miércoles, 22 de octubre de 2014

Por la economía solidaria y el cooperativismo

Siete periódicos de la provincia de Santa Fe firmaron un convenio de colaboración editorial con Dypra.

Siete periódicos de la provincia de Santa Fe firmaron el martes 22 de octubre, en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), un convenio de colaboración editorial con la cooperativa Diarios y Periódicos Regionales Argentinos (Dypra). De la actividad participaron Fabián Bicciré, vicerrector de la UNR, Gisela Wild, profesora titular de la Cátedra de Economía Solidaria, Jorge Conalbi, presidente de la entidad, y editores de distintas localidades de la provincia.
El objetivo del convenio es la colaboración periodística, editorial y comercial mediante un fondo rotatorio de publicidad que permitirá que los asociados puedan desarrollar el seguimiento y la profundización de temas de interés para el sector de la economía solidaria y el cooperativismo pyme.
El vicerrector de la UNR, Fabián Bicciré, el presidente de Dypra, Jorge Conalbi, y el director de Pausa, Ezequiel Nieva, durante la firma del convenio. Fotos: Manuel Costa (La Masa)

Los editores de los periódicos que firmaron el convenio son Mariano Zmutt (El Santotomesino), Raúl Godettti (Inforegional de Rosario), Ezequiel Nieva (Periódico Pausa de Santa Fe), Pablo Tomás Almena (Pueblo Regional de Venado Tuerto), Jorge Tribuley (El Eco de Sunchales), Carlos Lucero (El Departamental de San Cristóbal y El Departamental del Norte, de Reconquista) y Jerónimo Principiano (El Eslabón de la Cadena Informativa, de Rosario, periódico producido por la cooperativa la Masa).
El mismo convenio ya se firmó con medios de la ciudad de Buenos Aires y próximamente se sumarán publicaciones de la provincia de Córdoba y de diferentes ciudades del país asociadas a Dypra.

Repetición de la sangre

Del gobierno del delito en las zonas de abandono. Una hipótesis sobre la relación entre el paro policial y la serie de homicidios de 2014 y un recuerdo de los linchamientos.

