jueves, 23 de octubre de 2014

No cicatrizan

Gustavo Angelini regresó con clásicos de Carneviva y temas de su etapa en Patada de Elefante. Glorioso.

Por Marcelo Przylucki

En lo que va del año fueron esporádicas las oportunidades en las que referentes (o acaso podría decirse “históricos”) del rock santafesino han podido renovar su condición de tales: apenas una presentación de lo nuevo de Virgem, la retirada progresiva de Cabezones, la intermitencia de Experimento Negro, Astro Bonzo, Butumbaba, Mambonegro, entre tantos otros que califican en esta enumeración, no obstante, ha posibilitado quizás la llegada de bandas emergentes a las portadas de los medios locales.
Con una super banda comandada por el guitar hero “Matt Hungo” Deicas, Gustavo Angelini volvió a deleitar a sus fans. Foto: Olivia Gutiérrez.

Muchos grandes proyectos, quizás debido al azar, no han podido trascender un paso más allá para consolidarse a escalas regionales mayores. Pero sostienen acompañamiento y mucho público cuando retornan. Obviamente, la mística también foguea. Gustavo Angelini es un héroe de un tiempo en el que el arte no tenía un impulso como el actual, ni el número ni la variedad de bandas de hoy. Su arrojo e indecoro hicieron de guía para todo lo que vino después. Y así lo hicieron notar todos los músicos que lo acompañaron en su nuevo retorno a las tablas.
Próximas las once de la noche del sábado 18 de octubre, la “Colo” Silvana Montemurri intervino el escenario del Molino Marconetti, escoba en mano, haciendo defensa del bolero en perjuicio del rock: “Es gente rara la del rock… ¡hay uno ahí que tiene violencia de género con la batería!”, lo que fue pie para que el “Mono” Javier Farelli (La Cruda, Astro Bonzo) se siente a patear el bombo. Detrás suyo, Franco Bongioanni (Emparche, Barro), Cristian “Matt Hungo” Deicas (Astro Bonzo, La Cruda, La Moto) y Emiliano Yellati (Carneviva, Patada de Elefante) se colgaron guitarras y bajo, que no sonaron antes de que Tavo subiera, camisa blanca, pantalón de cuerina negro, a invocar que “la música la trae la gente”.
“Nunca te olvidaré” fue la primera canción de la noche, una de las nuevas (más estilo Patada que Carneviva) en las que el cantante deja entrever algo que confesó previamente al show acerca de cierta distancia con la música: “Tengo mucho que dar, no me lo quiero quedar”, es evidencia convincente de ello. Inmediatamente después, Deicas dejó latir el riff del primer clásico de Carneviva, “Necesitaba estar”. Segundo tema y el pogo y la anarquía facial de Angelini ya estaban desatadas. “Biotecnología”, de Rock Paquidermo (2007), como para dar cuenta y anuncio de lo que sería la lista de 24 canciones: un repaso de los clásicos desde En carne viva hasta Hígado de bronce, deteniéndose en el disco solitario de Patada de Elefante y también presentando cuatro canciones nuevas, cada una más potente que la anterior.
“Rosa Cuveé” fue motivo para la segunda invitada de la noche: Valeska Olesak (Azur), que también volvió en “Alimenten a los monos” y en “Pura droga”. Tristán Ulla (La Cruda, Sonen), Tato Pastor (Nitroplan) y el incombustible “Negro” Rodrigo González (La Cruda, Experimento Negro) para hacer “Eléctricodoméstico” (con un amago de “Cruce hormonal”) y una vuelta de la “Colo” contagiada por el rock fueron las visitas que aportaron lo suyo para que el show sea explosivo, dinámico y olvidadizo de la sugerencia de su título, pues lo doméstico quedó pendiente.
“Aún no vine”, “No creo en morir” y las sienes de cientos de fans (de la vieja y de las nuevas generaciones), latiendo a pura cerveza y rock, pidieron una prórroga que no llegó. Al Tavo Angelini verdaderamente se le debe devoción cultual, pues se ha inventado y reinventado con distintas formaciones, en géneros como el rock progresivo, el blues, el rocanrol y la enumeración se difumina, a medida que vamos recuperando cada experimento vocal del barítono que no parece querer dejar a su público cicatrizar.

