El ex gobernador y el ex ministro de Reutemann pasaron por Tribunales. Son testigos, no imputados.
Hasta el 5 de julio, salvo que haya prórrogas, se extenderá la etapa de producción de pruebas de la causa penal por la inundación de 2003, que afectó a 130 mil vecinos. Los procesados –y únicos ex funcionarios sobre los que podría caer el liviano peso de la ley– son el ex intendente Marcelo Álvarez, el ex ministro de Obras Públicas Edgardo Berli y el ex director provincial de Hidráulica Ricardo Fratti, imputados de estrago culposo agravado por la muerte de 18 personas. El juez Gustavo Urdiales, con los fiscales Mariela Jiménez y Jorge Andrés, se están abocando a escuchar testimonios y revisar documental propuestos por los tres imputados y por la parte demandante, los actores civiles Jorge Castro y su esposa Milagros Demiryi.
31 personas comparecerán ante Urdiales. Reutemann, amparado en sus fueros como senador nacional, podrá testimoniar por escrito. También el intendente José Corral y el gobernador Antonio Bonfatti tendrán la posibilidad de redactar sus respuestas. Su participación es requerida por ser los titulares de la provincia y del municipio, ambos estados demandados por el matrimonio Castro debido a los daños sufridos durante la catástrofe.
Entre 2003 y 2006 transcurrió la etapa de instrucción de la causa, cuando se investigó el hecho y sus supuestos responsables. Los jueces Diego de la Torre y su sucesor Jorge Patrizi, con la asistencia del fiscal Ricardo Favaretto, llamaron a declarar a más de 30 testigos, pero no a Jorge Alberto Obeid o a Juan Carlos Mercier. En 1997, Obeid, como jefe del Ejecutivo provincial, inauguró la inconclusa defensa Oeste, sin tomar en cuenta que a la altura del Hipódromo había un corte por el que, seis años después, ingresaría el Salado. Por su parte, y siempre bajo el ala de Reutemann, Mercier fue ministro de Hacienda entre 1991 y 1995 y de 1999 a 2002. Durante ese primer período y en los dos últimos años del segundo también estuvo a cargo de Obras y Servicios Públicos. Es decir, tuvo en dos oportunidades a su plena disposición recursos y los planos técnicos para proteger con seriedad a la ciudad contra las inundaciones, pero no lo hizo. Pasaron 3.697 días desde el 29 de abril de 2003 para que la Justicia cuestionara a él y a Obeid sobre lo ocurrido. De todas formas, sólo atestiguaron en el marco de la causa que se les sigue a Berli, Fratti y Álvarez. Así como no los llamó hasta ahora, la Justicia santafesina tampoco los imputó.
El 12 de junio, un grupo de inundados y militantes de agrupaciones sociales esperaba la llegada de ambos ex funcionarios, en medio de un operativo policial que superaba con creces lo necesario. Lo que es más: prohibieron a los damnificados transitar por la vereda de San Jerónimo al 1500, impidieron el ingreso de camarógrafos a Tribunales y vallaron las cercanías de la Sala de Audiencias para que los medios no pudieran acercarse. Las últimas dos medidas se mantuvieron para cada testimonial; todo hace pensar que continuarán vigentes. El nerviosismo de la corporación político-judicial ante el caso y sus posibles repercusiones es evidente, y se traslada a los efectivos policiales del edificio, que no reparan en vociferar a través de sus handies la ubicación y características físicas de los periodistas que cubren el evento. En tiempos electorales, el pánico cunde.
Durante dos horas, Mercier hizo una pormenorizada y compleja exposición, que acompañó con documental, con el objetivo de asignar a la Nación la responsabilidad de hacer el tramo III del terraplén Oeste. Concretamente. Explicó que a través del decreto 1.299 del año 2000, Fernando De la Rúa creó el Fondo Fiduciario de Desarrollo de Infraestructura, del cual debía proceder el dinero para reactivar las obras. Pero luego –indicó– sobrevino la crisis de 2001 y la plata nunca llegó. También aseguró que asistió a la inauguración de los trabajos en 1997 en calidad de invitado, pero que en ese entonces desconocía si la defensa estaba bien terminada o no.
Obeid declaró que cuando asumió como gobernador en 1995 los tramos I y II estaban ya en ejecución, conforme a los pliegos diseñados por la primera gestión de Reutemann. Así, su única acción al respecto fue terminar e inaugurar un proyecto aprobado por su antecesor. Dijo que no recordaba haber recibido en 1997 ninguna observación o crítica sobre la terminación del tramo II y que cuando retornó al Ejecutivo, a fines de 2003, se ocupó de poner en marcha el Ente de la Reconstrucción. Por lo demás, su administración derivó a los organismos técnicos pertinentes y a la Justicia toda información que pudiera esclarecer los motivos del ingreso del agua. La Justicia tiene que “decidir cuáles fueron las causas que provocaron la inundación”, agregó, y se justificó en el hecho de que, al momento de la catástrofe, él se encontraba desarrollando actividades políticas en Buenos Aires como diputado nacional. Sólo tenía versiones periodísticas, dijo, pero nunca una información precisa acerca de cómo ingresó del agua. El ex gobernador salió de Tribunales escoltado por un vehículo de la Guardia de Infantería, que resultó embadurnado de huevazos, propinados por los mismos damnificados que el legislador peronista había ninguneado en su declaración minutos antes.
Las audiencias arrancaron el 10 de junio pasado con Jorge Alfonso Bounous, ex subsecretario de Obras Públicas municipal. Y ya declararon también el profesor de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas e investigador del Conicet Carlos Alberto Vionnet, Rafael Pretto, jefe del distrito Santa Fe de Vialidad Nacional y tres peritos que ya aportaron al expediente informes técnicos sobre las causas y efectos de la inundación: Jorge Daniel Bacchiega, Jorge Adolfo Maza, y Alfredo Trento.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
sábado, 6 de julio de 2013
viernes, 5 de julio de 2013
Regresa en la Legislatura el debate por los agroquímicos
Dos proyectos ingresados el último mes en la Legislatura provincial buscan regular el uso de agroquímicos, modificando la ley vigente, con el objetivo de proteger la salud y el ambiente. El tema viene de larga data; hasta ahora las organizaciones ambientalistas que promueven las reformas no lograron reunir el suficiente consenso político para avanzar hacia una nueva ley de agroquímicos.
Uno de los proyectos, presentado por el diputado kirchnerista José María Tessa (bloque Nuevo Encuentro), prohíbe las fumigaciones aéreas en toda la provincia y restringe las terrestres a una distancia no menor a 800 metros de los centros urbanos y de 1.000 metros de las escuelas rurales.
Además, prohíbe la aplicación terrestre de fitosanitarios de clases toxicológica II (banda amarilla, Producto Moderadamente Peligroso o Nocivo) dentro de un área de 1.500 metros de las zonas urbanas y la utilización de productos de clases toxicológicas I a y I b (banda roja, los productos más peligrosos para la salud y el ambiente) dentro del área de 3.000 metros de los lugares poblados.
La diputada socialista Inés Bertero ingresó otro proyecto de ley que prohíbe la aspersión aérea de glifosato a 1.000 metros de los centros poblados y de los cursos de agua y a 500 metros cuando la actividad se realice de manera terrestre. Es una reforma similar a la que había discutido la anterior composición de la Legislatura.
La ley de agroquímicos quedó desfasada en cuanto a la realidad productiva de la provincia. El proyecto de Bertero se apoya en “el principio precautorio” y propone que los agroquímicos de banda roja –las clases toxicológicas I a (producto sumamente peligroso o muy tóxico), I b (producto muy peligroso o tóxico) y II (banda amarilla, producto moderadamente peligroso o nocivo)– tengan mayores restricciones. Para esos casos, impone la prohibición de la fumigación aérea dentro de una zona de 3.000 metros del límite de las plantas urbanas, de 1.000 metros de los límites de escuelas rurales, parques industriales, complejos deportivos y recreativos, barrios privados y caseríos, de zonas de interés turístico y áreas naturales protegidas y de 1.000 metros de las costas de los ríos, lagunas y humedales.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
Uno de los proyectos, presentado por el diputado kirchnerista José María Tessa (bloque Nuevo Encuentro), prohíbe las fumigaciones aéreas en toda la provincia y restringe las terrestres a una distancia no menor a 800 metros de los centros urbanos y de 1.000 metros de las escuelas rurales.
