miércoles, 26 de noviembre de 2014

Literatura, educación y memoria

Libros para niños y jóvenes, para promover la lectura y rescatar la historia de nuestro país.


“Ayer y antes dormimos en la casa de unos tíos viejitos. Todos se reían de mentira. Papá no está. Se perdió. Me duele la panza y arriba de la panza. Papá no está y no me hace upa y no me levanta por el aire y no me hace reír y no me cuenta cuentos y no me canta canciones...”, escribía Paula Bombara en su primera novela editada en 2005, El mar y la serpiente, una ficción muy real, que aborda un tema complejo pero desde una óptica muy cercana a los más chicos. “A mi me gustaba e interesaba escribir, y cuando estaba en esa búsqueda me dieron un consejo: que escribiera sobre algo de lo que yo no tuviera ninguna duda. Por eso creo que siempre las primeras novelas suelen ser autoreferenciales, si hay algo sobre lo que uno no tiene dudas es sobre lo que vivió. Y en mi casa siempre se habló de lo que había pasado, de mi papá, nunca se evito el tema, estaba muy presente”.
Paula Bombara recorre escuelas y conversa sobre sus libros con sus lectores, los jóvenes.

Paula es hija de Daniel Bombara, el primer desaparecido por el terrorismo de Estado en Bahía Blanca, secuestrado a fines de 1975, asesinado poco tiempo después y cuyos restos fueron encontrados e identificados en 2011. En su primera novela, Paula cuenta un poco esa historia, su historia. “Cuando yo decidí escribir El mar y la serpiente, con todo su contenido autobiográfico, lo que quería de algún modo era generar recuerdos, recuerdos en aquellos que nacieron en democracia, sobre lo que fue vivir en la dictadura. Era paradójico eso que quería hacer. ¿Cómo generar memoria en alguien que no existía en ese momento? Bueno, eso es algo increíble que pueden lograr los libros, la experiencia lectora, y el hecho de que ese libro llegue a los chicos de manos de alguien que si vivió esa época y puede aportar de sí; eso le da mucha potencia al mensaje”.
Bombara visitó Santa Fe invitada por Sadop y en el marco de un encuentro del Plan Nacional de Lectura, ya que es una de los más de 60 autores (escritores, ilustradores, artistas) que colaboran y participan cada año del ciclo Escritores en Escuelas, visitando instituciones educativas para llevar historias, cuentos, lecturas y compartir sus propias experiencias como lectores.
El Plan Nacional de Lectura es un programa del Ministerio de Educación que trabaja en todo el país con talleres de lectura y literatura, trayectos de formación y perfeccionamiento para docentes, bibliotecarios, profesionales de la educación e interesados, provisión de libros y textos a bibliotecas, apoyo a proyectos institucionales de lectura, que son las principales líneas de acción para fortalecer la presencia de la lectura en la escuela. “Esta muy bueno este espacio que nos dan para poder intervenir desde nuestros escritos. Y es una gran pregunta el qué hacemos los escritores con esos espacios que nos dan. Son oportunidades que hay que tomar con mucho compromiso”, comenta Bombara. “Hay casi 400 desaparecidos vivos, que son los niños apropiados, y que pueden ser los padres de sus alumnos, no lo sabemos...¿cómo abrimos y posibilitamos esa realidad? La única forma es el diálogo. El docente es fundamental en eso, y le da mucha potencia a lo que nosotros como escritores queremos transmitir, por eso es tan importante que se problematicen estas cosas en el aula. Los escritores elegimos ser parte de esto de mediar las texturas, de poner al alcance de nuestros chicos textos comprometidos, de escribir sobre lo que nos importa, para que estos chicos se formen como lectores pero especialmente como ciudadanos críticos, que sepan leer la realidad que les toca”.

Las experiencias de la escritura
Paula Bombara tiene ya seis novelas escritas, además de una colección de textos de divulgación científica, y todas ellas tienen como lector modelo a los niños y adolescentes. “Escribo para los jóvenes porque me encantan, me encanta como leen, la devolución sincera que me hacen, porque estoy contribuyendo a formarlos como lectores, porque sé que si les hablo con sinceridad va a ser tomado por ellos también con sinceridad, porque me pueden decir si no están de acuerdo con algo sin tantas vueltas. En los intercambios que tengo con ellos me enriquezco mucho, porque yo les aporto mi experiencia y ellos me devuelven su forma de ver el mundo, que es otra, que es distinta”.
La escritura de El mar y la serpiente, según cuenta la autora, no fue fácil. Le llevó más de seis años y varias reescrituras en el camino. “En una de esas veces, se lo llevé a una editora que estimo mucho, y ella me recomendó leer un par de libros, entre esos El ruido y la furia, de Faulkner, y El limonero real, de Saer, que me volaron la cabeza y me hicieron reescribir el libro de nuevo; empece de cero otra vez. Y ahí encontré la voz de esa niña, que es la protagonista del libro, porque me di cuenta que tenía que ir a buscar esa primera infancia para encontrar puntos de contacto con ese público al que quería llegar, a esos jóvenes que no habían vivido la dictadura. Porque la historia de vida de cada uno puede ser distinta, pero la identificación se da con esas cosas que todos tenemos en común, con las cosas que nos pasaron a todos por igual siendo niños. El libro tiene también muchos espacios en blanco, porque hay pensamientos, imágenes, olores, que no tienen palabras....se recuerda eso, esa sensación, no la palabra”.
Bombara insiste una y otra vez en la experiencia de provocar recuerdos, sensaciones y experiencias en los chicos y chicas a través de los libros. Una forma de llegar y entender la historia desde otro lado, mucho más ligado a lo afectivo y no tanto a los datos duros. “Sea cual sea el tema o suceso que querramos tratar, está bueno poder buscar libros para generar esos recuerdos y reflexiones, recuerdos que siempre los remitan a ese libro pero que, además, provoquen un cambio en ellos, en sus acciones. Hace unos años en Jujuy, una chica de una escuela, luego del debate de la novela, se acercó y me contó que había leído el libro y se lo había pasado a su mamá, y que su mamá lo había leído y se había quebrado en la lectura, y que así fue como ella se enteró que tenía un tío desaparecido. Y no sólo eso, ella le dijo a la mamá que lo tenían que encontrar, y fueron a la Casa de la Memoria a buscar información. Eso lo provocó un libro, y la lectura compartida. Con eso ya está, creo que ese libro ya me dio todo con esa experiencia. Fíjense lo que puede hacer un libro en la vida de una persona...Pero además esta cuestión de la memoria no tiene que quedarse sólo en que no se repita lo que ya se vivió, sino en que no se repita la injusticia, la impunidad en cualquiera de sus formas, porque ayer fue la dictadura, pero hoy y mañana son y serán nuevas formas”, concluyó.