Publicada en Pausa #144. Pedí tu ejemplar en estos kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.

Palanganas

La calle, por José Luis Pagés


A vuelta de esquina –me esperaba desde la mañana del jueves–, me asaltó con sus ofertas el vendedor de palanganas. Hace un mes que me persigue y aturde con el megáfono. Iba yo adelante y él detrás cuando advertí que la señora de los reflejos y el escribano Del Pulgar discutían acaloradamente. Me detuve y el acoso del palanganero cesó en el acto. La señora, mi vecina, y el viejo escribano debatían la conveniencia de pedir una ambulancia o llamar a un policía. “¡La Policía! ¡Policía!”, gritaba ella. Un tipito –saco, corbata y nariz de payaso–, yacía en el umbral. “¡Que saquen de mi casa a este degenerado!” gritaba la iluminada, con los cabellos alborotados. “¡Lindo perrito!”, dijo el palanganero. La señora tomó el halago como una amenaza y apretó el pichicho contra el pecho. “¿Y usted qué opina, la hormiga orina?”, me preguntó el escribano. “Una ambulancia”, sugerí. “Sí, que alguien lo lleve y lo tire al río”, dijo el del megáfono, con un brillo maligno en los ojos porcinos. No se ponían de acuerdo y yo no tenía teléfono. Seguí camino, hice compras en la granjita y cuando me iba señalé el cajón de mandarinas. “¿Están buenas?”, “Sí. Lleve tranquilo. Son del árbol”. Al regresar, no encontré al vendedor de palanganas, pero sí a otro que ofrecía plumeros. Sin duda, me están vigilando. Pasé la noche en blanco buscando el sentido oculto de las palabras del verdulero y, por fin, con el sol de la mañana me levanté feliz y apuré el paso en dirección a la granjita. El hombre había querido significar que las frutas no habían pasado por cámara de frío. ¡Ja! Hasta ahí todo bien, pero a vuelta de esquina tropecé con el palanganero, que escapaba con un perrito entre los brazos.

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Quién sabe

Variopinta, por Federico Coutaz

El tipo está apoyado a una pared, es una esquina. Mira a lo largo de la calle, el sol le da en la cara, tiene rulos. Creo que tiene ojos saltones y que es más bien pelirrojo, aunque eso último puede ser un efecto de la luz del atardecer.
Todos los sábados se para ahí, se queda un buen rato, mira al sol, fijo.
Enfrente hay un edificio público con una gran explanada y los sábados es como un desierto.
Lo que no me puedo acordar es el  nombre de la planta, la trajo Marina el otro día. Cada tanto no puedo recordar el nombre de algo, se me borra y me quedo pensando hasta acordarme, no es que piense constantemente, sino cada tanto. A medida que el olvido persiste, las veces en que trato de recordar van disminuyendo aunque sospecho que no abandono nunca, es imposible saberlo.
Extrañamente no tiene cara de loco, su gesto más bien invita a pensar que es extraterrestre. Quién sabe. Lo cierto es que la cuarta o quinta vez que lo vi, crucé la calle, me paré al lado y me apoyé en la misma pared, a una distancia prudente. No se inmutó, yo me quedé un rato. Había discutido con Marina, últimamente discutimos mucho, por cualquier cosa, casi todo el tiempo.
Marina compró la planta porque en el departamento no había. Antes de que ella se mudara conmigo yo tenía dos o tres, pero el gato se encargó de romperlas. La madre de Marina le dijo que esa planta traía mala suerte, pero la trajo igual. Lo cierto es que cuando le propuse que la dejáramos en su escritorio dijo que mejor no, que tenía que rendir en pocos días y que quién sabe…
La tercera vez que me paré a su lado, el tipo se fue. Quizás porque me paré un poco más cerca. No volvió más.
Pasaron varias semanas y todavía no alcanzo a entender cuál es la gracia de pararse ahí. Sin embargo, todos los sábados encuentro una excusa para pasar por esa esquina y pararme hasta que el sol se esconde. Alguna gente me mira, pero por ahora nadie se detiene.
Amaranto se llama, acabo de acordarme. Marina juntó todas sus cosas y se fue. Dejó la planta.