Además, prohíbe la aplicación terrestre de fitosanitarios de clases toxicológica II (banda amarilla, Producto Moderadamente Peligroso o Nocivo) dentro de un área de 1.500 metros de las zonas urbanas y la utilización de productos de clases toxicológicas I a y I b (banda roja, los productos más peligrosos para la salud y el ambiente) dentro del área de 3.000 metros de los lugares poblados.
La diputada socialista Inés Bertero ingresó otro proyecto de ley que prohíbe la aspersión aérea de glifosato a 1.000 metros de los centros poblados y de los cursos de agua y a 500 metros cuando la actividad se realice de manera terrestre. Es una reforma similar a la que había discutido la anterior composición de la Legislatura.
La ley de agroquímicos quedó desfasada en cuanto a la realidad productiva de la provincia. El proyecto de Bertero se apoya en “el principio precautorio” y propone que los agroquímicos de banda roja –las clases toxicológicas I a (producto sumamente peligroso o muy tóxico), I b (producto muy peligroso o tóxico) y II (banda amarilla, producto moderadamente peligroso o nocivo)– tengan mayores restricciones. Para esos casos, impone la prohibición de la fumigación aérea dentro de una zona de 3.000 metros del límite de las plantas urbanas, de 1.000 metros de los límites de escuelas rurales, parques industriales, complejos deportivos y recreativos, barrios privados y caseríos, de zonas de interés turístico y áreas naturales protegidas y de 1.000 metros de las costas de los ríos, lagunas y humedales.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
Mil rutas, un camino
Entrevista a Cristian “Muñe” Cargnello, voz líder y miembro
fundador de Butumbaba.
“Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio, ¿Cuándo?
pero ¿cuándo?, ¡si siempre estoy llegando!”, afirmaba Aníbal Troilo en
“Nocturno a mi barrio”. Y esa sentencia bien puede aplicarse a los Butumbaba,
que a pesar de su paso intermitente siguen presentes en el corazón de sus fans.
La histórica banda de reggae santafesina, con 20 años de trayectoria y
proyección internacional, vuelve al ruedo después de un parate de dos años.
Esta vez, el disparador del retorno es el show El regreso de Butumbaba, que se
realizará el 5 de julio a las 21 en la Sala Luz y Fuerza (Junín 2957), en el marco del
ciclo “Luz y Fuerza. Música con Energía”. Pero la vuelta se encuentra
acompañada de un plus: la canción “Mil rutas” y su video, ambas realizaciones
independientes. Con motivo de repasar esta cargada actualidad, hablamos con
Cristian Cargnello, mejor conocido como “Muñe”, voz líder y miembro fundador de
la banda.
Se hacen camino al andar
“Mil rutas” es un recorrido autobiográfico en combi, con la
presencia incluida de los ex miembros del grupo. El video fue masterizado en
Jamaica, por Delroy “Spiderman” Thompson, reconocido por sus trabajos con
artistas como Bob Marley and the Wailers y
Peter Tosh, entre otros. Al respecto de esta producción, Muñe afirma que
“fue muy íntimo, hecho por nosotros. Tanto la grabación del tema como del
video. La canción fue registrada en nuestra sala de ensayos, consiguiendo
equipos y micrófonos. Y como uno de los chicos de la banda fue sonidista, se
arriesgó a hacerla. Entonces le dije: ‘si vos te animás con la grabación, yo
voy con el video’. Lo encaramos así por una cuestión de necesidad. Hoy en día
salir a grabar, filmar y pagar cuando no estamos en movimiento, es una
inversión demasiado grande. Nos jugamos por algo casero. Justo salió esta
canción que habla de lo que vivimos y todo terminó dando forma a una pequeña
obra. Aprovechamos para hacer un homenaje a músicos que formaron parte del
grupo, entre ellos mi hermano, que en el video es el primero que se baja de la
combi. El clip tiene pequeños símbolos que, a quienes conocen la historia de
Butumbaba, les van a encantar. Por ejemplo, el dial que se sintoniza en la
radio es el 93, que coincide con el año en que hicimos ‘Caipirinha’. También es
una forma de volver y mostrar que estamos vivos. Superamos un receso de dos
años en el que pasamos por un montón de asuntos: hijos, cambios de laburos y de
integrantes. Pero siempre estuvimos unidos”.
Paso a paso
Este renacer conlleva la pregunta sobre una nueva
producción. El último álbum de Butumbaba fue Majikakonvinazion, editado en el
2007 y grabado en Argentina y México. Al respecto, Muñe expresa que “siempre
pensamos en un disco porque tenemos temas como para hacerlo. Pero nos gustó
esta experiencia de ponerle dedicación, energía y tiempo a una sola canción.
Fue trabajoso, pero el haberlo hecho por nuestra cuenta nos da una satisfacción
especial. Pusimos todo en el concepto. Hay partes del tema que fueron armadas pensando
en el video. También le metimos la fusión musical de siempre. Este experimento
nos agradó mucho y salió mejor de lo que esperábamos. Tal vez armar pequeñas
canciones y videos con más mente, corazón y trabajo, sea una nueva forma de
encarar este camino sin final”.
El show que viene
El motor de este regreso es el recital que realizarán el
próximo 5 de julio en Luz y Fuerza. El cantante reconoce que “el show fue lo
que nos activó. Teníamos que grabar algo y pusimos un punto para largar, porque
sino, nos seguíamos durmiendo. Necesitábamos ponernos una meta. Con el recital
fijado se fue acomodando el resto. Nos damos cuenta que estamos un poco fuera
de estado, porque nos está costando más. Dos años después, cada uno viene con
un montón de trabajos individuales. Al no existir el espacio de la banda, se va
llenando con otras cosas. Capaz que cuando tengamos el show armado con los
temas terminados, podamos salir a tocar tranquilos”.
La escena
En la última década, el reggae se consolidó como género
musical en Argentina. Con grupos convocantes, una identidad definida y espacios
propios en los eventos masivos, se ha ganado un lugar que no piensa ceder.
Muñe, conocedor de las idas y vueltas de la movida, opina que “el reggae
siempre se ponía de moda en el verano. Pero desde hace unos años se instaló
como género. Hay festivales que le dedican un día completo a bandas de reggae.
El espacio es mucho más grande. Pero la escena la dominan cuatro o cinco
bandas, que son las mejores del país. Por otro lado, los grupos de reggae se
han triplicado. Nosotros fuimos los primeros de la ciudad. No teníamos idea de
dónde agarrarnos. Nos surgían un montón de preguntas. Hoy, con la llegada de
Internet, es mucho más fácil. Pero en su momento fue todo aprender y
descubrir”.
Butumbaba y yo
Para Muñe, Butumbaba es parte fundamental de su ser. Dos
décadas con este proyecto lo llevan a reflexionar que “es una experiencia
importante, son 23 años. Porque 20 años antes de Butumbaba estaba La iguana, de
la que fui parte y creador. Es poco más de la mitad de mi vida. No me veo sin
la banda. No sé si podría hacer música con otro artista. Le metí mucho de
corazón. Fue un aprendizaje constante. Me enseñó a trabajar en grupo y a
liderar. También aprendí a crear, dado que parte de lo que hice para el grupo,
después lo apliqué en mi trabajo. Empecé a hacer el sitio web de Butumbaba y
después me especialicé en desarrollar webs. Y eso me generó un laburo. Ahora
produzco videos y arte de discos para otros músicos. Me sirvió muchísimo”,
concluyó.
Publicada en Pausa #116, miércoles 26 de junio de 2013
Disponible en los siguientes kioscos
miércoles, 3 de julio de 2013
Luz y música
Rock, reggae, jazz, tributos y folklore en la tercera
edición del ciclo “Luz y Fuerza, Música con Energía”.
Por tercer año consecutivo, el ciclo “Luz y Fuerza, Música
con Energía” reúne a exponentes locales y regionales de los más diversos palos.
En la edición 2013, que empieza el 5 de julio y se prolongará durante seis
viernes, siempre a las 21, se presentarán Butumbaba, SanJacinto Rock, Magical
Beat (con su tributo a los Beatles), la Santa Fe Jazz Ensamble, Pulse (tributo a Pink
Floyd) y Efraín Colombo.
