jueves, 19 de diciembre de 2013

La juventud vista por Pablo Marchetti

El fundador y ex director de la revista Barcelona pasó por Santa Fe; su posición sobre la participación, los medios de comunicación, la militancia y el discurso de la inseguridad.

Por Marcela Perticarari

Se denomina a sí mismo como “ex joven”, es reconocido por haber fundado en 2001 la revista Barcelona y haberse ido de su dirección por motivos personales. Pero Pablo Marchetti sigue su camino: de lunes a viernes conduce el programa radial Hoy lloré canción, es columnista de la Revista Mu y del diario Perfil, escribe un blog, publicó un libro de poemas y canta en Conjunto Falopa. Hace poco le preguntaron cómo hacía para abarcar tanto y contestó: “Se puede, porque tampoco es que soy físico nuclear, neurocirujano y contador público. Todo lo que hago está vinculado con la palabra y creo que en ese sentido la poesía puede ser un eje de síntesis como dimensión musical y gráfica de la palabra”.
Marchetti lanzó una gran cantidad de consignas para los jóvenes interesados en la política.

En octubre, Marchetti visitó Santa Fe en el marco del 6ta. Conferencia Provincial de Políticas de Juventudes. Ante una concurrida platea, se preguntó “si estamos dispuestos a tolerar la juventud a cualquier costo” y replanteó la postura que indica que ser joven tiene que ver simplemente con la edad. “Como contrapartida a León Ferrari, que era un viejo punk, tenemos muchos políticos jóvenes que en algún momento hablaron de narcosocialismo y, después del atentado al gobernador Antonio Bonfatti, estos mismos jóvenes no dijeron nada ni votaron a favor de la ley de voto joven. Está bueno dejar esas cosas sentadas en la historia más allá de las coyunturas. Escuchamos chicanas de jóvenes que en realidad son viejos chotos que no deberían interponerse en la historia”.

El valor de la participación
Durante la charla que brindó ante pibes de toda la provincia, Pablo Marchetti afirmó: “Me sigo preguntando dónde está realmente la juventud y qué implica; es una cuestión de vigor que se vincula con lo nuevo y cómo se construye esto que queremos que sea nuevo, que implique mayor justicia y menos desigualdad: participando. Suena a cliché pero la participación es real: si no me meto, otro va a ocupar ese lugar aportando más a que las cosas se queden como están. Todos los cambios sociales se logran en la calle, movilizándose. Hay varias formas de participar, por un lado está la más institucional que tiene que ver con la militancia en partidos políticos porque es a través de ellos donde se llega a los lugares de gobierno. A veces este término está mal visto por ciertos sectores de la sociedad, porque también hay un discurso muy jodido que ensalza la militancia y nos hace creer que se trata de conseguir rápido un puesto en el Estado. Y la militancia es algo muy sacrificado, tiene cosas que no van a marcar un cambio de un día para el otro. Pero hay otras formas de participar e involucrarse para hacer de este lugar donde vivimos algo más saludable para todos”.
“Laburé siempre en los medios y es el lugar más cercano donde siento que puedo aportar algo para cambiar estas cosas que no nos gustan, aunque es complicado porque si como periodista digo que voy a  cambiar el mundo soy un pelotudo. No voy a cambiar nada desde lo discursivo, pero si no me planteo hacer algo para cambiar y me ato al discurso del periodismo independiente, impoluto, como fin en sí mismo, me parece una postura muy hipócrita. Si le hablo a alguien es porque estoy tratando de cambiar las cosas desde algún lugar. Creo que ahí se juega algo importante para cambiar las cosas.
“Pienso en la palabra inseguridad, ejemplificó Marchetti: “se habla de inseguridad cuando roban una cartera en el centro, pero no cuando la cana recluta pibes de la villa para salir a hacer caja. Cuando un pibe se niega, lo hacen desaparecer, como a Luciano Arruga, uno de los tantos desaparecidos en democracia. Así, el concepto de inseguridad se instala desde la derecha. Y desde el discurso progresista, se instaló la idea de que el término Derechos Humanos se utiliza para hablar de los crímenes cometidos por el Estado hace 35 años, y no de casos como el de Arruga o de la muerte de pibes Qom”.
Según Pablo Marchetti, este planteo quedó plasmado en su momento “en una sátira periodística llamada Barcelona, que apareció en un momento donde el discurso hegemónico era llevado adelante por el diario Clarín. Hoy el contexto es bien distinto porque el gobierno se plantó en guerra contra Clarín y curiosamente reproduce las mismas mañas, el mismo discurso choto y viejo. Es como una guerra de dos discursos similares en lo formal pero, en el fondo, forma y contenido van siempre en una misma dirección. Frente a eso está bueno preguntarse y cuestionarse absolutamente todo”.
Sobre qué es la juventud para los medios, el fundador de Barcelona definió: “Si uno piensa en cómo fueron retratados los jóvenes durante los últimos años, podemos decir primero que volvieron a la militancia en una necesidad de rescatar la historia de los años 70, todo de acuerdo al relato que los medios nos contaron sobre los jóvenes y sus valores. Rápidamente pasaron de la militancia a emborracharse en la puerta de los bailes y cagarse a trompadas. O sea que pasamos de ‘6,7,8’ a ‘Policías en acción’. Después del velorio de Néstor Kirchner los jóvenes volvieron a militar y pasaron a filmarse teniendo sexo oral, luego volvieron a la militancia con la toma de colegios. ¿Y en qué quedamos? ¿Dónde está la juventud? Todo bien con la participación, pero la mayor participación se da en que la juventud es un gran nicho de mercado y entonces hay una necesidad de crear estereotipos. Entonces, cuando alguien habla de la juventud, yo desconfío”.
“Tranquilos, que más allá de los atentados, de las mafias, de los sicarios, del narcotráfico, de la pobreza, de la miseria, de la desigualdad, de la discriminación, de las injusticias, del machismo, de la falta de oportunidades, la democracia es el mejor sistema que tenemos y hay que cuidarlo, porque sino vienen cosas jodidas... ”, lanzó ante las sonrisas del público.

