en la Ciudad de México, donde un mitin estudiantil terminó en emboscada. Policías y soldados vestidos de civiles acorralaron a los manifestantes. Más de mil fueron apresados y a la fecha aún se desconoce el número real de desaparecidos. Los muertos se contaron por cientos.
Marchas en Coahuila por las desapariciones de los estudiantes: los ciudadanos no soportan más la violencia abierta de narcos y políticos.

Desde 1974, la activista Rosario Ibarra de Piedra busca a su hijo Jesús, desaparecido tras ser detenido por las autoridades del Distrito Federal, acusado de pertenecer a un grupo armado de orientación comunista, la Liga 23 de Septiembre. Jesús Piedra es una víctima más de las desapariciones forzadas de personas perpetradas por el gobierno mexicano en las décadas de 1960 y 1970.
Hoy, Melitón Ortega, de origen campesino, también busca a su hijo Mauricio, desaparecido hace casi dos meses. Ante la falta de respuesta de las autoridades sobre el paradero de su hijo, ha tomado la búsqueda en sus propias manos. “El sufrimiento no se negocia, para nosotros es más importante que aparezcan, a recibir dádivas del gobierno federal”, declaró tras la infructuosa reunión con el presidente Enrique Peña.
Y es que las pesquisas oficiales más bien parecen un montaje fílmico al estilo del director Luis Estrada (El Infierno). Ni la captura de José Luis Abarca, ex alcalde de Iguala, señalado como el autor intelectual de la masacre y las desapariciones, ni la deposición del gobernador de la entidad, han esclarecido qué fue exactamente lo que pasó con los estudiantes y lo más importante: dónde están.
Las versiones oficiales chocan. Unos dicen que fueron quemados con leña, llantas y plásticos por más de quince horas; otros, que los cuerpos calcinados encontrados hasta ahora no pertenecen a los jóvenes y que aún queda una esperanza de que se hallen con vida.
Por eso, las consignas “¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?”, “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, “¡Exigimos justicia!” y el unificado “¡Fuera Peña!” se replican por las calles del DF, Monterrey, Guadalajara, Saltillo, Hermosillo, San Cristóbal de las Casas, Iguala, Chilpancingo, París, Edmonton, Bogotá, Río de Janeiro, Caracas... Buenos Aires.
Ayotzinapa huele a Acteal, Chiapas, donde en diciembre de 1997 cientos de indígenas tzotziles que se encontraban haciendo ayuno y oración fueron masacrados por grupos paramilitares. Huele a San Salvador Atenco, donde en 2006 miles de agentes policíacos irrumpieron con violencia en las manifestaciones de los ejidatarios que se resistían a la expropiación de sus tierras. Huele a San Fernando, Tamaulipas, y las 72 tumbas de migrantes. Huele a crimen de Estado.

La resurrección
Los desaparecidos no solo avivan heridas que nunca han cerrado, sino que abren otras. A diario, se encuentran cuerpos por donde se le escarbe. 331 son los cadáveres localizados hasta ahora en fosas clandestinas del estado de Durango; 31 más en Veracruz. 
Hace apenas unos meses, en el municipio de Allende, aquí en Coahuila, estado fronterizo con Texas, se hallaron cientos de cuerpos calcinados. La masacre, desatada por una venganza del narcotráfico contra una familia de la zona, había ocurrido años atrás, pero por miedo a represalias nadie se atrevió a denunciarla.

