jueves, 7 de agosto de 2014

Alaridos

La calle, por José Luis Pagés

Apagón. El portero de la torre busca una linterna y se larga escaleras abajo. Alguien grita como un caballo, allá por el quinto piso. Ese alguien quedó atrapado en el ascensor. Setenta escalones después, le falta el aire. Sin palabras abre la reja y ve una mano que asoma por el ventanuco de la puerta. Es una piba del sexto la que está encerrada ahí. Trata de calmarla y le deja la linterna. Ahora va en busca de ayuda. “¡No me deje..!”, escucha a modo de ruego y cuando se vuelve alcanza a ver la mano que aferra la linterna.En la planta baja el corazón le da un vuelco cuando llama al revistero que compagina los diarios de la mañana con la ayuda de un farol. Olvidó las llaves, pero peor es el recuerdo que lo asalta. Una lectura que hizo acerca de una trampa que tienden a los monos en países  remotos. Los cazadores colocan un apetecible bocado en el hueco de  un árbol y se esconden. Un mono, curioso, cederá a la tentación y meterá la mano. El puño cerrado quedará atascado el tiempo suficiente para que el cazador le caiga encima. El portero corre con desesperación escaleras arriba, pero cuando está a menos de diez escalones del quinto, vuelve la luz. Técnicamente todo marcha bien, también el ascensor. Entonces llega ese alarido estridente que lo estremece, como a todos los vecinos de la torre.

En Pausa #138, miércoles 30 de julio de 2014. Conseguilo en estos kioscos.

Ana María

Otro yo mismo, por Mari Hechim

La repetición monótona de las tardes de verano, con ese calor seco que resquebraja la piel, se viven en el penal con resignación. Cada una recuerda el frío insoportable del invierno mendocino y concluye, por su cuenta, que, aunque no mejor, es preferible diciembre que julio. Nos hemos juntado en el patio junto a la columna, a pensar qué hacer en las próximas fiestas de fin de año; se termina el 75, nos permitirán una visita con los compañeros del otro lado. No falta mucho para la cena, pero es urgente decirnos que preparemos un pequeño regalo para el cumpa con quien nos podamos encontrar, ¿qué podremos inventar?
De pronto nos distrae un murmullo que sube rápidamente de volumen; se suscita a la entrada de la guardia. Un grupo de presas comunes y un par de milicas, comienza un griterío. No sabemos qué pasa, nos
acercamos: una pelea entre mujeres, por un tipo que se escribe con las dos. Un traidor, porque cada una tiene por amor las cartas que se escriben con otros presos; o sea, un conflicto por casi nada. Este “casi” es la vida entera.
Una de las contendientes deja que su ira se encienda con un chisporroteo de llamas que enseguida se hace fuego abrasador. Gesticula, grita como si toda ella se saliera de sí. En un trámite inesperadamente rápido, las guardias desocupan su celda, sacan sus poquitas posesiones y las tiran en la galería, agarran a la compañera entre varias y la encierran. En algunas tardes llenas de serenidad como ésta, en que la soledad gratifica, y en otras en las que no, a veces recuerdo esa noche, la más larga de mi vida. Recuerdo el deseo de que se termine el grito, la esperanza que nace cuando decrece el sonido; no: se vuelve gemido un instante y luego se levanta, con furor mecánico, partiendo la noche en miles de trocitos cada vez más cortantes. Y no termina, no termina por mucho que a la mañana siguiente la arrastraron para salir, la cabeza caída sobre sí misma, vencida.

En Pausa #138, miércoles 30 de julio de 2014. Conseguilo en estos kioscos.

Un viaje alrededor de la pelota

Los muchachos de Mundial Andando ya retornaron a casa, después de pasar por la travesía de sus vidas: Brasil, los partidos de la Selección y el color de todas las hinchadas.