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martes, 25 de noviembre de 2014

Imágenes de la espera

“Internados”: una muestra de fotos con el ojo en la vida hospitalaria.


Faltando exactamente dos meses para su aniversario 104, el hospital José Bernardo Iturraspe se recibió de escenario para la práctica fotográfica: es que el sábado 8 se inauguró la muestra Internados, que consta de una serie de momentos capturados en procura de acercar el ojo a las escrituras místicas de las paredes, las emociones contrastadas, sus espacios de encuentro que son motivo organizador de relaciones interpersonales de lo más ondulantes.
Ludmila Magno, Lucas Castro y Sebastián Alarcón son los autores de este ensayo que fue promovido desde el mismo hospital como un agregado a los festejos por el centenario cumplido en 2011, además de funcionar como testimonio previo a lo que será su traslado al nuevo edificio que se está construyendo en Blas Parera entre Gorriti y Berutti.
Con un antecedente de calibre similar en el Vera Candioti al hombro, Alarcón explica que una de las primeras decisiones que tomaron, entre la intermitencia (siempre tan evitable como necesaria) del registro, que tomó casi 2 años, “fue adoptar el formato en blanco y negro por cuestiones de que, a lo que es la fotografía, trabajamos en lugares poco iluminados y a la hora de editar las luces y las sombras se facilita para homogeneizar los momentos y poder enfocar mejor las acciones, las personas, el paso de las personas“. Resultaron más que suficientes los contrastes entre la densidad de la sala de atención oncológica y la algarabía de maternidad como para que la intervención de colores dilataran todavía más esa integración progresiva  del ojo a los distintos ambientes, que también necesitó que los retratados se acostumbren a la presencia de la cámara: “comprender la dinámica de los lugares para amalgamar la vista y ganar así en precisión requirió incluso que visitemos el hospital varias veces sin sacar una sola foto. Pero gracias a eso llegamos a una instancia en la que desplegábamos los trípodes y ya ni nos notaban”, agregó Castro para Pausa. No obstante, los mismos fotógrafos necesitaron de su tiempo para sintonizar su sensibilidad de modo tal de poder formar un criterio especial para saber cuándo sí y cuándo no disparar el lente ante otra persona que aguarda por recomponer su salud así como para ajustar el perfil de las escenas que se comienzan a editar desde que se coloca el ojo en la mirilla de la cámara.

Ruptura y crisis
Así como el proceso de producción del trío requirió su tiempo de desarrollo, las tomas realizadas en formato digital y analógico dan cuenta del transcurrir histórico de un edificio que acabó obsoleto. Módulos subdividiendo oficinas dentro de otras oficinas, la oscilación entre las fachadas arquitectónicas que hablan de épocas y la indisposición de terrenos aledaños para expandir las instalaciones por arrebatos inmobiliarios son algunas de las variables que se cruzaron en la muestra, que hasta fin de mes estará en exhibición en La Redonda. Con total libertad en cuanto a plazos de trabajo y, sobre todo, en lo que tuvo que ver con el enfoque del proyecto, se descartó la perspectiva documental para orientarse hacia un lenguaje artístico que sea representativo de las peculiaridades del espacio. Un rastro de colillas de cigarrillos bajando escaleras, plegarias y horas de entrada y de salida del quirófano apuntadas en las paredes configuran un espacio regulado por el tedio burocrático, traccionado a emociones: “todo lo que sucede ahí adentro suma también a la ruptura de esos prejuicios que existen en torno a la salud pública. Oncología, ginecología y el área de cirugías del Iturraspe son de alto nivel no sólo a nivel provincial, sino a también nacional”.