Por Juan Pascual

Imaginemos que sí sucedió el paro policial de diciembre de 2013.
Recordar esas ominosas semanas de exaltados oficiales azules de bajo rango, en Plaza de Mayo, haciendo piquetes por encima del control de sus mandos y llevando los fierros en la cadera como distintivo, equivale a estampar el sello del fracaso en la regulación institucional de la fuerza pública. No sólo el de esta gestión: toda la democracia reciente corre en paralelo con la autonomización de las policías, que emergieron represoras de la dictadura para mutar hacia el gobierno infinitesimal de las relaciones delictivas.
Entonces, por más que casi en ningún medio se emita referencia alguna sobre esos días en los que la intimidad sangrienta de nuestro orden social se expuso como en una porno, imaginemos que sí sucedió el paro policial de diciembre de 2013. Porque de a ratos parece que ese paro no sucedió.
¿Es tan delirante pensar que algo cambió en el precarizado mundo azul después de ese diciembre? ¿Pertenece al rango de la operación prensera o de la especulación infundada decir que, tal vez, después del paro la Policía se dedicó sólo a quedarse sentada en el zaguán de la comisaría para esperar el paso lento del cortejo fúnebre del gobierno? 
Mientras tanto, la incapacidad de la política para reorganizar a la cana se traduce en los pedidos desesperados por el desembarco de fusiles externos de ocupación. Queremos a la Gendarmería, es el reclamo, como si su rol fuera el de obrar cual carneros de una huelga de brazos caídos que comenzara tras ese paro policial que parece borrado de todos los análisis sobre la explosión de homicidios que azota a La Capital y Rosario.
Imaginemos que el paro policial de diciembre de 2013 sí sucedió, y que los comerciantes de Avenida Freyre cortaron las calles, carabina en mano, para defender (y demarcar) la frontera con el negro. Un western clásico, en la ciudad. El miedo, cuando campea, devela nuestras fantasías más cotidianas; la del justiciero es una de ellas. El justiciero no restaura, ni remienda, ni compone lo destrozado: el justiciero es un exceso en sí mismo. El justiciero sueña con el castigo infinito, el desmembramiento de cuerpos foráneos al orden propio, la brutalidad compartida, con espectadores, vitoreada.
Imaginemos que sí sucedieron los linchamientos.
Tiempo atrás habían celebrado palizas los justicieros en Córdoba (durante el paro policial). Imaginemos que sí lo mataron a golpes a David Moreira, en Rosario, al grito de “justicia”, mientras la Policía no hacía caso a la marea de llamados al 911 –once en quince minutos– que denunciaban la masacre.
La vagancia policial y la violencia de los matanegros conforman un matrimonio con un solo target: los cuerpos que habitan en las zonas de abandono. Las gorritas en motito destartalada, una vez que traspasan la frontera e ingresan al área blanca, inmediatamente se convierten en agobiantes fantasmas merodeadores. Encarnan la amenaza del más allá, de la tierra incógnita, de las calles que jamás son recorridas por nadie que no viva allí, excepto que se plantee suprema obligación.
Las ciudades están quebradas completamente. Los puntos de cruce no son espacios de encuentro sino sitios de la zozobra. Están perfectamente localizados: un lado y otro de la avenida, la vía, el terraplén, la placita. La atmósfera en esos lugares es distinta, la ciudad destrozada hiede allí todos sus temores. Sobre los límites circulan los patrulleros en busca de los licántropos del oeste y el norte: pibes que en sus casas pueden tener Direct TV, con padres que cobran la AUH, que comen y van a la escuela, de día, y que achacan a quien se les cruce de noche.
Imaginemos la Policía de brazos cruzados y la exaltación cebada de los matanegros, pero en el calor del diciembre que se aproxima.
En el mapa de las grandes ciudades, la distribución de los homicidios pinta de escarlata algunas zonas, mientras que en otras apenas hay pequeños puntitos. Se sabe desde hace tiempo: las principales víctimas de la inseguridad son los habitantes de las zonas de abandono. Los homicidios en las negro free zones representan una ínfima parte del total: la más amplificada. Quienes allí mueren tienen nombres y apellidos impresos en papel prensa, quienes caen en el norte y en el oeste son cifras. En esas cifras hay víctimas y victimarios que se conocen entre sí: son vecinos, parientes; los licántropos se ejecutan a dentelladas de tumberas y tramontinas. En los despachos públicos, los de la prensa y los de la política, ese dato se conoce con precisión, se masculla y a veces se expresa, entre titubeos y torpezas.
“Es que así son los negros: se matan entre ellos”, sería la forma más bestial de esas enunciaciones. La más elegante, la mudez simple impotente para abordar una realidad patente en los barrios: cuando la vida abandonada comenzó a atravesar las generaciones, otro gobierno se implantó, poco a poco, en los territorios.
Porque no existe conjunción entre espacio y población que carezca de gobierno. Y el gobierno es equivalente a un trinomio: un orden, una economía, una fuerza armada. Y ese trinomio en las zonas de abandono conduce a mano firme con un solo signo y un único mercado: putas para el buen vecino machista, merca para su nene que huye raudo en su Gol regalado de la casa de ladrillo hueco del dealer, afanos por pedido del oficialito del lugar, sicariatos y cuerpos de choque del candidatejo de turno.
Hay un grave error en esa voz común que reza que el delito ha perdido los códigos. Es absolutamente al revés: los códigos se han vuelto mucho más complejos. Si tu pibe a los 7 años comienza a socializar yendo al club y luego a los bailecitos, el pequeño patasucia sabe perfectamente que o dialoga con la banda de la esquina o la padece o no es nadie. Y el de la banda de la esquina sabe que se la juega con el grupo en una prueba de valor o cobra o no es nadie. Y el poronga de la banda sabe que arregla con el comisario o cae agujereado o no es nadie. (Si te hacés llamar vecino, sabelo: cuando arrecia el afano en tu barrio, al jefe real de la banda no lo busques en la villa pasillo sino en la Seccional de Policía).
Y si finalmente ese patasucia, ya súper curtido a sus 18 años, termina yendo una temporada al pabellón, a las rejas hacinadas de jóvenes sin sentencia, quizá aprenda más sobre ese fino gobierno del delito. Quizá salga mejor, vuelva más fuerte.
Cuando se retira el Estado no queda la anomia. No hay anomia: hay un orden estricto, poblado de reglas, fuerzas, un lenguaje propio, una estética, un sentido. Y un deseo, que es el mismo deseo que tenés vos: las mejores zapatillas, el LCD, una fiesta bien regada, el celu con wasap. La belleza del consumo: un deseo surcado, herido hasta el hueso por la desigualdad.
Los casi 12 años de disminución continua de la pobreza significaron también el endurecimiento de los tabiques que fragmentan la sociedad, la ciudad. La encrucijada es evidente: hemos dejado para siempre las sociedades de pleno empleo, y las instituciones formadas en ese tiempo hoy crujen y quedan completamente rebalsadas y desfondadas, a la vez, frente a la continuidad repetitiva de lo que ya en el siglo XIX se rotuló como “población sobrante”. Los licántropos, que de día mal transitan, si lo hacen, por esas viejas paredes de la antigua construcción del ciudadano y la moral, no están desquiciados en un festín estúpido y alienado de muerte. Experimentan el desmoronamiento de esas instituciones y hasta lo traducen en abierta indiferencia o reiterado vandalismo. Los licántropos saben qué son, cómo funciona el gobierno de sus vidas, en qué tablero hay que jugar o perecer, porque para qué no jugársela toda si, al fin y al cabo, casi nada hay por perder.
La debilidad de la política ha ofrecido dos respuestas ante los transparentes efectos de las relaciones de explotación: desconcierto o mano dura. Las dos resultarán en progresivos aumentos de la crisis que mediremos en cantidades crecientes de sangre.
Ninguna de esas opciones llega a desanudar la obscenidad que en estas palabras no encontró otra forma para fluir que la escatología. Ese horror, como la consciencia de la propia muerte, esa eternidad en la que la pura vida del cuerpo torna en podredumbre, se resume en imaginar lo inimaginable, asumir lo inevitable: no hay casi nada en el horizonte que implique que este presente no siga repitiéndose, una y otra vez.