Brasil 2014 ya es parte del pasado. Los ecos de un gran Mundial empezaron a desvanecerse con el inicio de un nuevo campeonato doméstico, pero en la zona todavía hay voces que tienen algo para decir. La experiencia de Mundial Andando fue abordada en Pausa antes de la partida al vecino país, y ahora, ya de regreso a Paraná, Juan Martín Alfieri cuenta la aventura de un grupo de amigos que convivió 40 días y rodó 11.000 kilómetros.
—¿Fue el viaje soñado?
—Sin dudas. Todo salió a la perfección. No tuvimos mayores inconvenientes con el cole, pudimos entrar a varios partidos, conocimos personas valiosas de todo el mundo, hicimos amigos de otras provincias argentinas, paseamos por lugares increíbles, no hubo peleas, supimos administrarnos para no pasar hambre, volvimos sanos y salvos, el hogar sobre ruedas fue absolutamente funcional a nuestras necesidades, tuvimos un Mundial de siete encuentros, le dimos la vuelta a Brasil. Sólo faltó dar la vuelta allá.
—¿Salió todo de acuerdo a lo planeado o tuvieron que modificar muchas cosas?
—No tuvimos que modificar absolutamente nada del recorrido. Lo que hicimos fue lo planeado, en todo sentido. El único lugar al que no fuimos fue a Porto Alegre, pero era una decisión que habíamos tomado meses antes de partir a Brasil, que se fundamentaba en la excesiva distancia y el poco tiempo que teníamos para llegar desde Belo Horizonte. Así que cambiamos ese destino por un paseo por localidades costeras.
—¿Si tenés que elegir una historia o anécdota del viaje, cuál es?
—Lógicamente, hay muchas. Por lo simpática y futbolera, me quedo con la del sábado 14 de junio en el primer banderazo argentino en el Puesto 4 de Copacabana. Más allá de la histórica juntada en la que el grito sagrado se hizo oír con fuerza, lo que vivimos en nuestro viaje hacia el punto de encuentro fue asombroso. A medida que desandábamos con en “El León” (así fue bautizado el colectivo) los 45 kilómetros que nos separaban del lugar (estábamos parando en Recreio do Bandeirantes), comenzó a generarse una caravana de la que éramos vanguardia. Cientos de argentinos, primero en vehículos y luego a pie, se sumaron a nuestra procesión y marcharon al compás de Mundial Andando mientras nosotros, exultantes, saltábamos en el techo del cole. Fue una locura.
El 17 de julio, a las 14.00, la banda de Mundial Andando volvió a su querida ciudad.

—¿Qué les dejó Brasil?
—Brasil es un país maravilloso en muchos sentidos. Conocimos ciudades y pueblos increíbles, con muchos contrastes y contrapuntos. De las inmensidades de Río de Janeiro y San Pablo, pasamos a la simplicidad de Arraial do Cabo y a la excesiva prolijidad de Brasilia, por ejemplo. Sin embargo, preferimos destacar la calidez, predisposición y generosidad de la gente. A lo largo de los 40 días de viaje, jamás tuvimos un problema en la calle. Nos trataron como hermanos y nos permitieron disfrutar plenamente el viaje.
—¿Qué les enseñó el viaje?
—El viaje dio un cierre a la primera parte de Mundial Andando, etapa que comenzó en abril del año pasado cuando compramos el colectivo y empezamos a transformarlo en motorhome. Sirvió para ratificar(nos) las decisiones que tomamos y, sobre todo, terminamos por comprender que cumplir sueños entre amigos es lo mejor que nos puede suceder.
—¿Cómo vivieron la final y cuál fue el partido que más disfrutaron?
—No hay manera de elegir un partido entre los siete. Todos fueron únicos y los disfrutamos a pleno. Si debo elegir, personalmente selecciono los tres que ví en la cancha: Bosnia, Irán y Bélgica. Fueron experiencias inigualables en las que era imposible contener la emoción. En cuanto a la final, sólo dos de nosotros pudieron entrar al Maracaná a verla; el resto la vivimos en la cancha de los hinchas, o sea, la Fan Fest. Fue un día muy intenso, colmado de fiesta y nervios. Como todas las jornadas en las que jugaba la Argentina, la comenzamos temprano preparando los trapos, las camisetas y las pinturas para la cara. La disfrutamos en Copacabana, rodeados de decenas de miles de argentinos. Río era celeste y blanco. En lo deportivo, la tristeza por la derrota fue proporcional a la sensación de que era un partido absolutamente ganable. Ahora bien, ese no fue el punto negativo de la tarde noche. El bochorno lo protagonizaron un puñado de argentinos que, segundos antes de que termine el encuentro, se dedicaron a arruinar todo generando batallas campales y destrozos en las inmediaciones. Fue el único momento de los 40 días en los que sentimos miedo e inseguridad.
—¿Qué les dejó la Selección?
—No puedo hablar por todos porque tenemos puntos de vista encontrados. En mi caso, prefiero obviar meterme en lo deportivo y el estilo de juego. Elijo decir que la Selección me dio la inmensa felicidad de tener un Mundial de siete partidos, en el que nos hizo protagonistas a todos y nos dio una lección de laburo en equipo como pocas veces se había visto.
—¿Terminó Mundial Andando?
—Lo que terminó fue el Mundial de fútbol, no Mundial Andando. El proyecto comenzó con el objetivo central de ir a la copa en Brasil, pero cuando promediaba el proceso de laburo decidimos tomarlo como un primer capítulo de una historia mayor. Preferimos pensar nuestro nombre desde el punto de vista del ‘trotamundos’ antes que de lo deportivo. Así que hay proyectos que comienzan a tomar vida y que nos entusiasman mucho. Queremos disfrutar al máximo de lo que construimos y compartirlo con otros amigos, nuestras novias y familias.
—¿Se animan a Rusia 2018?
—Claro que sí. Ya estamos laburando en la logística para enviar el cole a Lisboa en un buque. No es tan sencillo por las dimensiones de “El León”. La idea es subirnos al motorhome en Portugal y andar los caminos europeos que nos lleven hasta Moscú. Habrá que atender muchas cosas que resolver, como por ejemplo los recorridos internos en Rusia. En fin, falta mucho por disfrutar y por hacer. Andá a saber qué será de nosotros en cuatro años.

