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lunes, 15 de julio de 2013
Pausa #116, completo en pdf
El archivo completo en pdf de Pausa #116, si hacés click más abajo o si no acá.
El arte dentro de la tuquera de Hernán
Por Licenciado Ramiro
Hace un par de semanas decidí bajarme unos temas de Las Pastillas del Abuelo (LPDA) por dos razones. Primero, me habían dicho que sus letras tenían algunos toques sabineros y como Sabina me gusta quería fijarme qué onda estos muchachos. Y, segundo, es una de las bandas con mayor aceptación en los individuos de la franja etaria de mis alumnos de la facultad (entre 18 y 25 años), y quería saber por qué les gusta tanto.
Mi intención no es ponerme en juez del buen gusto y concluir que LPDA son buenos, malos o más o menos. Yo de música no sé nada y no puedo distinguir si un pentagrama tiene renglones o rayas, o cuáles son las diferencias entre las corcheas y un corcho. Y, además, LPDA son un ejemplo al azar de un conjunto de bandas.
La cantidad de temas que descargué para escuchar representa la mitad de las canciones que la banda editó y, se supone, es una recopilación con lo mejor de la misma. El total de sus letras están escritas en primera persona del singular (yo) y en un porcentaje cercano al 80% el que las escribe se las refiere a una segunda persona del singular (tú) que, por lo general, es una chica. Por lo tanto, las canciones –casi todas– hablan de una situación personal del autor que es contada, como si fuera íntimamente, a otra persona. Por otro lado, no existen casi las adjetivaciones, y cuando existen son tan vulgares como “fuerte sentimiento”, “calurosa pasión” o “día gris”. La referencia a estas situaciones son directas e inmediatas: el tipo está contando su vivencia personal, no lo que él sintió en relación a esa situación o a una situación que lo exceda más allá de haberla presenciado. Digo esto porque tal vez alguno me quiera correr diciendo que eso hacen los poetas. No, mentira. Los poetas expresan su interior, lo que sienten en una situación (de allí la famosa “función expresiva” del lenguaje… y qué feo tener que acudir a Jakobson para defender mi hipótesis) y no describen literalmente esa situación singular.
A propósito, de las metáforas o alegorías, mejor ni hablemos: brillan por su ausencia. Y aquellas que intentan llegar a ser una, se quedan en la célebre comparación “arjoneana”.
Para que vean que no exagero, voy a poner tres ejemplos que intentan ilustrar lo que afirmo:
= “pica el bagre y la sonrisa se empieza a borrar / lo puedo sentir siempre un as bajo la manga / quien será el primero que se compre uno de milanga”. Canción: “El sensei”. (Ramón y Juan Pedro Fasola están en el cielo apuñalándose los oídos con unos diamantes que les prestó Lucy)
= “no pudiste decirle que no a esa línea que separa la vida en locura y realidad (…) pediste una pala para cavar tu fosa (…)”. Y la canción termina con el sonido de un tipo aspirando.
= Una de las canciones se llama “Puta”. Sí, hace referencia a una prostituta.
Es decir, las referencias al estado de cosas es inmediata, literal, pornográfico diría, quitando la denotación sexual del término (¡qué casualidad que las web más visitadas son las pornográficas!). Son letras que necesitan explicar todo, mostrar todo, no dejar lugar más que a una interpretación literal de los sucesos referidos. La no simbolización hace que el pensamiento se limite a razonar de manera inmediata… o sea, que no razone. Y los enunciados que logra este tipo de “poesía” son singulares: hacen referencia a la porción del mundo que sólo se percibe mediante los sentidos, que se experimenta y que es inmediata con quien la está describiendo. Lo mismo pasa, por caso, con la cumbia villera (muy a pesar de que el pianito de Pablo Lescano embriague mi alma e hipnotice mis caderas cada vez que lo escucho): la descripción literal de un estado de cosas (“Laura: se te ve la tanga”)… sin efectuar la crítica para el cambio de ese estado injusto.
¿Efectos? No existe el mundo más allá de lo que yo vivo; más allá del individuo. Y por lo tanto, todo lo que pueda explicar se limita a eso: a una justificación por la experiencia individual del sujeto, en repudio a todo intento de pensamiento abstracto. El único mundo concebible es el concreto, el que tengo ahí, que lo veo… y no necesito pensarlo ni reflexionarlo. Ni hablar de las limitaciones en el uso de la lengua, en la cantidad de palabras para explicar o describir el mundo.
¿Y qué tiene que ver con mis alumnos? La extendida dificultad para elaborar un pensamiento abstracto; las carencias a la hora de reflexionar sobre una consigna que no pida la definición literal de un texto. Las deficiencias en las lecturas reflexivas de los autores que leen. La escasa cantidad de palabras utilizadas para responder y la recurrencia a la ejemplificación como estrategia argumentativa. Por supuesto, la relación no es tan directa y existen múltiples factores que intervienen y condicionan la misma… y el arte es uno de esos factores, sin duda.
Si este es el arte que hoy mejor representa a la juventud; si este es el modo que tiene el arte de representar el mundo de los jóvenes; si este es el producto de consumo y adoración de los adolescentes y jóvenes, entonces ¿qué van a reproducir nuestros jóvenes? Al menos tengamos el decoro de no echarles la culpa por el sistema de consumo industrial y veamos qué, como adultos, les estamos ofreciendo a quienes luego serán nosotros.
Mientras tanto, la imaginación, aquello que podría ser posible y que contrasta con el estado actual de cosas (miserable, por cierto), el pensamiento, la poesía, la crítica, aquello que estimula la idea de otros mundos posibles (y mejores) siguen esperando que Hernán saque de la galera una hermosa tuquera.
Hace un par de semanas decidí bajarme unos temas de Las Pastillas del Abuelo (LPDA) por dos razones. Primero, me habían dicho que sus letras tenían algunos toques sabineros y como Sabina me gusta quería fijarme qué onda estos muchachos. Y, segundo, es una de las bandas con mayor aceptación en los individuos de la franja etaria de mis alumnos de la facultad (entre 18 y 25 años), y quería saber por qué les gusta tanto.
Mi intención no es ponerme en juez del buen gusto y concluir que LPDA son buenos, malos o más o menos. Yo de música no sé nada y no puedo distinguir si un pentagrama tiene renglones o rayas, o cuáles son las diferencias entre las corcheas y un corcho. Y, además, LPDA son un ejemplo al azar de un conjunto de bandas.