Publicado en Pausa #144. Pedí tu ejemplar en estos kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.

La ola de homicidios y sus armas

La ciudad está conmocionada por la sucesión de asesinatos. ¿Quiénes son los muertos? La voz de los funcionarios, los datos de la estadística y la crisis interna de la Policía.

Por Ezequiel Nieva

“La muerte es una cuestión de suerte” dice el estribillo de “Pistolas”, uno de los temas emblemáticos de Los Piojos durante el primer menemismo. La canción es de 1994 y habla de una masacre de media intensidad que por aquel entonces comenzaba a ser visible en el Gran Buenos Aires, en “la parte de atrás”: la muerte cotidiana de jóvenes pobres bajo las balas de otros jóvenes pobres o de la Policía.
El fenómeno se extendió en las últimas dos décadas en las ciudades más grandes del país y Santa Fe no fue la excepción. Hay un diagnóstico que todos comparten: la violencia creció en forma exponencial desde 2001 en adelante y, en el caso de la ciudad, hay situaciones particulares –como las inundaciones de 2003 y 2007– que contribuyeron a que sean mucho más dramáticas las consecuencias de la desintegración social.
Violencia sostenida y armas de fuego. Te pueden pegar un balazo en cualquier lugar, pero en los barrios del oeste y del norte tenés muchas más posibilidades. No es un dato azaroso; surge de la estadística diaria de la Policía y del sistema de salud. “No hay muertos ocultos”, se vanaglorian desde el gobierno. Los números son claros: al 20 de octubre se habían registrado 120 homicidios en el departamento La Capital (en todo 2007, año récord, fueron 116).
En su asunción, el ex gendarme Gerardo Chaumont saluda al Jefe de Policía, Omar Odriozola.

