viernes, 1 de agosto de 2014

Economía para los derechos humanos

Un especialista en empresas recuperadas cuestiona la generación de riquezas materiales como único objetivo económico. Fabricar con calidad e integrarse en el territorio, las claves.


Las principales problemáticas y desafíos entre participación y derechos, bajo una conceptualización que afirma que “la economía es social”, fueron algunos de los temas abordados por el calabrés Francesco Vigliarolo durante una conferencia que se desarrolló en el auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNL.
El especialista calabrés Francesco Vigliarolo hace una crítica del paradigma positivista en la economía, rescatando las prácticas solidarias. Foto: Pablo Bertoldi

Licenciado en Ciencias Políticas con especialización en Sociología de la Università degli Studi di Messina y Master Universitario en Desarrollo Sustentable de la Arquitectura de la Universidad de Roma Tre, Vigliarolo es candidato a doctor en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires y su tesis se titula “Las respuestas sociales a las crisis financieras en un contexto de positivismo económico. Desde el caso Argentina 2001 hacia la construcción de una fenomenología socioeconómica”. También se desempeña como profesor titular de las cátedras de Economía regional y Economía Social y Solidaria de la Universidad Nacional General San Martín. Desarrollo territorial autosustentable, derechos humanos, economía social y crisis financieras son cuestiones fuertes de su trabajo tanto en Argentina como en su país natal.
Durante la conferencia en nuestra ciudad, señaló que el principal problema de la economía actual es la pérdida de la función social, un defecto que se introdujo a través del positivismo de las ciencias económicas.
En este sentido, afirmó que “es interesante tratar el debate económico dentro de una dimensión social y romper algunos paradigmas desde adentro de los modelos. El problema de la económica clásica es que los hombres, al compartir un mismo territorio y un horizonte, están obligados a cuestionar los problemas que lo ligan a la economía actual”.
La charla, que contó con una numerosa presencia de estudiantes y docentes de distintas carreras, también navegó por los interrogantes que enfrentó históricamente a los modelos de acumulación. “Las economías han relegado la función solidaria y social que las caracterizó en otros períodos del tiempo, y este hecho está marcado por una inflexión con la afirmación de los paradigmas clásicos, donde el principal objetivo es la maximización de la ganancia”, dijo el calabrés.