Las cifras de la travesía

El viaje completo de los chicos de Mundial Andando –un total de 11.000 kilómetros– duró 40 días. Salieron desde la Plaza “1° de Mayo” de Paraná el sábado 7 de junio y llegaron al mismo lugar el jueves 17 de julio.


En Pausa #138, miércoles 30 de julio de 2014. Conseguilo en estos kioscos.

Manual del turista


Se terminaron las vacaciones de invierno. Sí, así de trágico como suena. Para los padres, es cierto, representa cierto alivio porque ahora ya saben qué hacer con el hiperkinetismo que le supieron alimentar a sus hijos e hijas: que se la agarren con los profesores en las escuelas que para eso les pagan. Pero para los que no somos padres ni madres, y tenemos que volver al trabajo, es un pelotazo en contra (resaca del Mundial, sepan entender).
Tengo amigos (no sé cómo todavía) en varias ciudades que me alojan en sus casas (no sé cómo todavía) y eso me da la chance de tomarme unos días fuera de los lugares de rutina. Y en esos días me transformo en lo que debo ser: un turista hecho e izquierdo (soy zurdo y encabezo la lucha por el reconocimiento nominal de nuestros derechos). Sí, y no me da vergüenza serlo y manifestarlo. Si viajo, soy un extranjero que está de paseo por esas calles y, en consecuencia, corresponde comportarme como tal. ¿Y cómo se comporta un turista? O bien, ¿qué características lo distinguen y lo hacen inconfundible? Les diría que me acompañaran en uno de mis viajes para que verifiquen en mí mismo la respuesta… pero como no me gusta estar con mucha gente, decidí escribir el “Manual del Buen Turista”, y que el Pausa lo publique como un insert en la próxima edición… pero no me dieron bola y entonces es el tema de mi quincenal columna. He aquí, pues, algunas instrucciones y tips de lo que, mediante un proceso inductivo, pudimos concluir que debe hacer y ser el buen turista:
1.- Uniforme. Todo miembro de un grupo social (en este caso, el turista) debe poder identificarse con una vestimenta: gorrita, mochila, lentes de sol, zapatillas deportivas, cámara en mano e, infaltable, riñonera enganchada abajo del ombligo. En el caso de los hombres: bermudas con medias 3/4 levantadas y, tal vez, botinas montañesas con 40º a la sombra. Esto, claro, en verano. En invierno, en vez de bermuda pantalón, un jogging subido hasta el ombligo y listo el pollo.
2.- Expresividad y/o gesticulación. Mirar para todos lados como si estuviéramos diciendo “¡¿dónde hay un famoso, dónde, dónde?!”. Así alguno seguramente vas a encontrar. O, en su defecto, le provocarás lástima y se acercará a saludarte por su propia cuenta. Y así obtenemos esa foto de perfil de Facebook tan anhelada. No olviden enviarla inmediatamente a sus grupos de Whatsapp… No todos revisan Facebook cada 5 minutos.
3.- Gastronomía. Estar en cualquier parte del mundo... y sin embargo buscar una parrillada. O, en el peor de los casos, un Mc Donalds.
4.- Tecnología. Olvidarse de cargar la batería de la cámara... o del celular con cámara.
5.- Deportes. En el caso de ser turista masculino, lo identificará fácilmente cuando lo vea lucir la camiseta del club de su ciudad o barrio. En el caso de la turista femenina... es la que va caminando con cara de “sacate esa remera por favor, que apesta del olor a chivo” al lado del de la camiseta del club del cual es fanático.
6.- Arquitectura. Un buen turista cada 2 minutos mira para arriba... aunque no haya nada que mirar.
7.- Varieté. La bolsa en la mano con algún regalo para un familiar o amigo. En mi caso, son regalos para mí mismo, por lo general, pero la bolsa es lo que cuenta.
8.- Accesorios. Luego de 3 semanas, te das cuenta de que la mochila está sobrecargada al cuete... Sólo usaste el 10% de las cosas que llevás dentro. Pasado ese período notás que, aunque queden mal y sean horribles, necesitás una riñonera… tal como anticipé en el punto 1.- Uniforme.
9.- Economía. Pagás cinco veces el precio normal... ¡por algo que te podrías haber comprado en tu ciudad de origen!
10.- Geografía. Hace unos años hubiésemos dicho que el turista es aquel que lleva su mirada absorta en el plano de la ciudad (que el ACA le vendió a un precio cinco veces más caro que lo normal). El turista 2.0 es aquel que es capaz de seguir las instrucciones de su GPS con la mayor de las sumisiones, aunque eso lo lleve a un recorrido de 15 cuadras a la derecha, 4 al norte, 72 metros para atrás, 31 cuadras a la izquierda, 8 cortadas al sur… para llegar a un lugar al que, si le hubiera preguntado a alguien, hubiese llegado caminando tres cuadras derecho.
11.- Naturalización. El mejor turista es aquel que ya comienza a mimetizarse con las costumbres del lugar que está visitando. Por ejemplo, si fue a Córdoba le encanta la Mona y vuelve diciéndole “culiado” a todo el mundo. Si fue a Rosario o Baires (“Baires” indica haber viajado a Buenos Aires) le pone “s final” a todas las palabras, si fue a Entre Ríos ya no es “pibe”, sino  “gurí” o “anda” es “ande” y, por último, se lo identifica porque cambió la camiseta de su club por la del club de esa ciudad.

En Pausa #138, miércoles 30 de julio de 2014. Conseguilo en estos kioscos.

martes, 5 de agosto de 2014

“No quería morirme sin abrazarlo”