SanJacinto Rock surge a fines de 2010 y recibe su nombre en
honor a la canción de Peter Gabriel. El grupo navega entre distintos registros:
rock alternativo, progresivo y hasta sinfónico, tango y reggae. Y si de allí
surge un nuevo género, ese es el que define a SanJacinto, una banda formada por
experimentados músicos de la ciudad: Martín Latino (voz), Lázaro Ramos
(Guitarra), Adrián Perren (Batería), Ramiro Torres (Bajo), Mariano Toledo
(Guitarra) y Daniel Paolantonio (Teclados).
Pulse es un tributo a Pink Floyd con más de diez años de escenarios que respeta el estilo conceptual de los elaborados álbumes, de las texturas sonoras y de las cuidadas atmósferas que caracterizan a la legendaria banda inglesa. Pulse invita a disfrutar de creatividad y calidad, cualidades que se ven reflejadas en su repertorio cuidadosamente seleccionado, en los exquisitos sonidos, en el shows de luces y vídeos y en el exclusivo show cuadrafónico que rememora lo mejor de Pink Floyd.
Efraín Colombo, intérprete, autor y compositor, editó su primer disco (“De la esencia al canto”) con invitados de lujo como Julián Ratti, Soledad Pastorrutti (con quien interpreta “Santa Fe en mi corazón”) y Abel Pintos (con quien canta “Aún hay sueños”). El disco tiene 14 canciones, todas de autores y compositores argentinos de raíz folklórica. Después de girar por importantes escenarios, cerrará el ciclo en
Publicada en Pausa #115, miércoles 12 de junio de 2013
martes, 2 de julio de 2013
Las paradojas de la protesta
Rio de Janeiro, 20 junio, la movilización y la represión policial, vistas desde la calle. Y cómo es el juego de los medios de comunicación para apropiarse de las demandas.
Por Carolina Castellitti.
La manifestación convocada para el jueves 20 de junio en Rio de Janeiro proponía una caminata desde la iglesia de la Candelaria, en el centro, hasta la Municipalidad, a 3 kilómetros en línea recta, sirviendo como eje una gran avenida que une los dos puntos, la Presidente Vargas. Con dos amigos llegamos caminando casi una hora después del horario marcado (las 5 de la tarde), y desde bastante antes de la Candelaria empezamos a cruzar muchísimas personas, la mayoría con remeras y banderas de Brasil, la cara pintada de verde y amarillo, y una cartulina en la mano. Casi todos tenían entre 18 y 30 años, eran blancos y estaban “bien vestidos”. Las cartulinas parecían responder a un llamado prácticamente obligatorio y al mismo tiempo excesivamente vago (las personas inclusive caminaban con fibrones en la mano y de vez en cuando se sentaban para escribir). Y las consignas también eran variadas: desde algunas bien simples, del tipo #vemprarua, estamos cambiando Brasil, “el gigante despertó”, “dejá de quejarte por facebook y salí a la calle”, “basta de corrupción”, “más educación y menos fútbol” hasta otras mucho más creativas, con rimas o ironías. Para un observador un poco atento y acostumbrado a interpretaciones políticas más o menos clásicas de una manifestación, las paradojas se sentían como cachetazos: en las mismas expresiones de repudio a Marcos Feliciano (diputado federal, pastor de una iglesia ligada a la “Assambleia de Deus”, conocido por declaraciones homofóbicas, racistas y misóginas), se acusaba a Dilma de “sapatão” (“tortillera”), exigiéndole “salir del closet”, o simplemente expresaban: “son tantos motivos que no caben en este espacio”. En los cánticos, seguidamente a un “sin violencia” y “Cabral vai tomar no cu” (en repudio al gobernador de Rio), de repente alguien comenzaba a cantar el himno y la multitud lo seguía emocionada.
Era mucha gente, que colmaba una avenida de cuatro carriles a lo largo de los tres kilómetros. Y lo que más nos llamaba la atención, es que no podíamos identificar la bandera de ningún partido político. Tratábamos de llegar más adelante, donde suponíamos iban a estar las personas políticamente organizadas, con consignas claras, de izquierda, pero nunca llegaban.
De repente, cuando ya estábamos bastante cerca de la Municipalidad, grandes grupos de personas empezaron a correr en sentido contrario, mientras algunas pocas intentaban calmar al resto y gritaban que no había que correr. En ese momento había mayor peligro de ser pisoteado por una multitud que alcanzado por una bala de goma. Nos sentamos, e intentamos que las personas se sentaran, pero fue imposible, el miedo ya se había diseminado y lo que todo el mundo quería era salir de ahí. Ese fue otro de los aspectos paradójicos: era una multitud pacífica, por no decir ingenua, y de repente lo único que se escuchaban eran bombas y más bombas. Medio perdidos, sin saber lo que estaba pasando “allá adelante”, empezamos de a poco a volver. Llegando a una región más tranquila, cerca del Teatro Municipal, donde las personas estaban más dispersas, nos acercamos a un bar con la intención de ir al baño y sentarnos a comer algo. En las escalinatas de un edificio al lado del teatro se empezaron a concentrar algunas personas de las que llevaban banderas de Brasil y cantaban el himno, mientras otras personas se sacaban fotos, cual atracción turística. En el bar había personas mayores, tomando lisos, comiendo papas fritas: el clima era casi festivo. Una de las personas que estaba conmigo demostró un espíritu visionario cuando, al terminar de expresar “no vamos a llegar a pagar la cuenta y la policía ya va a estar acá al lado”, empezamos a escuchar bombas nuevamente, pero esta vez al lado nuestro. El bar empezó a cerrar las persianas y, temiendo nuevamente ser aplastados por la multitud que corría, empezamos a caminar alejándonos. Así fue hasta que llegamos a casa, parecía que las bombas de la policía nos acompañaban de cerca, a donde sea que vayamos.
Cuando llegamos lo primero que hicimos fue prender la computadora (no tenemos televisor) para tener algo de información. Desde facebook, supimos que un grupo grande de personas estaban literalmente encerrados en la facultad de filosofía y ciencias sociales (que queda cerca de la Candelaria), porque la policía no podía entrar pero tampoco los dejaban salir. Supimos de una amiga que estaba en un bar cerca de donde nosotros estuvimos, cuando la policía tiró una bomba de gas lacrimógeno por una ventana. Los grandes medios estaban cubriendo paralelamente las manifestaciones pacíficas, según ellos, de otras ciudades; casi no hablaban de Rio. Pero por las redes sociales se avisaba que había mucha policía en la calle, que estaban dispersando a la gente de todos lados y que había que tener cuidado.
En ese momento empezamos a saber que realmente hubo una “línea de frente” más politizada, a partir de la cual se dio el confronto directo con la policía. No sabemos muy bien cuál acción fue la desencadenadora, pero la dinámica fue: bombas “morales” y de goma de parte de la policía, que avanzaba decidida para dispersar, piedras y destrucción (principalmente de bancos) de parte de los manifestantes, mientras corrían retrocediendo.
Las manifestaciones comenzaron en São Paulo el jueves 12, convocadas principalmente por la agrupación “Passe Livre”, en repudio al aumento de las tarifas de ómnibus. En Rio de Janeiro, aumentó 20 centavos a comienzos de este mes (con lo cual pasó a costar R$ 2,95), mientras el subte y el tren ya habían aumentado a principio de año (cada uno salía 3,50 y 3,10 reales respectivamente). Es decir, las manifestaciones surgieron específicamente para protestar contra ese aumento de 20 centavos, si bien los objetivos de esa agrupación apuntan a lograr un uso más democrático de la ciudad a partir de la consigna “tarifa cero”.
Esa primera manifestación en São Paulo fue fuertemente reprimida por la policía, a partir de lo cual proliferaron imágenes de manifestantes y periodistas heridos por balas de goma y golpes. En respuesta a esto, se dio un fenómeno muy particular, que definiría la evolución de esas protestas: los grandes medios de comunicación que hasta ese momento habían repudiado las manifestaciones, comenzaron a apoyarlas, y a “mandar” a las personas a salir de sus casas para reclamar por sus derechos. La población (sobre todo, la población blanca, de clase media) respondió a este llamado y comenzó a salir a la calle, reclamando por una protesta pacífica, “en contra de la corrupción y por un país mejor”. La lectura política que hicieron algunas personas de ese llamado y de esa respuesta resultó no ser tan “maquiavélica” cuando se empezaron a ver carteles pidiendo el “impeachment” para la presidenta Dilma Roussef.
