viernes, 21 de marzo de 2014

Otro yo mismo: RESISTENCIA

Por Mari Hechim

Algo atrae su mirada hacia la puerta abierta del negocio y ve que se trata de una mujer que viene en bicicleta, se detiene allí mismo y entra con una sonrisa como si lo conociera. Pone sus manos en los bolsillos de atrás del jean. Era amiga de un amigo, pero demasiado joven, 20 años quizá. No es especialmente hermosa, pero tiene un desenfado, una tranquilidad. Pasa la mirada por las antigüedades del local, rápidamente.
Es de Santa Fe, estudia cine. ¿Qué hace ella en esta Resistencia adormilada por el calor? Visita a una hermana que se rompió un tobillo. Salen esa noche a cenar. Y los días subsiguientes. Ella recita García Lorca, el llanto por la muerte de Ignacio con voz baja. Se va unos diez días más tarde. Él la va a buscar para llevarla a la terminal, le lleva una cajita de madera de regalo. La hermana tiene las obras de Lenin sobre la mesa.
Él sigue con su vida. Los amigos, el negocio, la madre y la hermana. Siente que su cuerpo está todo agujereado, huecos que se van agrandando día a día “por donde sopla el viento”. Un día lo decide y se va a Santa Fe.
Ella vive en una casa con muchas estudiantes. No está en la casa, pero a la nochecita lo va a buscar al hotel.
Parece otra persona. Habla mucho, del reciente Cordobazo, de rendir Historia del Cine en pocas semanas, de reuniones. Tiene las manos en los bolsillos del jean. Nombra personas, películas y sonríe con frecuencia, tranquila y segura.
Él se lo dice, más tarde, cuando salen del hotel buscando tomar un café por ahí.
¿Querés casarte conmigo?
Ella corre la silla para atrás, mira el cigarrillo que sostiene en la mano derecha. ¿Qué piensa? ¿Que él es mucho mayor? “Tenés cara de prócer”, le hacía dicho, “San Martín o Moreno”. ¿Piensa decirle que no? ¿Que sí? ¿Que necesita un tiempo?
Apaga el cigarrillo, con la misma mano se tira el pelo hacia atrás. Pregunta: ¿Qué haría yo en Resistencia? Lo mira en forma directa y sencilla.
Al otro día él se vuelve a su casa. Va a los bares en donde se encontraron dos meses atrás. Piensa en el gesto de retirarse el pelo de la cara. Su anciana madre le dice: Parecés estremecido. Repite los gestos: ir al negocio, los amigos en la cena.
Pasa una noche en el hotel donde ella le dijo el poema sobre Ignacio. En la madrugada relee las últimas páginas de El oficio de vivir.

Publicada en Pausa #129, miércoles 12 de marzo de 2014

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jueves, 20 de marzo de 2014

Las tempestades

Tras una serie de hechos que casi llevan a suspender el show, Experimento Negro presentó su disco “Yo”.


“Acá toreamos las tormentas y le damos para adelante”, sentenció Rodrigo “Negro” González en la caliente noche de Tribus. Acto seguido, Experimento Negro arrancó con “Toreando las tormentas”. Y es que esa canción resumió el espíritu del recital. Por un lado, fue la presentación de un disco (Yo) que entre idas y vueltas tardó cuatro años en editarse. Y por otro, imprevistos de último momento obligaron a cambiar dos músicos: Damián Gómez en reemplazo de Guido Grazzini en batería y el guitarrista Ariel Echarren en lugar del recientemente incorporado Bruno Leurino (quien a pesar de su tendinitis en ambas muñecas estuvo presente en varios temas). Por suerte, se trató de ex integrantes de la banda, conocedores de las canciones que se iban a interpretar.

De principio a fin
Custodiados por un telón negro con las iniciales del grupo como fondo y pasadas las 23.30, Rodrigo tomó el micrófono para anunciar que repasarían todas las canciones del disco en su orden original.  A sus costados estaba flanqueado por las guitarras de Francisco Romeu (izquierda) y Echarren (derecha). Atrás suyo se ubicaba Gómez en batería, Martín Pirola en bajo y Fabio Pis Alonso en teclados. Además, González contó con un set percusivo propio, que le otorgó una potente densidad sonora al de por sí energético combo rockero.
La noche abrió con la instrumental “Intro al bosque negro”, que crece en profundidad nocturna a medida que avanza.
El pasaje desembocó en “Uno es lo que hay”, toda una declaración de principios que explota en un estallido de furia punk que termina antes de llegar a los dos minutos. Siguió “Vengo envuelto (regalado)”, canción que le sirvió a González para agregar un nuevo instrumento: la armónica.
La balada “Brillame” dio pie para que se sumara Bruno Leurino, conformando un poderoso trío de guitarras (para este tema, Romeu tocó una electroacústica). El Negro, casi arrodillado, desgranó los poéticos versos que dicen: “Detrás de un río de dolor / tomamos vuelo armónico / adoro en labios tu actitud / destinos en similitud”. Al terminar, hizo una especial dedicatoria: “en el Día de la Mujer, gracias mujeres por llegarnos. Todo esto es culpa de ustedes”.
Siguió “8 sueños”, un relato en forma de canción que combina experiencias oníricas de diverso tipo. Luego vino “Héroe del naufragio”, tal vez el mejor tema del disco. Una balada con aires a Pink Floyd, y una más que sentida interpretación de González.
“Toreando las tormentas” arribó precedida por una dedicatoria a Grazzini y una retribución a Gómez: “Damián estaba recién llegado a Buenos Aires. Lo hicimos volver a Santa Fe para no cancelar el recital”, explicó el Negro.
“Una canción de playa”, así definió el cantante a “Piriapolis”, tema que evoca recuerdos de su niñez: “tus árboles / perfumes de mi infancia en libertad / sol y luna en el mar”. “No abandones” trajo un homenaje a los amigos.
Después de atarse su rebelde melena, el Negró dio lugar a “Diez”, tema lento que se hunde en reflexiones introspectivas. La calma terminó con la potente “Perdido por perdido”, que mostró al grupo en su máxima expresión y desató hacia el final un duelo percusivo entre González y Gómez. La beatlesca “Evidentemente” tuvo como destinatarios a “todos los que tienen hijos. Y al mío”, en palabras de Rodrigo. A su vez, fue la encargada de cerrar los temas que componen la primera obra de la banda.

