jueves, 28 de octubre de 2010

Del odio

Los editorialistas de la radio, tv y prensa hablan de la muerte de un verdadero psicópata, que por su psicopatía reventó.
Haciendo psicologismo berreta, reflexionan sobre una personalidad violenta, un político rencoroso y despiadado que entregó su vida a su locura. Eso les alcanza para explicar todo, eso les alcanza para hablar de inestabilidad institucional.
No es que sean brutos, incapaces de hacer una lectura política real. O una revisión histórica con algo de sustancia.
Esta es la lectura política que proponen: fragilidad subjetiva, riesgo de la democracia.


Conozca a la transtornada


Ya hacen sus operaciones sobre el cuerpo caliente.


E. Tenenbaum dijo que ahora la cosa estaba peor para el periodismo que cuando cocinaron a Cabezas.
¿Cómo está ahora Majul, el perseguido?


Sin embargo, cualquier manual psicoberreta primero preguntaría ¿cuánta violencia recibió ese cuerpo?


El nazi que impulsó una Corte Suprema que por primera vez no se doblega al Ejecutivo

El odio, una impugnación viscosa y constante (se dejaba pasar como si nada, casi como chiste, los deseos de muerte que muchos, muchos políticos de talla nacional expresaron repetida y abiertamente) parece que nada hicieron sobre ese tipo.

El escarnio público continuado sobre esa figura llegó a subsumir y absorber toda crítica legítima o toda denuncia trascendente. Ni siquiera es una opinión: basta hojear los diarios de los últimos años para comprobarlo. Basta observar cómo se cubre hoy la noticia para verificarlo.

El torrente de descalificaciones sobre el muerto superó cualquier otro que haya recibido un presidente de este período de democracia plena.


¿Le habrá pegado a alguno de los Fernández? ¿Con qué objetos?

Foto estilo psiquiatría del siglo XIX.

Hace tiempo publicamos algo sobre el violento miedo de estos cuervos. El slogan clásico revela su efectividad explicativa: un burgués asustado siempre puede volverse un fascista violento. En esta nota se escribió:


"Hoy. La voz dice que tiene miedo y que está acosada. Expuso su temor a la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados de la Nación. Allí Gustavo Sylvestre afirmó sobre unos afiches anónimos de repudio personalizado: “Ya hemos pasado por esto cuando estaba la Triple A”. Marcelo Bonelli dijo: “Todos sabemos cómo empieza esto, pero no cómo termina”, a lo que Joaquín Morales Solá iluminó: “No nos van a callar, aun si esta saga tiene que terminar con un muerto”, ya que el contexto actual implica “un clima de incitación a la violencia y al homicidio”.

Sabemos del botox y de las carteras caras. De su marido como su chirolita, hoy un Führer que todo lo maneja. De cómo se gritaban y cagaban a trompadas, sobre todo cuando ella tuvo calenturas con funcionarios de Gabinete. Tuvo ataques depresivos y pensó en renunciar; además es una medicada esquizofrénica bipolar. Forma parte de la asociación ilícita más corrupta de la historia. Ignora todo sobre todos los temas: el campo y la seguridad, en la punta. Organizó con Kirchner escuadrones de pistoleros para atacar ruralistas, utilizando el modelo ya vigente en la Tupac Amaru. Con la caja someten a todos los gobernadores, diputados, senadores, sindicalistas, intendentes, dirigentes sociales y ¡habitantes del conurbano bonaerense en general! Y tienen un ejército de cibermilitantes como Hugo Chávez, el único amigo de una Argentina aislada totalmente del mundo…

La lista puede continuar. Quienes tienen “miedo” hicieron ese listado: la prueba misma de todo lo que es posible decir sobre “la pareja presidencial”. Y por derogación de una ley, hoy la calumnia y la injuria sólo son una cuestión de discusión pública. En la misma línea argumental: en este “clima dictatorial de aprietes” todavía no se ha registrado una acción organizada de represión policial del Estado a la protesta social de calibre cercano al del clima de los 90 o, más cerca, a la fecha de la muertes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán (detonantes del fin del gobierno de Duhalde). Más de 100 días estuvieron cortadas las rutas de la zona agropecuaria por ruralistas que en repetidas ocasiones afirmaron estar armados y que ejercieron puntualmente el poder de policía con requisas a camiones de carga; la respuesta de fuerza del Estado ni remotamente fue comparable con el sabor amargo de una represión en el puente de Corrientes à la “Freddy” Storani. Y la acción de la Triple A corresponde, en todo caso y usando más rectamente la palabra, a la ejecución de José Luis Cabezas."