La cantidad de temas que descargué para escuchar representa la mitad de las canciones que la banda editó y, se supone, es una recopilación con lo mejor de la misma. El total de sus letras están escritas en primera persona del singular (yo) y en un porcentaje cercano al 80% el que las escribe se las refiere a una segunda persona del singular (tú) que, por lo general, es una chica. Por lo tanto, las canciones –casi todas– hablan de una situación personal del autor que es contada, como si fuera íntimamente, a otra persona. Por otro lado, no existen casi las adjetivaciones, y cuando existen son tan vulgares como “fuerte sentimiento”, “calurosa pasión” o “día gris”. La referencia a estas situaciones son directas e inmediatas: el tipo está contando su vivencia personal, no lo que él sintió en relación a esa situación o a una situación que lo exceda más allá de haberla presenciado. Digo esto porque tal vez alguno me quiera correr diciendo que eso hacen los poetas. No, mentira. Los poetas expresan su interior, lo que sienten en una situación (de allí la famosa “función expresiva” del lenguaje… y qué feo tener que acudir a Jakobson para defender mi hipótesis) y no describen literalmente esa situación singular.
A propósito, de las metáforas o alegorías, mejor ni hablemos: brillan por su ausencia. Y aquellas que intentan llegar a ser una, se quedan en la célebre comparación “arjoneana”.
Para que vean que no exagero, voy a poner tres ejemplos que intentan ilustrar lo que afirmo:
= “pica el bagre y la sonrisa se empieza a borrar / lo puedo sentir siempre un as bajo la manga / quien será el primero que se compre uno de milanga”. Canción: “El sensei”. (Ramón y Juan Pedro Fasola están en el cielo apuñalándose los oídos con unos diamantes que les prestó Lucy)
= “no pudiste decirle que no a esa línea que separa la vida en locura y realidad (…) pediste una pala para cavar tu fosa (…)”. Y la canción termina con el sonido de un tipo aspirando.
= Una de las canciones se llama “Puta”. Sí, hace referencia a una prostituta.
Es decir, las referencias al estado de cosas es inmediata, literal, pornográfico diría, quitando la denotación sexual del término (¡qué casualidad que las web más visitadas son las pornográficas!). Son letras que necesitan explicar todo, mostrar todo, no dejar lugar más que a una interpretación literal de los sucesos referidos. La no simbolización hace que el pensamiento se limite a razonar de manera inmediata… o sea, que no razone. Y los enunciados que logra este tipo de “poesía” son singulares: hacen referencia a la porción del mundo que sólo se percibe mediante los sentidos, que se experimenta y que es inmediata con quien la está describiendo. Lo mismo pasa, por caso, con la cumbia villera (muy a pesar de que el pianito de Pablo Lescano embriague mi alma e hipnotice mis caderas cada vez que lo escucho): la descripción literal de un estado de cosas (“Laura: se te ve la tanga”)… sin efectuar la crítica para el cambio de ese estado injusto.
¿Efectos? No existe el mundo más allá de lo que yo vivo; más allá del individuo. Y por lo tanto, todo lo que pueda explicar se limita a eso: a una justificación por la experiencia individual del sujeto, en repudio a todo intento de pensamiento abstracto. El único mundo concebible es el concreto, el que tengo ahí, que lo veo… y no necesito pensarlo ni reflexionarlo. Ni hablar de las limitaciones en el uso de la lengua, en la cantidad de palabras para explicar o describir el mundo.
¿Y qué tiene que ver con mis alumnos? La extendida dificultad para elaborar un pensamiento abstracto; las carencias a la hora de reflexionar sobre una consigna que no pida la definición literal de un texto. Las deficiencias en las lecturas reflexivas de los autores que leen. La escasa cantidad de palabras utilizadas para responder y la recurrencia a la ejemplificación como estrategia argumentativa. Por supuesto, la relación no es tan directa y existen múltiples factores que intervienen y condicionan la misma… y el arte es uno de esos factores, sin duda.
Si este es el arte que hoy mejor representa a la juventud; si este es el modo que tiene el arte de representar el mundo de los jóvenes; si este es el producto de consumo y adoración de los adolescentes y jóvenes, entonces ¿qué van a reproducir nuestros jóvenes? Al menos tengamos el decoro de no echarles la culpa por el sistema de consumo industrial y veamos qué, como adultos, les estamos ofreciendo a quienes luego serán nosotros.
Mientras tanto, la imaginación, aquello que podría ser posible y que contrasta con el estado actual de cosas (miserable, por cierto), el pensamiento, la poesía, la crítica, aquello que estimula la idea de otros mundos posibles (y mejores) siguen esperando que Hernán saque de la galera una hermosa tuquera.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
sábado, 13 de julio de 2013
“Nacimos para tocar en vivo”
Entrevista a Lula Bertoldi, voz y guitarra de Eruca Sativa.
Por Juan Almará
Lula Bertoldi es la diminuta y a la vez incandescente
cantante y guitarrista de Eruca Sativa. Con su banda editó tres discos: La
carne (2008), Es (2010) y Blanco (2012). El trío se completa con Brenda Martin
en bajo y Gabriel Pedernera en batería. Bases funk, riffs metálicos, aires
folclóricos y virtuosismo instrumental son algunos de los ingredientes que se
mezclan en ese coctel explosivo. A
través de un estilo mutante, que reconoce múltiples influencias pero que no se
ancla en ninguna, crean un rock potente, respaldado en la versátil voz de Lula:
enérgica y rea o dulce y sosegada, según lo requieran los pasajes de cada
canción. Antes de reventar Tribus el 14 de junio, repasamos con ella diversos
aspectos de la historia y actualidad del grupo.
Lo que Blanco nos dejó
—Ya pasaron ocho meses de la edición de “Blanco”, ¿qué
análisis hacés hoy del disco y su repercusión?
—Desde que salió el disco pasaron muchísimas cosas. Ha
marcado un crecimiento muy grande, que también tiene que ver con los frutos que
está dando lo que venimos haciendo desde que empezamos. La banda siempre
progresó, pero ahora lo hizo mucho más. Nos abrimos a un público nuevo, las
composiciones de Blanco llegan a más gente, exceden al target rockero. Tiene
una variedad muy amplia, por ejemplo está
“Amor ausente”, que es una vidala, un tema más tranqui. Esas canciones
alcanzan a otro tipo de audiencia. Además, en este álbum pudimos conservar los
matices. Es muy poderoso, pero tiene momentos en los que se baja un punto y se
vuelve calmo.
—La música de Eruca Sativa es contundente e intensa, pero
también se nutre de colores y búsquedas melódicas. ¿Cómo llegan a esa síntesis?