¿Y ahora?
“Ahí terminó el disco ¿Y ahora?” se preguntó el Negro. Tanto el público como él ya sabían la respuesta.
Antes de arrancar con un tres por uno de La Cruda, González aprovechó para agradecer a todos los sponsors y amigos que hicieron posible la salida de Yo. “Ellos nos ayudan a pelear a grandes monstruos y compañías”, graficó el cantante.
“Comarca en paz” y “Corazón umbilical”, fueron los dos primeros temas de La Cruda que hicieron explotar al público de Tribus. Luego de presentar a cada uno de sus músicos y de afirmar su agrado con el sonido del trío de guitarras, llegó el cierre definitivo con “Júpiter”, otro clásico crudo de Mente en cuero.
Un sonido poderoso y ajustado. Una banda creativa que no se encasilla y toma el sendero de la búsqueda como camino a seguir. Un público fiel que se mantiene y a la vez crece (“somos todos amigos, conozco al 99% de los que están acá” dijo un emocionado Rodrigo sobre el final). Elementos de un cóctel que, combinados, son capaces de darle pelea a cualquier tipo de adversidad.

Publicada en Pausa #129, miércoles 12 de marzo de 2014

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miércoles, 19 de marzo de 2014

El costado izquierdo de Bolivia

Tata y Sangui, los dos ciclistas que salieron el año pasado de Santa Fe al continente.


Diego Gentinetta (Sangui) y Mariano Peralta (Tata) mantienen el sueño en estado de realidad. El oriundo de Ramona y el vecino de Guadalupe Oeste siguen pedaleando por nuestro continente, coleccionando historias, saboreando culturas, conociendo esas venas de las que ya escribió Eduardo Galeano.
El viaje, que comenzó el domingo 15 de septiembre de 2013 a las 7.15 desde el Puente Negro de Aristóbulo del Valle, se sigue desarrollando de manera exitosa y por estos días de marzo los dos amigos que salieron a recorrer América del Sur se encontraban en Guayaquil (Ecuador). Cuando atravesaban Bolivia, el “Tata” y “Sangui” nos enviaron una postal más de su aventura por las tierras de Evo Morales.
“Tres pibes sentados al costado de la ruta frente a una de las tantas capillitas erigidas como homenaje a los fallecidos en accidentes de tránsito. Bebían y compartían su chela con el muerto, seguramente algún amigo. Respetaban la tradición que indica que los primeros de noviembre las almas bajan a visitar a sus deudos y al día siguiente parten otra vez al más allá, satisfechas por las ofrendas recibidas. Los cementerios se llenan de vivos y se requieren operativos especiales de seguridad, como en un clásico de fútbol. En ese contexto, ingresamos a Bolivia en nuestras bicicletas, nadie nos esperaba, todos estaban pendientes de los espíritus”.
“Como ante cualquier destino, uno teje preconceptos, hipótesis acerca de lo que puede venir. Comentarios de viajeros, secciones de noticias internacionales, films o literatura relacionada alimentan los presagios. En el caso de Bolivia, las ideas fuertes pasaron por la ausencia de agua potable y los calamitosos males contraídos por beber de la canilla (los testimonios podrían reunirse en una verdadera antología de la cagadera), la imposibilidad de acampar, el atraso infraestructural y la parquedad de los pobladores. Allí estábamos, entonces, como dos científicos a pedal para corroborar o refutar tales hipótesis”.

Agua
“Nuestro camino incluyó desde pequeñísimas poblaciones hasta grandes ciudades del oeste boliviano. Antes de la llegada de Evo en 2006, esta zona era la más relegada en la visión del Estado. Muchos planes para ampliar la provisión de agua potable son previos a Morales y estaban fuertemente apoyados por financiamiento externo, sobre todo del viejo continente. En los últimos años se intensificaron, aunque el acceso sigue siendo restringido: un 70% de la población total. Habiéndose frenado los vientos que soplaban de Europa, se complica el desafío para los bolivianos que esperan llegar a su bicentenario, en 2025, con una cobertura del 100%”.
“Cuando se transita la ruta poco a poco, es muy probable recalar en el 30% sin agua potable. Resolvimos la cuestión con pastillas potabilizadoras. El agua embotellada es la opción más utilizada por los turistas, pero nosotros somos viajeros y no pensábamos gastar plata en agua. También tratamos de disminuir el componente sugestivo, olvidándonos un poco de los temores. Nos fue bien, cero cagaderas. De esa forma, cruzamos el país ahorrando unos pesos en el vital elemento y papel higiénico”.

Karpov
“Dónde dormir, dónde cocinar y comer, dónde cagar. La experiencia ganada en Argentina respecto al mangueo de espacios para el desarrollo de actividades cotidianas fue muy importante. A diario nos veíamos en la obligación de evitar hospedaje pago. Con la premisa de continuar ese austero devenir ingresamos a la tierra de la coca”.
“Bolivia no cuenta con campings. Por lo menos en el camino elegido por nosotros. No es una práctica arraigada en los habitantes la de acampar. Sin embargo, la mayoría de las noches que dormimos en ese país fueron dentro de “Karpov”, nuestra casa ambulante con dos habitaciones y espacio para las bicicletas. Hay que olvidarse de los servicios como baños, mesas y bancos de cemento y asador. Pero quien quiere, puede acampar en plazas, al costado de las vías, debajo de una tribuna en construcción, en el fondo de una escuela y en cuanta parcela encuentre apta para clavar una estaca”.
“Aunque a nivel doméstico se observa un ‘atraso’ en lo que hace a construcción (baños precarios, paredes sin revocar, pisos de tierra), la obra pública ha generado gran cantidad de espacios nuevos y acondicionados para distintos órdenes de la vida en comunidad”.
“Cuando se transitan las rutas, también nuevas o en proceso de culminación, pueden observarse muchas escuelas, playones deportivos, microestadios, centros de salud. Como si esta parte del país estuviera estrenando su posibilidad de entrar en las inversiones del Estado”.
“Internet figura entre los pendientes. Aunque roce lo superficial incluirlo en la lista de tan importantes deudas, no puede negarse relevancia pedagógica e inclusiva. El servicio es inexistente en muchos pueblos y precario en poblaciones más grandes”.
“Esta incipiente mejora infraestructural se da en el marco de una discusión sobre lo que significa el ‘progreso’. Mientras en la mayoría de los países hay una convención establecida sobre la idea de desarrollo –bastante occidental–, en Bolivia se pone en tela de juicio el concepto al incorporar la cosmovisión de las comunidades originarias, fuertemente organizadas y empoderadas. El debate es complejizado al incorporar actores alejados del discurso imperante y capitalista, el que alguna vez sugirió un ‘fin de la historia’. Por eso, la construcción de una carretera puede demorar años, hasta que se establecen los consensos necesarios”.

