viernes, 23 de mayo de 2014

No creo en morir

Sobre la poesía de Miguel Bertolino y la presentación, 40 años después de su creación, de la ópera rock “Indio”, de Virgem, en el Teatro Municipal.

Por Alejandro David

“Poesía es el diario íntimo de un animal marino viviendo en tierra, deseoso de volar”
Carl Sandburg
“La poesía es generalmente como la articulación rítmica de un sentimiento”
Allen Guinsberg

La poesía es un primitivo y eterno arte que los filósofos griegos supieron explicar. Aristóteles en su Poética introduce una idea novedosa en la descripción de la poesía: la armonía y el ritmo. Desde siempre emociona y transmite lo que el hombre siente en la mejor soledad. El arte es un momento en que todos nos reconocemos y abrazamos. Es solo amor y dura un instante, para toda la vida (Luis Alberto Spinetta, “Al ver, verás”).
Rescatar la obra de un poeta es trascendental para el futuro de una sociedad atosigada en pavadas materiales, en el consumo dirigido inútil y alienante. La poesía está todo el tiempo desenmascarándonos, surfeando nuestros pensamientos más íntimos. Aunque no queramos nos late en el cuerpo. Es biológico.
Los poemas de Miguel Bertolino respiran Santa Fe y nos empujan a sentir-nos ciudadanos de la cordial. A no engañarnos con el trillado acá nunca pasa nada. A emocionarnos con un estribillo, una simple palabra que sigue a otra... “Amar es luchar”.
Miguel Bertolino escribió las canciones de la ópera rock Indio a principios de los 70, mientras cumplía la colimba lejos de su ciudad. Le enviaba las letras a Horacio Bidarra por correo mientras se armaba el grupo que ya tenía nombre: Virgem. La presentaron completa sólo tres veces y con distintas formaciones. La última fue el 20 de diciembre de 1974.
Virgem volvió 40 años después porque estaba escrito en el cielo. Y lo hizo como una nave en un viaje astral colectivo, en el teatro en donde durmió todo estos años, Surcando la galaxia onírica de Miguel y Horacio, fue una comunión que florece y renace en la interpretación actual de los músicos herederos, tan puros y talentosos como sus miembros originales, tan presentes que son todo futuro.
La ópera rock Indio es única en el mundo y pertenece a esa rara avis que es el rock progresivo de los primeros 70. Recién se conocía Tommy (la ópera rock de los Who) y grupos como Génesis, Pink Floyd y King Crimson se empezaban a escuchar. No hay que olvidar este dato. Su motivación e inspiración es profunda y actual, rescata la esencia del hombre en la búsqueda de su identidad originaria. La concreción de semejante epopeya en este nuevo siglo es un triunfo. Horacio Bidarra y su seleccionado nos enseñan el camino hacia la raíz. Miguel desde su corazón hippie contagia Hermandad. Paciencia. Sabiduría. Altruismo. Todos entendimos el mensaje.

Poema de dos
En el brillo del día
En la tempestad de las sombras
Allí estoy
Escapando de la ley
En el estiércol  de la calle y de su noche
En el alma amplia del vino,
En la estación de octubre.
Soy hierba.
Miguel Bertolino

Herencia
Gustavo Angelini (cantante y miembro fundador de Carneviva) me contó la historia de Miguel y de Virgem hace más de 20 años, cuando entre ensayos de rock y porrones aparecían relatos de influencias y tesoros desconocidos. A él se la había contado el Pato Costa, fotógrafo y amigo íntimo de Bertolino con quien solía compartir horas de bohemia feliz. En su momento me llamó la atención que existiera una ópera rock santafesina contemporánea de las conocidas por todo el mundo. Después me despertó curiosidad saber cómo era Santa Fe por aquellos años. Me sorprendió descubrir a una ciudad que era una auténtica usina de creadores, artistas y público. Un círculo vital que contagiaba juventud... hasta el fatídico 24 de marzo de 1976. Exactamente un año antes se apagaba la vida del poeta en un accidente de trenes.
Virgem, circa 1970. Miguel Bertolino y Horacio Bidarra, junto a sus compañeros de grupo, le dieron vida a la primera (y hasta el momento única) ópera rock santafesina.

“Vi unos espíritus mendigar toda la noche. Tanta, tanta niebla floreciendo en sus almas. Ríos con peces de cera y olas negras. Mucho, mucho, mucho, mucho olor del mundo. El refugio es sutil y nuestro. Y estos virus redes adhesivas. No creo en mentir…No creo en morir”, canta el Tavo en una vieja canción de Carneviva. Y yo me quedo pensando que todo esto sigue… Como un moebius morado. No creo en morir. ¿Quién sigue?
¡Hola!
“Cuando me muera subiré a la cima del tiempo con todos los relojes, los del alma y los del cuerpo. Y te llamaré para bailar un minuto de cada melodía. Te perteneceré hasta el último trago de vida sobre el pasto”.
Miguel Bertolino (1951-1975).

Publicada en Pausa #133, miércoles 7 de mayo de 2014
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