—Todo es producto de un proceso artístico, de laburo en la
sala y en vivo. En el vivo sacás cosas nuevas, y cuando vas al ensayo planteás:
“che, eso que hicimos el otro día estuvo bueno, fijémonos cómo podemos trabajar
por ese lado”. En cuanto a las melodías, en nuestra última producción hay una
indagación y riqueza diferentes. No quiero decir que Blanco sea mejor o peor
que los dos primeros, que me encantan. En realidad tiene otro sabor, una
búsqueda distinta. Tenemos mucho laburo los tres juntos, pensando las canciones
como grupo. Hemos arribado a un nivel de desarrollo humano que trasciende
cualquier intención individualista. Buscamos el bien común: hacer buenos temas,
melodías, riffs. No queremos que una cosa resalte sobre la otra, sino que cada
elemento se ubique donde tiene que estar.
Vamos a la ruta
—Llevan adelante su carrera a través de una dinámica
constante de shows en diferentes lugares del país, ¿por qué eligieron ese
camino y cómo viven esa experiencia?
—Es lo que más nos llena. Nacimos para tocar en vivo. El
disco es un plus, es un momento distinto en el que pensás: “qué lindo entrar a
grabar y componer”. Pero nos encanta estar en la ruta. Es lo más lindo que hay.
Llega el fin de semana y tengo que armar la valija y volver a salir. No termino
de entrar a mi casa y ya me estoy yendo de nuevo. Además, es una muy buena
forma de darse a conocer, más siendo un grupo de rock. La gente necesita verlo
y escucharlo tal cual es. Con todas las posibilidades que existen hoy de
registrar el material de forma casera, la gente valora mucho más el vivo. No sé
si antes pasaba eso. Seguramente Queen o
Led Zeppelin en directo te aplastaban la cabeza. Pero cuando sacaban un disco,
la banda era eso porque no había más. No existían otras herramientas para
afinar o grabar. Los chabones sonaban así de verdad. Está bueno volver a esa
impronta vintage por la cual el vivo te corrobora el laburo.
Mujeres y rock
—¿Cómo llevas el hecho de ser mujer y liderar un banda de
rock? ¿Aún existen prejuicios al respecto o sentís que el medio se ha
transformado?
—Hay una transformación muy grande del ambiente. Nunca lo
viví como algo negativo. Al contrario, siempre me sirvió para que me presten
más atención. Cuando ves una chica arriba del escenario, decís: “¿qué onda, qué
va a hacer?”. Te pone a prueba. En mi caso y en el de Brenda, salimos
beneficiadas porque nos daban más atención y, debido la música que hacemos, a
la gente le terminaba agradando. Igualmente, lo de Eruca es bastante
“des-generado”, no tiene género. No te das cuenta quién está tocando esa
música. Y eso es lo grosso, llegar a un punto donde lo importante es si te
gusta o no. Es lo que está pasando con bandas que tienen o están totalmente
compuestas por mujeres. Ya se superó esa etapa, ahora pasa por la calidad de lo
que se está haciendo.
Ser libres
—Editaron dos discos de forma independiente y en Blanco
tercerizaron la distribución con Sony. ¿Por qué eligieron ese recorrido?
—Tenemos un sello que se llama Marca tus marcas, que nació
con Es. A Sony le licenciamos el master, ellos lo duplican y distribuyen. Lo
interesante es que conservamos la libertad, somos los dueños de nuestro trabajo.
Sony se ha portado muy bien, han tenido un trato muy respetuoso. Desde el
primer momento nos plantearon una propuesta de trabajo muy seria y adecuada a
lo que buscábamos. También nos fuimos adaptando al nuevo mercado. En un
principio no sabíamos muy bien cómo hacer. Averiguamos y esa fue la mejor
alternativa: ser independientes, editar a través de un sello propio, y en
Blanco asociarnos con una multinacional que nos permita llegar a más lugares.
Hoy el disco está en cualquier lugar del país y para nosotros eso era un sueño.
Eruca Sativa, en su reciente paso por Tribus (Fotos: Olivia Gutiérrez)
—Entonces, ¿qué balance tenés de este modelo de laburo intermedio?
—Estamos haciendo un híbrido. Somos independientes pero a la
vez nos asociamos con Sony en un punto de la cadena. Uno se va armando su
carrera. No creo que todo tenga que ser cuadrado, firmar un contrato y ceder tu
obra a una empresa. Las compañías se han adaptado a este nuevo mercado. Y en
nuestro caso, fueron considerados al saber que teníamos una logística de laburo
super aceitada. Cuando llegaron, ya estábamos armados. No tuvieron que poner en
funcionamiento una maquinaria para hacernos arrancar. Le entregamos el material
terminado. Y eso les facilitó el trabajo. Todo lo que tengo para decir es positivo.
Antes nos costaba muchísimo mandar los discos y mantener un stock. Ahora es un
golazo y a la vez conservamos nuestra libertad artística, lo cual es
fundamental.
La conquista de América
—¿Qué proyectos tienen de acá en adelante?
—Estamos muy contentos porque vamos a presentar Blanco en
Latinoamérica. El 30 de junio vamos a tocar en el festival “Rock al Parque”,
que se hace en Colombia. En octubre tenemos la posibilidad de volver a México,
donde ya estuvimos en el 2011. También hay chances de girar en países
limítrofes de Argentina, y eso esta buenísimo. Para nosotros, poder presentar
el disco en América del Sur es un logro enorme. Nuestro manager está laburando
un montón, es un trabajo de logística muy largo. Sony también nos está
apoyando. Venimos laburando duro y parejo para que sea un gran año en el que la
música de Eruca Sativa pueda salir del país. Y lo vamos a lograr.
Publicada en Pausa #116, miércoles 26 de junio de 2013
viernes, 12 de julio de 2013
Nuevas miradas sobre la discapacidad
La persona con discapacidad como sujeto de derecho, eje de
las capacitaciones para el personal de Salud. La opinión de Gabriela Bruno,
responsable provincial del área.
Por Ileana Manucci
Una serie de jornadas se desarrollaron bajo el lema
“Políticas Inclusivas a la luz de la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad”, de las cuales participaron equipos de salud de la Subsecretaría de los
Derechos de la Niñez ,
Adolescencia y Familia, el Servicio de Orientación Social del Ministerio de
Desarrollo Social, centros de salud, el equipo socioeducativo de la Región IV de Ministerio
de Educación, y personal de diferentes áreas de la Municipalidad de
Santa Fe.
Gabriela Bruno, directora provincial de Inclusión para
personas con discapacidad, fue una de las principales oradoras de las
capacitaciones y quien abrió el primer día de debate reflexionando sobre los
nuevos paradigmas en torno a la discapacidad. “Estamos acá para pensar a la
persona con discapacidad en términos de autonomía, de derechos, y sobre todo
para ver qué herramientas e instrumentos son necesarios para que las personas
con discapacidad puedan elegir su proyecto de vida”.
—¿Cuál fue el eje de trabajo de estas jornadas?