Monólogos de ciclistas
“Ni bien arribamos a Villazón, ciudad de frontera boliviana, un hombre de mediana edad se acercó a charlar. Estábamos en la plaza principal en un mediodía atestado de gente y sol. El tipo era muy desenvuelto e informado. Había viajado por muchos lugares del mundo. Le causaba entre gracia y bronca que alguien como Binner se llame socialista, apoyaba el gobierno de Evo y consideraba que Bolivia debía asumirse como el gran país que era, solucionado ese punto, serían una nación ‘sui generis’ en Sudamérica”.
“Ese personaje, verborrágico y desenfadado, no fue más que una excepción. Siempre que entramos en contacto con la gente fue porque nosotros iniciábamos el diálogo. En general, para consultar una dirección o pedir algo. Pocas veces las conversaciones se extendían una vez resuelta la primera cuestión. Por ejemplo, luego de pedir agua, nadie nos preguntaba ‘Cómo se les ocurrió salir a andar en bicicleta’ o algo por el estilo. En algunos casos, alejados de las áreas urbanas y con personas de edad avanzada, la charla se vuelve imposible porque el castellano es apenas una segunda lengua del aymara”.
“La extravagancia de viajar en bicicleta también impone una distancia. Lamentable, por cierto. Salimos a recorrer el continente amparados en los lazos de hermandad, en la Patria Grande que somos y muchos –no todos, claro– nos reciben como “místers” o “gringos”, términos con un correlato despectivo. Algunos nos llamaban así porque especulaban que éramos norteamericanos o europeos (la mayoría de los ciclistas que cruzamos lo son) y otros porque también consideran a los argentinos así de lejanos. Tal vez como pueblo nos ‘ganamos’ esa diferenciación”.
“Alrededor de esas vicisitudes, hay un bello país, digno de conocer. A pesar de su timidez o distancia, la gente no deja de ser solidaria. La hostilidad de algunos caminos siempre se compensa con los maravillosos paisajes. Valles, quebradas y ríos. Cerros de colores y la vastedad de la altiplanicie. El imponente salar de Uyuni, ese mar seco, interior y único, por lo menos hasta que el país obtenga su merecida salida a alguno de los océanos”.
“Para los que nos consideramos progresistas, también es un desafío conocer esta tierra. La complejidad de los procesos que se están generando en ella. Los matices. La vehemencia de quienes perdieron protagonismo en los últimos años para enfrentar y denostar a los referentes y seguidores del MAS, partido de Evo. Dos aclaraciones aquí: primero, es más adecuado el término ‘protagonismo’ que ‘privilegios’, ya que aun ostentan estos últimos y se siguen enriqueciendo, tanto en Bolivia como en el resto de los países de Sudamérica cuyas economías crecieron; segundo, el MAS no está formado por las carmelitas descalzas, idealizarlo entorpecería la tarea de entenderlo, pero su línea defiende los intereses de sectores históricamente relegados por las clases dominantes del país”.
“Y, eso sí, no es necesario que vengan en bicicleta, aunque si quieren ser los más progres...”.

Publicada en Pausa #129, miércoles 12 de marzo de 2014
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Ciclistas, los parias del tránsito

Bicisendas destrozadas, calles atiborradas por el boom automotor, reglamentación antigua y promesas incumplidas en una ciudad perfecta para las dos ruedas.


Rápidamente, se pueden plantear dos grandes cuestiones en torno al uso de la tracción a sangre en dos ruedas: la bicicleta como medio de transporte no es una política que esté los suficientemente fomentada y, por otra parte, las ciclovías que existen en la ciudad desde mediados de los 90 no fueron planificadas en función al tipo y necesidades de traslado de la población, sino para aprovechar las vías férreas del centro-este de la ciudad. Las bicicletas se acoplan de manera caótica al tráfico de las calles santafesinas. Sin embargo, la ciudadanía está gestando una movida que busca una vuelta de tuerca.
Por Más Bicisendas en Santa Fe es una fan page de Facebook que en poco menos de dos meses sumó más de 2.500 adherentes. Desde su perfil, se autodefinen como “un colectivo apartidario, un proyecto que comprende a la bicicleta y la creación de bicisendas que conecten de forma segura toda la ciudad, junto con la puesta en valor de las ciclovías existentes”. Ciclistas por deporte, diversión o necesidad se unieron a la iniciativa, acompañados por profesionales, artistas y diferentes organizaciones sociales.
“La actividad que desplegamos no es tanto una protesta, más bien es una propuesta que pretende la implementación de una red de bicisendas segura, dotada de la infraestructura necesaria para que sean funcionales, ya que de nada nos sirven marcas en la calle si no contamos con estacionamientos públicos seguros, infladores, bebederos, señalética y el control adecuado para que los conductores de automotores la respeten. Estamos convencidos de que la bicicleta es el transporte inteligente de la ciudad del futuro, atento a los numerosos beneficios comprobados que ella nos brinda respecto de nuestra salud y de nuestro medio ambiente, sin olvidar su factor inclusivo en términos sociales”, subrayan. En este sentido, puntualizaron que “numerosas personas, sobre todo las que circulan por el acceso norte y este de la ciudad, utilizan la bici para asistir a sus trabajos poniendo en riesgo su vida en medio del colapso automotor que afecta a toda la ciudad de Santa Fe”.
Entre numerosos colaboradores, el arquitecto Matías Dalla Costa y la abogada Mariana Salvador son dos de las caras visibles del grupo. En diálogo con Pausa, Matías se mostró sorprendido por la gran repercusión que tuvieron las propuestas en los medios de comunicación. “Empezamos a plantear ideas y a generar disparadores desde distintas disciplinas. Así surgió un concurso de fotografía y una convotoria a  deportistas locales representativos de distintas disciplinas para hacer una producción de fotos junto a sus bicicletas. También está programado un encuentro de bicicletas el 19 de marzo, donde los participantes van a ser filmados para un cortometraje. Asimismo estamos evaluando algunas propuestas para participar en escuelas primarias y junto a varias carreras de la UNL vamos a lanzar un concurso para diseñar un prototipo de bicicleta urbana y accesible en términos económicos. Otra de las iniciativas es que los locales comerciales, boliches y pubs cuenten con espacios para estacionar bicicletas; lo mismo pensamos solicitar en distintos espacios públicos, donde además queremos que haya bebederos, infladores y un encargado de velar por la seguridad de las bicicletas. También sería positivo que los empleados públicos reciban un adicional por ir a trabajar en dos ruedas. Y estamos en proceso de generar una aplicación para celulares que registrará a quienes arreglan bicicletas en la ciudad, junto a otros datos de interés para el ciclista”, enumeró el arquitecto.
El proyecto de ampliación de bicisendas fue mencionado por el intendente José Corral en los tres últimos actos de apertura de sesiones del Concejo. “Presentamos una nota en la Municipalidad donde solicitamos acceder al proyecto que supuestamente está en marcha pero aún no obtuvimos respuestas. Mientras tanto, seguimos brindando propuestas”, añadió Matías. Pausa tampoco pudo acceder al mismo, tras consultar a distintas secretarías Ejecutivo local. (*)
Los miembros de Por Más Bicisendas en Santa Fe tuvieron más suerte con los concejales y durante los primeros meses del año se reunieron con Tomás Norman (Pro), Fernando Fleitas (100% Santafesino), Juan José Saleme y Silvina Frana (PJ). Además, tienen previsto dar a conocer sus ideas a referentes del oficialismo, con quienes aún no se contactaron. “Dejamos a disposición nuestras ideas, intentando lograr el interés del resto de los bloques. Todos tuvieron muy buena predisposición”, acotó Matías. No obstante, durante campaña de 2013, el tema no figuró en la agenda de ningún candidato a concejal.

