jueves, 19 de junio de 2014

La derrota

La calle, por José Luis Pagés

Calle abajo, empujan. Atropellan y apartan. “¡Fuera!”, escucha decir. Todos caminan hacia el río. Estorba el paso. Lo pueden, lo arrastran.  No resiste, se deja llevar. Entonces, como ahora, prefería la soledad. A orillas del lago atrapaba peces dorados, perseguía mariposas, cortaba una flor, aunque todavía ignoraba a quién dedicaría esos trofeos. A la culata la moja la mano cobarde. Por eso las cachas son de madera. Por eso están ranuradas. “No tengas miedo”, dice mientras se hunde en la masa con la Ballester en la sobaquera. Pero va con él, el  tibio recuerdo de esa piel y la mirada que no supo cuidar. Si trepara escalones calle arriba no cambiaría el tiempo de lugar. Lo sabe, pero sube solo porque quiere saber si el cuadro es el mismo de ayer. Hunde los codos  en las sombras que bajan. Allá en lo alto una imagen sigue congelada. Giran en silencio las balizas de la ambulancia mientras un enfermero arrastra una camilla. Luego, es él quien llora desconsolado. Es él de rodillas, después del resplandor y el último trueno. Allá abajo inexplicablemente giran los camalotes en medio de una fuerte correntada. Ahora lo sabe, siempre fueron para ella los peces de plata, las flores de papel, las mariposas libertarias. Ahora nuevamente todas las sombras bajan por el  río, pero se desvanecen antes de tocar el aterrador remanso. Él va, entre ellas.

Publicada en Pausa #135, miércoles 11 de junio de 2014
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