—Estas capacitaciones fueron para trabajar un poco sobre la Convención sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad y sobre el cambio de paradigma que se
da a partir de ella. Lo que plantea la Convención es una nueva mirada sobre la persona
con discapacidad, un cambio fundamental de objeto de tutela a sujeto de
derecho.
—¿Qué cambios implica esta nueva visión?
—Desde este nuevo paradigma pensamos en políticas que
produzcan cambios significativos en cuanto a la inclusión laboral y educativa,
en cuanto a los abordajes terapéuticos, al rol de la familia; desde allí
también debatimos sobre la necesidad o no de la curatela, para qué casos, lo
que eso implica en cuanto a la supresión de la capacidad jurídica del sujeto.
Para poder acceder a algunas pensiones y subsidios que provienen de la Nación todavía es necesario
que la persona con discapacidad cuente con un tutor: nosotros no decimos que
esté mal o bien, pero sí creemos que es necesario determinar en qué casos es
necesaria esa curatela, que haya un diagnóstico claro que así lo indique, pero
no que sea una condición para todos. Tenemos que poder ser críticos ante esto,
poder trabajar con las familias, luchar para que el Estado vea la forma en que
puede ser garante de estos derechos, de este acompañamiento, que sea una
protección que no invalide sino que promueva derechos y libertades.
Los postulados de la Convención , sobre los que versaron las jornadas,
significaron un cambio de paradigma al
hablar por primera vez de personas, haciendo hincapié en ese termino y
adicionándole una calificación, “discapacidad”, con el mismo criterio con el
que se pueden agregar otros calificativos a una persona, como alta, baja,
delgada u obesa. El eje, el punto más importante, es el ser personas, con todos
los derechos y obligaciones que eso implica.
Según las estadísticas a nivel mundial, las personas con
discapacidad representan entre un 7 y 10% de la población, porcentaje al que
hay que sumar al grupo familiar y social implicado en el entorno de cada
persona con discapacidad, por lo que las consecuencias de las políticas y
acciones para con este colectivo se extienden al menos al 15% de la población
mundial.
Educación y trabajo
Gabriela Bruno remarca que desde la Subsecretaría de
Inclusión se está trabajando principalmente en el desarrollo de dos ejes que
consideran esenciales y excluyentes a la hora de pensar en las condiciones para
que la libertad y la igualdad de los ciudadanos con discapacidad sean reales y
efectivas: la educación y el trabajo; y de ellos se desprenden también la
participación, la igualdad de oportunidades, la inclusión social, la
accesibilidad como ideología, la autonomía y la construcción de ciudadanía.
“Tenemos que construir una educación que se corra de la mirada de lo normal y lo anormal”, apuntó la funcionaria Gabriela Bruno.
“Nosotros le estamos dando prioridad al tema del trabajo”,
explica Bruno, “tanto sea para el ingreso a la administración pública como al
sector privado, porque entendemos que el abordaje tiene que ser desde todos los
lugares posibles. Pero es importante destacar que no solamente abordamos el
tema de discapacidad, sino que también estamos trabajando junto al programa
‘Santa Fe Inclusiva’ para ampliar las oportunidades y capacidades de trabajo de
los grupos que históricamente han tenido más dificultades para acceder tanto al
sistema educativo como al laboral y que son, además de las personas con
discapacidad, los pueblos originarios, los jóvenes en conflicto con la ley y
los colectivos de diversidad sexual”.
—¿Y con respecto a la educación?
—Algo fundamental en el ámbito educativo es poder garantizar
que los niños y niñas con discapacidad puedan ir a una escuela común. Hay un
decreto que establece esto y que la escuela común reciba el acompañamiento y el
trabajo articulado con educación especial.
—¿De dónde provienen las resistencias para que esto se
cumpla?
—Las resistencias tienen que ver más que nada con algunos
temores, con el desconocimiento. Muchos docentes plantean que no fueron
formados para trabajar con este tipo de población y, en realidad, lo que
nosotros queremos es que no haya especificidad para trabajar con discapacidad.
La inclusión es entender que todas las personas tenemos particularidades y que
por eso podemos necesitar algunas adecuaciones, dispositivos especiales o
diversos modos de evaluación. Tenemos que pensar en un aula donde puedan
convivir esos niños y niñas con diferentes necesidades, y sobre esto estamos
concientizando a los docentes y generando juntos las herramienta que puedan
necesitar, porque también tenemos que construir una educación que se corra de
la mirada de lo normal y lo anormal, porque sino seguimos sosteniendo esto de
que la población normal va por un carril y todos los que no encuadren en eso
van por otro.
—¿Qué tipo de trabajo se hace con las familias de estos
niños con discapacidad y personas en general?
—Ese es otro eje importante que no se debe descuidar. Ahora
tenemos una figura nueva, que es la de las asistentes personales, que hacen un
acompañamiento de las familias, de aquellos integrantes involucrados en el
cuidado de la persona con discapacidad. La idea es fortalecer a la familia,
darles el tiempo y el espacio para que puedan seguir con sus actividades sin
tanto desgaste energético, promoviendo otros vínculos familiares y sociales. Es
un cambio cultural muy grande el que hay que hacer y que atraviesa a toda la
sociedad y sus instituciones, desde el Estado hasta la familia. Por eso la educación
en la inclusión, desde la escuela, es muy importante; nosotros apostamos a los
más chicos porque el adulto es el que tiene prejuicios más arraigados y una
estructura de pensamiento con relación a la discapacidad que es más difícil de
modificar, un niño o un joven vive de una forma mucho más espontánea el estar
con otros y sus diferencias.
La mirada sobre los tratamientos y todo lo que hace a la
rehabilitación también está atravesando por nuevos interrogantes y cambios
profundos. “Hay niños que van a la fonoaudióloga, psicopedagoga, kinesiólogo y
terapista ocupacional, procesos que son sumamente demandantes tanto física como
psíquicamente. Nosotros no queremos que el niño pase por todo eso si luego,
cuando salga de cada de sesión, lo vamos a volver a meter en la cajita de
cristal. Creemos que esa rehabilitación tiene que ser en función de algo más
que la recuperación de su funcionalidad, queremos que se fortalezca en su
subjetividad, que pueda construir lazos, que se pueda caer y lastimar como
cualquier otro niño; darle la dignidad del riesgo, que tenga el mismo derecho a
equivocarse, porque esa es la forma en que va construyendo aprendizajes que le
van a permitir esa autonomía como persona que es lo fundamental”, finalizó
Bruno.
Publicada en Pausa #116, miércoles 26 de junio de 2013
miércoles, 10 de julio de 2013
Los límites de las intenciones
La falta de recursos específicos y la inexistencia de datos
oficiales ponen en duda el interés del Estado por actuar más allá de los
discursos contra la violencia de género.