Esa división entre los manifestantes, que la prensa difunde en términos de “vándalos” contra “pacíficos”, no hizo más que acentuarse, al punto de que hoy es posible interpretar la protesta en términos reclaman por los términos de las concesiones del transporte público, por la retribución a las familias removidas en función de las obras para la Copa Mundial, por la democratización de los medios de comunicación, etc.) y manifestantes de derecha (que junto con el “basta de corrupción” y “impeachment” a Dilma, reclaman contra todos los partidos políticos, llegando en algunos casos a hablar de un “Estado mínimo”, en contra de la Bolsa Familia” –el equivalente a nuestra asignación universal–, etc.).
Mi sorpresa ante los sucesos provino de una lectura bastante errada de los acontecimientos. El miércoles anterior a la manifestación, primero el intendente de São Paulo, luego el de Rio, y después los de otras ciudades, anunciaron la remoción de los aumentos en las tarifas. Inmediatamente muchas personas empezaron a festejar, mientras otros, menos conformistas, empezaron a anunciar que eso no significaba una victoria y que la lucha tenía que continuar. Mi pensamiento fue: la próxima manifestación, si es que va gente, va a tener un clima más bien celebratorio, y fin de la historia. Y sin embargo, pasó lo que pasó, desde los distintos polos del arco político izquierda-derecha (y, desde mi punto de vista, la mayoría a partir de una “sensación de incomodidad”, más bien poco reflexiva) las personas volvieron a manifestarse “por más”, si bien ese “más” adquiere un sentido muy diferente en cada caso. Nadie sabe muy bien qué va a pasar, pero después de ver militantes de partidos siendo atacados violentamente por “otros manifestantes”, los llamados de atención sobre el uso cada vez más anti-democrático de las protestas no parecen ser tan “conspiradores”.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
Por Carolina Castellitti.
La manifestación convocada para el jueves 20 de junio en Rio de Janeiro proponía una caminata desde la iglesia de la Candelaria, en el centro, hasta la Municipalidad, a 3 kilómetros en línea recta, sirviendo como eje una gran avenida que une los dos puntos, la Presidente Vargas. Con dos amigos llegamos caminando casi una hora después del horario marcado (las 5 de la tarde), y desde bastante antes de la Candelaria empezamos a cruzar muchísimas personas, la mayoría con remeras y banderas de Brasil, la cara pintada de verde y amarillo, y una cartulina en la mano. Casi todos tenían entre 18 y 30 años, eran blancos y estaban “bien vestidos”. Las cartulinas parecían responder a un llamado prácticamente obligatorio y al mismo tiempo excesivamente vago (las personas inclusive caminaban con fibrones en la mano y de vez en cuando se sentaban para escribir). Y las consignas también eran variadas: desde algunas bien simples, del tipo #vemprarua, estamos cambiando Brasil, “el gigante despertó”, “dejá de quejarte por facebook y salí a la calle”, “basta de corrupción”, “más educación y menos fútbol” hasta otras mucho más creativas, con rimas o ironías. Para un observador un poco atento y acostumbrado a interpretaciones políticas más o menos clásicas de una manifestación, las paradojas se sentían como cachetazos: en las mismas expresiones de repudio a Marcos Feliciano (diputado federal, pastor de una iglesia ligada a la “Assambleia de Deus”, conocido por declaraciones homofóbicas, racistas y misóginas), se acusaba a Dilma de “sapatão” (“tortillera”), exigiéndole “salir del closet”, o simplemente expresaban: “son tantos motivos que no caben en este espacio”. En los cánticos, seguidamente a un “sin violencia” y “Cabral vai tomar no cu” (en repudio al gobernador de Rio), de repente alguien comenzaba a cantar el himno y la multitud lo seguía emocionada.
Era mucha gente, que colmaba una avenida de cuatro carriles a lo largo de los tres kilómetros. Y lo que más nos llamaba la atención, es que no podíamos identificar la bandera de ningún partido político. Tratábamos de llegar más adelante, donde suponíamos iban a estar las personas políticamente organizadas, con consignas claras, de izquierda, pero nunca llegaban.
De repente, cuando ya estábamos bastante cerca de la Municipalidad, grandes grupos de personas empezaron a correr en sentido contrario, mientras algunas pocas intentaban calmar al resto y gritaban que no había que correr. En ese momento había mayor peligro de ser pisoteado por una multitud que alcanzado por una bala de goma. Nos sentamos, e intentamos que las personas se sentaran, pero fue imposible, el miedo ya se había diseminado y lo que todo el mundo quería era salir de ahí. Ese fue otro de los aspectos paradójicos: era una multitud pacífica, por no decir ingenua, y de repente lo único que se escuchaban eran bombas y más bombas. Medio perdidos, sin saber lo que estaba pasando “allá adelante”, empezamos de a poco a volver. Llegando a una región más tranquila, cerca del Teatro Municipal, donde las personas estaban más dispersas, nos acercamos a un bar con la intención de ir al baño y sentarnos a comer algo. En las escalinatas de un edificio al lado del teatro se empezaron a concentrar algunas personas de las que llevaban banderas de Brasil y cantaban el himno, mientras otras personas se sacaban fotos, cual atracción turística. En el bar había personas mayores, tomando lisos, comiendo papas fritas: el clima era casi festivo. Una de las personas que estaba conmigo demostró un espíritu visionario cuando, al terminar de expresar “no vamos a llegar a pagar la cuenta y la policía ya va a estar acá al lado”, empezamos a escuchar bombas nuevamente, pero esta vez al lado nuestro. El bar empezó a cerrar las persianas y, temiendo nuevamente ser aplastados por la multitud que corría, empezamos a caminar alejándonos. Así fue hasta que llegamos a casa, parecía que las bombas de la policía nos acompañaban de cerca, a donde sea que vayamos.
Cuando llegamos lo primero que hicimos fue prender la computadora (no tenemos televisor) para tener algo de información. Desde facebook, supimos que un grupo grande de personas estaban literalmente encerrados en la facultad de filosofía y ciencias sociales (que queda cerca de la Candelaria), porque la policía no podía entrar pero tampoco los dejaban salir. Supimos de una amiga que estaba en un bar cerca de donde nosotros estuvimos, cuando la policía tiró una bomba de gas lacrimógeno por una ventana. Los grandes medios estaban cubriendo paralelamente las manifestaciones pacíficas, según ellos, de otras ciudades; casi no hablaban de Rio. Pero por las redes sociales se avisaba que había mucha policía en la calle, que estaban dispersando a la gente de todos lados y que había que tener cuidado.
En ese momento empezamos a saber que realmente hubo una “línea de frente” más politizada, a partir de la cual se dio el confronto directo con la policía. No sabemos muy bien cuál acción fue la desencadenadora, pero la dinámica fue: bombas “morales” y de goma de parte de la policía, que avanzaba decidida para dispersar, piedras y destrucción (principalmente de bancos) de parte de los manifestantes, mientras corrían retrocediendo.
Las manifestaciones comenzaron en São Paulo el jueves 12, convocadas principalmente por la agrupación “Passe Livre”, en repudio al aumento de las tarifas de ómnibus. En Rio de Janeiro, aumentó 20 centavos a comienzos de este mes (con lo cual pasó a costar R$ 2,95), mientras el subte y el tren ya habían aumentado a principio de año (cada uno salía 3,50 y 3,10 reales respectivamente). Es decir, las manifestaciones surgieron específicamente para protestar contra ese aumento de 20 centavos, si bien los objetivos de esa agrupación apuntan a lograr un uso más democrático de la ciudad a partir de la consigna “tarifa cero”.
Esa primera manifestación en São Paulo fue fuertemente reprimida por la policía, a partir de lo cual proliferaron imágenes de manifestantes y periodistas heridos por balas de goma y golpes. En respuesta a esto, se dio un fenómeno muy particular, que definiría la evolución de esas protestas: los grandes medios de comunicación que hasta ese momento habían repudiado las manifestaciones, comenzaron a apoyarlas, y a “mandar” a las personas a salir de sus casas para reclamar por sus derechos. La población (sobre todo, la población blanca, de clase media) respondió a este llamado y comenzó a salir a la calle, reclamando por una protesta pacífica, “en contra de la corrupción y por un país mejor”. La lectura política que hicieron algunas personas de ese llamado y de esa respuesta resultó no ser tan “maquiavélica” cuando se empezaron a ver carteles pidiendo el “impeachment” para la presidenta Dilma Roussef.