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Estamos todos juntos separándonos

Mil mates, por Fernando Callero

I. Los sueños

Al momento de tomar el avión de regreso
yo me peleo con papá en el embarque,
mamá y S se cortan solos,
mi hermanita sufre
mi hermano suspende el vuelo y se queda.

Los sueños, contarlos. Aprender técnicas de cacería, atrapasueños para tender en esa frontera del despertar, antes de que se esfumen. ¿Cuánto hará que lo soñé? Porque lo percibido, aunque sea de forma fantasmal, ya entra en el rango de las cosas. El Objeto Directo: LO se hace cargo de marcar esa intuición en la gramática. Yo lo soñe ñeeee.
Algunos parecen venir del comienzo de la noche, para aparecer de día ya un poco oreados, curtidos, pero por eso mismo suelen ser los de mejor definición. Otros parecerían que acaban de ocurrir, incluso que han sido interrumpidos por algún fenómeno inmediato, un perro, el calor, el basurero regulando frente a casa.
Titilan todavía esas imágenes, por lo general siluetas difusas o apenas valores de luz que hasta hace unos segundos conformaban una experiencia real, es decir una secuencia ordenada, porque sino no sentiríamos el tirón de un sentido que se borra. Un sentido muy preciado, porque viene con toda la parafernalia adscrita al género. La epifanía, nombre horrible de niña, si los hay. Creo que gracias a dios nadie se llama epifanía. O sea, no los hay. 
Entonces, obrar mecánico y alerta, perder la vista en el vórtice de los artefactos de baño por si se escurren por ahí los datos, sostenerlos sin mirar la pava mientras se carga de agua con el chorro ejecutando el metal de su pancita.

Pero lo mejor es contarlos. Tener a quién contarle el sueño es el sueño de muchos soñadores solitarios. Los solitarios encima suelen soñar más que los cónyuges y los gregarios. Quizás porque el total de las operaciones psíquicas del rango de la intimidad quedan enteramente a su cargo.
Hay unas hormonas que te ponen como un caballo. Y uno es capaz de soñar cualquier cosa. Porque es un hoyo temprano de la muerte la narración que modela la experiencia.
Y el cerebro hace su mímica.

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Taj Mahal

Otro yo mismo, por Mari Hechim

Voy a entrar a palacio y voy a pedir que venga el arquitecto del reino. Le voy a decir: haga un Taj Mahal. Quiero un monumento que emplee veinte mil obreros, que tenga cúpulas, jardines, fuentes, ornamentos de todo tipo. Que todo el mundo pueda contemplarlo y ver en él la magnificencia, la grandeza, la opulencia de este sentimiento. Que todos se asombren y que perdure en el tiempo como una marca de la belleza y la hondura de este desvarío que roe mis entrañas minuto a minuto; de la desesperación.
Pero él no está diciendo esto, no dice nada. Él la está mirando mientras ella dice: no quiero fiesta, no quiero un vals donde los hombres me pasen de brazos en brazos como si estimaran mi valor. Quiero ir de viaje con las chicas del curso.
Él desplaza la mirada hacia el  jardín que se entrevé por la ventana de la cocina, algunos colibríes se atarean libando las dulzuras de las flores de la santa rita fucsia, y luego vuelve a mirarla. Las comisuras de sus labios se estiran hacia los lados y hacia arriba. Ella se ríe: “Estás cada vez más pelado”. Antes de pararse, él despega el brazo derecho que reposa sobre la mesa, mientras levanta el dedo medio que se dirige hacia la nariz de ella, reprime la intención de mojar la yema del dedo con su saliva, pasa menos de un segundo por la punta de esa nariz tan graciosa, se pone de pie, aprisiona las manos en los bolsillos, tirando hacia abajo. Mira de nuevo hacia el jardín. Un par de niños rubios encogen los hombros y pegan saltitos junto a la pileta, como si tuvieran frío.
Oye que ella corre la silla hacia atrás, se para y le da una palmada en el hombro izquierdo. Se mueve hasta mirarlo de frente, todo su pelo castaño cae en olas de seda sobre sus hombros, los ojos con chispas doradas, la piel lisa. “Dale, tío, hablá con tu hermana, plis”.