Por Milagros Argenti
Para Martorell el presupuesto “es acotado”, aunque aclara
que los proyectos que se van generando son financiados por el Ministerio de
Desarrollo Social. En sus sedes de Santa Fe y Rosario la Dirección cuenta con 25
empleados. “Es poco”, volvió a admitir Martorell, pero manifestó su convicción
de que eso irá cambiando a medida que se realicen nuevos concursos. Además,
reiteró que la idea es fortalecer los equipos jurisdiccionales, que actúan en
cada territorio.
Y por casa, cómo andamos
En esta capital, el Área de Mujer y Diversidad Sexual cuenta
con la coordinación de su titular, Marta Fassino, una colaboradora y, desde
hace dos meses, otras dos profesionales. Asimismo, según Fassino, hay equipos
territoriales en los ocho distritos de la ciudad y otro central que los asiste.
Pero la repartición no tiene recursos propios: está sujeta a las prioridades de
la subsecretaría de Acción Social.
El organigrama municipal establece que las “áreas” no tienen
presupuesto asignado, por lo que habría que modificar esa norma o bien hacer de
Mujer y Diversidad Sexual una dirección (como hizo la gestión Corral, por
ejemplo, con Derechos Ciudadanos). La cuestión sería tomar la decisión
política, según la sincera importancia que otorgue el Ejecutivo local a las
problemáticas abordadas por la dependencia de Fassino.
Sin datos no hay políticas
Tal como sucede a nivel nacional, la provincia de Santa Fe
no tiene un registro sobre las denuncias por violencia de género. Tampoco la Municipalidad. Hay
una gran dispersión de los datos entre las Fiscalías, las comisarías, la Defensoría del Pueblo.
“Esta carencia indica que a los gobiernos no les importa lo que nos pasa”,
afirma María Claudia Albornoz, de la Coordinadora de Mujeres. “Yo siempre hago un
contrapunto: el fútbol. Cuántas horas de Gabinete, dinero, policía se invierten
para que los muchachos no se maten en la cancha. Eso te muestra claramente en
quiénes está puesta la preocupación. Por eso para nosotras es fundamental saber
cuántas mujeres denuncian: porque la contundencia de esos datos obligaría a
generar políticas públicas”.
Desde la entidad vienen reclamando que la Municipalidad habilite
un 0800 específico, y que se refuercen los refugios para las mujeres agredidas:
lugares que las acojan para no tener que volver a sus viviendas, donde serán
nuevamente golpeadas. Según Martorell, en la provincia hay 12; dos de ellos en
esta capital, más un tercero en construcción. Pero, reconoce, normalmente están
saturados.
Denuncias y desidia
Las agrupaciones feministas alertan también sobre la desidia
del sistema policial y judicial. Cuando ya se hartaron de ser vejadas
físicamente y psicológicamente, y se animan a buscar ayuda, las mujeres son
revictimizadas por individuos uniformados o trajeados. El recorrido que deben
hacer para conseguir una asistencia mínima del Estado es perverso. Por lo
general, llaman al 911 o acuden a la comisaría más cercana, pero la mayoría de
las veces no les toman la denuncia. Los efectivos policiales minimizan las
situaciones, destratan a las damnificadas o incluso defienden a sus agresores.
Ni siquiera la propia Comisaría de la
Mujer se ocupa: según la página web del gobierno provincial,
sus funciones son “brindar asistencia policial, asesoramiento jurídico y
atención psicológica a las víctimas de violencia”; pero esa oficina recibe casi
exclusivamente casos de abuso sexual. Lo demás es derivado a las Fiscalías de
General López al 2700. Así, las víctimas se trasladan hasta el sur de la
ciudad, en estado de shock y frecuentemente preocupadas por aquellos hijos que
quedaron en compañía del agresor. Tras declarar, la denunciante es revisada por
un médico policial que evalúa su situación y mide (literalmente, con una regla)
sus heridas y moretones, para ver si el caso amerita preocupación. Si esa
prueba es superada, la mujer debe ir a los Tribunales de Familia, en Tucumán al
2800, donde se sortea el juez que le tocará en suerte. Usualmente la recibe un
secretario, porque el magistrado en cuestión está ocupado o ausente. Más
adelante –y aunque muchas veces sigue sin conocer a la víctima– el juez
asignado decide si aquélla debe volver a su casa, o si cabe determinar una
medida para que el agresor permanezca a 200 metros de ella. Si convive con su
agresor, la mujer debe esperar por un oficial de Justicia. Una vez llegado,
éste debe conseguir un policía que saque al violento, por la fuerza, de la casa
conyugal. Logrado el desalojo, el uniformado se retira. Y aquí la Justicia demuestra su
complejo de omnipotencia: un hombre que golpea a su pareja no se amedrenta por
un papelito que le ordena no acercarse. Simplemente cumple los 200 metros
reglamentarios dando la vuelta a la manzana, aguarda 10 minutos y vuelve cuando
se va la policía. Luego, más enfurecido que antes, patea la puerta. Si logra
derribarla, los golpes y el derrotero judicial de la víctima arrancan de nuevo.
“Es una tremenda contradicción: el sistema genera violencia
y que a la vez es obligado a atenderla”, acierta Martorell. “Los sistemas no
están preparados. Por fin se entendió que la violencia no es una cosa privada
sino pública, pero al Estado, y sobre todo a la Justicia , le está
costando crear los instrumentos de atención. Es necesario generar procesos de
transformación de esta realidad tan cruda. Pero esto es a largo plazo, y
mientras tanto el padecimiento es enorme”.
Compromiso desigual
Los funcionarios y empleados de las áreas que se ocupan de
la violencia de género, como las agrupaciones que trabajan el tema, no tienen
días ni horarios. Son en su mayoría mujeres dispuestas a atender a sus pares
las 24 horas. Planifican, se capacitan, hacen lo propio con otros, luchan a
diario para sembrar las semillas de una cosecha que muy probablemente no vivan
para recoger.
Es en buena parte gracias a su compromiso que en los últimos
años hubo avances: la vigencia de esta problemática en la sociedad y en los
medios, la sanción de una ley nacional pertinente y la reciente adhesión de la Provincia , la
desnaturalización de la violencia doméstica por parte de las mujeres (y el
valor que están tomando para denunciarla) hablan en ese sentido. Pero aún hay
un gran desajuste entre este proceso de concientización y las respuestas
estatales. Porque esas áreas trabajan denodadamente, pero se ven arrolladas por
el día a día, que cada vez es más complejo, y que requiere del diseño de
políticas públicas. Por ejemplo, a través del diagnóstico serio que permitiría
la confección de una base datos y mediante la asignación de recursos propios.