“Una utopía urbana”
A diario, Pablo Bertoldi usa su bicicleta como medio de transporte. Aunque proclama que “andar en bici me hace feliz”, durante los últimos años se dedicó a retratar el estado de las ciclovías santafesinas. Yuyos altos o desparramados sobre la calzada, basura, pozos mortales, cruces ideales para malabaristas, motos cargadas con niños y mascotas, autos y camionetas circulando conforman el paisaje de las imágenes que publica en redes sociales bajo el lema Andar en bicicleta por Santa Fe, una utopía urbana.
“El estado de las ciclovías es lamentable, una lástima”, dijo. Inseguras y poco iluminadas por la noche es otro ingrediente que vuelve temibles a estas sendas. Según su opinión, “el Estado tendría que concientizar sobre el uso de las bicicletas y no hace nada. En las grandes ciudades del mundo se extiende su utilización, pero hace muchos años se toma al automóvil como un símbolo de estatus y es una postura difícil de cambiar. El hecho de que la bicicleta no se haya masificado se debe a la falta de un escenario urbano que incentive su utilización y también a que el Estado no promueve su uso con políticas que la tomen como parte del tráfico”, insiste Pablo.
Ismael Mahfoud, organizador de salidas de cicloturismo, aporta otra mirada. Afirma que para andar en bicicleta no se necesitan ciclovías porque “la segregación complejiza al tránsito, como pasa ahora en calle Rivadavia, y los perjudicados somos los de menor porte. Para circular en bicicleta por las calles se necesita valor, conocer y respetar las normas de tránsito, conducirse con prudencia, conocimiento técnico y de manejo del vehículo. También ayuda que el vehículo del ciclista sea visto por la sociedad como un medio de transporte. Promover la segregación del ciclista al tránsito general es admitir que no somos parte del tránsito, que no estamos en condiciones, no merecemos o no podemos trasladarnos como los vehículos motorizados y hará que se piense que las bicicletas deben transitar por bicisendas, tornando las calles comunes en peligrosas para los ciclistas”.
Asimismo, objeta que “las ciclovías que se hicieron en la ciudad tienen una infraestructura estrecha e insuficiente. Aún si estuvieran bien mantenidas y llevaran a algún lado, no son seguras para el tránsito en situación de uso pleno: no permiten maniobras disuasorias de obstáculos o sobrepasos sin salirse del camino. El mismo riesgo se da si el ciclista desarrolla velocidades mayores a 15km/h, cosa que es común en nuestros traslados. No se puede pretender que los ciclistas, aún en carriles exclusivos, transitemos en estricta fila ni que el sendero que se nos ofrezca sea poco más ancho que nuestro manubrio”.
“Para generar seguridad a los ciclistas lo único que hace falta es dar lugar en las calles. No exclusividad: con un lugar digno alcanza. Para fomentar el uso de las bicicletas en gente que aún no lo hace, sería bueno tomar medidas para solucionar problemas complementarios al tránsito, que son específicamente los lugares de estacionamiento y la seguridad”, propone Ismael.

Medidas “desarticuladas”
En 2004, con la intención de licitar el transporte urbano de pasajeros por colectivos, el ex intendente Martín Balbarrey encargó un estudio económico y de demanda a las universidades Tecnológica y del Litoral. El ingeniero Fernando Imaz, miembro Getrans –el Grupo de Estudio sobre Transporte que funciona en la UTN–, recordó que “a través de 11 mil encuestas conocimos tanto los distintos tipos de desplazamiento tanto de origen y destino como los modos y motivos de transporte, además de los horarios”. Con esa base de datos se realizó en 2006 un análisis sobre las posibilidades de instalar ciclovías en la ciudad, porque se entendía que las existentes “contradicen lo que se defiende en cuanto a la planificación, ya que los recorridos no son los más atractivos”. Más adelante, bajo la gestión de Mario Barletta, se propuso la bicisenda de la avenida Almirante Brown, “que también va a contrapelo de lo que quiere el santafesino: una Costanera para pasear, estacionar y bajarse a tomar mate”, consideró Imaz.
Y explicó que “en 2004 había un gran movimiento en bicicleta que actualmente se hace con ciclomotores. Cambió la movilidad pero no la infraestructura y eso trae aparejado un gran conflicto de espacios. En general, el ciclista paga los platos rotos y por eso también es el más transgresor: al no sentirse parte del tráfico, se considera invisible. Tenemos un gran problema de educación vial, que debe ser un proceso continuo y no algo impuesto”.
“Desde el Estado se debería desalentar el uso del automóvil particular aunque es utópico porque se tiene que garantizar un servicio de transporte público acorde a lo que el usuario espera. Respecto a la bicicleta, estamos más lejos, fuera de que Santa Fe sea una ciudad amigable para el ciclismo: hay buen clima y carece de pendientes”, agregó.
Imaz analizó que “el actual gobierno municipal implementó algunas medidas, como la del préstamo de bicicletas, pero en general están desarticuladas. Falta un sistema de gestión, dotar de infraestructura y reglamentaciones para que la bici se convierta en un medio de transporte que resuelva problemas de congestión de tránsito, tal como ocurre en otras partes del mundo”.