Y en medio de los tiroteos están también los pibes. Entre el 1º de enero y el 20 de octubre de 2014, 36 menores de 20 años fueron asesinados en Santa Fe. Es lo mismo: te puede pasar en cualquier lado. Serena Martínez, de 6 años, murió por una bala perdida el 6 de diciembre de 2013, tras agonizar durante una semana. Estaba en un cumpleaños en el Club Regatas.
Cuando los casos se repiten, como ocurrió en la primera quincena de octubre, o cuando suceden tragedias como la de Serena, el tema cobra mayor importancia en la agenda pública. Pero se trata de algo constante. Y en los barrios más pobres, primero olvidados y luego inundados, tienen razones de sobra para saberlo.
“Caídos, todos desconocidos”. ¿Quiénes son los muertos, quiénes cayeron bajo la ola de violencia? Son jóvenes, varones en su gran mayoría. Viven en zonas postergadas y dirimen sus asuntos en forma violenta. Cuando se relajan los controles, tienen acceso liberado a las armas. De la estadística policial surge que la mayor parte de los asesinatos en la ciudad ocurrió por disputas entre personas conocidas; apenas el 6% fue en ocasión de robo.
Se trata, de todos modos, de datos iniciales; los casos aún son investigados por la Justicia, que está en proceso de reforma y tiene otros tiempos. Desde el Ministerio de Seguridad decidieron que la prioridad es el secuestro de armas de fuego en la vía pública: hubo 260 incautaciones en los últimos dos meses y medio en la ciudad. Pero el delito muta rápido: ante esa avanzada, aparecieron las armas caseras (tumberas).

Motivos de la violencia
Se sabe dónde ocurren los asesinatos y quiénes son las víctimas. Hay una primera línea de investigación a cargo de la Policía y luego entran en juego los fiscales. Pero, ¿cuáles son los motivos detrás de tanta violencia? “No en todos los casos hay negocios ilegales por detrás”, analiza Matías Drivet, ex secretario de Seguridad de la provincia y actual asesor del gobernador Antonio Bonfatti. “En muchos casos hay sentidos de pertenencia de los más variados. De los primeros 100 casos que hubo este año, 53 fueron por problemas interpersonales. Son personas que se conocen y que ya tenían algún conflicto previo. Otros tres asesinatos fueron por conflictos familiares. Y solamente seis (de los primeros 100) fueron en ocasión de robo”.
“Muchas de las víctimas fueron antes victimarios: participan en enfrentamientos, tienen antecedentes. Hay mucho enfrentamiento entre grupos, es la principal característica de Santa Fe”, continúa Drivet. “La gran conflictividad está en la zona oeste y norte de la ciudad, que no por casualidad son las áreas prioritarias del Plan Abre”. A través de ese programa, iniciado este año, el gobierno provincial se comprometió a realizar mejoras en la infraestructura y los servicios para las zonas más vulnerables de Santa Fe, Santo Tomé, Rosario y Villa Gobernador Gálvez.
Mientras tanto, el Ejecutivo avanza a duras penas con la reforma policial. El lunes 20 el gobernador puso en funciones al gendarme retirado Gerardo Chaumont en reemplazo de Drivet: un militar por un abogado. La primera instrucción que le dio el gobernador fue mejorar “la parte operativa y territorial” del trabajo de las fuerzas de seguridad, ante la evidencia de una virtual quita de colaboración por parte de los uniformados.
La plana mayor de la Policía provincial participó del acto de asunción, realizado en la Casa Gris para remarcar, según admitió el propio Bonfatti, que no se trata de una decisión cualquiera sino de un mensaje claro dirigido a las fuerzas de seguridad.
En primera fila, el intendente José Corral se mostró conforme con el cambio, después de haber criticado las políticas de seguridad de la provincia durante la ola de homicidios.
El objetivo del gobierno es avanzar en la reforma policial, cuyos resultados, admiten, se verán recién a largo plazo. Por lo pronto, la primera meta es desactivar cualquier tipo de conflicto y transitar el año que resta de gestión sin sobresaltos como los de diciembre del año pasado.

