miércoles, 18 de junio de 2014

Remedio catalán

Jarabe de Palo tocó por primera vez en Santa Fe: un show con clásicos y temas del disco Somos.

Por Leonardo Pez

Los tardíos 2000 nos han acostumbrado a poner en crisis todo (o casi todo) aquello que nos rodea. Conceptos tales como espacio, tiempo, amistad, entretenimiento y estudio tienen poco que ver con las añoranzas atesoradas en nuestra niñez. Lo mismo puede decirse de las estaciones. El otoño-de-hoy, por caso, guarda un increíble mimetismo en su alfombrado de hojas amarillentas, sí, pero a cambio nos traslada de un trópico al otro en cuestión de días e, incluso horas. La tarde-noche del 1º junio de 2014 vino a pedirle a Santa Fe (y a este cronista en particular) un destino imposible: reposo, té con miel y eventualmente, jarabe.
Pau Donés y su banda se presentaron el domingo 1º de junio en el Centro 
Cultural Provincial Francisco Paco Urondo. Foto: Gabriela García.

La vida, curiosa máquina de tornar los hechos en misterios, quiso que lo eventual (léase, el jarabe) fuese lo esencial, lo único. Allí donde dijimos destino imposible, olvidamos referir lo obvio, lo supuesto: el frío y su apego a la introspección. La ochava que sirve de puente girado entre los impulsos de una 25 de Mayo ardiente y una Junín implacable, asumió el clima desde un cartel que reza “Heladería”. Todo ese trayecto, a unos buenos metros del Centro Cultural Provincial, fue el punto de espera concentrada y ansiosa de cientos de jóvenes y adultos dispuestos a presenciar la primera escalada de Jarabe de Palo en la ciudad. Cuatro años después del aterrizaje de Joaquín Sabina en tierras litoraleñas, llegó el turno de la agrupación de rock fusión liderada por Pau Donés.

¿Y ahora qué... somos?
Pocos minutos después de las 21, Jarabe de Palo salió a escena. La concurrida sala explotó en una lluvia de aplausos al descubrir la figura-siempre-renovada de Pau Donés y sus cinco acompañantes: Ricky Frouchtman (guitarra), Jordi Vericat (bajo), Jaime Burgos (teclado) Rafael “Jimmy Jenks” Jiménez (saxo) y Alex Tenas (batería).

La agrupación catalana prologó el recital ejecutando un contundente muestrario de piezas de su último disco, Somos (“Ilusinaciones”, “Tú mandas”, “Vecina”). Afirmación y misterio al propio tiempo, la conjugación del verbo “ser” en la primera persona del plural es (y fue) bastante más que un ejercicio de reivindicación y de actualización de la identidad. Como una suerte de respuesta al interrogante planteado en el álbum Y ahora qué hacemos? (2011), Somos en particular, y la propuesta de Jarabe de Palo en general, vino a reafirmar el eclecticismo y la hermandad musical como banderas inclaudicables. Desde la lejana “La Flaca”(1996) a nuestros días, Pau & Company han trabajado en un alquímico proceso de creación y recreación, de reinvención permanente a bordo de un arsenal de canciones tan profusas como complementarias, fundadas (y fundidas) tanto en diálogos y mixturas entre diversos géneros como en cruces y deslindes entre el lenguaje poético y el lenguaje coloquial.
Hablábamos de un recital: ¡volvamos a él! Hubo un primer momento, un introito, dedicado a la publicación más flamante de Jarabe de Palo. Hasta allí, el espectáculo no tenía mucho que envidiarle a un concierto de rock: un cantante parco (músico/tímido/míticocantaba Pau años atrás), una estructura aceitada, algún que otro solo, y un tema-tras-otro. Esa lógica pareció romperse con la destellante aparición de “Depende”. Este himno de fines del siglo XX apareció reinventado, con un nuevo ropaje sonoro más cercano a la versión incluida en Orquesta Reciclando (2009) que al registro original. A partir de entonces, todo cambió: Pau fue otro, la sinfónica fue otra, el público fue otro y el propio recinto se transformó en algo más que un lugar.

Pregunta, respuesta y método
La identidad 2014 de Jarabe de Palo se forja en la convergencia de tres factores: la pregunta (¿qué hacemos?), la respuesta (¡somos!) y el método (reciclando). Reciclarse o reinventarse es, además de un procedimiento, una manera de mantenerse vivo en una sociedad en permanente cambio. “Somos”, el funk-rock que da nombre a su último LP, hace foco en esa constante indagación de sentimientos, influencias y sonoridades que caracterizó a la banda en casi 20 años de trayectoria.
La amalgama con tintes balcánicos de “Somos” y “Bonito” logró generar una atmósfera tan intensa como incómoda: era imposible no salirse de las butacas en aras de la anhelada libertad, del necesario movimiento. Para colmo de males (¡o de bienes!), un Pau cada vez más eufórico iba extendiendo su carismática figura por todo el escenario, mientras su cómplice cubano, Jimmy Jenks, se ganaba la admiración de un público fascinado por sus seductores movimientos y por el hábil manejo del saxo.

A esta altura, el espectáculo podría resumirse en tres instancias: el golpe inicial, el quiebre y la fiesta. Sería injusto omitir algunas gemas tales como “Dos días en la vida” (perteneciente a De vuelta y vuelta, cuyo arte de tapa suena a anticipo de la escena inicial del film Irreversible), el clásico “Grita”, “Te miro y tiemblo”y “Hoy no soy yo” (en su doble ejecución: al inicio y al final del evento).Lamentablemente, la vivacidad del recuerdo no cabe en la geometría de una hoja de papel.

Después de la paliza
En el año 2004, el artista platense Francisco Bochatón lanzaba un disco titulado La tranquilidad después de la paliza. La paliza, es decir, el significado original de la construcción jarabe-de-palo, fue el show, el movimiento, la puesta en cuestión de sí mismo. De la misma manera que España intenta ponerse en pie luego del azote de la crisis, o así como Pep Guardiola pudo construir una mítica-culé donde había cenizas, la agrupación liderada por Pau Donés tiene como norte resignificar su ser, su identidad.
Pero luego de la paliza, es tiempo de la calma. Digamos que a pesar del reposo, del té con miel y, eventualmente, del jarabe, la noche del 1º de junio de 2014 no fue simplemente una noche de otoño. Fue un momento de reencuentro con el pasado, un precipitado devenir de emociones en el aquí-y-ahora, y sobre todo, una propuesta: ver el mundo y sus alrededores de vuelta y vuelta, sospechando que él, al igual que nosotros, tiene la firme costumbre de reinventarse constantemente.

Publicada en Pausa #135, miércoles 11 de junio de 2014
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