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Llenos de magia

Después de su multitudinaria participación en Música en el Río, vuelve La Vela Puerca el sábado 25 en el Anfiteatro.

La Vela Puerca vuelve a la ciudad por segunda vez en el año, después de haber tocado ante 70 mil personas, en febrero, en la segunda noche de Música en el Río. El regreso de la banda uruguaya es el sábado 25 de octubre a las 21:30 en el anfiteatro del Parque del Sur (Presidente Illia y San Jerónimo). Las entradas anticipadas pueden conseguirse en la Disqueria Compactos (San Martin 2254).
Después de tocar en agosto en el Luna Park, y hacer una gira por Europa, La Vela Puerca vuelve a la Argentina apostando a sus últimos trabajos: el DVD en vivo Uno para todos –registrado en el Luna Park– y Pasaje Salvo, un EP de 3 canciones editado en junio de 2013 que sigue manteniendo a la banda como una de las mejores del rock uruguayo.
La Vela Puerca nace en diciembre de 1995. El grupo gana el primer premio de un concurso que les permite grabar su disco debut al tiempo que van haciéndose de una base de seguidores gracias al boca a boca y al espíritu abierto de la banda. En el estudio La Cárcel con Carlos Ghiringhelli como ingeniero de grabación y el músico Claudio Taddei como productor artístico, graban su primer disco: Deskarado. Fue editado en 1998 por el sello Obligado y llegó rápidamente al oro. El año se va entre giras por el interior del país, temas sonando en la radio y la llegada del productor Gustavo Santaolalla (Divididos, Café Tacuba, Molotov, Bajofondo) que los invita a firmar para Surco, sello que dirigía y que era filial de Universal Music.
Entre gira y gira componen varias canciones que terminan conformando De bichos y flores. El disco fue grabado en los estudios Panda de Buenos Aires y La Casa de Los Ángeles por Ricardo Troilo y Aníbal Kerpel respectivamente. La producción artística estuvo a cargo de Gustavo Santaolalla. Llegó a las bateas el 1º de octubre de 2001. Un disco en donde el grupo asienta su identidad a base de rock, reggae, ska y le agrega algún toque local y novedoso. De bichos y flores incluye a “José sabía”, “Por la ciudad” y “El profeta”, canciones que hoy en día ocupan un lugar particular en el vivo del grupo. También incluye a “El viejo”, tema que alcanzó a gente de todas las edades y paladares musicales.
En el 2004 ingresan a Del Cielito Records en Buenos Aires para grabar A contraluz. Hay fuerza y agite pero también introspección y reposo. A temas potentes como “Llenos de magia” y “Caldo precoz” se contraponen los más delicados “En el limbo” y “Zafar”, nuevo himno del grupo. Entre los invitados figuran Toto Méndez y sus compadres, el violista Gian Di Piramo, y el violinista Javier Casalla.
El 16 de abril de 2007 se edita en Uruguay y Argentina El Impulso, cuarto disco de la banda, producido por el ex guitarrista del Peyote Asesino y fundador del proyecto Bajofondo, Juan Campodónico. Fue grabado y mezclado por Julio Berta en Estudios Panda de Buenos Aires, IFU de Montevideo y también Casa Blanca de Atlántida, un lugar acondicionado especialmente para la ocasión que les permitió generar un micro-clima inspirador, algo que ya habían hecho en otras instancias de grabación.
El resultado fue un disco que se distancia considerablemente del debut Deskarado para centrarse en canciones de letras más introspectivas, con énfasis en las guitarras, sin perder en melodías, tal como habían deslizado en A contraluz. “Su ración”, “Clones”, “Para no verme más” sirven de muestrario. La banda explota en “Neutro” y “La sin razón” y se regala otro himno con “Colabore” en la que también canta Ossie Garbuyo, líder de Bufón. El disco fue presentado en Uruguay y también en Argentina, donde tocan ante más de 20 mil personas en el estadio de Ferro.
El 2009 tuvo como protagonista casi excluyente al lanzamiento del DVD Normalmente anormal que incluyó material en vivo registrado en Montevideo y Buenos Aires, cinco canciones nuevas y un documental del grupo realizado por Agustín Ferrando que refleja de forma emotiva, entretenida y minuciosa el periplo de la banda en sus 15 años de vida. El DVD fue editado por Mi Semilla, sello creado por el grupo que marca el inicio de un proceso de producción y edición independiente.
En el 2011 publican Piel y hueso, un disco doble. Fue producido por Rodrigo Gómez y editado por Mi Semilla. Incluye 18 canciones con dos perfiles bien marcados donde los opuestos están presentes en música, arte y letras. Uno de los discos, de seis temas, es el remanso de este trabajo. Guitarras acústicas, instrumentación refinada y arreglos viajados hacen de fiel de la balanza del otro disco que es bien eléctrico, guitarrero y guerrero. En esos primeros 12 temas directos, de vientos al palo y melodías que van en zigzag, la banda vuelve marca registrada aquel sonido que comenzaron a pulir en "Llenos de magia". La suma de los dos discos refleja el contraste anímico y deja ver el presente de La Vela Puerca: compacto, prolífico y mutante.
En junio de 2013 editan Pasaje Salvo, un EP de tres canciones que puede ser descargado gratuitamente desde su web oficial. Allí es presentado de la siguiente manera: “los pasajes son calles cortas, a veces atajos en la misma ruta. Esto, que es algo así como un mini disco, representa eso, un desvío que une dos senderos del mismo camino. Pasaje Salvo es entonces, un atajo para llegar adonde siempre buscamos ir con las canciones y que valga la salvedad”
En el 2014 sale Uno para todos, el emotivo concierto grabado durante las tres presentaciones de la banda en el estadio Luna Park de Buenos Aires a fines de agosto de 2013. Sin dudas el mejor registro de la potencia de La Vela y su público. El DVD ya es disco de platino en Uruguay.