Hoy, con el interés en la explotación del gas de lutitas (shale), que la recién aprobada reforma energética pone en bandeja de plata para las compañías transnacionales, las autoridades comienzan a “extraer” muertos. El semidesierto con mantos acuíferos en su cenit sufrirá las consecuencias de la fractura hidráulica (fracking), igual o más graves que las que deja la minería a cielo abierto que se expande voraz sobre centros ceremoniales y comunidades indígenas, a manos de empresas canadienses. Más aberrante aún: desde el año 2005, suman 1.800 los desaparecidos tan solo en esta región.
Coahuila y México entero tienen sus propias Madres de Plaza de Mayo, como también las tienen Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, cuyos hijos, en su paso obligado por este territorio rumbo al sueño americano, son víctimas de crímenes atroces, no solo por parte del crimen organizado, sino de funcionarios de todos los niveles.
“Ellos también están en las fosas”, me dijo cuando lo visité en su albergue en Ixtepec, Oaxaca, el padre Alejandro Solalinde Guerra, uno de los principales defensores de los migrantes y quien sobre el caso Ayotzinapa declaró que un testigo le aseguró que los estudiantes habían sido asesinados.
Ayotzinapa destapó la cloaca de las tragedias que ha padecido la nación entera desde hace décadas. El número 43 se ha convertido en el símbolo de la reivindicación.
Al minuto 43 de cada hora, suenan mensajes en las radios comunitarias y culturales; al minuto 43 de los partidos de fútbol, retumba el grito de “¡Justicia!” Hay veladoras encendidas en miles y miles de hogares. Las fotos de Cirino, Magdaleno y Mario yacen en los postes de las esquinas de barrio.
“Te estoy buscando, no tengas miedo”, claman madres, padres, hermanos, amigos. Los estudiantes apuestan por un paro nacional, que, como nunca, está siendo secundado por cada vez más sectores sociales.
En los muros de las ciudades, los graffitis se multiplican como plaga. Uno de los más recurrentes rememora el Artículo 39 de la Constitución mexicana, que reconoce que “El pueblo tiene todo el tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.
Ayotzinapa despertó a México. Este país no puede volver a ser el mismo.

(*) Desde Saltillo, México. Especial para Pausa.

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 MARCHA 22 DE OCTUBRE / AYOTZINAPA from Opus Social Media on Vimeo.

Desafíos de la desigualdad

Entrevista al sociológo Gabriel Kessler.

Por Gonzalo Andrés

El sociólogo Gabriel Kessler presentó su libro Controversias sobre la desigualdad en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral, donde se explayó sobre las desigualdades en Argentina entre 2003 y 2013.
Su principal interrogante: ¿es la Argentina más o menos desigual que hace diez años? “El objetivo era tomar una postura equilibrada y tratar de llegar a un balance del periodo que no sea dicotómico”. El análisis se focaliza en distintas esferas: trabajo, educación, salud, género, vivienda, delito, infraestructura y ruralidad.
Durante su exposición, el investigador sostuvo que “Se puede señalar en algunas áreas una reducción de la desigualdad y, al mismo tiempo, se puede marcar el reforzamiento de ciertas desigualdades o la generación de otras nuevas”.
“El aumento de la pena no tiene ningún impacto disuasivo en el delito”, dijo Kessler.

En el mercado formal del trabajo se evidencia la mejora. Se incluyó más gente al trabajo y la relación capital-trabajo es más distribuida. “Este proceso alcanzó para incluir a un sector (un 25% o un 45%, depende de quién haga el cálculo) de la población económicamente activa”. Sin embargo, “a partir del 2007-2008 comienza a disminuir la distribución del ingreso dentro del mercado laboral debido a que disminuye tasa de creación de empleo, se aminoran los aumentos salariales y se evidencia un aumento de la inflación”.
En cuanto a la educación, hay más cantidad de alumnos (un proceso que empezó en los 90 con la escuela primaria y se extendió a la secundaria y la universidad en este periodo) y mayor heterogeneidad dentro del sistema debido a las diferencias de la calidad educativa. Hay cada vez más población joven que va a la escuela secundaria y que hace la universidad.
En materia de salud-enfermedad, hubo un gran aumento de la población con algún tipo de cobertura y disminuyeron la tasa de mortalidad infantil y materna, pero perduran núcleos de exclusión que sufren enfermedades vinculadas a la mala calidad de vida (tuberculosis, hepatitis) o al deterioro del ambiente (mal de Chagas, dengue, hantavirus).
También el investigador destacó que, más allá de la distribución de los ingresos y las condiciones laborales, las obras de infraestructura que realizan los Estados ayudan a disminuir las desigualdades sociales. En dialogo con Pausa, afirmó: “hay que tener en cuenta que lo que llamamos servicios colectivos tienen impacto en atenuar la desigualdad. En ese sentido, las distintas obras de infraestructura son implementos que tenemos que incluir en el debate sobre igualdad-desigualdad”.