Estela de Carlotto halló a su nieto luego de 37 años de búsqueda. “Está muy conmocionado pero también muy feliz”, dijo la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Se llama Ignacio Hurban, tiene 36 años y es músico. En forma voluntaria se hizo el ADN, que confirmó su identidad. Para su familia, es Guido: el hijo de Laura Carlotto, nacido en cautiverio en el 26 de junio de 1978 en el centro clandestino de detención La Cacha, partido de La Plata, provincia de Buenos Aires.
Esta tarde, en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto dio una conferencia de prensa para confirmar la noticia. Aclaró que, por respeto a Ignacio y a la familia que lo adoptó –a quienes desvincularon de las políticas de apropiación ejercidas bajo el terrorismo de Estado–, no van a dar ciertos detalles. “Las abuelas tenemos códigos”, resumió Estela. Su nieto se había comunicado más temprano con Claudia, otra de las hijas de Estela: le dijo que estaba “bien y muy feliz”.
Con una serenidad asombrosa, extenuada, feliz, de muy buen humor, la titular de Abuelas dijo que el hallazgo de Ignacio (Guido), el nieto recuperado número 114, es “un premio para todos”. Aquí, las frases salientes de la conferencia de Estela de Carlotto:
“Quiero compartir esta alegría enorme que me brinda la vida después de todo lo que buscamos a nuestros hijos y a nuestros nietos. Esto es un premio para todos”.
“La silla vacía va a estar para él; los portarretratos, vacíos, van a tener su imagen”.
“Se cumplió lo que decíamos: ellos nos van a buscar cuando nosotros los seguimos buscando”.
“He soñado con él desde antes que naciera, porque yo no sabía que Laura estaba embarazada cuando la secuestraron”.
“La historia completa no la sabemos todavía, la vamos a armar, tenemos mucha información pero vamos a ser cautelosos por la familia. Esto es muy fuerte y lo más importante es nuestro respeto por él”.
“Esto es para los que todavía dicen basta, para aquellos que dudan si lo que hacemos está bien, para los que pretenden que olvidemos, que demos vuelta la página. Esto, para los buenos argentinos, es una reparación. Y es una reparación para él, para nuestra familia y para la sociedad en su conjunto”.
“Gracias a Dios, gracias a todos, gracias a la vida, porque lo que yo quería era no morirme sin abrazarlo”.
“Está todo bien. Por suerte había ido al cardiólogo hace unos días”.
“Lo quiero abrazar, lo quiero mirar, quiero tocarle la cara”.
“Esto es un triunfo de los argentinos, es un triunfo de todos. Son argentinos desaparecidos que están cerca, esperando que los encontremos. La justicia felizmente está actuando”.
“Lo que no queremos ninguna de nosotras es que esta historia se repita en las futuras generaciones”.
“Siempre pensé que lo iba a ver, que lo iba a poder abrazar. Él está muy bien. Yo creo que va a hacer un proceso muy rápido”.
“Hay que seguir porque falta mucho y otras abuelas tienen que sentir lo que siento yo. Es la ley universal saber de dónde uno viene”.

Aquí, la historia de Laura Carlotto, la hija desaparecida de Estela.
¿Quién es Ignacio Hurban, el nieto 114?
La lucha de Abuelas de Plaza de Mayo