Esa división entre los manifestantes, que la prensa difunde en términos de “vándalos” contra “pacíficos”, no hizo más que acentuarse, al punto de que hoy es posible interpretar la protesta en términos reclaman por los términos de las concesiones del transporte público, por la retribución a las familias removidas en función de las obras para la Copa Mundial, por la democratización de los medios de comunicación, etc.) y manifestantes de derecha (que junto con el “basta de corrupción” y “impeachment” a Dilma, reclaman contra todos los partidos políticos, llegando en algunos casos a hablar de un “Estado mínimo”, en contra de la Bolsa Familia” –el equivalente a nuestra asignación universal–, etc.).
Mi sorpresa ante los sucesos provino de una lectura bastante errada de los acontecimientos. El miércoles anterior a la manifestación, primero el intendente de São Paulo, luego el de Rio, y después los de otras ciudades, anunciaron la remoción de los aumentos en las tarifas. Inmediatamente muchas personas empezaron a festejar, mientras otros, menos conformistas, empezaron a anunciar que eso no significaba una victoria y que la lucha tenía que continuar. Mi pensamiento fue: la próxima manifestación, si es que va gente, va a tener un clima más bien celebratorio, y fin de la historia. Y sin embargo, pasó lo que pasó, desde los distintos polos del arco político izquierda-derecha (y, desde mi punto de vista, la mayoría a partir de una “sensación de incomodidad”, más bien poco reflexiva) las personas volvieron a manifestarse “por más”, si bien ese “más” adquiere un sentido muy diferente en cada caso. Nadie sabe muy bien qué va a pasar, pero después de ver militantes de partidos siendo atacados violentamente por “otros manifestantes”, los llamados de atención sobre el uso cada vez más anti-democrático de las protestas no parecen ser tan “conspiradores”.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
Yo no tomo colectivo, sale caro
Brasil marcha, primero al ritmo del aumento en el transporte público y, ahora, por una multiplicidad de reclamos difícil de diferenciar. Actualidad y claves del conflicto.
Por Emilia Spahn
Con las llamadas “Ven a la calle” del 17 de junio, difundidas masivamente en las redes sociales, Brasil tuvo la mayor manifestación popular desde 1992, cuando renunció el presidente Fernando Collor de Mello. Era ya el quinto acto en rechazo del aumento del boleto del transporte público.
Dos semanas atrás iniciaba la movida cuando unos 5.000 manifestantes acudieron a la convocatoria realizada por el Movimiento Pase Libre, que desde hace casi una década lucha por el acceso irrestricto al transporte público y la gratuidad del pasaje. Con la consigna “si la tarifa no baja, la ciudad va a parar” la protesta se repitió cuatro días consecutivos en São Paulo y extendiéndose a Río de Janeiro y Belo Horizonte. El salto abismal en la cantidad de adheridos se produjo como reacción a la represión por parte de la Policía Militar que signó el cuarto encuentro.
Los medios de comunicación masivos acusaban a los participantes de vandalismo; con la inmediata narrativa que se construyó en las redes sociales a través de videos y fotografías del accionar de la Unidad Antidisturbios de la Policía Militar, la movilización logró una total legitimidad, sobre todo en las clases medias: los uniformados no dudaron en detener arbitrariamente centenares de personas y disparar gases lacrimógenos, gas pimienta y balas de goma apuntadas directamente a los rostros de los manifestantes y periodistas que cubrían los hechos.
El lunes 17 de junio más de 250.000 personas ocuparon las calles de distintas ciudades en repudio de la represión en São Paulo, sumándose a la reivindicación de la reducción del costo del pasaje y encontrando en los 20 centavos de aumento un argumento para opinar sobre el uso de los fondos públicos. En este sentido, no es casual que la multitudiaria movilización tenga lugar en el inicio de la Copa de las Confederaciones, en vísperas a la Copa del Mundo y las Olimpíadas.
Si bien el objetivo principal de la manifestación fue la revocación del aumento del pasaje, la protesta aglutinó a sectores que hasta entonces no habían acompañado la demanda original y que incluyeron más pautas, enfocadas en el pedido de mayores recursos para educación, salud y cultura, el repudio a la corrupción y al desvío de dinero público e incluso la reivindicación del derecho a la protesta mismo.
Desde el 17, las marchas se multiplicaron. Hubo actos en 538 ciudades brasileras y en más 73 ciudades de países del exterior. En siete ciudades capitales y al menos 11 del interior paulista ya se anunció reducción en la tarifa del transporte. Con la revocación de los últimos aumentos anunciados, el costo de los pasajes de ómnibus urbano oscila entre R$ 2,60 y R$ 3,00, un equivalente a 6,17 y 6,52 pesos argentinos.
En São Carlos, una pequeña ciudad del interior de São Paulo, el intendente decidió que las instituciones gubernamentales y los locales comerciales del centro cierren más temprano de lo habitual el 20 de junio, anticipándose a la primera marcha en la ciudad, no sin antes anunciar por la radio la reducción de la tarifa del pasaje, suprimiendo un aumento de 10 centavos de diciembre de 2012. Más de 15.000 personas se concentraron esa tarde para movilizar junto a los millones que salieron a ocupar las calles en distintos puntos de Brasil.
“Un país desarrollado no es donde el pobre tiene un auto sino donde el rico usa el transporte público” declaraba una estudiante. Por su parte, un joven sostenía que “la accesibilidad al transporte no se va a garantizar en tanto sea un monopolio en manos de una empresa tercerizada”. Una mujer acompañada de sus hijos expresaba “el país verdaderamente va a cambiar cuando se garantice a la periferia el derecho a la ciudad” y agregaba “queremos mejores condiciones de movilidad urbana, pero también acceso a una buena educación, a una buena salud”.
La multiplicidad de reclamos se hacía evidente en la lectura de los carteles que levantaban los convocados, en su mayoría jóvenes de clase media. Al frente de la caminata, una pancarta donde se expresaban peticiones en relación a un transporte justo. Cerca, otros reclamos vinculados a los últimos cortes de financiamiento municipal a organismos de cultura, instituciones en contra de la violencia contra la mujer y al hospital escuela donde realizan prácticas los estudiantes de medicina. A nivel macro, reclamos en contra de los gastos por la Copa en detrimento de inversiones en otras áreas y el repudio a la reciente ley impulsada por Marco Feliciano, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, que autoriza a los psicólogos a ofrecer tratamientos para “curar” a los homosexuales.
En otra de las ciudades del interior paulista, lejos de la fuerte represión policial que marcaba a las grandes capitales, tuvo lugar la primera muerte ocurrida desde el comienzo de la movilización. En Riberão Preto, un empresario atropelló con su automóvil a la multitud que se manifestaba en las calles: hirió a 12 personas y mató a Marcos Delefrate, de 18 años.
La ampliación del movimiento y el desplazamiento de las pautas iniciales generó confusión en muchos de los manifestantes, más acentuada en los grandes centros urbanos donde hubo quienes reaccionaron autoritariamente contra la participación de partidos políticos. En muchos lugares los ciudadanos expresaron temer la instauración de un Golpe de Estado. Los medios que habían criminalizado las manifestaciones, reivindican ahora las demandas por la corrupción política y el derroche de fondos públicos, caracterizando al movimiento como un rechazo a la presidencia vigente. Los sectores conservadores, por su parte, no perdieron la oportunidad para intentar disputar el significado de las protestas.
La noche del viernes 21 Dilma Rousseff dio su primer discurso en relación a los hechos, transmitido por la red nacional de radio y televisión. En apenas diez minutos legitimó las manifestaciones, considerándolas expresión de una sociedad democrática, y solicitó que se sostengan como movimientos sin violencia. Planteó la necesidad de una reforma política, de elaborar un Plan Nacional de Movilidad Urbana que privilegie el transporte colectivo y de dialogar con los movimientos sociales que participan de los reclamos. También hizo referencia a los cuestionamientos respecto al uso de los fondos públicos, aclarando que los gastos del Estado en los eventos deportivos luego serán retribuidos al país. Respecto a las demandas sociales, se comprometió a destinar en educación el dinero recaudado por la explotación de petróleo y a traer médicos del exterior para ampliar el Sistema Único de Salud. Para culminar, hizo hincapié en la importancia de concretar la Copa del Mundo en Brasil, exponiendo una gran preocupación por el rechazo expresado en la secuencia de marchas.