Inseguridad y delitos
Una de las paradojas en las que se detuvo el investigador fue el hecho de que a pesar de la disminución de la desigualdad, el delito no disminuyó lo suficiente que se podría esperar: en la actualidad, la tasa de delitos contra la propiedad está cercana a la de los 90. También destacó que los principales perjudicados por la inseguridad son los sectores más vulnerables: “a medida que se desciende en la escala social, aumentan las probabilidades de ser víctimas del delito”.
Sobre la conveniencia de la aplicación de políticas de mano dura, el autor respondió: “yo retomo algunos de los estudios hechos por economistas en la Argentina. Cuando toman dos variables –el aumento de la duración de la pena y el aumento de la probabilidad de ser aprehendido por un delito–  demuestran que el aumento de la pena no tiene ningún impacto disuasivo del delito, pero que el aumento de una mayor efectividad policial aparentemente sí. Es decir, en las provincias o ciudades donde hay una mayor posibilidad de ser aprehendido debido al funcionamiento de la policía y de la justicia, hay una cierta disminución en la tasa de delitos”.
En la actualidad hay en América Latina gobiernos nacionales que tienen un discurso progresista y que disminuyeron las desigualdades sociales, pero al mismo tiempo han aumentado la tasa de delitos y el número de presos. Kessler dijo: “Los gobiernos nacionales-populares o de centroizquierda o izquierda conocieron un aumento muy importante de la población penitenciara (aunque eso también sucedió en los países que son gobernados por la derecha). Pero ahí vemos que hay un primer interrogante que consiste en tener un gobierno progresista y, a la vez, un aumento de la población carcelaria. Lo segundo es que vemos, en general en América Latina, que los gobiernos que han sido reformistas durante muchos años, en seguridad no han sido reformistas, no han logrado establecer un discurso, una práctica y una política diferentes. Y, más aún, vemos una cuestión que a mí me preocupa mucho, lo que yo llamo neopunitivismo, que es la posibilidad de articular políticas progresistas en muchas áreas con políticas autoritarias en materia de seguridad. Me parece que ahí hay un tema pendiente en los gobiernos progresistas latinoamericanos”.

Tendencias contrapuestas
El investigador de Conicet argumentó que no se puede resumir la problemática a los términos igualdad-desigualdad, sino que hay que analizar las tendencias contrapuestas existentes. La primera tendencia es que en cada una de las esferas persiste un núcleo marginal. “En cada una de las esferas hay un núcleo de exclusión estructural, que en algunos casos son los mismos. Por ejemplo, se puede tener empleo pero padecer una fuerte enfermedad, en ese caso habría exclusión en la esfera de salud”.
La segunda tendencia es que hay sectores en los que no hay exclusión (tienen trabajo registrado y acceden a servicios públicos) pero es mala la calidad de los servicios a los que se accede (escuela, salud, transporte). La mala calidad de los servicios públicos también genera desigualdades sociales: “hay un elevamiento del piso en todas las esferas que uno puede analizar, pero hay persistencia de la desigualdad. Esto lleva a que, al mismo tiempo que hay un aumento de la cobertura de salud, educación, hay una heterogeneidad interna en la calidad de los servicios a los que se accede en cada una de las esferas”.
Sintetizando, Kessler afirmó que “en general, la desigualdad es menor en todas las esferas”, ya que existen “claros movimientos hacia una mayor igualdad en ciertas dimensiones, pero también la perdurabilidad, o en ciertos casos hasta el reforzamiento, de desigualdades en otras”.
“La tendencia de la época es hacia una menor desigualdad, en contraposición de los 90, porque también se disminuyeron brechas con medidas como la asignación universal  o leyes como las de trabajo rural, empleo doméstico, matrimonio igualitario, identidad de género”, finalizó.

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Apocalipsis del pop y la fusión

Entrevistamos a Alejandra Papini, ícono indie local, sobre la salida del nuevo disco de Diamantina: "Incendioses".