Deambulatorios
Desde la institución se dio vía libre a los fotógrafos no sólo con la auto-imposición de plazo de finalizado (que se dio, según ellos mismos, de manera natural en el momento en que ya sintieron que había qué mostrar) sino que también se les abrió el paso a cada dependencia e inclusive accedieron al archivo, todavía soporte papel, del nosocomio. La actualización de los recursos y las condiciones de preservación son una deuda que se liquida de a cuotas mínimas, así como sucede con la falta de galerías para exponer: “es un momento complicado para todos los que tenemos algo para mostrar, porque en Santa Fe todavía no existe un circuito en el que los laburos vayan rotando sostenidamente. Llevará su tiempo, mientras tanto aprovechamos oportunidades como ésta que tienen apoyo desde el Estado. Hasta hacen falta lugares donde revelar las tomas analógicas en calidades óptimas”, detalla Alarcón.
Internados es el resultado de un enfoque artístico de tres fotógrafos que recorrieron minuciosamente el Iturraspe para retratarlo a fondo.

La muestra se puede visitar en La Redonda (miércoles a viernes de 9 a 16, sábados y domingos de 16 a 21). Además, estuvo en exposición durante el IV Congreso de Salud Pública para el que se preparó una selección de fotografías alternativa, lo que pudo ser efectivo gracias al amplio registro generado. Asimismo, se alza en el horizonte la intención de que todo ese material pueda ser compilado y se plasme en cuerpo de libro.

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viernes, 21 de noviembre de 2014

Una fortuna por calentar la silla

En 2014, solamente uno de los tres senadores nacionales por Santa Fe, Giustiniani, participó activamente de las sesiones. Los otros dos, Reutemann y Latorre, sólo cobraron.


Con esta nota se da inicio a una serie de artículos sobre el desempeño de nuestros representantes en el Congreso durante los debates del corriente año, comenzando por la Cámara Alta. Se tomó como fuente las versiones taquigráficas que constan en la página oficial del Senado.
El Lole jura sobre la Biblia. En 2014 no pronunció ni una sola palabra en el recinto y se opuso sistemáticamente al gobierno nacional.

Entre el 28 de febrero y el 30 de octubre pasados, la Cámara de Senadores tuvo 20 reuniones. En tres de ellas (la sesión preparatoria y dos asambleas) no había lugar para el debate; en las 17 restantes, sí. Rubén Giustiniani intervino en 14 de estas últimas, mientras que a Carlos Alberto Reutemann no se le escuchó la voz en el recinto ni una vez en el corriente año, y Roxana Latorre pronunció, literalmente, cinco palabras.

El que labura
El socialista Rubén Giustiniani integra el interbloque FAP-UNEN en el Senado de la Nación. Asistió a 19 de las 20 sesiones relevadas, y participó en prácticamente todas las discusiones trascendentes del período legislativo vigente, con dos excepciones: en el tratamiento del Régimen para la Explotación de Hidrocarburos estuvo ausente y antes del informe del jefe de Gabinete del 6 de agosto se retiró, con el resto de la oposición, para manifestar su repudio ante la presencia de Amado Boudou al frente del cuerpo.
En las otras dos oportunidades en que Jorge Capitanich se presentó este año, Giustiniani le reclamó por el puente Santa Fe-Santo Tomé, por la compensación prometida por la Nación sobre la ruta 19, y por la deuda del Ejecutivo nacional con la Caja de Jubilaciones santafesina. Además, criticó la política económica central, sobre todo por la inflación.
Cuando la Cámara Alta aprobó el convenio con Repsol por la estatización de YPF, el senador socialista cuestionó que nuestro país terminara pagando 5.000 millones de dólares a la empresa española. Tampoco acompañó la restructuración de la deuda extranjera, porque, en su opinión, el proyecto no permitía recuperar “la soberanía perdida”. No obstante, hizo su propia propuesta, que planteaba convocar a los tenedores de títulos y conciliar condiciones con ellos.
A la hora de debatir el presupuesto 2015, justificó su negativa al texto del Ejecutivo haciendo especial hincapié en la inflación y sus consecuencias en la macroeconomía; apeló a la necesidad de implementar una postergada reforma tributaria que contemple gravar la renta financiera y modificar el IVA; se refirió a la distorsión en la asignación de subsidios y también aseguró que el gobierno central no cumple con la Ley de Coparticipación Federal.
A la Ley de Abastecimiento también la votó en contra, por considerar que “en las góndolas no hay desabastecimiento, sino aumento de precios”. En ese sentido, insistió, “la cuestión a abordar es la inflación”. En la misma sesión se opuso a la implementación del observatorio de precios pretendido por el kirchnerismo, pero se manifestó a favor de la creación de un fuero de consumidores.
En tanto, hubo dos proyectos ingresados por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que Giustiniani no dudó en apoyar: el Digesto Jurídico Argentino y la Ley de Biodiesel. 
En conclusión, en lo que va de 2014 el representante del socialismo tuvo asistencia casi perfecta y votó mayoritariamente en contra de los proyectos del Poder Ejecutivo, pero lo ha fundamentado; y ha calentado tanto la silla como el micrófono de su banca.

La confusa
“¿Por qué no dan audio?”, preguntó ofuscada Roxana Latorre el 7 de mayo pasado. Había problemas de sonido en el recinto y ella quería seguir el debate en curso, aunque sin participar de él, como de ningún otro. Esas fueron sus únicas cinco palabras del año.
Hasta octubre de 2014, Latorre asistió a 18 de las 20 reuniones de la Cámara Alta. Se desconoce su opinión sobre los temas tratados.
La legisladora justicialista surgió bajo el ala de Carlos Alberto Reutemann, que la ha cobijado lo suficiente como para que lleve tres períodos consecutivos como senadora nacional. En febrero de 2009, como consecuencia del conflicto por la resolución 125, secundó a su líder y abandonó el Frente para la Victoria, conformando el bloque “Santa Fe Federal”. En agosto de ese mismo año volvió a romper lazos y armó el bloque unipersonal “Federalismo Santafesino”. Sin embargo, pocos meses después consiguió la reelección en el parlamento gracias a una recauchutada alianza entre ambos.
Cuando creó su propio espacio (que mantiene al día de hoy), aseguró: “nadie puede pensar que votaré distinto que Reutemann. El dueño de los votos y el jefe político es él, y me he manejado siempre con lealtad y honestidad a su lado”. Su comportamiento este año desmiente abiertamente esas declaraciones. Latorre apoya sistemáticamente cualquier proyecto kirchnerista. Reutemann hace exactamente lo contrario. Lo único que tienen en común es que ninguno fundamenta sus votaciones.