En un país más rico, menos desigual, donde las estadísticas confirman progreso en una década de políticas de inclusión social, se crearon mayores expectativas entre los habitantes y, simultáneamente, mayor capacidad de reclamo. Los brasileros salieron a la calle a acompañar a los movimientos que desde hace tiempo realizan una lucha sostenida, en una tentativa de recuperar participación en las decisiones y proponer una mudanza en las prioridades políticas. El Partido de los Trabajadores, gestión actual, históricamente ha avanzado en ese camino y ahora, a un año de las próximas elecciones, la población le exige el desafío de conseguir concretar reformas estructurales. Rousseff ya anunció que llevará a plebiscito una reforma política, y que se reunirá con Pase Libre. La clave de las transformaciones se encuentra en la calle y en la democracia.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
Por Emilia Spahn
Con las llamadas “Ven a la calle” del 17 de junio, difundidas masivamente en las redes sociales, Brasil tuvo la mayor manifestación popular desde 1992, cuando renunció el presidente Fernando Collor de Mello. Era ya el quinto acto en rechazo del aumento del boleto del transporte público.
Dos semanas atrás iniciaba la movida cuando unos 5.000 manifestantes acudieron a la convocatoria realizada por el Movimiento Pase Libre, que desde hace casi una década lucha por el acceso irrestricto al transporte público y la gratuidad del pasaje. Con la consigna “si la tarifa no baja, la ciudad va a parar” la protesta se repitió cuatro días consecutivos en São Paulo y extendiéndose a Río de Janeiro y Belo Horizonte. El salto abismal en la cantidad de adheridos se produjo como reacción a la represión por parte de la Policía Militar que signó el cuarto encuentro.
Los medios de comunicación masivos acusaban a los participantes de vandalismo; con la inmediata narrativa que se construyó en las redes sociales a través de videos y fotografías del accionar de la Unidad Antidisturbios de la Policía Militar, la movilización logró una total legitimidad, sobre todo en las clases medias: los uniformados no dudaron en detener arbitrariamente centenares de personas y disparar gases lacrimógenos, gas pimienta y balas de goma apuntadas directamente a los rostros de los manifestantes y periodistas que cubrían los hechos.
El lunes 17 de junio más de 250.000 personas ocuparon las calles de distintas ciudades en repudio de la represión en São Paulo, sumándose a la reivindicación de la reducción del costo del pasaje y encontrando en los 20 centavos de aumento un argumento para opinar sobre el uso de los fondos públicos. En este sentido, no es casual que la multitudiaria movilización tenga lugar en el inicio de la Copa de las Confederaciones, en vísperas a la Copa del Mundo y las Olimpíadas.
Si bien el objetivo principal de la manifestación fue la revocación del aumento del pasaje, la protesta aglutinó a sectores que hasta entonces no habían acompañado la demanda original y que incluyeron más pautas, enfocadas en el pedido de mayores recursos para educación, salud y cultura, el repudio a la corrupción y al desvío de dinero público e incluso la reivindicación del derecho a la protesta mismo.
Desde el 17, las marchas se multiplicaron. Hubo actos en 538 ciudades brasileras y en más 73 ciudades de países del exterior. En siete ciudades capitales y al menos 11 del interior paulista ya se anunció reducción en la tarifa del transporte. Con la revocación de los últimos aumentos anunciados, el costo de los pasajes de ómnibus urbano oscila entre R$ 2,60 y R$ 3,00, un equivalente a 6,17 y 6,52 pesos argentinos.
En São Carlos, una pequeña ciudad del interior de São Paulo, el intendente decidió que las instituciones gubernamentales y los locales comerciales del centro cierren más temprano de lo habitual el 20 de junio, anticipándose a la primera marcha en la ciudad, no sin antes anunciar por la radio la reducción de la tarifa del pasaje, suprimiendo un aumento de 10 centavos de diciembre de 2012. Más de 15.000 personas se concentraron esa tarde para movilizar junto a los millones que salieron a ocupar las calles en distintos puntos de Brasil.
“Un país desarrollado no es donde el pobre tiene un auto sino donde el rico usa el transporte público” declaraba una estudiante. Por su parte, un joven sostenía que “la accesibilidad al transporte no se va a garantizar en tanto sea un monopolio en manos de una empresa tercerizada”. Una mujer acompañada de sus hijos expresaba “el país verdaderamente va a cambiar cuando se garantice a la periferia el derecho a la ciudad” y agregaba “queremos mejores condiciones de movilidad urbana, pero también acceso a una buena educación, a una buena salud”.
La multiplicidad de reclamos se hacía evidente en la lectura de los carteles que levantaban los convocados, en su mayoría jóvenes de clase media. Al frente de la caminata, una pancarta donde se expresaban peticiones en relación a un transporte justo. Cerca, otros reclamos vinculados a los últimos cortes de financiamiento municipal a organismos de cultura, instituciones en contra de la violencia contra la mujer y al hospital escuela donde realizan prácticas los estudiantes de medicina. A nivel macro, reclamos en contra de los gastos por la Copa en detrimento de inversiones en otras áreas y el repudio a la reciente ley impulsada por Marco Feliciano, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, que autoriza a los psicólogos a ofrecer tratamientos para “curar” a los homosexuales.
En otra de las ciudades del interior paulista, lejos de la fuerte represión policial que marcaba a las grandes capitales, tuvo lugar la primera muerte ocurrida desde el comienzo de la movilización. En Riberão Preto, un empresario atropelló con su automóvil a la multitud que se manifestaba en las calles: hirió a 12 personas y mató a Marcos Delefrate, de 18 años.
La ampliación del movimiento y el desplazamiento de las pautas iniciales generó confusión en muchos de los manifestantes, más acentuada en los grandes centros urbanos donde hubo quienes reaccionaron autoritariamente contra la participación de partidos políticos. En muchos lugares los ciudadanos expresaron temer la instauración de un Golpe de Estado. Los medios que habían criminalizado las manifestaciones, reivindican ahora las demandas por la corrupción política y el derroche de fondos públicos, caracterizando al movimiento como un rechazo a la presidencia vigente. Los sectores conservadores, por su parte, no perdieron la oportunidad para intentar disputar el significado de las protestas.
La noche del viernes 21 Dilma Rousseff dio su primer discurso en relación a los hechos, transmitido por la red nacional de radio y televisión. En apenas diez minutos legitimó las manifestaciones, considerándolas expresión de una sociedad democrática, y solicitó que se sostengan como movimientos sin violencia. Planteó la necesidad de una reforma política, de elaborar un Plan Nacional de Movilidad Urbana que privilegie el transporte colectivo y de dialogar con los movimientos sociales que participan de los reclamos. También hizo referencia a los cuestionamientos respecto al uso de los fondos públicos, aclarando que los gastos del Estado en los eventos deportivos luego serán retribuidos al país. Respecto a las demandas sociales, se comprometió a destinar en educación el dinero recaudado por la explotación de petróleo y a traer médicos del exterior para ampliar el Sistema Único de Salud. Para culminar, hizo hincapié en la importancia de concretar la Copa del Mundo en Brasil, exponiendo una gran preocupación por el rechazo expresado en la secuencia de marchas.
En un país más rico, menos desigual, donde las estadísticas confirman progreso en una década de políticas de inclusión social, se crearon mayores expectativas entre los habitantes y, simultáneamente, mayor capacidad de reclamo. Los brasileros salieron a la calle a acompañar a los movimientos que desde hace tiempo realizan una lucha sostenida, en una tentativa de recuperar participación en las decisiones y proponer una mudanza en las prioridades políticas. El Partido de los Trabajadores, gestión actual, históricamente ha avanzado en ese camino y ahora, a un año de las próximas elecciones, la población le exige el desafío de conseguir concretar reformas estructurales. Rousseff ya anunció que llevará a plebiscito una reforma política, y que se reunirá con Pase Libre. La clave de las transformaciones se encuentra en la calle y en la democracia.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
lunes, 1 de julio de 2013
El menú electoral
Binner, Del Sel y Obeid encabezan las principales listas de diputados nacionales. Se renuevan 9 bancas.