Armas y policías
Después del pico de 2007 hasta 2013 se registró una baja en la tasa de homicidios. Pero en 2014 la situación volvió a explotar. “Es la resultante de factores complejos; una serie de factores, no uno solo”, explica Drivet. “Nosotros venimos relevando la constante de índices de violencia elevados desde hace meses. No solo de homicidios; la tasa de homicidios es una tasa que no está discutida; no hay muertos ocultos. Pero tenemos también una tasa de lesiones que es confiable, donde cruzamos información del 911 y del sistema de salud. Y el nivel de violencia es sostenido”.
En el centro del problema aparecen las armas de fuego. “Existen armas del mercado lícito y del mercado ilícito”, sigue Drivet. “El tránsito de un mercado a otro es rápido y no hay suficientes controles porque se pierden, se roban o porque se venden. Pero hay otras razones también. Por vencimiento de la autorización del Renar un arma legal se convierte en ilícita. Los especialistas dicen que hay que multiplicar por tres las armas lícitas para calcular el volumen del mercado ilegal de armas de fuego”.
Según el funcionario, “por un lado está el mercado de armas y por otro el de municiones. Las armas del mercado lícito son las que se compran con autorización del Renar y las que el Estado les otorga a sus funcionarios. El paso de un arma de ese mercado al otro se puede dar por pérdida, por robo o por venta. Uno puede presumir mil cosas, pero a eso luego hay que probarlo. Y luego, en el mercado ilícito, también están las armas de contrabando y las de fabricación casera”.
En ese contexto aparece otra vez la Policía. “A mí no me caben dudas”, agrega Drivet “de que un sector del mercado ilícito viene de ahí. Hay sumarios por gente que pierde el arma. El funcionario público tiene, entre otras obligaciones, el deber de custodia del arma porque es el arma y las municiones que les provee el Estado. Entonces, cuando falta a ese deber, hay sumario. Después hay que probar si hay connivencia”.
Desde la vereda de enfrente, el diputado justicialista Eduardo Toniolli aporta algunos datos que arrojan algo de luz sobre el tema: “Durante 2013, sólo en la Unidad Regional II (departamento Rosario) hubo aproximadamente 1.200 armas incautadas en procedimientos, de las cuales el Estado provincial denunció formalmente tres. Ahí vemos una enorme posibilidad de fuga, porque no hay control en el depósito donde se colocan. Esto sumado a las que los delincuentes les roban a los policías: en 2013, en Rosario, hubo 178 armas denunciadas como extraviadas o robadas a efectivos”.

Las cifras en el departamento La Capital
Según datos de la División de Análisis y Estadística Criminal de la Policía de Santa Fe, en el departamento La Capital se cometieron 120 homicidios entre el 1º de enero y el 20 de octubre de 2014.
El 92% de las víctimas son hombres, mientras que el 63% de los sospechosos de haber cometido asesinato también lo son. Cabe recalcar que la cantidad de sospechosos asciende a 157 y que todavía el 31% no fue identificado por sexo.
En lo que refiere a las edades, el 52% de las víctimas tenía entre 21 y 40 años, mientras que el 34% de los victimarios tiene 30 años o menos. En este caso, no hay datos sobre el 62% de los sospechosos. En promedio, las víctimas tienen 30 años, mientras que los victimarios tienen 22.
Las armas de fuego son preponderantes a la hora de quitar vidas: 76% de las ejecuciones involucran a este tipo de mecanismos (y un 3% más los combinan con armas blancas o golpes). Un 13% de las víctimas perecieron por acción de armas blancas, mientras que el resto cayó por golpizas, quemaduras y, en un caso, un infarto producido por el stress de un asalto.
Sobre este último punto, las causales de los asesinatos, resalta el ínfimo porcentaje de muertos en ocasión de robo: 6%, 7 casos sobre los 120 totales. Esta cifra absoluta (7 muertos en robos sobre 120) se vuelve más significativa si se la compara con los 5 muertos en enfrentamientos armados o los 4 fallecidos por quedar atrapados en medio de una balacera cruzada.
Como causal principal, sobresale en un 33% de los casos el “Ajuste de cuentas”, según cataloga la División de Análisis y Estadística Criminal. En el 45% de los casos no están establecidas las razones de los asesinatos.

Publicada en Pausa #144. Pedí tu ejemplar en estos kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.

Salió Pausa #144


Una edición especial sobre la ola de homicidios en La Capital, con toda la información, las cifras y el análisis. Además: los jardines municipales, el recital del Tavo Angelini, la Feria de Organizaciones Sociales, los reclamos de autonomía de Colastiné, La Guardia y Bajada Distéfano, Ariel Scher y su reflexión sobre la literatura y el deporte, la nueva presentación de Claudio Chiuchquievich, el retorno de La Vela Puerca y mucho, mucho más.