La pregunta es si los estratos más altos del gobierno
provincial y municipal –los que tienen, en definitiva, la capacidad de
decisión– van a seguir utilizando la popularidad de esta problemática para la
foto o si están dispuestos a trascender los discursos para ponerse a la altura
de las circunstancias.
Publicada en Pausa #116, miércoles 26 de junio de 2013
martes, 9 de julio de 2013
Scouts, un juego muy serio
Cerca de 50 jóvenes y niños
de la zona que forman parte del movimiento scout dieron a conocer su
postura ante la violencia en las escuelas y su punto de vista ante la sociedad.
Por Marcela Perticarari
Un grupo de niños y jóvenes del distrito local de Scouts de
Argentina se juntó a debatir sobre sus sueños y la problemática de bullying en
las escuelas. El compromiso y la solidaridad son los pilares fundamentales del
movimiento que mueve a millones de personas en todo el mundo.
El sábado 8 de junio, cuatro días después de conocerse la
noticia de una maestra agredida por dos alumnos de la Escuela N º 14 Nicolás
Avellaneda –ubicada en barrio Roma–, el aire que se respiraba en los pasillos
del establecimiento era distinto y las sonrisas de un gran grupo de pibes
estaba a flor de piel: la escuela fue el sitio elegido para realizar el foro
anual del Distrito 4 (Zona 18) de Scouts de Argentina. Susana Álamo, directora
del distrito y Mónica Gamboa, asistente de comunicación, conversaron con Pausa
sobre el evento que se realizó bajo los lineamientos de los scouts a nivel
nacional.
El movimiento de scouts fue creado por el inglés Robert
Baden-Powell tras la
Segunda Guerra Mundial, como una actividad destinada a niños y
jóvenes entre 7 y 21 años. Su trabajo teórico, reflejado en 15 fascículos
denominados Escultismo para Muchachos, fue publicado en 1908. Los números
indican que el escultismo conforma el movimiento de educación no formal que
reúne al mayor número de jóvenes y niños en el mundo: 500 millones de personas
han gritado su “siempre listos”.
En Argentina, el movimiento llegó de la mano de los
trabajadores ferroviarios ingleses y comenzó a diseminarse en las parroquias
debido al interés que mostraron los sacerdotes. También se difundió en colegios
británicos, e inmediatamente se fueron abriendo grupos en colegios nacionales y
en otros lugares como cuarteles de bomberos y comisarías. Uno de los
precursores locales fue Francisco Pascasio Moreno, conocido en la posteridad
como Perito Moreno.
En 1909 ya se realizaban campamentos scouts en Morón,
Claypole, Gándara y en otras localidades de la provincia de Buenos Aires. En
abril de ese mismo año, Robert Baden-Powell visitó Argentina y grande fue su
sorpresa cuando a su arribo lo estaba esperando una patrulla de Lomas de
Zamora, precursora del actual grupo scout General Galo Lavalle de la localidad
de Banfield. En 1912, la
Asociación de Boy Scouts Argentinos se institucionalizó a
nivel nacional y, cinco años después, el presidente Hipólito Yrigoyen la
reconoció como institución nacional mediante decreto presidencial. Al cumplirse
los 100 años de tareas en nuestro país, el centenario de los scouts fue
celebrado bajo el lema “un mundo, una promesa”.
En Santa Fe, los primeros grupos scouts empezaron a formarse
hace 40 años y el pasado 12 de mayo se realizó la apertura distrital del año de
actividades, que convocó a casi 400 jóvenes en las instalaciones de La Redonda.
La misión del Movimiento Scout, a través de un sistema de valores
basados en la Promesa
y la Ley Scout ,
es contribuir a la educación de los jóvenes para que participen en la
construcción de un mundo mejor donde las personas se desarrollen plenamente y
jueguen un papel constructivo en la sociedad.
Según sus propios lineamientos, se logra “usando un método
específico que hace a cada individuo el principal agente en su desarrollo como
una persona que confía en sí misma, capaz de dar apoyo, responsable y
comprometida”. Los Scouts de Argentina señalan que “el reconocimiento se basa
en el prestigio de la acción educativa y su capacidad de aprender haciendo,
brindando igualdad de oportunidades con una propuesta inclusiva, dinámica,
participativa y atractiva para niños y jóvenes digna de ser apoyada por la
comunidad”.
300 almas siempre listas
En el Distrito Scout 4 (Zona 18) funcionan siete grupos que
desarrollan sus tareas en las parroquias santafesinas de San Pedro, Lourdes,
Fátima, María Auxiliadora, Monseñor Zazpe y Nuestra Señora del Rosario, sumado
a otro de la localidad de San Javier. También hay agrupaciones incipientes en
Monte Vera, Emilia y Laguna Paiva. En total suman cerca de 300 jóvenes. Por lo
general, las actividades se llevan a cabo los sábados por la tarde, a excepción
de los campamentos que se realizan en verano y duran una semana. Los
participantes trabajan en grupos mixtos y se dividen por edades: Lobatos y
Lobeznas (de 7 a 11 años), Unidad Scout (11 a 14), Comunidad Caminante (14 a
17) y Comunidad Rovers (17 a 21). La inclusión de chicos con capacidades diferentes
es un tema de vital importancia para los scouts.
“Somos parte de la educación no formal que apunta al respeto
como valor primordial. Proponemos ser cuidadores y defensores de la vida de la
familia, apostando siempre a formar jóvenes ciudadanos comprometidos y
responsables. Todo eso se realiza a través del juego. Por supuesto que a esto
no lo podemos hacer solos: nos acompaña la familia y el interés de cada chico,
ya que los adultos diseñamos distintas actividades junto a los participantes en
función de sus propias expectativas. Una de las bases también es el trabajo en
la naturaleza, pero cada vez nos está costando más porque es muy difícil
conseguir lugares que se adapten a nuestras necesidades”, detalló Susana Álamo.
A comienzos de junio, distintos grupos del Distrito 4 (Zona
18) de Scouts de Argentina debatieron sobre sus sueños y el bullying,
reflexiones que luego elevaron a un foro nacional.
La directora del Distrito Scout 4 señaló que los chicos se
acercan al movimiento invitados por sus propios amigos. “Y los padres, cuando
se enteran que hay un grupo de scouts cerca de su casa, también se arriman para
conocer lo que hacemos. Además realizamos campañas de difusión para sumar
gente”, amplió.
