jueves, 30 de abril de 2015

Cilsa: trabajando por el futuro

La emblemática ONG cumple 50 años en 2016 y continúa desarrollando en distintos barrios de la ciudad un programa social, educativo y cultural destinado a los más pequeños.


Desde 1966 Cilsa viene trabajando en Santa Fe y en gran parte del país con el objetivo de que las  personas con discapacidad puedan alcanzar una mejor calidad de vida. Las entregas de elementos ortopédicos, los programas educativos, las campañas de concientización y el deporte como estandarte, la han hecho crecer y expandirse en sus objetivos y en el territorio.
En 2001, cuando el país estalló en una crisis que llevó a un 58% de la población a vivir en la pobreza, a otro 27.5 % en la indigencia y la desocupación trepó al 21.5%, Cilsa decidió ampliar el alcance de su trabajo, llegando también a uno de los sectores más vulnerables de la sociedad: los niños y niñas. “En aquel momento, quien era el fundador y presidente de Cilsa, Juan Leonardo Vega, vino con esta propuesta porque era una realidad que se veía en toda la ciudad: chicos en la calle, con muchas necesidades básicas insatisfechas”, cuenta Daniela Cejas, coordinadora del programa nacional Un niño, un futuro.
La organización santafesina creció en el territorio y en sus objetivos, apuntando a los niños.

Este programa, mediante sus hogares de día, brinda un espacio de educación, recreación y contención a niños y jóvenes con o sin discapacidad provenientes de familias de escasos recursos. “Desde el 2001 hasta hoy se modificaron muchas cosas, desde el nombre del programa, que originalmente era otro, hasta la mirada que tenemos de esos espacios”, explica Cejas. “La denominación hogar de día ya tampoco concuerda con lo que son hoy las declaraciones de los derechos de los niños, con lo que es la nueva convención. Hogar refiere a un lugar de encierro, a una institucionalización de los chicos, que no es lo que proponemos. Nuestra propuesta tiene más que ver con un espacio educativo y recreativo”.
Cilsa tiene hoy presencia institucional en las ciudades de Rosario, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, Mendoza, La Plata, Mar del Plata y Puerto Madryn, y en todas ellas se desarrolla hoy este programa, contando con 33 hogares y llegando así a más de 2.000 niños y niñas. Pero todo nació allá por 2001, con una experiencia piloto en el Polideportivo de Cilsa en Santa Fe.
—¿A qué apuntaba en aquel momento el programa?
—En ese primer momento el programa estaba destinado a niños de entre 6 y 12 años. La idea con la que arrancamos fue la de un espacio donde se les pudiera brindar a esos niños y niñas apoyo escolar, junto con una merienda o desayuno. Obviamente cuando arrancamos tuvimos que salir a buscar chicos y ahí fue que acudimos a las escuelas del barrio, allí era donde podíamos visualizar cuáles eran las problemáticas que los pequeños tenían en torno al aprendizaje y así invitarlos a nuestro espacio para ayudarlos.
—¿Cómo es el trabajo que llevan hoy adelante?
—En Santa Fe tenemos alrededor de 300 niños, de entre 3 y 13 años, que concurren a siete espacios, los cuales se encuentran en Alto Verde, Pompeya y La Esmeralda, donde hay doble turno en cada uno, y el Polideportivo de Cilsa, donde concurren muchos chicos de Varadero Sarsotti. Cuando arrancamos recibíamos niños a partir de los 6 años, era uno de los requisitos que estén escolarizados o acompañarlos en ese proceso si aún no lo estaban. Hoy los recibimos desde más chicos, a partir de los 3 años, y en algunos lugares como el poli y Alto Verde ya tenemos salas de nivel inicial. Y más allá que desde el comienzo estos lugares estuvieron abiertos a pequeños con discapacidad, desde hace dos años estamos trabajando más fuertemente para lograr en estos espacios la inclusión de estos chicos; adaptando las instalaciones y las actividades para que puedan ser realizadas y compartidas por todos los niños y niñas, sin importar si poseen o no una discapacidad, que es el verdadero objetivo de la inclusión.
—¿Cuál es el abordaje que hacen de la niñez?
—Con el tiempo hemos ido creciendo en un montón de aspectos. Si bien la base sigue siendo que sea un espacio educativo, atendemos a los niños y niñas desde una perspectiva más integral, que convoca y trata de incluir a las familias. Nosotros tratamos de brindarles las herramientas para que puedan hacerlo. Pero además de la parte educativa, hacemos un abordaje que tiene que ver con algunas problemáticas sociales como las drogas, la violencia, el abuso, los maltratos; para eso es importante incluir a las familias y trabajar con ellos. Hoy tomamos al niño en su totalidad y hacemos un seguimiento más completo e integral, no como en un principio donde los veíamos esas 4 horas en que se daba el apoyo escolar y nada más.
En estos espacios que Cilsa posee, los pequeños reciben desde talleres de lectura y escritura, pasando por cuidado de la salud, cocina, pintura, cine y fotografía, hasta deportes y música. “Apuntamos mucho a eso, a que estos lugares sean más recreativos, con un perfil más artístico, donde los chicos encuentren diferentes formas de expresión”, explica Cejas. “Este año, por ejemplo, presentamos un proyecto a la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), que ya fue aprobado, para obtener fondos y comprar instrumentos para un grupo de percusión que armaron los chicos de Alto Verde. Eso la verdad que es un logro, porque tiene que ver mucho con la identidad y la cultura del barrio, es un proyecto muy lindo y que se viene armando desde hace dos años ya. Desde el año pasado también estamos trabajando con los chicos de La Voz del Pueblo, que dieron unos talleres de rap a nuestros niños y hasta hicieron un rap de Cilsa con ellos; para este año ya tienen programado darles un taller de beatbox y un taller de instrumentos”.

Un niño, un futuro
A lo largo de estos 14 años, desde que los hogares de Cilsa comenzaron a atender las diferentes problemáticas relacionadas con la niñez, muchas cosas pasaron en el país. Consultada sobre cómo se percibe esto en el territorio, Daniela Cejas apunta que “las políticas públicas a nivel nacional han cubierto gran parte de los derechos de los niños, adolescentes y sus familias; ahora hay muchas acciones destinadas a ellos, como el Progresar, la Asignación Universal por Hijo, la Asignación por Embarazo, diferentes programas para trabajar en los barrios, aportes como el que conseguimos nosotros de la SENAF, cosas que antes no se daban”.
Desde el 2001 miles de chicos y chicas han pasado por este programa, Daniela cuenta emocionada sobre los reencuentros que ocasionalmente se dan con algunos de ellos. “Muchos no han tenido una buena vida, por problemas con las drogas o la justicia, muchos otros  hoy los cruzamos y nos recuerdan y nos cuentan que están trabajando, estudiando, que formaron sus familias... eso reconforta mucho, porque sabemos que no está a nuestro alcance revertir la pobreza estructural en la que muchos de ellos viven, pero si podemos mostrar que hay otros caminos, otras opciones, podemos darles herramientas para que se construyan un futuro mejor; y aunque no podamos ayudar en ese camino a todos, con saber que a uno le mostramos otra realidad posible, ya nos da la energía para seguir trabajando”, finalizó.

Publicada en Pausa #152, miércoles 22 de abril de 2015.
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