Incendioses es la nueva producción de Diamantina, el proyecto pop que actualmente integran Alejandra Papini (voz, composición, guitarras, programaciones) y Guille AF (sintetizadores, arreglos, voces). Se trata de un EP de cinco canciones que fue puesto a la venta en formato digital el pasado 11 de noviembre. A su vez, también se lo puede escuchar en el sitiode Bandcamp del grupo.
Glamour, lirismo y espiritualidad caracterizan el estilo de Papini, artista con gran recorrido escénico.
Foto: Juan Curto.

La grabación se desarrolló en los estudios Wondercliff (Santa Fe) de Emmanuel Bayúgar, quien colaboró en algunas bases y realizó la mezcla general, a excepción del corte “Coraza”, mezclado y masterizado en México por Francisco Pesado. Mientras que el mastering estuvo a cargo de Nacho Espumado desde su “Mansión Mutante” (Rosario). El arte de su tapa  fue diseñado por Juan José Rolón y Leonel Collazo.
El disco fue editado por el sello chileno Alterado! Records y la distribución está a cargo de Altafonte (España). En palabras de sus realizadores, el grupo logra “un sonido cercano al rock-indie, al electro, con ciertos matices dream-pop”. A su vez, a la hora de nombrar influencias, destacan a Pharrell Williams, Empire Of The Sun, The Beach Boys y Lucas Martí. No obstante, aclaran que “el sonido termina siendo muy propio y personal”.
Alejandra Papini nos cuenta más acerca de la génesis y la concreción de Incendioses, su concepto y el futuro inmediato del grupo.
—¿Cómo fue la grabación?
—El proceso fue loco, por momentos un poco utópico, ya que pretendíamos sacarlo en 2012, el mismo año en que comenzamos a grabar. La distensión propia de trabajar junto a un colega y amigo como es Emma Bayugar, nos hizo colgarnos. Pero también lo disfrutamos y nos divertimos. Trabajamos sin presiones y plazos y dijimos: “que salga cuando sintamos que esté terminado”. En un principio pensamos eso, pero promediando el 2013 ya comenzamos a apurarnos un poco.
—¿De qué manera influyó el formato dúo de Diamantina en la concepción y registro del disco?
—Al principio no sabíamos el nombre ni nada, ni siquiera pensábamos en un disco. Comenzamos a grabar para tener un registro de las canciones, una “foto” musical del momento que estábamos atravesando en formato dúo, junto a Guille. Luego nos fuimos dando cuenta de que tenía identidad suficiente y un espíritu que unía las canciones, cosas que ha de tener un disco. En principio queríamos registrar ocho o nueve temas, pero la misma dilación del proceso nos hizo quedarnos con cinco. Como todo, fue perfecto porque cinco es el número de dios, que tiene eco en el nombre del EP. Incendioses hace referencia a las predicciones del 2012 acerca del fin del mundo, es decir a las creencias, lo sobrenatural.  Al mismo tiempo, alude al caos que genera la idea de un posible apocalipsis, al menos el jugar con uno mismo al pensar en ello. De eso habla la última canción del disco, “Designio Dorado”
—¿Qué influencias artísticas y musicales reconocen en esta producción? ¿Cómo les gusta definirse?
—Yo siempre me sentí cómoda con la idea de hacer “neo psicodelia”. Aunque Incendioses es más bien conceptual. A mí me influye más encontrar mi voz interior. Disfruto de lo que escucho, pero no me veo diciendo: “¡Ah, voy a hacer esto!”. En este disco lo mío pasó más por la composición de las canciones y las bases rítmicas. A Guille le tocaron los arreglos musicales, la estilística y los sintes. Ahí él volcó sus influencias de siempre: Stevie Wonder, Pharrell Williams y algo de lo que estaba escuchando en ese momento, como Empire Of The Sun, Kanye West y Astro.
—El EP fue editado por el sello chileno Alterado! Records. ¿Cómo llegaron a él y porque decidieron realizar la edición de forma digital?
—Al frente del sello está Nicolás Orión. En uno de sus viajes a Argentina, el fluir natural de las personas por los asuntos musicales hizo que nos cruzáramos. Le pasé un boceto del disco, que estaba registrando mitad en mi casa, mitad en lo del Emma. El chico flasheó, y allí empezó todo. Me propuso dirigir el clip de “Coraza” desde Chile, y lo concretó en unos meses. En ese momento, justo terminábamos de producir la mezcla y mastering con Francisco Pesado, que vive en México. La distribución digital es una apuesta de estos tiempos. Vamos a ver cómo sale. Después vendrá la edición física clásica. Le tengo respeto al objeto. Creo que genera una calidad de situación muy diferente a la de escuchar enchufado a la web. Aparte del fenómeno del tacto, de sostener el disco entre tus manos, pasear tus ojos por la tapa...
—¿Qué planes tienen para lo que queda del año y para el 2015? ¿Realizarán un show en Santa Fe?
—Por ahora queremos ver como evoluciona este desparramar del álbum. Seguramente en el 2015 lo presentaremos en vivo. Tenemos muchas ganas.