El mudo 
Carlos Alberto Reutemann, titular y único integrante del bloque “Santa Fe Federal”, asistió a 15 de las 20 reuniones del Senado. Una vez se ausentó y otras cuatro estuvo con licencia por enfermedad. Como ya hemos dicho, no pronunció palabra alguna en el recinto en lo que va del corriente año. Sólo manifestó su postura por escrito en el debate por el presupuesto 2015 (ver aparte).
Si hay que buscar un patrón, el ex piloto se dedicó a votar en contra casi todo lo que cayó en su banca. Cierto es que la gran mayoría de los proyectos tratados en 2014 procedieron del kirchnerismo. Probablemente ese sea el motivo de su oposición acérrima. O no. Quizás cree que cada iniciativa debatida en el recinto perjudicaba a su provincia. En cualquier caso, 711.000 ciudadanos que lo votaron esperan, desde 2009, conocer su posición. Que no le suceda lo que en otra trágica ocasión. Que alguien, por favor, haga el bien de avisarle.

Y un día, el mudo escribió
A horas de que el presupuesto nacional 2015 se convirtiera en ley, el equipo de prensa de Santa Fe Federal envió un comunicado con la supuesta “manifestación del senador  Carlos Alberto Reutemann en la sesión” en la que se debatió dicho presupuesto. Se daba a entender, de esa forma, que el ex piloto había alzado la voz en el recinto a favor del territorio que representa. No fue así.
Esa manifestación existió, en efecto, pero sólo como “inserción”. Las inserciones son textos que quedan adosados a las versiones taquigráficas, en los que los legisladores sientan posición pero sin participar de las discusiones parlamentarias; duermen en papel o en versión digital, para quienes se tomen el trabajo de buscarlas en el fárrago de los intrascendentes apéndices a las sesiones.
En cualquier caso, fue la única oportunidad del año en la que Reutemann se expresó en el Congreso. Citamos algunos pasajes de su escrito:
- “No se puede decir sin ruborizarse que en 2015 la inflación será del 14,5%, y que la cotización del dólar será de $9,45”.
- “En este bochornoso proyecto de presupuesto, a Santa Fe se le asigna, sobre el total de las obras públicas plurianuales, menos del 2%, cuando le correspondería un 8,5 %”.
- “Los santafesinos seguimos esperando obras como los puentes Goya-Reconquista-Avellaneda, y Santo Tomé-Santa Fe; o rutas nacionales como la 11, la 34 y la 33, cuya licitación fue presentada hace siete años por Néstor Kirchner”.
- “El Poder Ejecutivo debe cumplir con el piso de coparticipación federal del 34%, impuesto por ley. Pero transfiere sólo el 28% y distribuye el resto discrecionalmente, obligando a las provincias no afines a él, a mendigar los fondos que les corresponden”.
- “La Nación mantiene una injusta deuda con Santa Fe. Nos sustrae el 15% de coparticipación, dejando en déficit a la Caja de Jubilación Provincial”.
- “Santa Fe recibe una indigna cifra como compensación de un pacto fiscal con el que nada tuvo que ver. Así, una de las cinco provincias que no se endeudó, ahora no se ve beneficiada... ¡por haber mantenido sus cuentas en orden!”
- “Este es un presupuesto maquillado, irreal. Sólo es una autorización formal para que el Poder Ejecutivo haga lo que quiera”.

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Aires de cambio en México

La “guerra contra el narcotráfico” en tierra azteca ya lleva más de 150 mil muertes. Hoy, en la punta del iceberg y en la agenda internacional, están los 43 estudiantes desaparecidos.

Por Emma Rodríguez (*)

“Cuando me desespero, recuerdo que a través de la historia,
los caminos de la verdad y el amor siempre han triunfado.
Ha habido tiranos, asesinos, y por un tiempo pueden parecer invencibles,
pero al final siempre caen”.
Mahatma Gandhi.