La primera foto (8 de agosto de 2014)

El esperado regreso de la aplanadora

Divididos, el trío más poderoso del rock argentino, vuelve a Santa Fe tras nueve años de ausencia.  La cita es en Unión el sábado 9 de agosto a las 21.00.


Después de nueve años, el grupo integrado por Ricardo Mollo en voz y guitarra, Diego Arnedo en bajo y Catriel Ciavarella en batería, regresa a los escenarios de nuestra ciudad. Divididos estará tocando este sábado 9 de agosto a las 21.00 en el Estadio Cubierto del Club Unión (Av. Lopez y Planes 3550). Las entradas anticipadas pueden conseguirse en la Chopería Santa Fe (San Jerónimo 3498) y Triferto Peatonal (San Martín 2360).

25 años no son nada
El año pasado, Divididos festejó sus 25 años de historia con presentaciones en Capital Federal y diferentes provincias argentinas. La vigencia del trío puede observarse en el DVD Audio y Agua del 2011 (en el 2013 fue editado en formato BluRay). La producción es el primer registro audiovisual en vivo editado por la banda, con sonido 5.1 y una decisión de planos e imágenes que permiten sentir la demoledora presentación de Amapola del 66 en el Luna Park.
Amapola del 66 (editado en el 2010) es el álbum que superó el reconocimiento de Disco de Platino y fue presentado en Tilcara –Jujuy– y en cuatro oportunidades con entradas agotadas en el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires. Fue además editado en vinilo de colección, agotándose rápidamente.

Una larga trayectoria
Nacidos en 1988 tras la disolución de Sumo, el trío ha editado ocho discos de estudio y tres en vivo.
La banda combina la prolijidad y precisión que brindan los años con el gran talento de sus integrantes. El virtuosismo de Mollo y Arnedo y la contundencia en los parches de Ciavarella  desembocan en un río de canciones que fluyen hacia caudales eléctricos y acústicos.
Si bien la complicidad entre Arnedo y Mollo es indiscutible, el puesto de la batería fue un espacio conflictivo. Desde 1988 a hoy pasaron: Gustavo Collado, Federico Gil Solá y Jorge Araujo. En 2004, Catriel Ciavarella ingresó a la banda y desde ese momento muestra en cada show estar a la altura de las leyendas musicales a las que acompaña.
En 2010, Narigón del siglo (2000) y la canción “Spaguetti del rock” fueron seleccionados como el mejor disco y la mejor canción de la primera década del siglo XXI por la revista Rolling Stone. Además, La era de la boludez (1993), Vengo del placard de otro (2002) y Vivo acá (2003) forman parte de la antología del rock nacional.
En la edición 2011 de los Premios Gardel, obtuvieron el Gardel de Oro, la máxima mención. Con estatuillas en las categorías álbum del año, producción del año (ambas por Amapola del 66) y mejor grupo de rock, la banda fue la más premiada.
La paleta musical de Divididos se caracteriza por su amplia variedad. Hard rock, funk, postpunk, folclore y tango conviven en un cóctel furioso, que en vivo explota sin concesiones.  El vértigo de “Ala Delta”, la imponente descarga eléctrica de “El arriero” y el ritmo cuasi bailable de “Qué tal” son sólo algunos ejemplos.