Dar vuelta un oficio
En un mano a mano con Pausa, Pablo Marchetti habló sobre los medios periodísticos emergentes: “Se puede empezar por hacer lo que uno sienta, lo que tenga ganas. Es muy sencillo y muy básico, casi de autoayuda porque creo que el deseo es todo en la vida, y en el periodismo es fundamental seguir eso aunque es complicado. El deber ser y el discurso dominante indican que hay formas en que se hacen las cosas bien y que el deseo es algo que tiene que ver con un hobby y no con poder vivir de eso. Uno vive independientemente de cuál sea el sustento económico aunque es poco operativo lo que digo”. Y sentenció: “A las ganas y al deseo hay que acompañarlos de un profundo rigor periodístico y un compromiso muy profundo con este oficio que elegimos, que está absolutamente vapuleado y condicionado por una especie de guerra que me parece absolutamente absurda. Estamos ante el fin de una forma de concebir el periodismo que se está peleando por poner lo mismo. No veo que el antiguo paradigma que representaba Clarín se quiera reemplazar por la gente que supuestamente viene a combatir esto y hacer algo nuevo. Entonces hay que salir de esa disyuntiva”.
—Fundaste la Barcelona y ahora escribís para Perfil, además sos panelista de TV. ¿Cómo transitás ese cambio en tu carrera?
—Evidentemente no estoy en el mismo lugar de alguien que empieza como columnista en Perfil. No soy un obrero: soy un tipo al que llaman y saben que opino libremente. Perfil es el más chico de los grandes, es un medio bastardo y, como tal, paga así: muy mal. Tengo la libertad de escribir lo que se me canta en un medio que labura de ser opositor al gobierno que sea, su negocio es ése. No vive de la pauta oficial, además su negocio es vender humo permanentemente. Es oportunista pero es un medio que vive de ser medio, tiene columnas de Quintín y Artemio López, y ningún otro medio tiene esa pluralidad de visiones.
En línea con su discurso sobre la juventud, concluyó que “desde mi lugar no quiero dejar de sentir que quiero cambiar el discurso hegemónico. Quiero ser cuidadoso y sacarle esa connotación que se le está dando al término. Hay hegemonía del discurso desde varios lugares, supuestamente antagónicos, pero hay que salir de ese discurso y pensar que las cosas se pueden cambiar, no resignarnos y tampoco ser tan pelotudos de pensar que desde acá vamos a cambiar algo. Si realmente pensara eso, sería un egocéntrico que le da un lugar al periodismo que realmente no tiene”.


Publicada en Pausa #127, miércoles 4 de diciembre de 2013

1 comentario:

PabloB dijo...
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