El pasado 26 de septiembre, el grito desesperado de los mexicanos comenzó hacer eco en el mundo. En el estado de Guerrero, al sur del país, una protesta estudiantil devino en masacre.
Cuarenta y tres estudiantes de la escuela normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, una población indígena, ubicada a unos cien kilómetros del famoso puerto de Acapulco, fueron desaparecidos. Diecisiete más, secuestrados y torturados hasta la muerte.  
A Julio César Mondragón Fontes, de apenas 22 años, lo desollaron. Su sueño de ser profesor para sacar adelante a su hija recién nacida se ahogó en un charco de sangre. Su rostro desencarnado representa la otra dimensión del terror y la rabia.
Apenas tres meses antes, en el poblado San Pedro Limón, enclavado en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, 22 personas fueron ejecutadas por el Ejército mexicano, durante un operativo contra el narcotráfico. Según declaró una testigo, muchas de las víctimas ya se habían rendido y entregado a las autoridades con las manos en la cabeza. 
Tras las matanzas, las protestas se expandieron a través de las redes sociales, y una caravana liderada por los padres de los estudiantes desaparecidos comenzó su periplo por todo el país: del Distrito Federal a Chihuahua, de Chiapas a Tlaxcala, de Guerrero a Michoacán. A su lado, van millones de mexicanos sacudidos por la indignación y una comunidad internacional horrorizada.
Detrás de este “dolor que llueve rabia” se esparce una exigencia que nunca se escuchó tan clara: ¡Este gobierno tiene que acabar! Y es que Ayotzinapa es tan solo la punta del iceberg de las violaciones sistemáticas a derechos humanos, desapariciones y muertes que existen en el país.
En tierras aztecas, reina la ilegalidad, la corrupción y la falta de un Estado de derecho mínimo, pues los gobernantes, procuradores, fiscales y fiscalías forman parte de un gran entramado de complicidad con el crimen organizado.
Detrás de los 43 estudiantes, hay otros 22 mil 322 desaparecidos, según contabiliza la Unidad Especializada de Búsqueda de Personas Desaparecidas de la Procuraduría General de la República (PGR). Los muertos, desde que empezó “la guerra contra el narco”, suman más de 150 mil, de acuerdo con cifras oficiales. El patrón de desapariciones forzadas y asesinatos nunca ha dejado de ser una política de Estado.

La misma historia
Cuando José Ángel, Marcial, Everardo y sus compañeros fueron bajados a punta de pistola del autobús donde viajaban y entregados por la policía municipal del Iguala a la banda criminal Guerreros Unidos, faltaban apenas unos días para que se conmemorara la matanza de estudiantes más grande en la historia del país, ocurrida el 2 de octubre de 1968.
Cuarenta y seis años atrás, el escenario fue la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en la Ciudad de México, donde un mitin estudiantil terminó en emboscada. Policías y soldados vestidos de civiles acorralaron a los manifestantes. Más de mil fueron apresados y a la fecha aún se desconoce el número real de desaparecidos. Los muertos se contaron por cientos.
Marchas en Coahuila por las desapariciones de los estudiantes: los ciudadanos no soportan más la violencia abierta de narcos y políticos.

Desde 1974, la activista Rosario Ibarra de Piedra busca a su hijo Jesús, desaparecido tras ser detenido por las autoridades del Distrito Federal, acusado de pertenecer a un grupo armado de orientación comunista, la Liga 23 de Septiembre. Jesús Piedra es una víctima más de las desapariciones forzadas de personas perpetradas por el gobierno mexicano en las décadas de 1960 y 1970.
Hoy, Melitón Ortega, de origen campesino, también busca a su hijo Mauricio, desaparecido hace casi dos meses. Ante la falta de respuesta de las autoridades sobre el paradero de su hijo, ha tomado la búsqueda en sus propias manos. “El sufrimiento no se negocia, para nosotros es más importante que aparezcan, a recibir dádivas del gobierno federal”, declaró tras la infructuosa reunión con el presidente Enrique Peña.
Y es que las pesquisas oficiales más bien parecen un montaje fílmico al estilo del director Luis Estrada (El Infierno). Ni la captura de José Luis Abarca, ex alcalde de Iguala, señalado como el autor intelectual de la masacre y las desapariciones, ni la deposición del gobernador de la entidad, han esclarecido qué fue exactamente lo que pasó con los estudiantes y lo más importante: dónde están.
Las versiones oficiales chocan. Unos dicen que fueron quemados con leña, llantas y plásticos por más de quince horas; otros, que los cuerpos calcinados encontrados hasta ahora no pertenecen a los jóvenes y que aún queda una esperanza de que se hallen con vida.
Por eso, las consignas “¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?”, “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, “¡Exigimos justicia!” y el unificado “¡Fuera Peña!” se replican por las calles del DF, Monterrey, Guadalajara, Saltillo, Hermosillo, San Cristóbal de las Casas, Iguala, Chilpancingo, París, Edmonton, Bogotá, Río de Janeiro, Caracas... Buenos Aires.
Ayotzinapa huele a Acteal, Chiapas, donde en diciembre de 1997 cientos de indígenas tzotziles que se encontraban haciendo ayuno y oración fueron masacrados por grupos paramilitares. Huele a San Salvador Atenco, donde en 2006 miles de agentes policíacos irrumpieron con violencia en las manifestaciones de los ejidatarios que se resistían a la expropiación de sus tierras. Huele a San Fernando, Tamaulipas, y las 72 tumbas de migrantes. Huele a crimen de Estado.

La resurrección
Los desaparecidos no solo avivan heridas que nunca han cerrado, sino que abren otras. A diario, se encuentran cuerpos por donde se le escarbe. 331 son los cadáveres localizados hasta ahora en fosas clandestinas del estado de Durango; 31 más en Veracruz. 
Hace apenas unos meses, en el municipio de Allende, aquí en Coahuila, estado fronterizo con Texas, se hallaron cientos de cuerpos calcinados. La masacre, desatada por una venganza del narcotráfico contra una familia de la zona, había ocurrido años atrás, pero por miedo a represalias nadie se atrevió a denunciarla.