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Latizana arrancó con todo

El Molino Marconetti ofició de escenario para la primera de las noches  de Latizana arte fusión, organizadas por los jóvenes gestores culturales de Deltraste Producciones Independientes que, justamente, se pronuncian a favor de nuevos espacios donde encontrar shows de artistas independientes. Pasadas las 21.30 del viernes 14 se dio inicio a la velada con la proyección de una serie de cortos realizados por Tertium Quid Producciones. Uno de los destacados fue La caída de los globos, primer premio en la última Bienal de Arte Joven y premio al Mejor Cortometraje en Premios Escenario, realizada por los santafesinos Nahuel Beade y Rodrigo Stettler: “se trata de una historia que, acudiendo a ribetes surrealistas y metafóricos en general, da cuenta de las etapas de la vida de un hombre y las relaciones de poder que debe ir sorteando”.
Luks Chaires, uno de los artistas de la primera fecha de Latizana. Foto: Magdalena Medina

Inaugurado con las producciones audiovisuales, se puso en marcha el plan de desarrollar un evento en el que, presentando a los números musicales como anuncios principales, amalgamó distintos lenguajes a la misma narrativa. Ficciones acerca de filosofía cotidiana, los manifiestos de lo que iba sucediendo trazaron lienzos (fueron Luks Chaires y Sofia Segovia quienes se encargaron de practicar las artes plásticas), el entremés artesanal ofrecido por los cocineros de Listolpan y una ambientación promotora del swing y el juego de rodillas para hacerle frente a la prepotente brisa. Sobre las 23.00, Invasores Chinos se hizo cargo del escenario principal para poner en calor a las 300 personas que asistieron a las inmediaciones del dique 2. Sintetizador, batería y guitarras conforman el sonido del trío que agrega electrónica, rock y funk, mixtura que viene ganando adeptos desde su performance también durante la reciente Bienal. China Town fue la performance que sirvió de conectora para que se trepen al escenario los GypsyRak, que en el camino de exploración de un subgénero jazzero agrega un punto más de volumen para permitirse versiones bien contundentes de clásicos como “Post crucifixión” y “Come together”.
Latizana continúa el sábado 29 de noviembre en el Anfiteatro, con Río Loco y Kármhasis. La primera es una banda a la que le “gusta el rock, así como suena, cuatro letras”. Kármhasis, una de las sorpresas de la última Bienal, mezcla funk, soul y hip hop. A cargo de las visuales, Tranquilo Gerito y Abril M.
El ciclo concluye el sábado 6 de diciembre en el Marconetti con Subliminal Rap y Delivery Reggae. Las visuales serán de Flo Secchi y Miki Carlini.