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lunes, 20 de octubre de 2014

Pausa #143, completo en pdf

Para acceder al archivo completo en pdf del periódico quincenal Pausa: click acá. Edición #143, miércoles 8 de octubre de 2014.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Una brújula de 1999

A poco más de un año de las próximas elecciones nacionales, los jugadores no salen a la cancha.


La Alianza conformada por el progreperonismo del Frepaso y el rescoldo conservador de la UCR delarruista, bajo la mano organizadora de Raúl Alfonsín, alcanzó el triunfo en las legislativas de 1997 y, con ello, quedó trazada una parte del tablero electoral de 1999. Del otro lado, Eduardo Duhalde había tomado distancia del entonces presidente Carlos Menem –poniéndole un freno a sus asonadas re-reeleccionistas–, lo que lo convirtió en un candidato cojo, continuamente vilipendiado por la máxima figura política de la década que terminó en 2001. Esa fue la última (y única) experiencia en la que un dirigente del peronismo tuvo que enfrentar una sucesión que, al mismo tiempo, implicaba una cesión de mando, de poder y de conducción. También fue la última (no única vez) que por los votos un candidato no peronista triunfó sobre un peronista.
El cambio de las circunstancias históricas vuelve ridículo el uso directo de ese marco como herramienta para interpretar el presente acomodamiento de las piezas. Sin embargo, el ejercicio quizá sirva para clarificar el terreno de la contienda que se aproxima y así disipar un poco la bruma.

Inconfesable
La devaluación en 1999, el ajuste en 2015. Los dos términos cifran algo imposible de incorporar en el discurso de casi cualquier candidato con aspiraciones al respaldo de las urnas. Las dos políticas representan la única salida plausible en la imaginación de los bloques económicos que efectivamente ordenan la gobernabilidad.
La devaluación finalmente arribó en 2002. La salida de la Convertibilidad fue salvaje, tanto como el temor intrínseco a salir de ella. De un sopetón, los niveles de pobreza ascendieron hasta superar a la mitad de una población que ya llegaba a la década de desocupación extrema. La recomposición del tipo de cambio, a su vez, reubicó al sector exportador –principalmente el agropecuario– como generador de dinero fresco. Sobre los dólares sojeros Duhalde cimentó las bases de las políticas de redistribución que vendrían a partir de 2003.
La actualidad económica es hoy más espesa. La discusión sobre los orígenes de la inflación –exceso de emisión y gasto público versus apropiación sanguinaria de los aumentos salariales vía precios de los bienes de consumo– tiene un regusto amargo. Desde el primer shock en las góndolas –durante el conflicto por la apropiación de la renta agraria en 2008– a nuestros días, los precios aumentan cada vez más y más rápido. Sólo algunas ramas de asalariados no vieron caer sus ingresos reales en los últimos dos años: delante de la góndola, la mayoría –sumando a los trabajadores en negro– conversa sobre cómo se disuelve el valor monetario del trabajo.
Es conocida la dinámica del masivo aumento de los precios –ahora aumentan la tasas de interés para el ahorro, continúa el aumento de los bienes de consumo y, en breve, el precio del dólar volverá a saltar–, también es conocida cuál es la única resolución que a este desajuste le da clase dominante: cortar el chorro, ajustar. Frenar la inflación achicando la demanda. En castizo: sacar dinero de los bolsillos a través de la destrucción del empleo.
Ni Scioli, ni Randazzo o Rossi o Uribarri o Taiana, ni Binner o Cobos, ni siquiera Massa pueden situar este horizonte dentro de su discurso. Macri sí, como lo hiciera Angeloz en el 89. El modo reaccionario en que articule este término –recorte de los derroches del Estado, justicia para con quienes más aportan en pos de quienes viven de arriba, devolución a la buena gestión privada de las empresas torpemente comandadas por lo público– hablará más de lo votantes, en los resultados, que de otra cosa.