Crear conciencia social
Durante la década del 90, Francesco Vigliarolo estuvo en Uruguay y Bolivia analizando diversos procesos de empresas recuperadas. En 2003 se instaló en Argentina. “Tengo un gran amor hacia este país y me interesaba estudiar las respuestas sociales a las crisis financieras, pero como crisis de relaciones sociales y no sólo de sistemas”, contó a Pausa. En este sentido, insistió en que “el debate sobre la economía social tiene que abordarse desde adentro, no debe verse como una economía de segundo nivel o como la economía de los buenos. Tenemos que empezar a conversar con los modelos y no aislarnos como si fuéramos los mejores. En mi tesis de doctorado estoy trabajando bajo el enfoque fenomenológico, donde planteo que detrás de la economía hay una conciencia social que la define”.
El especialista apuntó al gran detractor de la economía actual: “quedó todo en una economía positivista, no de sistemas que trabajan por sí mismos, como si pudieran funcionar sin la dimensión humana. Creo que las relaciones sociales son las que empujan a las crisis financieras, las que crean el quiebre de los sistemas nominales, porque son valores que no existen”. Y contó que “trabajé en un programa que se llama Socialización y democratización económica, basado en conceptos que se elaboran a partir de la investigación, de la incorporación de valores relacionales a través de los cuales nos relacionamos a nivel sociedad pero también a nivel económico. Se crea una economía intersubjetiva no solamente por intereses sino también por identidad. Es decir que en este enfoque funciona la identidad: me conozco a través de las relaciones con otro, es parte de mi ser social, y eso se transfiere a la economía a través de los procesos de valores sociales”.
“La economía no se tiene que enfocar en producir riqueza material sino derechos; a veces se pierde de vista lo que crea una acción económica y los derechos humanos son una clave de lectura para analizar dónde estamos yendo, si es que consideramos importante los derechos en cuanto a la formación de la identidad. Entonces, la economía es un instrumento que debe permitir a los pueblos autoidentificarse, no puede tratarse como algo distinto de la democracia. Si tenemos en cuenta que el único lugar dentro de la democracia que es no democrático es el lugar económico, entonces hay una reflexión sobre las prioridades: ¿es más importante la política y la democracia o la economía no democrática? Tenemos que decidir, y eso me llevó a ocuparme de la economía de los humanos. Hoy, lo económico tiene que garantizar, promover o promocionar los derechos humanos”, añadió Vigliarolo.
–¿Y qué está ocurriendo en Europa?
–Estamos pasando una crisis de paradigma mundial, no se ve otro horizonte cultural aparte del neoliberalismo, con millones de intenciones individuales sin ninguna regulación pública, sin sentido comunitario. La pérdida de la economía es la pérdida de la función social, esto no significa que no se puede conjugar con las libertades individuales, pero las personas tienen que relacionarse y crear identidad social. En Italia, al igual que en Argentina, vivimos bajo un paradigma neoliberal muy fuerte que llevó a este país a un quiebre hace más de diez años. En Europa la gente todavía no se da cuenta de la necesidad de buscar un paradigma cultural distinto, otra manera de hacer economía, ver si hay un proceso de construcción de identidad o solamente un libre mercado: esa es la pregunta fundamental. El hombre europeo de los países industrializados que aparece en la crisis intenta convertir la economía en simples mercancías y ese es el problema principal: perdimos el rumbo y no somos capaces de retomarlo.
Consultado por las diferencias que encuentra entre las diversas crisis socioeconómicas latinoamericanas y la europea, Francesco Vigliarolo afirmó: “los cambios en Europa son más largos y dificultosos porque hay más estructura y sociedades estancas con dos mil años de historia. En América Latina hay mucho dinamismo, pero lo negativo de eso es que sedimenta los derechos creando inestabilidad. De todos modos, Latinoamérica rompió con la estructura de formalismo neoliberal, todavía se encuentra al hombre; y en Italia sólo se encuentra un estatus. Hasta que no se vuelva a entender cuáles son las necesidades es difícil cambiar el paradigma”.

Empresas recuperadas
En 2011, Francesco Vigliarolo publicó un libro basado en sus investigaciones sobre empresas recuperadas en Italia, al que calificó como “un eventual proceso de socialización económica con un enfoque territorial como respuesta a las crisis financieras”.
Si bien dijo conocer poco sobre las experiencias locales, trabaja en consultoría y capacitación para empresas recuperadas de la provincia de Buenos Aires. “En general son procesos que van acompañados de potenciales cambios de paradigma cultural, donde se pone la fuerza de trabajo en el centro de la acción económica, cosa que se había perdido con el aplastamiento de los valores financieros. La fuerza de trabajo también tiene que ser productiva en el buen sentido: tiene que dar respuestas, producir bienes funcionales al ser humano. Y si se compite sólo con fines comerciales, ahí tiene problemas”, analizó el especialista.
“El desafío es ganarse la estabilidad produciendo bienes que sean funcionales a la vida social. Cuando una cooperativa o empresa recuperada está integrada en un territorio y logra producir con calidad, es sustentable. Cuando no lo hace, se convierte en la competidora del mercado capitalista, empieza a perder porque tiene otras fallas, o pierde porque sigue ciclos que son comerciales, que no son reales ni funcionales a la vida”, agregó.
Interpelado sobre lo que sigue para este tipo de emprendimientos, consideró que “algunos tienen futuro si son capaces de renovarse continuamente, creando relaciones territoriales y no de mercado solamente. Así, se convierten en un actor fundamental de la creación de la identidad social y en ese sentido tienen un gran futuro. Pero si se transforma en un actor más del mercado, el futuro depende de muchas variables y no se puede esconder el riesgo de que la fagociten las grandes empresas. Pueden durar si son capaces de integrarse lo más que puedan en el territorio, ser un actor del desarrollo local y no del mercado, diversificando servicios y no sólo producción, pudiendo leer el mundo y abrirse, dando respuestas que sean diferentes en esta ósmosis continua entre territorio y empresa”, finalizó.

En Pausa #138, miércoles 30 de julio de 2014. Conseguilo en estos kioscos.

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