Hoy, con el interés en la explotación del gas de lutitas (shale), que la recién aprobada reforma energética pone en bandeja de plata para las compañías transnacionales, las autoridades comienzan a “extraer” muertos. El semidesierto con mantos acuíferos en su cenit sufrirá las consecuencias de la fractura hidráulica (fracking), igual o más graves que las que deja la minería a cielo abierto que se expande voraz sobre centros ceremoniales y comunidades indígenas, a manos de empresas canadienses. Más aberrante aún: desde el año 2005, suman 1.800 los desaparecidos tan solo en esta región.
Coahuila y México entero tienen sus propias Madres de Plaza de Mayo, como también las tienen Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, cuyos hijos, en su paso obligado por este territorio rumbo al sueño americano, son víctimas de crímenes atroces, no solo por parte del crimen organizado, sino de funcionarios de todos los niveles.
“Ellos también están en las fosas”, me dijo cuando lo visité en su albergue en Ixtepec, Oaxaca, el padre Alejandro Solalinde Guerra, uno de los principales defensores de los migrantes y quien sobre el caso Ayotzinapa declaró que un testigo le aseguró que los estudiantes habían sido asesinados.
Ayotzinapa destapó la cloaca de las tragedias que ha padecido la nación entera desde hace décadas. El número 43 se ha convertido en el símbolo de la reivindicación.
Al minuto 43 de cada hora, suenan mensajes en las radios comunitarias y culturales; al minuto 43 de los partidos de fútbol, retumba el grito de “¡Justicia!” Hay veladoras encendidas en miles y miles de hogares. Las fotos de Cirino, Magdaleno y Mario yacen en los postes de las esquinas de barrio.
“Te estoy buscando, no tengas miedo”, claman madres, padres, hermanos, amigos. Los estudiantes apuestan por un paro nacional, que, como nunca, está siendo secundado por cada vez más sectores sociales.
En los muros de las ciudades, los graffitis se multiplican como plaga. Uno de los más recurrentes rememora el Artículo 39 de la Constitución mexicana, que reconoce que “El pueblo tiene todo el tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.
Ayotzinapa despertó a México. Este país no puede volver a ser el mismo.

(*) Desde Saltillo, México. Especial para Pausa.

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 MARCHA 22 DE OCTUBRE / AYOTZINAPA from Opus Social Media on Vimeo.

Desafíos de la desigualdad

Entrevista al sociológo Gabriel Kessler.

Por Gonzalo Andrés

El sociólogo Gabriel Kessler presentó su libro Controversias sobre la desigualdad en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral, donde se explayó sobre las desigualdades en Argentina entre 2003 y 2013.
Su principal interrogante: ¿es la Argentina más o menos desigual que hace diez años? “El objetivo era tomar una postura equilibrada y tratar de llegar a un balance del periodo que no sea dicotómico”. El análisis se focaliza en distintas esferas: trabajo, educación, salud, género, vivienda, delito, infraestructura y ruralidad.
Durante su exposición, el investigador sostuvo que “Se puede señalar en algunas áreas una reducción de la desigualdad y, al mismo tiempo, se puede marcar el reforzamiento de ciertas desigualdades o la generación de otras nuevas”.
“El aumento de la pena no tiene ningún impacto disuasivo en el delito”, dijo Kessler.

En el mercado formal del trabajo se evidencia la mejora. Se incluyó más gente al trabajo y la relación capital-trabajo es más distribuida. “Este proceso alcanzó para incluir a un sector (un 25% o un 45%, depende de quién haga el cálculo) de la población económicamente activa”. Sin embargo, “a partir del 2007-2008 comienza a disminuir la distribución del ingreso dentro del mercado laboral debido a que disminuye tasa de creación de empleo, se aminoran los aumentos salariales y se evidencia un aumento de la inflación”.
En cuanto a la educación, hay más cantidad de alumnos (un proceso que empezó en los 90 con la escuela primaria y se extendió a la secundaria y la universidad en este periodo) y mayor heterogeneidad dentro del sistema debido a las diferencias de la calidad educativa. Hay cada vez más población joven que va a la escuela secundaria y que hace la universidad.
En materia de salud-enfermedad, hubo un gran aumento de la población con algún tipo de cobertura y disminuyeron la tasa de mortalidad infantil y materna, pero perduran núcleos de exclusión que sufren enfermedades vinculadas a la mala calidad de vida (tuberculosis, hepatitis) o al deterioro del ambiente (mal de Chagas, dengue, hantavirus).
También el investigador destacó que, más allá de la distribución de los ingresos y las condiciones laborales, las obras de infraestructura que realizan los Estados ayudan a disminuir las desigualdades sociales. En dialogo con Pausa, afirmó: “hay que tener en cuenta que lo que llamamos servicios colectivos tienen impacto en atenuar la desigualdad. En ese sentido, las distintas obras de infraestructura son implementos que tenemos que incluir en el debate sobre igualdad-desigualdad”.