Los tópicos de debate durante los días 8 y 9 de junio fueron
propuestos por jóvenes de todo el país: los sueños de Scouts Argentina “que
sirven para crecer” y el fenómeno del bullying en los ámbitos escolares. “Nos
mandaron lineamientos y tenemos que ver si los chicos realmente se sienten
identificados con ellos”, agregó Susana Álamo. El primer paso del foro
consistió en el trabajo en grupos y luego se presentaron recomendaciones que se
elevaron a distintos niveles en el 12º Foro Nacional de Jóvenes realizado el
último fin de semana en Santa María de Punilla, provincia de Córdoba, del cual
participaron los delegados de nuestra zona. “Éstas son instancias muy buenas
que ayudan a los chicos a expresarse y a hacer valer su opinión”, destacaron
las guías.
Consultada sobre su propia experiencia, Susana Álamo aseveró
que “me acerqué al movimiento por mi hijo mayor y descubrí todo lo que se puede
brindar a los jóvenes, además de crecer yo misma como persona. No es cierto que
la juventud esté perdida: hay que saber encontrar sus intereses, de lo
contrario no estarían estos 50 chicos un sábado a la mañana debatiendo
distintas cuestiones como sus sueños y prácticas como el bullying. Ese es el
desafío que nos lleva a continuar en este voluntariado que se lleva a adelante
con un compromiso muy grande porque tenemos a los chicos en nuestras manos”.
—¿Cómo ves el presente y futuro del movimiento scout?
—Lamentablemente las múltiples obligaciones que tienen los
chicos hacen que algunos abandonen las actividades, pero como decimos siempre:
una vez scout, siempre scout. Últimamente se suman más chicos de la franja de
14 a 21 años, que corresponden al Grupo Caminantes. Ellos tienen una mayor
permanencia y compromiso en sus proyectos y gestos solidarios.
Hacerse visibles
Fiorella, Hugo, Mario, Lautaro, Paula, Juliana y Gabriela se
sentaron en ronda, mate de por medio, para debatir sobre sus sueños como
scouts.
“Queremos hacernos visibles a la comunidad a través de
acciones y proyectos por fuera de nuestros grupos. Estamos discutiendo la forma
en que nos ve la sociedad ya que algunos chicos sufren el bullying porque no
conocen nuestro trabajo. Los medios nos suelen mostrar como jóvenes que ganan
medallas por ayudar a un anciano a cruzar la calle, pero la realidad es que
trabajamos duro para dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos”,
reflexionaron. Y agregaron: “Deseamos que cada vez más jóvenes y niños sigan nuestros
pasos para convertirse en mejores personas. Nosotros asumimos responsabilidades
y así nos preparamos para la adultez”.
—¿Les gustaría formar parte del movimiento después de los
21?
—Yo voy a seguir hasta los 50 o hasta que me muera porque
scout una vez, scout para siempre –reafirmó uno de los jóvenes–. Tenemos
principios fuertes que cumplir porque hacemos una promesa cuando ingresamos.
Publicada en Pausa #116, miércoles 26 de junio de 2013
lunes, 8 de julio de 2013
Diez años de Kusturica, el bar sin café
Una semana de festejos con cine, recitales en vivo y un gran cierre.
Por Marcelo Przylucki
Minutos después de las 21.00, el pasillo era caminado por gente que ingresaba y por las pre-pizzas de refuerzo, nadie salía. El bulevar, ahí nomás, estaba todo bajo luces naranjas, con sus autos y bocinas y todos esos ruidos que desde el bar no se escuchan. Naranja también es el cartel de Kusturica, que caminando por 25 alcancé a ver varias cuadras antes de llegar. Casi todas las reservas estaban agotadas; cada mesa, como la 12, tiene un servilletero, tarjetitas para completar y participar de sorteos y una petisa vela blanca cuya luz parece una redonda gota de fuego. Cuando me acomodo para hacer algunas anotaciones y preparar mi cuestionario, una moza morena me pregunta si tengo reserva, le pregunto por los dueños y, grito mediante, me deja en evidencia: debo acercarme y comenzar la charla sin nada preparado. Lucas Arch y Marilín Pérez están acomodados tomando un liso, picando un platito de pickles en una mesa para dos que está escondida en un rincón poco evidente, levantan la mirada, me saludan, me siento.
El 19 de junio de 2003, luego de un considerable tiempo de vaivenes e incertidumbres a chorro del destino del otro bar que manejaban (nada menos que La Llave), Lucas y Marilín pudieron abrir el bar –temático- de cine que ya no podía contenerse más en su lista de anhelos. Su participación en el Cine Club, su afición por directores clásicos y contemporáneos (por caso, Fellini, Bergman, Woody Allen y el propio Kusturica) demandaba también, como requisito de adaptación, el suprimir la posibilidad del baile: mesas y sillas, solamente. Y con total convicción, esperaban a que la gente del palo se cope y vaya. Y así fue, de modo que de miércoles a domingo trabajaban con tal intensidad, que tuvieron que agregar un día y el “bar sin café” -como lo llama Lucas– abre desde los martes. Un ciclo de ferias que se sostuvo cuatro temporadas, proyecciones y música en vivo, son las que encontraban su lugar en calle 25 de mayo 3552 y sólo allí, antes de que los demás bares se animaran a abrir sus espacios a otro tipo de actividades más allá de tirar un liso y pasar un disco de Sumo. Y con paciencia se fue acomodando el lugar, el lugar ambientado con los afiches de cine (“no hay ninguno al azar, todos están porque los elegimos”, se jacta Marilín) y manteniendo la concurrencia de la gente a la que le agradaba anexarse a la mística del espacio.
Hace poco más de un año, recordemos, el propio Emir Kusturica asistió al lugar que lleva su apellido. Agitando contactos, recorriendo hoteles con gente que sepa hablar inglés (el serbio estaría un poco más áspero) y con todos los artilugios posibles, se logró atraer al director y músico a que conociera el lugar (el único, aseguran desde su círculo íntimo) que se nombra igual que él, en homenaje a él. También fueron sus músicos (el agasajado vino a Santa Fe a presentarse con su banda, la No Smoking Orchestra), personajes que liquidaban una cerveza en lo que dura caminar el pasillo hasta el patio. Sin dificultades remarcables y con una onda sostenida se llegó a cumplir la primera década, con el tiempo de festejo correspondiente y que, obviamente, no cabría en una sola fecha: entonces se pensó en la Semana Kusturica. Seis noches (las seis que el bar abre normalmente) de aniversario en que se programarían actividades propias de estos tipos de celebraciones: promociones, sorteos, conciertos… pero también algo especial, pues de parte del director de Underground, llegó un paquete especial con un material fílmico de circulación bastante exclusiva: Tiempo de gitanos, Ópera punk. El material se proyectó el martes (programado para las 19 de ese día, el envío con el film llegó a las 18.00 vía Salif Keita, un cantante pop africano albino –esto es cierto- que se presentó en Buenos Aires esa misma semana) y el sábado. El jueves, como evento destacable, se pasaron cortos de Georges Méliès, musicalizados por el piano de Aparicio Alfaro.
