lunes, 14 de septiembre de 2015

Vejiga

Médula, por Fernando Callero

El adiestramiento de la vejiga neurogénica es muy traumático. Por empezar, el estudio urodinámico para su diagnóstico consiste en reproducir de manera artificial el llenado de la vejiga, su alerta y consiguiente descarga con los esfínteres interno y externo en sincronía. El procedimiento no tiene nada de natural. Se insertan dos sondas por el conducto del pene, una para el llenado, otra para medir la presión, y una de mayor diámetro en el ano, también para la presión. Comienza el llenado abriendo un sachet de suero y todas las reacciones, centímetros cúbicos, presión, etc, van siendo mapeados por computadora. El paciente está sentado en un inodoro plástico frente a los médicos.
Avise cuando sienta ganas de orinar.
En el monitor corren un par de gráficos similares a los de un programa para grabar audio.
¡Ahora!
Cm3: tanto.
Presión: tanto (altísima)
Descarga: cero.
Vuelta a usar la sonda con una bolsita colgando. Lo que se dice, un lastre escatológico expuesto a la vista de los pares que ya no la usan, o frente a los familiares que vienen de visita y pasean su salud por los pasillos con desfachatez.
Señor, se le enredó la bolsita.
Gracias.
Mire, la bolsita se pinchó y va dejando una estela por el pasillo.
Gracias.
El estado de necesidad requiere de una humildad que al tiempo resulta humillante.
¿Le abro la puerta?
Yo puedo. Muchas gracias.
Todo expuesto, dado vuelta como una media. Un orden nuevo de la intimidad.
No hay drama. Todo se naturaliza. La humillación va cediendo. El hombre es esencialmente mutante, no nos damos una idea de todas las maneras en que podríamos vivir y sostener un vínculo decente, cualquier frontera o código genera una sociedad. Pienso en las cosas horribles que sostenemos por miedo a que todo se desmorone. ¡Las torres! ¡Las torres! ¡Horror! Creo que sólo hay que animarse. Yo destruiría el dinero, ¿y usted?
Pero ahora que lo pienso, sin dinero el capital se volvería menos metafórico. La esclavitud, esas cosas... Deliro. Tengo miedo.
Pero estábamos con el desorden de la vejiga. Si la prueba es superada, el paciente feliz descargará en el papagallo o acompañado de lo segundo cuando lo pasan al inodoro. Pasar es una palabra clave. Los camilleros lo pasan a uno en bloque de la silla a la cama y de la cama a la silla; de la cama a la silla y de la silla al inodoro y después lo mismo en el orden contrario. Es decir, uno pasa por varios pasajes durante el día. Como un niño o una niña pasa su muñeco o su animalito de felpa practicando la solidaridad.
Es un oficio pago este de los pasajes. Los encargados, todos jóvenes del pueblo, para prevenir desgarros, llevan su faja de varillas reglamentaria en la cintura.
Si la recuperación de la vejiga es parcial, el urólogo indica a las enfermeras entrenar a los pacientes en una práctica invasiva llamada cateterismo. Cada 4 horas y con ayuda de un equipo complejo, el hombre deberá introducir en la uretra una sonda de 1 cm de diámetro untada de xilocaína hasta llegar al depósito de líquido y vertir, como quien roba combustible de un automóvil, la carga dentro del papagallo. La sensación de alivio es instantánea y el hombre recupera cierto grado de felicidad. Lo mismo se practica en las mujeres, solo que no sé bien los detalles. Lo voy a consultar con Sofi.
Acompañan el proceso una serie de drogas para relajar la vejiga, desinflamar la próstata y disminuir la producción de orina durante la noche, la misma que  indican a los niños que se hacen en la cama. Toda la reeducación se desarrolla en estos términos infantiles, es por eso que genera angustia en los adultos que confiaban ya haber superado estos pormenores de la cultura y de la higiene.
Después de la prueba vuelvo a la pieza. Es todo un tema con Julito, mi compañero de la pieza 5. No habla, no mueve más que una mano, abre y cierra los ojos, azules, perdidos en una dimensión x. Come a través de un botón gástrico por dónde le suministran unas sustancias en sachets colgados, suero y leche. Cuando termina, la bomba hace un pitido como el de los camiones o las máquinas que marchan en reversa. Como está traqueotomizado, y le falta un costado del cráneo, todo el tiempo acumula catarro y cada tanto lo expulsa produciendo un vahído espeluznante. Igual ya me acostumbré, el problema es cuando le viene el moco en plena madrugada y empieza a surtir por la traqueo como una ballena. Julito, la ballena, le puse. No me deja dormir y encima me interrumpe los sueños, única fuente de aventuras que me queda para escribir. Julito es de River, así que vimos el clásico. Ganó Boca uno a cero. Antes de terminar mi compañero ya estaba dormido. Lo poco que sé de él es que se llevó puesto un camión yendo por la ruta en la moto de su hijo, que jamás aparece a verlo. Tampoco su mujer. Sólo sus hermanos vienen de Carcarañá y lo sacan a pasear en silla por el parque. El único placer que puede darse es chupar un chupetín que religiosamente le trae la hermana. Después, todo es estarse quieto, parpadear y expulsar su catarro.

Publicada en Pausa #161, miércoles 9 de septiembre de 2015
Pedí tu ejemplar en estos kioscos

Foto: Héctor Bruschini

No hay comentarios: