lunes, 5 de agosto de 2013

La creciente y sus evacuados

Ya pasó el pico del Paraná: 88 refugiados en módulos habitacionales y una gran polémica por la relación entre el Estado municipal y las organizaciones territoriales.

Por Juan Pascual

La foto de la ciudad hundida en los ríos nos acosa. Imaginamos con precisión: el agua avanza por las calles, llega a la casa, entra a la casa, sube en su nivel y tapa, silenciosa e impasible, los muebles, las ventanas, los dinteles, las historias. Las fantasías apocalípticas de los santafesinos están pobladas de detalles concretospor las experiencias vividas y las vidas arrasadas.
En la mañana del 26 de junio el ingeniero Juan Borús, encargado de Modelación y Pronóstico Hidrológico del Instituto Nacional del Agua (INA), auguró: “El nivel del río va a pasar los 6 metros en Santa Fe a mediados de julio”. La altura de evacuación, por protocolo, es de 5,70 metros. Desde Yaciretá se advertía que los embalses estaban a tope y que no podían amortiguar el avance: en el este de Paraguay y el sur de Brasil habían caído de golpe más de 300 milímetros de lluvia. Una ola de río marchaba hacia el sur. Las redes sociales y los medios repetían un Iguazú desbocado y cinematográfico, que duplicó nivel en menos de una semana, saltando por encima de las pasarelas del Parque Nacional.
Con celeridad, el Municipio declaró la emergencia hídrica al otro día. Para el 1º de julio el Concejo lo autorizó a efectuar erogaciones sin licitación, hasta el 1 de septiembre, bajo el amparo de la emergencia. El 2 de julio las cuadrillas  municipales marcharon a la vera de la ruta 168, en la franja verde que se abre entre el riacho Santa Fe y el asfalto que lleva a los boliches, y comenzaron a construir los módulos habitacionales para la evacuación. Según el subsecretario de Acción Social del Municipio, Mariano Cejas, en ese momento se proyectaba evacuar a 150 familias.
Los pronósticos posteriores redujeron la escala. El 8 de julio, el INA informó un máximo de 5,40 metros para el 26 de julio; el 13 de julio bajó a 5,25; finalmente, el 28 de julio fue el pico de la creciente, 5,21 metros. 24 familias de la Vuelta del Paraguayo y una de Colastiné Sur fueron las directamente afectadas y todavía hoy se encuentran habitando los módulos habitacionales.

Ranchos versus módulos
Paredes de placas de madera de un centímetro y medio de grosor y techo de chapa, piso elevado de madera. Apenas hechos, poseían notables aberturas en la junta de las paredes y la chapa, que se fueron tapando con diferentes emparches cuando ya 13 familias los ocupaban. Sin embargo, por las juntas de las placas y por las puertas “pasa todo el frío, un montón de viento, por las hendijas que quedan. Tuvimos que tapar con papel de diario y con cinta. Porque hacía un frío bárbaro”.
—¿Pudieron dormir?
—Se nos complicó por el viento, que viene de este lado. Nos cansamos de pedir que cambien la puerta de lugar. Ahora ya acomodamos todas las cosas, así que ya está.
Quien habla es Graciela. La puerta de su módulo, y la de todos los de su hilera, da al riacho Santa Fe. La vista es agradable: está el curso de agua y el caserío, al resguardo en los ojos de sus propios dueños. La orientación es torpe: las puertas dan al sur, al viento.
Junto a ella está Rosalía. Sus maridos son pescadores, trabajan cerca del Paraná, a la altura de Desvío Arijón. “Lo único que pedíamos nosotros era el lugar para hacer los ranchos, tal cual nosotros siempre en todas las crecientes hicimos. Nuestros maridos cortan la madera, los hacemos con paja y chapa entre todos nosotros. Y nos dijeron que daba mal aspecto”, dice Rosalía.
“El tema es que daba mal aspecto. Ese es el problema”, completa Graciela. “Tienen órdenes las asistentes sociales de que no se puede hacer nada, aparte de esto. Incluso queremos hacer una galería o algo, para lavar la ropa y no tener frío, y nos dicen que no, que está prohibido. Ni siquiera poner un nylon. Por el aspecto”, repite.
Al principio, el espacio asignado para toda una familia y sus bienes era de 13 metros cuadrados. El reclamo de los evacuados y la disminución de la creciente permitieron que cada familia pudiera ocupar dos módulos o 26 metros cuadrados. En las divisorias, el problema de las hendiduras se torna un problema de intimidad.
Delante de su módulo, la familia Martínez toma mate y mira el sinfín de motores de la 168. La mujer en una reposera, tres chicos corriendo, una adolescente acomodando cosas y dos hombres estragados de alcohol, como invitados, escuchan a la jefa decir “No podemos construir nuestros ranchos, nos dijeron que hay que estar así para que no se vea el rancherío cuando pasa la gente”.
En la otra punta de la hilera de módulos están los Montenegro, que habían pasado la última noche todos juntos en la misma cama, por el frío. Él, ella, dos chicos y una anciana de rápida verba y con ganas de hacer chistes: “Para bañarse te atan de cogote y te tiran al río y te sacan. ¡Ja, ja, ja!”
—¿Y para bañarse?
—Pusieron una ducha eléctrica, pero hay que ir hasta allá –dice el hombre y apunta hacia las casetas de baños químicos que están cerca de los Martínez.

Por qué no
Desde el Municipio, Mariano Cejas explica que la prohibición de construir ranchos se debe a que en “experiencias anteriores, cuando no había plan de contingencia, se construían ranchos, o chozas, porque se hacían con palos y juncos de la isla, o con materiales de madera o metálicos que sacaban de sus casas, con lo cual también generaban instalaciones eléctricas muy precarias, de alto riesgo. Como el municipio es responsable de esta evacuación, preferimos nosotros mismos acondicionar estos módulos con las medidas de seguridad pertinentes”.
—¿Cómo se está atendiendo a los evacuados?
—En el caso particular de la Vuelta del Paraguayo y Colastiné Sur, que están fuera de los anillos de defensa, sabemos que no aceptan ir a algunos de los refugios que el municipio tiene porque no están cerca de sus casas, y prefieren quedarse cerca de sus viviendas. Con lo cual se hacen estos emplazamientos de módulos temporarios en las zonas de la ruta 168. Se los ayuda antes a trasladarse con todo. En algunos casos, como tienen trabajo y empleo pueden autosustentarse, sino el municipio los asiste con provisiones. Hay asistentes sociales y, además también lo que se hace es garantizar que los chicos no abandonen la escuela. Después del horario escolar van profesores de educación física  y promotores culturales para que se hagan actividades físicas y culturales. Hay un servicio de salud y la guardia de seguridad institucional con acompañamiento de la policía. Se brinda agua potable y baños químicos.

Los refugiados
El agua va a pasar y los 88 refugiados de la Vuelta del Paraguayo y Colastiné Sur van a volver a sus casas. La creciente será breve, pero reedita viejos problemas en la atención de los evacuados. La relación entre el Estado, los más necesitados y las organizaciones territoriales sigue siendo un nudo de desencuentros más que una posibilidad de participación. Mientras tanto, los refugiados piden algo sencillo: que reconozcan que algo saben sobre inundaciones, que pueden participar, que valen, que pueden tener una esperanza que vaya más allá de la bajante del río.