Por Ezequiel Nieva
Hay dos aspectos que sobresalen en el armado electoral: la dispersión de candidaturas del PJ, dentro y fuera del partido, y la interna radical, que se trasladó del seno del partido al Frente Progresista. Ocho alianzas políticas presentaron listas para las internas del 11 de agosto, en las que se decidirá la conformación definitiva de las nóminas que participarán de las generales del 27 de octubre. Ese día, en simultáneo con los comicios de concejales, la provincia renovará 9 de sus 19 bancas en la Cámara de Diputados de la Nación.
Dos ex gobernadores animan el combate de fondo: el socialista Hermes Binner, por el Frente Progresista, y el justicialista Jorge Obeid, por el PJ. Es la reedición del duelo que mantuvieron en 2003 por la gobernación, en el que se impuso Binner en las urnas aunque ganó Obeid a raíz de la sumatoria del resto de los candidatos del PJ, en la que fue la última elección bajo la ley de lemas. Del Sel quiere terciar en esa disputa y, de paso, cotejar qué cantidad de votos que conserva de los 615 mil logrados en 2011.
Justicialismo fragmentado
Pese a los intentos de lograr una lista de unidad, el PJ se partió en grupos grandes y pequeños. Hay peronistas por todos lados: una lista “oficial” diseñada por la presidenta Cristina Fernández, otra del partido 100% Santafesino, que también se declara kirchnerista, y otras cuatro disidentes: tres de Unite con Fe por la Cultura, la Educación y el Trabajo (el armado electoral de Hugo Moyano con el Modin y el Partido del Campo Popular) y una que responde a los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá y al gremialista Gerónimo “Momo” Venegas. Además, hay justicialistas en la lista del PRO (ver aparte).
Santa Fe es un distrito clave para Cristina. Aquí se testea la candidatura presidencial de Binner y además, en términos prácticos, es una posibilidad concreta para el gobierno nacional de lograr un resultado positivo en la ecuación de las bancas. El Frente para la Victoria renueva un solo escaño: el de Juan Carlos Bettanín, reemplazante del ex jefe de bloque y actual ministro de Defensa Agustín Rossi. Las otras cuatro bancas que pone el juego en PJ fueron obtenidas, en 2009, por la lista reutemista que lideraba Daniel Germano.
Dos de esos diputados –Celia Arena y Juan Carlos Forconi– se pasaron al bloque oficialista después de las elecciones presidenciales de 2011; los otros dos –Carlos Carranza y Germano– siguen en el PJ disidente. Si la lista del Frente para la Victoria logra tres bancas, el peso del kirchnerismo santafesino en el Congreso se mantendrá. Si logra más, como vaticina Obeid –con ganas de sacarlo rápido de escena a Del Sel–, será una victoria política doble para la presidenta: ganaría en el parlamento y dejaría a Binner muy dañado para 2015.
Para mejorar los números logrados en las provinciales de 2011, Cristina jugó a fondo: lo sacó a Rossi de carrera y le levantó la penitencia a Obeid, quien dos años atrás denunció que no fue precandidato a gobernador porque pesaba sobre él una proscripción de la Casa Rosada. El ex gobernador aclaró que el armado de la lista lo hizo la presidenta. En su primera aparición como candidato, se mostró con Estela de Carlotto y dio su versión acerca de su relación con el kirchnerismo.
“Dejé hace casi dos años la diputación y durante los últimos meses me alejé del bloque Federal, que fue una expresión frustrada y frustrante para mí porque no encontramos lo que podíamos estar buscando”, sostuvo Obeid. “Yo nunca rompí con el kirchnerismo, menos aún con Cristina, con quien me une una amistad personal. Conversamos como lo hacen los amigos y estuvimos de acuerdo en lo esencial”.
“Esta vez lo hago con especial alegría”, dijo sobre su postulación, “porque formo parte de una lista equilibrada donde está la juventud, los intendentes, los sectores de la cultura, el gremialismo histórico con Victorio Paulón, el vicerrector (de la UNR) Eduardo Seminara, Josefina González que es militante de La Cámpora y de Hijos. Se ha consumado una lista acorde a lo que fue nuestra prédica del último año y medio, cuando recorrimos la provincia planteando la unidad del peronismo”.
Esa unidad, hay que aclararlo, no fue posible. Hay sectores descontentos con el indulto de Cristina a Obeid, como el Movimiento Evita, que se opuso desde el principio a la candidatura del ex gobernador por sus gestiones pasadas y sus vaivenes respecto del kirchnerismo. “Obeid no acompañó el proyecto nacional como tenía que acompañarlo”, opinó el diputado provincial Gerardo Rico. “Y no lo acompañó en los momentos más difíciles, como fue la (resolución) 125 en 2008. Ahí fue cuando más necesitó apoyo el gobierno nacional, en todo el país”.
Las críticas del Movimiento Evita no sólo apuntan al desempeño de Obeid en el Congreso, sino a sus dos mandatos como gobernador: “Discrepamos con sus políticas de gobierno, no coincidimos en que no hay que aumentar impuestos (un slogan del segundo mandato de Obeid) sino que, como peronistas, creemos que hay que aumentarles a los que más tienen y no aumentarles a los que menos tienen”. Designado Obeid como cabeza de lista, el Evita intentó poner la segunda candidata, pero el puesto quedó en manos de La Cámpora. Así, el espacio que orientan los diputados Rico y Eduardo Toniolli quedó fuera del armado oficial K.
El partido del diputado nacional Oscar “Cachi” Martínez, 100% Santafesino, presenta lista por afuera del PJ. Martínez es otro feroz crítico de Obeid, a quien le ha sugerido en público que ya es hora de pensar en la jubilación. No obstante, para encabezar su lista legislativa –que llegará directo a octubre porque no participa de ninguna interna–, Martínez eligió a un histórico: Raúl Carignano. “Es un dirigente que fue parte de la etapa en la que el justicialismo ganaba en la provincia pero reconociendo la necesidad de integrar y dar espacios a las nuevas generaciones”, lo elogió “Cachi”, quien busca matizar su adhesión al kirchnerismo con fuertes notas de peronismo ortodoxo.
Revuelta radical en el Frente
La vieja interna entre el vicegobernador Jorge Henn y el presidente de la UCR Mario Barletta salió de los límites del partido y llegó al armado del Frente Progresista. La lista de “unidad” encabezada por Binner y Barletta se enfrentará en las primarias a la de Cauce Progresista, liderada por el intendente de Santo Tomé, Fabián Palo Oliver.

Binner y Barletta minimizaron la compulsa interna y remarcaron que en su lista participan los principales partidos del frente, representados por la socialista Alicia Ciciliani, Pablo Javkin (por el ARI) y Ana Copes (por el PDP), junto a otros dirigentes socialistas y radicales.
Tanto el ex gobernador como el ex intendente apuntarán sus cañones hacia la gestión de Cristina. Barletta fue claro: “El Frente Progresista es la garantía ante el avasallamiento del kirchnerismo”. Y explicó que el slogan “Un país normal” alude a “lo anormal” que representa el proyecto nacional “donde la plata se pesa y no se respetan las decisiones de la Justicia”.
En el seno de la coalición que gobierna la provincia cayó mal la decisión de Henn y Oliver de desafiar a Binner y colar algún candidato en la lista definitiva y, al mismo tiempo, marcarle el terreno a Barletta. El gobernador Antonio Bonfatti lo planteó: “Las internas siempre dejan lastimaduras”. Según el mandatario, la participación de dos listas en las primarias es algo que “está dentro del margen que implica la democracia”, aunque agregó: “Siempre he dicho que las internas dejan lastimaduras y que es necesario un acuerdo previo. No se logró; para eso están las primarias. Que la gente decida”.
Sin piedras en el camino
Envalentonado por su segundo puesto en las elecciones a gobernador, Del Sel buscará en octubre su banca de diputado nacional. Para ello, armó una lista en la que no pasa desapercibida la presencia, en el tercer lugar, del ex presidente del PJ y fiel colaborador de Reutemann, Ricardo Spinozzi.
Aunque el Lole aclaró que no hizo ningún acuerdo ni con Mauricio Macri ni con Del Sel, los sectores identificados con el ex piloto de Fórmula 1 trabajarán, como en 2011, por el PRO y no por la lista oficial del PJ. A esa línea abonan las candidaturas de dos reutemistas, Diego Guiliano y Roberto Campanella, como cabezas de lista del PRO para las elecciones de concejales en Rosario y Santa Fe.
Publicado en Pausa #116, a la venta en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.