Inseguridad y delitos
Una de las paradojas en las que se detuvo el investigador fue el hecho de que a pesar de la disminución de la desigualdad, el delito no disminuyó lo suficiente que se podría esperar: en la actualidad, la tasa de delitos contra la propiedad está cercana a la de los 90. También destacó que los principales perjudicados por la inseguridad son los sectores más vulnerables: “a medida que se desciende en la escala social, aumentan las probabilidades de ser víctimas del delito”.
Sobre la conveniencia de la aplicación de políticas de mano dura, el autor respondió: “yo retomo algunos de los estudios hechos por economistas en la Argentina. Cuando toman dos variables –el aumento de la duración de la pena y el aumento de la probabilidad de ser aprehendido por un delito–  demuestran que el aumento de la pena no tiene ningún impacto disuasivo del delito, pero que el aumento de una mayor efectividad policial aparentemente sí. Es decir, en las provincias o ciudades donde hay una mayor posibilidad de ser aprehendido debido al funcionamiento de la policía y de la justicia, hay una cierta disminución en la tasa de delitos”.
En la actualidad hay en América Latina gobiernos nacionales que tienen un discurso progresista y que disminuyeron las desigualdades sociales, pero al mismo tiempo han aumentado la tasa de delitos y el número de presos. Kessler dijo: “Los gobiernos nacionales-populares o de centroizquierda o izquierda conocieron un aumento muy importante de la población penitenciara (aunque eso también sucedió en los países que son gobernados por la derecha). Pero ahí vemos que hay un primer interrogante que consiste en tener un gobierno progresista y, a la vez, un aumento de la población carcelaria. Lo segundo es que vemos, en general en América Latina, que los gobiernos que han sido reformistas durante muchos años, en seguridad no han sido reformistas, no han logrado establecer un discurso, una práctica y una política diferentes. Y, más aún, vemos una cuestión que a mí me preocupa mucho, lo que yo llamo neopunitivismo, que es la posibilidad de articular políticas progresistas en muchas áreas con políticas autoritarias en materia de seguridad. Me parece que ahí hay un tema pendiente en los gobiernos progresistas latinoamericanos”.

Tendencias contrapuestas
El investigador de Conicet argumentó que no se puede resumir la problemática a los términos igualdad-desigualdad, sino que hay que analizar las tendencias contrapuestas existentes. La primera tendencia es que en cada una de las esferas persiste un núcleo marginal. “En cada una de las esferas hay un núcleo de exclusión estructural, que en algunos casos son los mismos. Por ejemplo, se puede tener empleo pero padecer una fuerte enfermedad, en ese caso habría exclusión en la esfera de salud”.
La segunda tendencia es que hay sectores en los que no hay exclusión (tienen trabajo registrado y acceden a servicios públicos) pero es mala la calidad de los servicios a los que se accede (escuela, salud, transporte). La mala calidad de los servicios públicos también genera desigualdades sociales: “hay un elevamiento del piso en todas las esferas que uno puede analizar, pero hay persistencia de la desigualdad. Esto lleva a que, al mismo tiempo que hay un aumento de la cobertura de salud, educación, hay una heterogeneidad interna en la calidad de los servicios a los que se accede en cada una de las esferas”.
Sintetizando, Kessler afirmó que “en general, la desigualdad es menor en todas las esferas”, ya que existen “claros movimientos hacia una mayor igualdad en ciertas dimensiones, pero también la perdurabilidad, o en ciertos casos hasta el reforzamiento, de desigualdades en otras”.
“La tendencia de la época es hacia una menor desigualdad, en contraposición de los 90, porque también se disminuyeron brechas con medidas como la asignación universal  o leyes como las de trabajo rural, empleo doméstico, matrimonio igualitario, identidad de género”, finalizó.

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Apocalipsis del pop y la fusión

Entrevistamos a Alejandra Papini, ícono indie local, sobre la salida del nuevo disco de Diamantina: "Incendioses".


Incendioses es la nueva producción de Diamantina, el proyecto pop que actualmente integran Alejandra Papini (voz, composición, guitarras, programaciones) y Guille AF (sintetizadores, arreglos, voces). Se trata de un EP de cinco canciones que fue puesto a la venta en formato digital el pasado 11 de noviembre. A su vez, también se lo puede escuchar en el sitiode Bandcamp del grupo.
Glamour, lirismo y espiritualidad caracterizan el estilo de Papini, artista con gran recorrido escénico.
Foto: Juan Curto.