Publicada en Pausa #129, miércoles 12 de marzo de 2014
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(*) Una semana después de la publicación de esta nota, el intendente José Corral recibió –junto a los secretarios de Planeamiento Urbano, Eduardo Navarro, y de Control, Ramiro Dall’Aglio– a integrantes del grupo Por Más Bicisendas en Santa Fe. Aquí la noticia.

martes, 18 de marzo de 2014

Winter is coming

El triste matrimonio entre inflación y desempleo se vislumbra en el horizonte cercano, mientras la disputa por el trono diluye poderes y referencias.


Los tomates desatan la furia. El queso cremoso, el brazuelo, el papel higiénico y el Frescor habían levantado la temperatura y afiebrado la mente: cada vez menos cosas, cada vez más billetes. Con la cabeza gacha, mirando fijo las rojas dulces frutas mojadas por el rociador, las angustias se expresan en un lacónico “¿Que a cuánto el tomate?”. La señora al lado, siempre hay una, responde hacia el brócoli “Así ya no se puede”. Delante del precio estrella del día el murmullo es constante, porque los aumentos siempre se conversan. La inflación se observa en conjunto, se charla en familia, se comparte con los amigos, espanta en bloque, ocupa el tiempo y desgrana los insultos en el mercado, en la mesa, la cola del colectivo, el bar, la oficina.
Hace cinco días llegó la carta y todavía la lleva, estrujada, en el bolsillo trasero del pantalón. Sería un amuleto, de no ser porque es una condena. El acto se realiza sin pensar, simplemente la carta se queda en el bolsillo, porque mientras se quede allí nada va a cambiar ni habrá nada que explicar.
De a poco el secreto se va ir estampando en la frente, como una mancha de incipiente lepra. Los paseos sin sentido, los silencios largos, los rechazos en las entrevistas de empleo dejan secuelas. Porque un telegrama de despido no se muestra así como así; se oculta hasta que explota. Eldesempleo se vive de modo individual, por separado, así le toque de cerca a lospropios. El desempleo se experimenta con culpa. Con suerte, se socializa el drama con el paso de los años.
En la ola de inflación, el enemigo es un objeto externo; en la marea de despidos, siempre hay un motivo para que cada uno se atribuya la falla. Los aumentos de precios son inmediatamente perceptibles; el crecimiento de la cantidad de parados se disemina en silencio, hasta que el rumor ensordece, ya demasiado tarde.
¿Por qué unir estas dos escenas? Porque el único método para reducir la inflación que logramos pergeñar a lo largo de nuestra historia es la destrucción acelerada de puestos de trabajo.
Suena legendario, pero entre 1989 y comienzos de 1991 vivimos un período donde la inflación llegó a los cuatro dígitos. En 1989superó el 3.000%; en 1990 llegó al 2.314%. En tiempos más recientes, los dos grandes saltos en los aumentos de precios se corresponden con la devaluación de 2002 (40,9% de inflación) y con los aumentos producto del desabastecimiento organizado durante el conflicto por la renta agraria desatado en 2008: 7,2% según el Indec intervenido, más del 20% según el resto de las mediciones.
El menemismo siguió al pie de la letra la explicación monetarista del fenómeno: la inflación es un producto de la emisión y del exceso de circulante. Congeló salarios, endeudó el Estado no para sostener el gasto sino la paridad cambiaria, abrió de modo irrestricto las importaciones, privatizó las empresas públicas. En suma: sacó todos los billetes de la mayor cantidad de bolsillos posible. Para ello, nada mejor que dejar bolsillos sin ningún billete. Control de los aumentos por restricción de la demanda, se le dice. Nunca se vio un período de mayor destrucción del trabajo, nunca se habló menos sobre los precios delante de la góndola. Porque si la plata no estaba en la billetera, la culpa era estrictamente propia: los precios estaban inmóviles, lo que se movía para abajo era el monedero. Nadie confiesa en el súper que no puede comprar tomates porque no tiene trabajo. La inflación y el desempleo producen angustias completamente diferentes. La primera se comparte, la segunda acicatea la individual competencia, el recelo feroz.
Previamente, el sindicalismo había dado prueba de que un desempleado nunca puede ser un compañero, del mismo modo en que ahora no tiene ningún planteo concreto, o afán, por los trabajadores en negro. Parece que para el movimiento obrero organizado sólo es trabajador quien puede aportar a la obra social. En la intemperie, los desangelados se arroparon en los nuevos movimientos sociales, fuerza fundamental tras el 2001: en mayo de 2002, la desocupación llegó al histórico pico de 21,5% (y eso sin contar los que ya habían dejado de buscar empleo y los subocupados).
No hubo necesidad de elaborar un complicado acuerdo social entre trabajadores y empresarios para imponer las condiciones de los 90. La hiperinflación –mucho más que un fantasma– por sí misma disciplinó a los asalariados y el empresariado menor, la gilada del dinero, veía cómo su verso doctrinario se iba cumpliendo punto por punto, al mismo tiempo que iban bajando sus persianas. Recién en 1996 el desempleo dejó de vivirse de modo individual y florecieron los piquetes a lo largo y ancho del territorio.
¿Por qué acudir a la remanida figura del acuerdo social? ¿Vamos ahora a hablar de los “países serios”, de los gobiernos del sudeste asiático, del ejemplo chileno?
La última escena de un gran acuerdo social argentino puede datarse en la presidencia de Néstor Kirchner. Grobocopatel viajaba a Venezuela con auspicio oficial, Eduardo Buzzi hacía campaña por Cristina, De Mendiguren era un interlocutor avalado, Moyano congregaba marchas a favor del modelo, y esto sólo para nombrar cuatro actores que hoy se alinean con Sergio Massa. Sobre las esquirlas del 2001, la política transversal del kirchnerismo más que una decisión estratégica fue una imposición histórica. En 2008, el pacto se quebró porque, en verdad, esa imposición estaba disuelta: una vez que el infierno había quedado detrás, era momento de retomar las riendas, de romper los lazos, de volver a la lógica previa al 2001.
El paso del tiempo aceleró los desprendimientos. Ahora, cuando no hay candidato que por sí mismo aglutine en vistas a 2015, es imposible pensar en una referencia que congregue a los diferentes actores sociales en vistas a un consenso que logre detener la escalada en los precios. La política de “Precios Cuidados” está destinada al fracaso desde el momento mismo de su concepción. El control de precios cuando todos los actores están en plena puja sólo es practicable por medio de una insostenible legión de inspectores, y ni siquiera: los precios se dominan antes de llegar al consumidor, nunca en el momento mismo de las compras, porque el torrente ascendente buscará su cauce vía desabastecimiento, mercado negro o simple avalancha.
Los resultados están a la vista: los aumentos a los jubilados y las paritarias –por segundo año consecutivo, acaso tercero, según la rama o sindicato en cuestión– están por debajo de la escalada del almacenero. El gobierno, el Estado más bien, tampoco tiene mando económico sobre los resortes estructurales de la formación de precios, ni siquiera después de la  expropiación de YPF. Finalmente, la fina ingeniería que podría convertir en una medida progresiva el recorte de los subsidios a los servicios públicos (esto es: dejar de bancarle el gas a un apellido patricio del Barrio Norte porteño) corre el riesgo de volverse en un trazo grueso apurado en función de sostener las arcas de la nación. De hecho, si de mando económico estamos hablando, poco pudo hacer la gestión para sobrellevar la presión sobre el dólar ejercida producto de la no venta de la soja, amarrocada a puro silobolsazo desde la 125 hasta la fecha. Y, probablemente, mucho menos podrá hacer en función de extender el modelo Samid de proliferación de mercados centrales: ni siquiera puede poner en vereda a los propios en función de tal objetivo.
Si la inflación se entiende como una puja por la apropiación de la renta –más aún, si se explica como una fotografía del estado de situación de la lucha de clases– la imagen es diáfana y su futuro es todavía más evidente. No parece haber ningún tipo de condición para generar una nueva hegemonía que reúna los diversos intereses en pos de contener la inflación sin que caigan los salarios reales ni se destruya el empleo, aunque estamos lejos, muy lejos, del sumidero de 2001 y el vértigo de 1989. Ante la falta de un posible acuerdo que reduzca los precios –acuerdo cuyas metas de cumplimiento no pueden no superar no sólo el tiempo de esta gestión, sino también el de la venidera– lo que resta es disciplina pura y llana.
No lo dirá Massa. Tampoco Scioli y, mucho menos, Binner. Y el poder ya no emana más de la lapicera de Cristina. Aunque la movida de nombrar a un radical en la sucesión presidencial sirva para aplacar a las bestias pejotistas, el margen de maniobra para tomar medidas potentes como las de otrora parece cada vez más estrecho.
Si bien con la devaluación las exportaciones agropecuarias vuelven a su ritmo y el dólar frena su ascenso, el vértigo de un trono en disputa azuza al productor, al distribuidor y al comercializador, que remarcan pensando a futuro. Misma lógica corre para los trabajadores, que más tarde o temprano volverán a las calles con la antigua demanda de mayores salarios. No serán el voluntarismo y los pedidos de racionalidad o patriotismo los métodos para detener la sucesión de las estaciones. Aun cuando ahora por ahora parezca que el cielo escampa, es marzo y llega el otoño. Luego, el invierno.