Suma y resta
¿Qué es lo que está calculando Carrió en sus acercamientos a Macri? El intendente de la Capital Federal es una figura sin peso fuera de su ciudad, la provincia de Buenos Aires y Santa Fe. Está a la caza de una estructura partidaria que le permita anclarse en el resto del país, salir de las pantallas de TV y volverse territorio, saltar el límite que trazara López Murphy en el 2003, cuando casi entra a la segunda vuelta. Carrió lee: Macri puede comprar calles con Massa o con el radicalismo, está obligado a optar o a jugarse por completo a ser un candidato audiovisual. Es pragmática Carrió y suma con sencillez: al estallado radicalismo, quizá una alianza con Macri le aporte más votos que una con Hermes Binner.
Lógicamente, ese juego embarra la construcción a la que aspira Binner. Un horizonte donde la vieja estructura nacional radical pase a convertirse en una red de municipios demasiado elástica no deja de agobiar como pesadilla al centenario partido. La evolución de las cifras de la encuestología, más que la fijación de fronteras ideológicas (como las demarcadas por el socialista y Julio Cobos, en reunión), parece ser la clave a futuro.
En suma, la fragmentación del peronismo –la presencia de Massa– y la consolidación de un tercer espacio conservador macrista (con un volumen superior al alcanzado por Cavallo en 1999) detuvieron y embarullaron, por ahora, la decantación hacia una alianza republicana tradicional.
Sergio Massa (Frente Renovador) y Gerardo Morales (UCR) en Jujuy. Una foto que desconcertó a todos los espacios políticos.

Conducción
El tipo se aguantó todas. Vapuleado como vice, perdedor como candidato testimonial frente al mequetrefe de De Narváez. Una y otra vez expresó su alineamiento incondicional. Sin embargo ahora, cuando es su turno, la venia no le baja. Máximo clama ante el estadio que Cristina es la única, e imposible, opción. ¿A qué juega el kirchnerismo duro con Scioli?
Durante su ocaso presidencial, Carlos Menem pareció fungir más como futuro opositor que como sostén del candidato del PJ. Durante su crepúsculo, también, vio cómo sus sostenes se desgajaban. Hoy, el kirchnerismo ni siquiera cuenta con el apoyo gremial. Y contiene, dentro de sí, una enseñanza de manual: el que gana, conduce. Y absorbe, como sucedió en 2003 con los retazos del duhaldismo y menemismo, que rápidamente se reacomodaron. Acaso avizore el kirchnerismo su disolución detrás de un Massa o un Scioli triunfantes. Acaso apueste a una futura épica del retorno y la resistencia,frente a un Macri ganador.
Todos unidos, festejando el 17 de Octubre en Moreno. Parece que hubo novedades en el FPV, al menos así lo deslizó Verbitsky en Página/12 del domingo.

Mientras tanto, Scioli no saca los pies del plato y aguarda. Las primarias se muestran más difíciles de lo esperado: el ferviente kirchnerismo no peronista –¿un 10% del electorado, como base?– irá detrás de quien tenga la venia de la estructura presidencial, mientras que buena parte de su propio redil bonaerense se la pasa coqueteando con el massismo. Su mejor escenario radica en que el kirchnerismo duro divida aguas entre dos candidatos para las primarias.
Lo cierto es que, como en 1999, el partido gobernante se aproxima a una elección nacional en la que tramitar el cambio de mando al interior del espacio propio se presenta, una vez más, como un escollo superior.

Plazos
Dos años antes de la elección que ungió a De la Rúa, el tablero estaba prácticamente delineado por completo. A un año de la contienda de 2015, todavía no está claro quién es quién en lo que se viene. Las candidaturas de Massa y Macri se dan por descontadas, sus alianzas no. El espacio del socialismo y el radicalismo es un ir y venir de guiños, señas y declaraciones cruzadas. Lo mismo sucede en el PJ kirchnerista.
Diciembre terminó a toda orquesta policial el año pasado. El calor todavía no llegó y todavía no se ve muy claro por dónde puede saltar la presión. En otro plano, las miradas se detienen ahora en Brasil. Si Aécio Neves vence a Dilma Rousseff este 26 de octubre, en la segunda vuelta de las elecciones, es más que probable que comencemos a ver el último ciclo político continental como parte del pasado. 
El fin de los 12 años kirchneristas tiene desafíos propios en lo próximo, que pueden volcar los humores sociales. La resolución de la disputa con los fondos buitre, después de fin de año, es uno de los puntos. La más que probable devaluación –presionada además por la conjunción entre retención de granos en silobolsas y caída de los precios internacionales de la soja– no dejará de impactar en el humor vacacional de las clases medias y el estómago de arroz, papa y aceite de las clases de menores ingresos. El proceso inflacionario no se detendrá: los controles de precios, sea a través de programas específicos, planes de crédito a cuota fija, o leyes, sólo redundan en incentivar la creatividad de los formadores de precios para continuar con la trepada.
No se trata de una mirada pesimista o agorera, sino de la dinámica simple planteada por el mando económico real durante los dos últimos años.