La grabación se desarrolló en los estudios Wondercliff (Santa Fe) de Emmanuel Bayúgar, quien colaboró en algunas bases y realizó la mezcla general, a excepción del corte “Coraza”, mezclado y masterizado en México por Francisco Pesado. Mientras que el mastering estuvo a cargo de Nacho Espumado desde su “Mansión Mutante” (Rosario). El arte de su tapa  fue diseñado por Juan José Rolón y Leonel Collazo.
El disco fue editado por el sello chileno Alterado! Records y la distribución está a cargo de Altafonte (España). En palabras de sus realizadores, el grupo logra “un sonido cercano al rock-indie, al electro, con ciertos matices dream-pop”. A su vez, a la hora de nombrar influencias, destacan a Pharrell Williams, Empire Of The Sun, The Beach Boys y Lucas Martí. No obstante, aclaran que “el sonido termina siendo muy propio y personal”.
Alejandra Papini nos cuenta más acerca de la génesis y la concreción de Incendioses, su concepto y el futuro inmediato del grupo.
—¿Cómo fue la grabación?
—El proceso fue loco, por momentos un poco utópico, ya que pretendíamos sacarlo en 2012, el mismo año en que comenzamos a grabar. La distensión propia de trabajar junto a un colega y amigo como es Emma Bayugar, nos hizo colgarnos. Pero también lo disfrutamos y nos divertimos. Trabajamos sin presiones y plazos y dijimos: “que salga cuando sintamos que esté terminado”. En un principio pensamos eso, pero promediando el 2013 ya comenzamos a apurarnos un poco.
—¿De qué manera influyó el formato dúo de Diamantina en la concepción y registro del disco?
—Al principio no sabíamos el nombre ni nada, ni siquiera pensábamos en un disco. Comenzamos a grabar para tener un registro de las canciones, una “foto” musical del momento que estábamos atravesando en formato dúo, junto a Guille. Luego nos fuimos dando cuenta de que tenía identidad suficiente y un espíritu que unía las canciones, cosas que ha de tener un disco. En principio queríamos registrar ocho o nueve temas, pero la misma dilación del proceso nos hizo quedarnos con cinco. Como todo, fue perfecto porque cinco es el número de dios, que tiene eco en el nombre del EP. Incendioses hace referencia a las predicciones del 2012 acerca del fin del mundo, es decir a las creencias, lo sobrenatural.  Al mismo tiempo, alude al caos que genera la idea de un posible apocalipsis, al menos el jugar con uno mismo al pensar en ello. De eso habla la última canción del disco, “Designio Dorado”
—¿Qué influencias artísticas y musicales reconocen en esta producción? ¿Cómo les gusta definirse?
—Yo siempre me sentí cómoda con la idea de hacer “neo psicodelia”. Aunque Incendioses es más bien conceptual. A mí me influye más encontrar mi voz interior. Disfruto de lo que escucho, pero no me veo diciendo: “¡Ah, voy a hacer esto!”. En este disco lo mío pasó más por la composición de las canciones y las bases rítmicas. A Guille le tocaron los arreglos musicales, la estilística y los sintes. Ahí él volcó sus influencias de siempre: Stevie Wonder, Pharrell Williams y algo de lo que estaba escuchando en ese momento, como Empire Of The Sun, Kanye West y Astro.
—El EP fue editado por el sello chileno Alterado! Records. ¿Cómo llegaron a él y porque decidieron realizar la edición de forma digital?
—Al frente del sello está Nicolás Orión. En uno de sus viajes a Argentina, el fluir natural de las personas por los asuntos musicales hizo que nos cruzáramos. Le pasé un boceto del disco, que estaba registrando mitad en mi casa, mitad en lo del Emma. El chico flasheó, y allí empezó todo. Me propuso dirigir el clip de “Coraza” desde Chile, y lo concretó en unos meses. En ese momento, justo terminábamos de producir la mezcla y mastering con Francisco Pesado, que vive en México. La distribución digital es una apuesta de estos tiempos. Vamos a ver cómo sale. Después vendrá la edición física clásica. Le tengo respeto al objeto. Creo que genera una calidad de situación muy diferente a la de escuchar enchufado a la web. Aparte del fenómeno del tacto, de sostener el disco entre tus manos, pasear tus ojos por la tapa...
—¿Qué planes tienen para lo que queda del año y para el 2015? ¿Realizarán un show en Santa Fe?
—Por ahora queremos ver como evoluciona este desparramar del álbum. Seguramente en el 2015 lo presentaremos en vivo. Tenemos muchas ganas.

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Latizana arrancó con todo

El Molino Marconetti ofició de escenario para la primera de las noches  de Latizana arte fusión, organizadas por los jóvenes gestores culturales de Deltraste Producciones Independientes que, justamente, se pronuncian a favor de nuevos espacios donde encontrar shows de artistas independientes. Pasadas las 21.30 del viernes 14 se dio inicio a la velada con la proyección de una serie de cortos realizados por Tertium Quid Producciones. Uno de los destacados fue La caída de los globos, primer premio en la última Bienal de Arte Joven y premio al Mejor Cortometraje en Premios Escenario, realizada por los santafesinos Nahuel Beade y Rodrigo Stettler: “se trata de una historia que, acudiendo a ribetes surrealistas y metafóricos en general, da cuenta de las etapas de la vida de un hombre y las relaciones de poder que debe ir sorteando”.
Luks Chaires, uno de los artistas de la primera fecha de Latizana. Foto: Magdalena Medina

Inaugurado con las producciones audiovisuales, se puso en marcha el plan de desarrollar un evento en el que, presentando a los números musicales como anuncios principales, amalgamó distintos lenguajes a la misma narrativa. Ficciones acerca de filosofía cotidiana, los manifiestos de lo que iba sucediendo trazaron lienzos (fueron Luks Chaires y Sofia Segovia quienes se encargaron de practicar las artes plásticas), el entremés artesanal ofrecido por los cocineros de Listolpan y una ambientación promotora del swing y el juego de rodillas para hacerle frente a la prepotente brisa. Sobre las 23.00, Invasores Chinos se hizo cargo del escenario principal para poner en calor a las 300 personas que asistieron a las inmediaciones del dique 2. Sintetizador, batería y guitarras conforman el sonido del trío que agrega electrónica, rock y funk, mixtura que viene ganando adeptos desde su performance también durante la reciente Bienal. China Town fue la performance que sirvió de conectora para que se trepen al escenario los GypsyRak, que en el camino de exploración de un subgénero jazzero agrega un punto más de volumen para permitirse versiones bien contundentes de clásicos como “Post crucifixión” y “Come together”.
Latizana continúa el sábado 29 de noviembre en el Anfiteatro, con Río Loco y Kármhasis. La primera es una banda a la que le “gusta el rock, así como suena, cuatro letras”. Kármhasis, una de las sorpresas de la última Bienal, mezcla funk, soul y hip hop. A cargo de las visuales, Tranquilo Gerito y Abril M.
El ciclo concluye el sábado 6 de diciembre en el Marconetti con Subliminal Rap y Delivery Reggae. Las visuales serán de Flo Secchi y Miki Carlini.

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