Publicada en Pausa #129, miércoles 12 de marzo de 2014
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lunes, 17 de marzo de 2014

Una presidenta poco convencional

El cordón oeste sigue sumido en el abandono y Barranquitas no es la excepción. La nueva comisión vecinal, dirigida por Alejandra Ironici, busca dar un cauce a los reclamos.

Por Ileana Manucci

Entrar a Barranquitas, así como a cualquiera de los barrios del oeste de la ciudad, es entrar al abandono, a la desidia de las políticas públicas y de los gobernantes que por décadas han olvidado este vasto y cada vez más poblado territorio.
Las calles de tierra, la basura, los altos pastizales, el enmarañado de cables que decoran triste y peligrosamente las casas y esquinas, el potrero lleno de agua y convertido  en criadero de alimañas y enfermedades, son parte de una triste postal de un barrio que, como puede, lucha por salir adelante.
Al frente de la vecinal de Barranquitas, hoy, hay una persona que si de algo sabe es de luchas. Alejandra Ironici es conocida en la provincia y el país, ya que su caso marcó un precedente cuando le fue reconocido su derecho, como persona transexual, a modificar su nombre y género registral sin recurrir a las vías judiciales comunes, contando además con el apoyo del estado provincial y del entonces gobernador Hermes Binner, luego de más de tres años de peregrinaje por diferentes ámbitos políticos y judiciales por donde hizo oír su reclamo. Alejandra, además, pudo realizar su operación de reasignación de sexo el año pasado, cerrando así una etapa de lucha, pero abriendo otra.
“Yo llegué al barrio en 2009, después de volver de Buenos Aires, donde estuve con el tema de la presentación del amparo por la cuestión de mi identidad”, cuenta Alejandra. “Hoy veo que esa necesidad tan fuerte de la búsqueda del derecho a la identidad estuvo también muy ligada a la búsqueda de pertenencia a un lugar, de ahí viene este compromiso por tratar de hacer algo por Barranquitas. Ver la situación en la que estaba el barrio, cómo vivíamos, todas las necesidades que había, me llevó a pensar en que la vecinal era un lugar para ocupar si queríamos transformar la realidad. Así fue como conocí gente de acá con las mismas inquietudes y nos juntamos a trabajar.”

Alejandra Ironici llegó al barrio hace 5 años, comenzó a caminar el lugar y hoy, desde la Vecinal, marca la agenda junto a los vecinos.