Contando los días
El último recital de la aplanadora en Santa Fe data del 29 de octubre de 2005. Una espera de nueve años que se desvanecerá en el instante en que los primeros acordes de la guitarra de Mollo hagan explotar la ansiedad de los fans santafesinos que colmarán el Estadio Cubierto de Unión.

En Pausa #138, miércoles 30 de julio de 2014. Conseguilo en estos kioscos.

Elegir sobrevivir para vivir

Yo elijo contar mi historia es el libro de Elena Moncada, una santafesina que logró salir del mundo de la prostitución y contar el infierno de 18 años de noche, calle y drogas.


Elena hoy elige una vida distinta, disfrutando de sus hijos y nietos, militando y aportando su granito de arena por una sociedad mejor. Pero Elena no siempre pudo elegir. Repite una y otra vez que hizo lo que podía hacer con lo que le tocó. Y repite una y otra vez cómo fue el momento en el cual pudo encontrarse, descubrirse, pensarse.
La historia de una vida pasada de prostitución en el testimonio
directo de Elena Moncada. Foto: Olivia Gutiérrez

Elena Moncada nació en Santa Fe, en el barrio Villa del Parque. Como ella misma cuenta, a los 23 años, y ya siendo madre, un hombre la enamoró, y la captó. “Ahí me fui a Buenos Aires y conocí otro mundo, pasé de la precariedad total a vivir en un lugar muy distinto, con cosas que te maravillaban pero que también tenían un costo, había que pagarlas para mantenerlas. Yo en ese momento no entendía nada, no podía dimensionar lo que estaba haciendo, lo que me estaba pasando. Por eso repito ahora el ‘yo elijo’, porque ahora sí tengo las herramientas para elegir cómo quiero que sea mi vida, dónde quiero estar; en aquel momento no era así”.
El libro en el que hoy relata su historia, el cual fue posible gracias a la ayuda de integrantes de la ONG Canoa, le llevó casi tres años de trabajo. Había mucho que contar. “Con 45 años sentía que había vivido muchísimo y me parecía que estaba bueno ponerlo en palabras”, explica Elena.
“Fue difícil ver ahí en la computadora, y luego en las páginas, mi historia, porque esa era una Elena que yo quería que desaparezca. Pero también hacer este libro es como una forma de sanar heridas que aún siguen muy abiertas, además de ser una herramienta de trabajo, de lucha, de concientización, una herramienta que ayude a las mujeres a pensarse”.
—¿Por qué el libro se llama Yo elijo contar mi historia?
—Porque hoy puedo elegir y eso es algo muy importante para mi. No sólo elegir contar mi historia, sino poder elegir todo lo que tiene que ver con mi vida. Es también una forma de mostrarle a la gente, de sacarles los prejuicios sobre las compañeras en situación de prostitución. Nadie elige, libre y conscientemente, estar en ese lugar. La prostitución no es un trabajo, aunque alguna vez yo también me creí eso. La prostitución es una forma de violencia hacia el cuerpo de la mujer, yo no creo que ninguna de mis compañeras elija estar parada en la esquina, con 1 grado o con 40 grados, expuestas a todo, totalmente vulnerables. Cuando por ahí en las presentaciones del libro me preguntan a qué me refiero yo cuando digo que fui violentada durante 18 años, es a todo eso: violentada por las temperaturas, por un cliente que te levanta y después no quiere pagarte, por un regenteador que te saca la plata y te encierra. También suelen preguntarme si en esos años me violaron, y yo digo que todo el tiempo fui violada. Por eso la prostitución nunca puede ser trabajo.
Con esta postura Elena toma distancia de las asociaciones que proclaman a la prostitución como un trabajo y que reclaman para sí derechos de trabajadoras, como sindicalización y jubilaciones.
—¿Qué pensás de este tipo de reclamos?
—Hay compañeras que se sienten como orgullosas de decirse “trabajadoras sexuales”, yo en algún momento también creí en eso, pero cuando me presentaba a mi misma diciendo “soy Elena, trabajadora sexual”, había algo que me hacía ruido, que no estaba bien. Por eso no estoy de acuerdo en la sindicalización de las compañeras, en que se les dé una jubilación por este “trabajo”. Yo soy abolicionista, quiero que la prostitución desaparezca y  que todas las mujeres que pasamos por eso tengamos algo mucho mejor. Una cuando está en esa situación dice “voy a trabajar a la esquina”, pero porque todavía no pudo pensarse, ni pensar en lo que eso significa, por eso no estoy de acuerdo con esto de la sindicalización, porque creo que en algún punto las compañeras no son conscientes de toda la situación en la que están.