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miércoles, 22 de octubre de 2014

Por la economía solidaria y el cooperativismo

Siete periódicos de la provincia de Santa Fe firmaron un convenio de colaboración editorial con Dypra.

Siete periódicos de la provincia de Santa Fe firmaron el martes 22 de octubre, en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), un convenio de colaboración editorial con la cooperativa Diarios y Periódicos Regionales Argentinos (Dypra). De la actividad participaron Fabián Bicciré, vicerrector de la UNR, Gisela Wild, profesora titular de la Cátedra de Economía Solidaria, Jorge Conalbi, presidente de la entidad, y editores de distintas localidades de la provincia.
El objetivo del convenio es la colaboración periodística, editorial y comercial mediante un fondo rotatorio de publicidad que permitirá que los asociados puedan desarrollar el seguimiento y la profundización de temas de interés para el sector de la economía solidaria y el cooperativismo pyme.
El vicerrector de la UNR, Fabián Bicciré, el presidente de Dypra, Jorge Conalbi, y el director de Pausa, Ezequiel Nieva, durante la firma del convenio. Fotos: Manuel Costa (La Masa)

Los editores de los periódicos que firmaron el convenio son Mariano Zmutt (El Santotomesino), Raúl Godettti (Inforegional de Rosario), Ezequiel Nieva (Periódico Pausa de Santa Fe), Pablo Tomás Almena (Pueblo Regional de Venado Tuerto), Jorge Tribuley (El Eco de Sunchales), Carlos Lucero (El Departamental de San Cristóbal y El Departamental del Norte, de Reconquista) y Jerónimo Principiano (El Eslabón de la Cadena Informativa, de Rosario, periódico producido por la cooperativa la Masa).
El mismo convenio ya se firmó con medios de la ciudad de Buenos Aires y próximamente se sumarán publicaciones de la provincia de Córdoba y de diferentes ciudades del país asociadas a Dypra.