Batifondo
El 22 de julio desde Proyecto Revuelta se dio a conocer por Youtube un video en el que se ve al intendente José Corral junto a los vecinos de la Vuelta del Paraguayo, antes de que el agua llegara. Uno comunica la decisión del Municipio en lo referente a los módulos, los otros piden por hacerse los ranchos. “¿Cuál es la necesidad de construir un rancho si te lo estamos construyendo nosotros?”, expresó Corral, frente a las objeciones. “No queremos estar uno al lado del otro”, teme una mujer por su hacinamiento. “Pero si acá viven todos juntos”, responde Corral, quien afirma en otro tramo “no hay manera, porque tengo que gastar el doble, madre”.
En la escena, integrantes de Revuelta interpelan al intendente. Sobre una de ellas se descargó, pero en dirección a los habitantes de la Vuelta: “¿Quieren que les resuelva ella el problema? Nosotros nos vamos”. Luego, otro militante fue tratado de irrespetuoso por pedirle que asista a una asamblea de vecinos.
El intercambio fue infeliz; las repercusiones, amplias: medios opositores levantaron automáticamente el video, medios oficiosos guardaron recato y silencio.
Actualmente, Revuelta pide donaciones urgentes de botas de goma, calzado, abrigo, alimentos y elementos de limpieza, los cuales reciben en el Centro Cultural y Social El Birri (Gral. López 3698) desde las 16.00.
También está el Padre Javier, de la Jesús Resucitado y de la Santos Mártires, que reparte frazadas y estufas en el lugar. Y hasta La Cámpora fue algunos días. “Nos dijeron: ustedes dígannos qué hacer, porque hace rato que están acá y conocen”, explicó jocundo Lautaro Castro, de Revuelta, la agrupación que está arraigada en el lugar desde 2005.
Graciela estuvo presente en la reunión con Corral y quizá dio con una clave del asunto: “Les dijo ‘ustedes está haciendo política’. Ellos están hace años trabajando con nosotros. Y no están trabajando para ningún político, ni pretenden que los voten para nada, sino que solamente quieren trabajar para el barrio y con los chicos”.

Publicada en Pausa #118, miércoles 31 de julio de 2013

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

En El Pozo hubo 3 familias autoevacuadas más debido a la crecida ultima.
Estas pertenencen al asentamiento que lo habitan desde hace casi una decada alrededor de 20 nuclueos familiares.

Aqui un video sobre la situacion que atraviezan.

http://www.youtube.com/watch?v=g9nG5Dy6niI

Anónimo dijo...

Juan, no conozco los por menores, pero como señalas en la nota es muy bueno, que haya previsión al menos un poco. Creo que el resto de las cuestiones son realmente complejas. Los módulos sabemos que son una solución coyuntural, que deberían estar pensados seriamente y garantizar mayor comodidad y fundamentalmente condiciones de vida dignas para que no sufran frío. Respecto a la intimidad, entiendo que es horrible tal situación, si se construyeran con mejores materiales, ensamblados, sin luz y otras condiciones, con costos similares podría mejorarse mucho. Sabemos el abandono sistemático al que están sometidos estos sectores, las voces que hablan relatan una realidad que por momentos deja muy mal parado al Estado Municipal, pero yo reconozco que, pese a que no soy un sostenedor de este ni ningún otro gobierno, estas últimas dos gestiones algo han avanzado en prevenir las posibles consecuencias de las inundaciones. Tal vez no es el modo en como uno puede imaginarlo, pero existen acciones concretas, y eso es reconocible. Ponerse en el lugar de una afectado no es cosa sencilla, no hay sensibilidad que pueda lograrlo por más que se lo proponga, jamás se llegaría a comprender ese sufrimiento y angustia permanente. Muchas voces críticas, de quienes hoy no están en el gobierno provincial ni municipal, cuando fueron gobierno durante 20 años demostraron desidia, negligencia y cinismo, no soporto escucharlos cuando se encargaron de olvidarse de los que hoy pretenden proteger. Los inundadores hoy en campaña, me producen escozor y el silencio cómplice me resulta vomitivo. Celebro que en el periódico hayan tomado las inundaciones, la causa de la inundación de 2003 como tema central, como una necesidad de visibilizar. Sigo pensando que la única manera de mejorar para intervenir en estas graves problemáticas es avanzar en crear espacios de participación donde sean protagonistas quienes tienen cosas para decir por su saber, por experienciar situaciones particulares e instraferibles. Marcelo D'Amico