—¿Cómo te recibieron en el barrio cuando llegaste hace 5 años?
—Al principio fui discriminada, porque la visión que tenían era la de una travesti más, eso causó cierta resistencia en las personas, hasta que fueron conociéndome y charlando conmigo. Ahora me reconocen como Alejandra y punto. Creo que eso también tiene que ver con mis convicciones y valores, y con que mucha gente pudo entender que lo que corresponde a mi intimidad me tiene que interesar sólo a mi, que eso no puede convertirse en un obstáculo para hacer otras cosas. Además los vecinos pueden ver que yo vivo en el barrio, que no estoy ocupando este lugar desde afuera, en mi casa sufro lo que sufre el resto del barrio: no tenemos agua, luz, cloacas, ni servicios como teléfono o cable, además de que los remises, las ambulancias y la policía acá no entran.
—¿Cómo trabajan desde la vecinal para intentar cubrir todas esas necesidades?
—Lo primero es involucrarse y trabajar juntos. Esa fue una de las razones por las cuales decidí meterme en esto, algo había que hacer y no podíamos esperar que las cosas vengan de arriba, hay que acercarse y proponer, es algo que yo siempre le pido a los vecinos y que no es fácil, porque la gente está muy descreída de la política y por eso no le ve el sentido a luchar por estas cosas, pero si no trabajamos en forma conjunta es muy difícil que algo cambie.
La Lista Verde de la Esperanza, que llevó a Alejandra a la presidencia, obtuvo la mayoría de los votos en la elección que se realizó en abril de 2013, luego de que más de la mitad de la antigua comisión renunciara y la vecinal quedara acéfala. Los objetivos de esta gestión parecen claros: agua y tendido eléctrico para el barrio, necesidades básicas para una vida más digna.
“No es una sola necesidad la que tenemos que cubrir”, explica Alejandra, “son muchas, pero es importante hablar y escucharnos para ir haciendo una lista de prioridades, porque querer hacer todo junto es imposible y no sirve de nada. Nuestro compromiso desde que asumimos ha sido trabajar la temática del tendido del cableado, llevando adelante con los vecinos un fuerte reclamo para que la EPE baje al barrio a hacer la colocación del tendido eléctrico. Ese es un pedido prioritario, junto con el agua, después viene el zanjeo y la cuneta, la pavimentación de las calles, porque en las épocas de lluvia, como fue ahora febrero, es muy complicado salir del barrio. Nosotros vamos a seguir trabajando y exigiendo todo esto, porque son derechos constitucionales que no tienen nada que ver con los recursos”.
Caminando por el barrio, Alejandra es foco de los reclamos de los vecinos. Ella les responde que se acerquen a la reunión que más tarde van a tener en la vecinal. “La gente piensa  que nosotros tenemos el poder para solucionar todo y no es tan fácil. Pero creo que hemos avanzado en algunas cosas, principalmente en devolverle la vecinal al barrio. Ahora se alquila para fiestas, para diferentes eventos, hasta de sala de velatorios funciona a veces. Es una forma de que la gente comience a apropiarse de ese espacio y, quizás, se interese por participar también de otras cosas que hacemos ahí”.
—¿Y qué otras propuestas tiene la vecinal en el día a día? 
—Este año estamos abriendo las capacitaciones del Ministerio de Educación de la provincia en costura, peluquería y electricidad, que apuntan a recuperar a nuestros jóvenes del barrio para que puedan tener un oficio. También vamos a tener una capacitación del Ministerio de Trabajo para hacer los medidores en la puerta de cada casa, para que cuando la Epe entre al barrio a hacer el tendido del cableado, los vecinos ya tengan el pilar puesto en la puerta de cada una de sus casas. Por otro lado, también pautamos con la Municipalidad, ya que la anterior presidenta de la comisión directiva les cedió el patio de la vecinal para hacer el Jardín Municipal, que el salón de usos múltiples que ellos proyectan hacer sea compartido entre el jardín y la vecinal. Para todos los vecinos ese espacio es muy importante, además de que en algún momento queremos seguir construyendo, poner una sala de computación, dar más talleres, y la idea también es, en un futuro, poder traer un EMPA, que es una posibilidad que estamos viendo con el Ministerio de Educación.
El trabajo con otras organizaciones barriales parece ser una de las claves para lograr resolver algunas problemáticas. En breve, desde la vecinal y junto al grupo de Mujeres Emprendedoras, la Agrupación Pares, los Jóvenes del Partido Socialista, el coordinador de distrito y algunas organizaciones más, realizarán una relevamiento casa por casa para ver cuales son las necesidades concretas de cada familia, conocer el grado de escolaridad de sus integrantes, si habitan una vivienda propia o no, si tienen regularizada su situación ante la Municipalidad, entre otras cosas.
“Yo prefiero ser una presidenta no convencional, que no se base en una estructura jerárquica ni que este encerrada en la vecinal. Quiero trabajar y articular acciones con Municipalidad, Provincia y Nación para poder bajar recursos presupuestarios a nuestra vecinal. Creo que mi mayor objetivo como presidenta de la vecinal es poder convertir esos reclamos de los vecinos en decisiones políticas y en recursos económicos para solucionar las problemáticas del barrio. No es fácil, pero al menos comenzamos a trabajar en eso, que ya es algo importante para todos”, finalizó Alejandra.

Publicada en Pausa #129, miércoles 12 de marzo de 2014
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domingo, 16 de marzo de 2014

La cuna del maíz, en peligro

El gobierno mexicano le da cada vez mayor cabida al maíz transgénico, un cultivo de polinización abierta en la tierra que es la reserva mundial de la especie originaria.


Luego de Veracruz, el equipo de Polo a Polo levantó velas con rumbo a Querétaro, el ombligo de México. Allí, nos recibió Ali, la productora de Radio Éxitos, una estación de Michigan que apoyó nuestro sueño desde sus inicios, así que aprovechamos para compartir la experiencia del Túmin (moneda alternativa en El Espinal) con los radioescuchas al norte del Bravo.
En esos días, a Emma se le presentó una oportunidad que no pudo dejar pasar: viajar a la capital para cubrir un foro de CropLife, el gremio agroalimentario más grande del mundo, en pleno cabildeo por la inserción de semillas transgénicas en México. El terreno es fértil, ya que el gobierno federal acaba de lanzar la “Cruzada Nacional contra el Hambre”, que promete garantizar a alimentos a los 7.4 millones de mexicanos (cifras oficiales) que no tienen qué comer.
El tema nos interesa por los efectos en la salud, pero sobre todo, por el impacto que la siembra de organismos genéticamente modificados (OGM) podría tener en las comunidades indígenas, en particular en el maíz, que ha sido parte de la dieta y la cultura mexicanas desde tiempos inmemoriales.

