domingo, 3 de mayo de 2015

Paradero

La calle, por José Luis Pagés

En el centro de la escena, ella, con el corazón traspasado por el dolor de no saber en qué rincón del Ministerio perdió a su amado Alberto. El jefe, el Segundo, tres escribientes, siete técnicos informáticos, la encargada de personal y también el ordenanza, formaban el público que rodeaba el escenario mientras ella bebía el agua de un vaso que sus manos sostenían temblorosamente. De pronto el mismísmo ministro escoltado por dos agentes de policía se sumó al cuadro. “¿Cuándo lo vio la última vez?”, preguntó uno de estos. “El miércoles, antes del fin de semana largo. Lo busqué hasta el cansancio y solo me fui después de haber subido y bajado diez veces por ascensor y escalera. Revisé todos los rincones y no dejé nada por preguntar a todos los que crucé en el camino” –dijo y agregó– “Me fui pensando que hoy lo vería otra vez.” “¿De quién estamos hablando?”, “Mi prometido”, dijo ella. “Se sentaba ahí, pero ya ve, la silla está vacía” El Ministro miró al Jefe buscando una explicación… La encargada de personal, sin que nadie lo preguntara, sumó para desconcierto de todos los presentes que “Ahí no se sentaba nadie, desde que se jubiló Don Cosme”. “No mienta”, gritó ella, “Para usted Alberto era invisible, como usted era para él”. Hizo un puchero y anunció, “Nos íbamos a casar”. “Es verdad que ahí no se sentaba nadie”, sopló el ordenanza al oído del jefe. Ella pareció adivinar el comentario y aportó una prueba. “Ahí dejó olvidado su paraguas ¡Oh, mi Alberto!” “¿Este es su sello?”, preguntó el Segundo “¿Alberto Gómez, encargado de despacho?” “¡Sí!”, se entusiasmó ella. “Existen numerosos expedientes que salen de acá con el sello y la firma de Alberto Gómez”, admitió el funcionario. “No tengo registrado a nadie con ese nombre”, se atajó la Jefa de Personal. “Ha desaparecido alguien de existencia dudosa, ¿cómo era?” preguntó el Fiscal que había ingresado sin ser advertido. “Cabello crespo, piel blanca, ojos negros…, ¡amoroso!”, “¿Sabe donde vive?”, “No, dijo ella, nos veíamos acá o en el ascensor” “Bien”, dijo el fiscal dirigiéndose a uno de los policías. “Escriba: Alberto Gómez, su paradero. Piel blanca, ojos negros, demás datos se desconocen. Y para examinar lleve sello y paraguas. También a esta mujer, incomunicada, hasta que diga lo que sabe”. Ella pareció desfallecer. El Ministro dio media vuelta, dijo “¡Habrase visto!” y se retiró seguido de cerca por el Jefe, el Segundo y la encargada de personal, con la cabeza gacha.

Publicada en Pausa #152, miércoles 22 de abril de 2015.
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