La charla termina y me acomodo en una mesa vecina a la espera del último show de la semana, el del domingo. Serpientes de papel crepé multicolor atraviesan el espacio aéreo del interior del bar, pequeñas lámparas de pared irradian una tibia luz entre avisos de películas de Bertolucci y Tarantino, Spinetta combina con el ambiente en el que está sonando. El broche de las celebraciones se anunció para las 21.00, se retrasó 59 minutos. Pisando las diez de la noche un muchacho barbudo alzó la Telecaster, cuyo clavijero reposaba en la pared, se sentó bajo uno de los focos de colores que estaban colgados allí y, custodiado por los afiches de las películas, soltó el primer acople (y el único) y el primer Mi mayor.
Recorriendo un repertorio rocker, juguetón además, entre blues y algún destello country, José Giuranacci tocó instrumentales, Bob Dylan, temas propios y hasta algo de Soda Stereo. Poco antes de completar la hora de actuación, Giuranacci hizo un bis, refrigerio y vuelta, esta vez con Mercedes “Mechi” Femenia, que meneaba el cuello en cada introducción, como tomando envión de aire para la fuerza de su cruda voz, que alcanzó el clímax durante la interpretación de “U don’t love me/Stepping razor” (The Kills), el último de la velada, y de la Semana Kusturica.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
Por Marcelo Przylucki
Minutos después de las 21.00, el pasillo era caminado por gente que ingresaba y por las pre-pizzas de refuerzo, nadie salía. El bulevar, ahí nomás, estaba todo bajo luces naranjas, con sus autos y bocinas y todos esos ruidos que desde el bar no se escuchan. Naranja también es el cartel de Kusturica, que caminando por 25 alcancé a ver varias cuadras antes de llegar. Casi todas las reservas estaban agotadas; cada mesa, como la 12, tiene un servilletero, tarjetitas para completar y participar de sorteos y una petisa vela blanca cuya luz parece una redonda gota de fuego. Cuando me acomodo para hacer algunas anotaciones y preparar mi cuestionario, una moza morena me pregunta si tengo reserva, le pregunto por los dueños y, grito mediante, me deja en evidencia: debo acercarme y comenzar la charla sin nada preparado. Lucas Arch y Marilín Pérez están acomodados tomando un liso, picando un platito de pickles en una mesa para dos que está escondida en un rincón poco evidente, levantan la mirada, me saludan, me siento.
José Giuranacci en vivo. Foto: Olivia Gutiérrez
El 19 de junio de 2003, luego de un considerable tiempo de vaivenes e incertidumbres a chorro del destino del otro bar que manejaban (nada menos que La Llave), Lucas y Marilín pudieron abrir el bar –temático- de cine que ya no podía contenerse más en su lista de anhelos. Su participación en el Cine Club, su afición por directores clásicos y contemporáneos (por caso, Fellini, Bergman, Woody Allen y el propio Kusturica) demandaba también, como requisito de adaptación, el suprimir la posibilidad del baile: mesas y sillas, solamente. Y con total convicción, esperaban a que la gente del palo se cope y vaya. Y así fue, de modo que de miércoles a domingo trabajaban con tal intensidad, que tuvieron que agregar un día y el “bar sin café” -como lo llama Lucas– abre desde los martes. Un ciclo de ferias que se sostuvo cuatro temporadas, proyecciones y música en vivo, son las que encontraban su lugar en calle 25 de mayo 3552 y sólo allí, antes de que los demás bares se animaran a abrir sus espacios a otro tipo de actividades más allá de tirar un liso y pasar un disco de Sumo. Y con paciencia se fue acomodando el lugar, el lugar ambientado con los afiches de cine (“no hay ninguno al azar, todos están porque los elegimos”, se jacta Marilín) y manteniendo la concurrencia de la gente a la que le agradaba anexarse a la mística del espacio.
Hace poco más de un año, recordemos, el propio Emir Kusturica asistió al lugar que lleva su apellido. Agitando contactos, recorriendo hoteles con gente que sepa hablar inglés (el serbio estaría un poco más áspero) y con todos los artilugios posibles, se logró atraer al director y músico a que conociera el lugar (el único, aseguran desde su círculo íntimo) que se nombra igual que él, en homenaje a él. También fueron sus músicos (el agasajado vino a Santa Fe a presentarse con su banda, la No Smoking Orchestra), personajes que liquidaban una cerveza en lo que dura caminar el pasillo hasta el patio. Sin dificultades remarcables y con una onda sostenida se llegó a cumplir la primera década, con el tiempo de festejo correspondiente y que, obviamente, no cabría en una sola fecha: entonces se pensó en la Semana Kusturica. Seis noches (las seis que el bar abre normalmente) de aniversario en que se programarían actividades propias de estos tipos de celebraciones: promociones, sorteos, conciertos… pero también algo especial, pues de parte del director de Underground, llegó un paquete especial con un material fílmico de circulación bastante exclusiva: Tiempo de gitanos, Ópera punk. El material se proyectó el martes (programado para las 19 de ese día, el envío con el film llegó a las 18.00 vía Salif Keita, un cantante pop africano albino –esto es cierto- que se presentó en Buenos Aires esa misma semana) y el sábado. El jueves, como evento destacable, se pasaron cortos de Georges Méliès, musicalizados por el piano de Aparicio Alfaro.
La charla termina y me acomodo en una mesa vecina a la espera del último show de la semana, el del domingo. Serpientes de papel crepé multicolor atraviesan el espacio aéreo del interior del bar, pequeñas lámparas de pared irradian una tibia luz entre avisos de películas de Bertolucci y Tarantino, Spinetta combina con el ambiente en el que está sonando. El broche de las celebraciones se anunció para las 21.00, se retrasó 59 minutos. Pisando las diez de la noche un muchacho barbudo alzó la Telecaster, cuyo clavijero reposaba en la pared, se sentó bajo uno de los focos de colores que estaban colgados allí y, custodiado por los afiches de las películas, soltó el primer acople (y el único) y el primer Mi mayor.
Mechi Femenia y su voz super punk. Foto: Olivia Gutiérrez.
Recorriendo un repertorio rocker, juguetón además, entre blues y algún destello country, José Giuranacci tocó instrumentales, Bob Dylan, temas propios y hasta algo de Soda Stereo. Poco antes de completar la hora de actuación, Giuranacci hizo un bis, refrigerio y vuelta, esta vez con Mercedes “Mechi” Femenia, que meneaba el cuello en cada introducción, como tomando envión de aire para la fuerza de su cruda voz, que alcanzó el clímax durante la interpretación de “U don’t love me/Stepping razor” (The Kills), el último de la velada, y de la Semana Kusturica.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
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