Por Ezequiel Nieva
Hay dos aspectos que sobresalen en el armado electoral: la dispersión de candidaturas del PJ, dentro y fuera del partido, y la interna radical, que se trasladó del seno del partido al Frente Progresista. Ocho alianzas políticas presentaron listas para las internas del 11 de agosto, en las que se decidirá la conformación definitiva de las nóminas que participarán de las generales del 27 de octubre. Ese día, en simultáneo con los comicios de concejales, la provincia renovará 9 de sus 19 bancas en la Cámara de Diputados de la Nación.
Dos ex gobernadores animan el combate de fondo: el socialista Hermes Binner, por el Frente Progresista, y el justicialista Jorge Obeid, por el PJ. Es la reedición del duelo que mantuvieron en 2003 por la gobernación, en el que se impuso Binner en las urnas aunque ganó Obeid a raíz de la sumatoria del resto de los candidatos del PJ, en la que fue la última elección bajo la ley de lemas. Del Sel quiere terciar en esa disputa y, de paso, cotejar qué cantidad de votos que conserva de los 615 mil logrados en 2011.
Pese a los intentos de lograr una lista de unidad, el PJ se partió en grupos grandes y pequeños. Hay peronistas por todos lados: una lista “oficial” diseñada por la presidenta Cristina Fernández, otra del partido 100% Santafesino, que también se declara kirchnerista, y otras cuatro disidentes: tres de Unite con Fe por la Cultura, la Educación y el Trabajo (el armado electoral de Hugo Moyano con el Modin y el Partido del Campo Popular) y una que responde a los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá y al gremialista Gerónimo “Momo” Venegas. Además, hay justicialistas en la lista del PRO (ver aparte).
Santa Fe es un distrito clave para Cristina. Aquí se testea la candidatura presidencial de Binner y además, en términos prácticos, es una posibilidad concreta para el gobierno nacional de lograr un resultado positivo en la ecuación de las bancas. El Frente para la Victoria renueva un solo escaño: el de Juan Carlos Bettanín, reemplazante del ex jefe de bloque y actual ministro de Defensa Agustín Rossi. Las otras cuatro bancas que pone el juego en PJ fueron obtenidas, en 2009, por la lista reutemista que lideraba Daniel Germano.
Dos de esos diputados –Celia Arena y Juan Carlos Forconi– se pasaron al bloque oficialista después de las elecciones presidenciales de 2011; los otros dos –Carlos Carranza y Germano– siguen en el PJ disidente. Si la lista del Frente para la Victoria logra tres bancas, el peso del kirchnerismo santafesino en el Congreso se mantendrá. Si logra más, como vaticina Obeid –con ganas de sacarlo rápido de escena a Del Sel–, será una victoria política doble para la presidenta: ganaría en el parlamento y dejaría a Binner muy dañado para 2015.
Para mejorar los números logrados en las provinciales de 2011, Cristina jugó a fondo: lo sacó a Rossi de carrera y le levantó la penitencia a Obeid, quien dos años atrás denunció que no fue precandidato a gobernador porque pesaba sobre él una proscripción de la Casa Rosada. El ex gobernador aclaró que el armado de la lista lo hizo la presidenta. En su primera aparición como candidato, se mostró con Estela de Carlotto y dio su versión acerca de su relación con el kirchnerismo.
“Dejé hace casi dos años la diputación y durante los últimos meses me alejé del bloque Federal, que fue una expresión frustrada y frustrante para mí porque no encontramos lo que podíamos estar buscando”, sostuvo Obeid. “Yo nunca rompí con el kirchnerismo, menos aún con Cristina, con quien me une una amistad personal. Conversamos como lo hacen los amigos y estuvimos de acuerdo en lo esencial”.
“Esta vez lo hago con especial alegría”, dijo sobre su postulación, “porque formo parte de una lista equilibrada donde está la juventud, los intendentes, los sectores de la cultura, el gremialismo histórico con Victorio Paulón, el vicerrector (de la UNR) Eduardo Seminara, Josefina González que es militante de La Cámpora y de Hijos. Se ha consumado una lista acorde a lo que fue nuestra prédica del último año y medio, cuando recorrimos la provincia planteando la unidad del peronismo”.
Esa unidad, hay que aclararlo, no fue posible. Hay sectores descontentos con el indulto de Cristina a Obeid, como el Movimiento Evita, que se opuso desde el principio a la candidatura del ex gobernador por sus gestiones pasadas y sus vaivenes respecto del kirchnerismo. “Obeid no acompañó el proyecto nacional como tenía que acompañarlo”, opinó el diputado provincial Gerardo Rico. “Y no lo acompañó en los momentos más difíciles, como fue la (resolución) 125 en 2008. Ahí fue cuando más necesitó apoyo el gobierno nacional, en todo el país”.
Las críticas del Movimiento Evita no sólo apuntan al desempeño de Obeid en el Congreso, sino a sus dos mandatos como gobernador: “Discrepamos con sus políticas de gobierno, no coincidimos en que no hay que aumentar impuestos (un slogan del segundo mandato de Obeid) sino que, como peronistas, creemos que hay que aumentarles a los que más tienen y no aumentarles a los que menos tienen”. Designado Obeid como cabeza de lista, el Evita intentó poner la segunda candidata, pero el puesto quedó en manos de La Cámpora. Así, el espacio que orientan los diputados Rico y Eduardo Toniolli quedó fuera del armado oficial K.
El partido del diputado nacional Oscar “Cachi” Martínez, 100% Santafesino, presenta lista por afuera del PJ. Martínez es otro feroz crítico de Obeid, a quien le ha sugerido en público que ya es hora de pensar en la jubilación. No obstante, para encabezar su lista legislativa –que llegará directo a octubre porque no participa de ninguna interna–, Martínez eligió a un histórico: Raúl Carignano. “Es un dirigente que fue parte de la etapa en la que el justicialismo ganaba en la provincia pero reconociendo la necesidad de integrar y dar espacios a las nuevas generaciones”, lo elogió “Cachi”, quien busca matizar su adhesión al kirchnerismo con fuertes notas de peronismo ortodoxo.
Revuelta radical en el Frente
La vieja interna entre el vicegobernador Jorge Henn y el presidente de la UCR Mario Barletta salió de los límites del partido y llegó al armado del Frente Progresista. La lista de “unidad” encabezada por Binner y Barletta se enfrentará en las primarias a la de Cauce Progresista, liderada por el intendente de Santo Tomé, Fabián Palo Oliver.

Binner y Barletta minimizaron la compulsa interna y remarcaron que en su lista participan los principales partidos del frente, representados por la socialista Alicia Ciciliani, Pablo Javkin (por el ARI) y Ana Copes (por el PDP), junto a otros dirigentes socialistas y radicales.
Tanto el ex gobernador como el ex intendente apuntarán sus cañones hacia la gestión de Cristina. Barletta fue claro: “El Frente Progresista es la garantía ante el avasallamiento del kirchnerismo”. Y explicó que el slogan “Un país normal” alude a “lo anormal” que representa el proyecto nacional “donde la plata se pesa y no se respetan las decisiones de la Justicia”.
En el seno de la coalición que gobierna la provincia cayó mal la decisión de Henn y Oliver de desafiar a Binner y colar algún candidato en la lista definitiva y, al mismo tiempo, marcarle el terreno a Barletta. El gobernador Antonio Bonfatti lo planteó: “Las internas siempre dejan lastimaduras”. Según el mandatario, la participación de dos listas en las primarias es algo que “está dentro del margen que implica la democracia”, aunque agregó: “Siempre he dicho que las internas dejan lastimaduras y que es necesario un acuerdo previo. No se logró; para eso están las primarias. Que la gente decida”.
Sin piedras en el camino
Envalentonado por su segundo puesto en las elecciones a gobernador, Del Sel buscará en octubre su banca de diputado nacional. Para ello, armó una lista en la que no pasa desapercibida la presencia, en el tercer lugar, del ex presidente del PJ y fiel colaborador de Reutemann, Ricardo Spinozzi.Aunque el Lole aclaró que no hizo ningún acuerdo ni con Mauricio Macri ni con Del Sel, los sectores identificados con el ex piloto de Fórmula 1 trabajarán, como en 2011, por el PRO y no por la lista oficial del PJ. A esa línea abonan las candidaturas de dos reutemistas, Diego Guiliano y Roberto Campanella, como cabezas de lista del PRO para las elecciones de concejales en Rosario y Santa Fe.
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