Salir del infierno
Después de 18 años de noche, calle y drogas, Elena despertó de la pesadilla. “Fue en un momento en el que estaba muy mal, muy pasada de drogas. Tenía casi 40 años y empece a pensar qué era lo que quería para mi vida. Pasaron dos cosas que me movilizaron, una fue una situación muy fea que viví en Constitución, Buenos Aires, que me hizo tomar conciencia de que podía terminar muy mal. Y la otra, ya cuando me estaba mudando para acá, fue que mi hija quedó embaraza. Ahí fue cuando me dije que lo que había vivido con mis hijos y lo que ellos conocieron de mi ya no lo podía cambiar, pero que para mis nietos podía tener algo diferente, podía elegir otra cosa para mi vida y para ellos”.
—¿Qué les pasa a tus hijos con el libro, con tu historia?
—He tenido momentos conflictivos con ellos hasta que leyeron el libro y pudieron entender un poco más. Mi hija siempre me decía que yo podría haber elegido otra cosa, quedarme en Santa Fe, pero yo no tuve quién me enseñara que podía elegir otra cosa, yo me metí en eso y no podía volver, no era tan fácil. Hoy veo mi familia y estoy orgullosa de ellos, estoy orgullosa de la mujer que soy hoy.
Desde 2001, cuando aún estaba en Buenos Aires, Elena Moncada milita en diferentes espacios. Con su vuelta a Santa Fe y siendo Promotora de Salud, conformó su propia organización que funciona en Villa del Parque: Santa Fe en actividad por los derechos de las mujeres. Tanto el libro como este espacio que hoy lleva adelante, tienen como objetivo ayudar a que las mujeres que se encuentran en situación de prostitución puedan pensarse desde un lugar diferente, como personas libres, como sujetos de derecho. 
Muchas de las mujeres que la acompañan en la organización tienen una historia parecida a la de Elena, y juntas trabajan difundiendo los derechos de las mujeres y la prevención del VIH, entre otras cosas. Además, Elena integra la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos (Amadh), desde la cual se bajan diferentes proyectos que tienen que ver con la empoderación de las mujeres en situación de prostitución, brindándoles cursos, capacitaciones y espacios de reflexión.
—¿Cómo es tu vida hoy en Santa Fe?
—Mi vida hoy es mucho más linda, quizás con menos dinero, porque no es fácil pasar de tener todos los días $500 a $50, pero cuando apoyas la cabeza en la almohada tenes una tranquilidad que no tiene precio. Ya no pensás ni en el frío, ni en el calor, ni en las enfermedades o los peligros que en sí tiene la noche. De todas maneras, todavía hay una parte de mi que no sanó, que aún está en proceso y es la relación con mi cuerpo, no por el aspecto físico sino por lo difícil que es volver a conectarme con él de otra forma cuando durante años sólo fue un objeto a disposición. Igual hoy siento que tengo cabeza y energía para un montón de cosas, y quizás no es demasiado lo que podamos hacer desde nuestro pequeño lugar, pero es importante seguir en la lucha porque hay mucho por hacer.

En Pausa #138, miércoles 30 de julio de 2014. Conseguilo en estos kioscos.