En Pausa #143, miércoles 8 de octubre de 2014. Pedí tu ejemplar en estos kioscos.

Las víctimas de la violencia machista

Femicidios: la cantidad de asesinatos de mujeres no baja, ni se modifican sus características. Los datos de Santa Fe.

Durante el primer semestre de 2014 se produjeron 129 femicidios en todo el país. La mayoría de los crímenes se comete dentro del hogar de la víctima: el 34,1% de los asesinatos fueron realizados por parejas de la víctima; el 18,6% por ex parejas; y un 35,7% por personas conocidas o un pariente.
Melina Romero, de 17 años, desapareció el 24 de agosto en la puerta de un boliche de San Martín. Encontraron su cuerpo el 22 de septiembre en la localidad bonaerense de José León Suárez.

En tanto, en la provincia de Santa Fe se cometieron 5 asesinatos, de los cuales el 90% se cometieron dentro de las casas de las víctimas: las muertes de mujeres a manos de parejas se eleva a un 40%; y por conocidos a un 60%. Otro de los datos que pone de relieve el estudio es que el 27,9% de las mujeres asesinadas en todo el país tenían entre 15 y 24 años. En Santa Fe las víctimas de esa franja etaria trepa al 40%.
Los datos se desprenden de un informe del equipo de género de los concejales del Frente para la Victoria de Rosario, Norma López y Roberto Sukerman. Vale aclarar que la estadística se basa en aquellos casos que tuvieron cobertura mediática, debido a la escasez de datos oficiales.
En dicho informe, la provincia de Buenos Aires encabeza el conteo con 50 femicidios. Atrás le sigue Córdoba, con 12 y en el tercer lugar se ubican las provincias de Mendoza, Salta y Santiago Del Estero con 8 asesinatos de mujeres. En cuanto a la modalidad criminal, informaron que a 34 mujeres las mataron con armas blancas; 29 con armas de fuego y 54 fueron asesinadas a golpes, mientras que en 10 casos el fuego fue lo que provocó la muerte.
Según un relevamiento anterior realizado por los mismos concejales, durante el 2013 en nuestra provincia se registraron 30 femicidios, la cifra más alta desde 2009 (cuando hubo 36 casos).  En detalle, en el departamento Rosario hubo 10; en La Capital, 6; en Vera, 4; 3 en General López; 2 en General Obligado; y un  caso en Caseros, Castellanos, Constitución, San Lorenzo y San Martín.
Por su parte, la Asociación Civil Casa del Encuentro informó que, a nivel nacional, durante 2013 unas 295 mujeres fueron asesinadas en el marco de la violencia de género, lo que significa hubo un femicidio cada 30 horas. Dicho relevamiento también revela que producto de los femicidios ocurridos el año pasado, unos 400 chicos quedaron sin madre.
Asimismo, de acuerdo con el Observatorio de Femicidios –que registra las cifras oficiales y los asesinatos publicados en agencias informativas y más de 120 diarios y portales del país–, en 2012 se registraron 255 femicidios; 282 en 2011, 260 en 2010, y en 2009, 231. Una misma variable se repite todos los años y en la mayoría de los casos: el principal sospechoso o imputado por los crímenes es el marido, novio o ex pareja de la víctima.
En todo el país funciona desde el año pasado la línea gratuita 144 para recibir denuncias por casos de este tipo. Atiende todo el año, las 24 horas, y se inscribe en la aplicación la Ley 26.485 de “Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”.

En Pausa #143, miércoles 8 de octubre de 2014. Pedí tu ejemplar en estos kioscos.