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Pelé en Unión

Variopinta, por Federico Coutaz

Era el año 97 y Unión estrenaba una misteriosa incorporación: Nii Lamptey, negro, rápido y habilidoso. El futuro se dibujaba como promesa, pero duró sólo seis partidos. Misteriosamente como llegó, se fue. Después supimos que su hijo bebé se había enfermado y que murió en un hospital de Buenos Aires.
Una vez escuché que se había suicidado: falso, aunque motivos no le habrían faltado. Transcribo algunos datos de su biografía.
Nació en Thema, Ghana, en 1974,  padre alcohólico, palizas y torturas, abandono de su madre. Dormía en la calle, casi no iba a la escuela. Un club musulmán le ofreció alojarlo, se convirtió al Islam y aumentó el odio del padre, quien, a la costumbre de ir a insultarlo a las canchas, sumó la de ir a la mezquita a provocar peleas en la hora de la oración.
A los 14 años ganó el mundial sub 17 y fue elegido mejor jugador. El rey Pelé dijo que sería su legítimo heredero (curiosamente, Nii significa Rey). Pero por entonces no pensaba en tronos, sino en escapar y lo consiguió, viajando como ilegal  (la federación Ghanesa había confiscado su pasaporte).
Llegó al Anderlecht de Bélgica, donde no le creyeron que era él y le hicieron una prueba con jugadores profesionales, al rato se convencieron. A los 15 debutó y brilló en la liga de Bélgica. Jugó en la selección sub 20 y en la mayor. Pero Nii entendía poco el inglés, no sabía leer ni escribir en ningún idioma y cayó en las garras de Antonio Caliendo que le hizo firmar un contrato de esclavo, alquilándolo constantemente a cualquier club. Así, pasó por Holanda, Inglaterra e Italia donde no le fue bien. En la copa de África, lo culparon del fracaso de la selección y no lo convocaron más. En un partido vomitó sangre y creyó que era víctima de magia negra (¡leer “Buba” de Roberto Bolaño!).
Llegó a Unión, cedido por Boca, llamó Diego a su hijo. Las autoridades de Ghana no lo dejaron enterrarlo en su país.
Después de un tiempo jugó en Alemania, donde sufrió todo tipo de racismo, hasta un compañero se negó a compartir habitación con él. Su hija Lisa murió de la misma enfermedad que Diego y también tuvo que enterrarla en tierra extranjera y hostil.
Jugó en Turquía, en Portugal y en China, donde por primera vez se sintió querido. Volvió a Ghana a terminar su carrera.
Si algo de angustia faltaba en su vida, supo que ninguno de los tres hijos vivos que tenía eran de él.
Pese a todo –y como en Hollywood– hoy espera un hijo biológico con una nueva pareja, tiene una granja y fundó una escuela secundaria para 400 chicos. Cada salón tiene el nombre de los países y ciudades donde jugó, diez países en cuatro continentes. En el segundo piso, una de las aulas se llama “Argentina, Santa Fe”.

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El mandato

La calle, por José Luis Pagés

Daban una de misterio y llovía de primavera cuando se encontraron en el cine del barrio aquel.
Según lo convenido ella vestía blusa y zapatos rojos, él saco blanco y corbata azul. Se acercaron. Él saludó con una ligera inclinación de cabeza, ella sonrió, apenas.
Afuera quedaba el aguacero y un cielo gris rasgado por el restallar de la tormenta. Era ella, bonita, pero con una sola mirada –anónima y fugaz–, lo recorrió como el filo de una navaja.
Las luces de la sala parpadearon y enseguida se apagaron. “¿Trajo el adelanto?”, preguntó. Ella no respondió, pero abrió la cartera y retiró un sobre que él tomó con la mano izquierda. En el sobre encontraría la foto y algunos datos del “innombrable”, como ella lo había llamado. También las llaves de su departamento y un cheque al portador.
Las cortinas se abrieron y en la pantalla apareció una escena nocturna, una avenida donde cientos de personas solitarias caminaban en distintas direcciones, nadie hablaba, ni mi miraba al otro.
Él hizo el ademán de abandonar la butaca y ella lo retuvo con una mano helada. Él vio su perfil, el mentón y la nariz afilada apuntaban al centro de la escena. Tampoco se volvió hacia él cuando le pasó una caja pequeña, pesada. “Es suya”, dijo, “Está a su nombre”. Él la guardo en un bolsillo interno. Ella se puso de pie y se alisó la pollera, luego se agachó y le susurró al oído. “Suicidio ¿Entiende?” y desapareció.
Media hora más tarde dejó el cine, nadie había muerto, todavía. Ya no llovía y el pavimento reflejaba las luces de los faros.

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