Corporativismo vs. activismo
Sumergida en las entrañas del metro, Emma se dirige a Polanco, una de las zonas más ricas de la capital mexicana. En la sala de prensa del evento, las empresas se esfuerzan por atender a los periodistas que han acudido a la cita desde diferentes rincones de América Latina.
Nuestro equipo de grabación da risa al lado de las grandes televisoras, que han sido invitadas a difundir el “premio” que Croplife entregará a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), por “facilitar el comercio de productos fitosanitarios”. En realidad, se trata de un reconocimiento al gobierno por haberse sumado a las directrices del mecanismo de revisión conjunta de nuevas moléculas, que incluye a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos y a la Agencia Reguladora de Manejo de Pesticidas (PMRA) de Canadá. En 2002, sin realizar ningún análisis de riesgo, la Cofepris autorizó la importación para consumo humano del maíz NK603 de Monsanto, que causó tumores y muerte prematura en ratas alimentadas con este transgénico.
En el medio del monólogo de los cabilderos del transgénico, dos activistas de Semillas de Vida irrumpieron: “El problema alimentario no es de producción, sino político, de distribución”.

El evento pinta aburrido, pues salvo un ingeniero agrónomo argentino, que apela a la “licencia social” para el cultivo de OGM, el resto son economistas, políticos, incluso ingenieros automotrices. No hay cabida para científicos, ni productores locales, ni profesionales de la salud, mucho menos para campesinos. Está claro: las políticas para el campo latinoamericano se dictan desde el sector privado.
De pronto, dos mujeres irrumpen con una manta que reza: “No al maíz transgénico”. Son miembros de Semillas de Vida, una organización que apoya la conservación de semillas nativas y lidera la campaña “Sin Maíz no hay País”.
Las voces de protesta solo se escuchan en las primeras filas. Nadie les cede un micrófono. En un acto reflejo, la compañía que filma el evento corta la grabación, pero nuestra cámara sigue captando aquello que el gobierno no quiere ver.
Superada la inesperada “exposición de ideas”, el foro concluye sin más sobresaltos.

Miedo al debate
“¿Adelita San Vicente? Me contactaron con usted en el foro de CropLife, me gustaría hacerle una entrevista”, suelta Emma por teléfono. “¿Segura que no eres de Monsanto?”, responde Adelita, un poco en broma y bastante en serio.
La cita se da en Coyoacán. La activista luce una blusa con bordados indígenas y de su cuello pende un dije con la forma de una planta de maíz.
“En el foro de ayer, no hubo ninguna voz discordante y creo que eso es muy preocupante”, dice, “se están tomando decisiones que ponen en riesgo la salud humana y la biodiversidad del maíz, sin someterlas a un verdadero debate científico”.
Nos cuenta que el gobierno ha ignorado muchos estudios, entre ellos los de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), que señalan que el país puede alcanzar su soberanía alimentaria sin la inserción de OGM. Sin embargo, la falta de insumos y de políticas de apoyo han hecho que México no pueda satisfacer la demanda de maíz.
En ese contexto, las corporaciones agroquímicas presentan la inserción de semillas transgénicas como la fórmula mágica para saldar el déficit de producción y, de paso, contrarrestar los efectos de las sequías.
“Se trata de modelo tecnológico que finalmente no acabó con el hambre en el mundo. Ese argumento se cae por sí solo. El problema alimentario no es de producción, sino político, de distribución”, asegura Adelita.
En 2012, Francia y Rusia suspendieron la importación de maíz transgénico después de que un estudio realizado por el doctor Gilles-Eric Sèralini revelara los efectos mortales del NK603 en ratas de laboratorio.
Pero México, el país con el mayor porcentaje de consumo humano de maíz, no tomó ninguna medida de precaución. Al contrario, se aprobaron siembras piloto en los estados de Sonora y Sinaloa, que llevan adelante empresas como Monsanto y Pioneer.

Sin maíz no hay país
El cultivo de maíz, de origen mexicano, está entre los más importantes del mundo. Se calcula que la raza tiene entre setenta mil y ochenta mil años de antigüedad y sigue evolucionando. Puede sembrarse desde el nivel del mar hasta los tres mil metros de altura. Desde la Patagonia hasta Canadá. Además del consumo humano, se utiliza para la producción de etanol, aceites vegetales, azúcares, para uso forrajero y pecuario.
Pero en México, este grano, con sus sesenta y tres razas (entre nativas y criollas), representa mucho más que la base de la pirámide alimentaria, pues conforma una parte vital del bagaje cultural y de la identidad nacional. Es parte del modus vivendi de los pueblos originarios, que preservan la milpa*, como sistema de autoconsumo.
A poco más de cinco años de que se levantara una moratoria para la siembra experimental y comercial de transgénicos, las empresas de agroquímicos apuntaron al campo mexicano. De 110 solicitudes para la siembra “experimental” de transgénicos, se han autorizado al menos quince.
Estos cultivos, según la Ley de Bioseguridad para OGM (mejor conocida como la “Ley Monsanto”), son la antesala de la fase comercial y, por ende, de su liberación definitiva en zonas no clasificadas como “centros de origen”.
Pero el maíz es un cultivo de polinización abierta, por lo que la contaminación es inminente, con lo cual las transnacionales podrían reclamar derechos de propiedad intelectual, como lo han hecho en otros países. Para las comunidades indígenas, esto significaría poco menos que un lento exterminio.
Por eso, insiste Adelita, la campaña “Sin Maíz No hay País” ha llamado a que todo el país sea reconocido como centro de origen y no solo ciertas zonas. En julio pasado, un juez federal activó una medida precautoria que impide liberar maíces transgénicos en el campo mexicano, hasta tanto se resuelva una demanda colectiva presentada por Semillas de Vida, junto con investigadores, expertos, ambientalistas e indígenas.
En octubre, el gobierno lanzó una contraofensiva judicial. El desenlace de esta historia dependerá, en buena medida, del interés de los mexicanos.

* milpa: agroecosistema mesoamericano, cuyos principales componentes productivos son maíz, frijol, calabaza y chile.

Publicada en Pausa #129, miércoles 12 de marzo de 2014
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Más información: www.poloapolo.net