Es sabido que nadie se podría acercar a estos tipos si no es por plata,
como también es sabido que sólo pueden usar a quienes se le acerquen

Incapaces de pensar desde otro lugar, de poder pararse un momento al menos, este momento al menos, en otro lugar, siguen hablando, escribiendo, reporteando desde la misma posición. Esa posición, ese odio, les habla en su oreja, y repiten. En el manual de lo psicoberreta que usan para sus atildadas opiniones, no pueden leer algo elemental para quienes piensan así: todo el mal que se proyecta sobre alguien puede, justamente, hacerle mal.

En verdad, esa "prensa libre" es absolutamente incapaz de al menos enmascarar cómo la hiel se le escapa por la comisura, de ocultar cómo los colmillos se les salen por la boca.

Se dicen libres porque están absolutamente incapacitados, liberados, de pensar reflexivamente en su discurso y sus efectos. En su violencia vestida de equilibrio y mesura.


Al presidente que se le animó a los dictadores, Noticias lo puso en el traje de Pinochet







miércoles, 27 de octubre de 2010


Una forma de pasar un duelo es recordar cuál fue la cosa buena que uno tiene en el recuerdo. Los momentos y las cosas buenas que el tipo impulsó. Que alguna vez, en los '90, en el 2001, en el 2003, parecían imposibles

Podemos nombrar algunas, unas pocas.

El cuadro de Videla y haber vuelto la política de Derechos Humano
s una efectiva cuestión de Estado. La Corte Suprema más proba y mejor elegida de toda la democracia reciente. La derogación de la Ley de Flexibilización Laboral (la Ley Banelco), la apertura de las paritarias, el REPRO bancando las crisis. La férrea política exterior latinoamericana (cuando un genocida imbécil como Bush estaba en su pico). El pago de la deuda ilegítima, sí, pero también su reestructuración y su fabulosa reducción, en un porcentaje que ningún otro país logró todavía. La incorporación de 2.500.000 personas que en los '90 fueron expulsados del mercado de trabajo y que nunca, jamás, iban a poder jubilarse, junto al fin del negociado financiero más importante y usurario de la historia argentina: la apropiación del dinero de los trabajadores en las AFJP. La ley de medios. La ley de matrimonio igualitario. Llevar la inversión en educación al 6% del PBI: un reclamo histórico de la población en general, tanto como la Asignación Universal por Hijo. Haber retirado la policía de la represión de la protesta. Haber conducido el proceso por el que salimos de ese desierto de pobreza absoluta y violenta en el que nos habíamos acostumbrado a vivir y que, por momentos, parece que olvidamos que existía.

Recordemos, también, a quienes construyeron grano a grano de forma inclaudicable esa figura de psicópata demenciado, tan extendida en ciertas franjas del sentido común. Una figura, un odio visceral, que logró superar y subsumir todas las legítimas críticas que hubieron y hay sobre su acción política. Hoy esos cuervos están en silencio u ofrecen condolencias. (O en privado festejan, como supo pasar en otros tiempos aciagos).
Está bien la cortesía. Pero estemos atentos a qué se dice mañana. Porque la historia argentina sigue. Estemos atentos a cómo se habla de "las emociones", de "la vehemencia". A cómo pondrán en duda saludes mentales, fuerzas institucionales, construcciones políticas. A cómo con el cadáver se actuará sobre el poder democrático.



martes, 26 de octubre de 2010

¿Qué pasa en Playa Norte? II

La erradicación de los vecinos de Playa Norte y Bajo Judiciales no es una cuestión nueva.
En 2008, el primer año en que Pausa salió a la calle, cubrimos con una nota de tapa esta situación. Más que por mostrar lo hecho desde el periódico, la nota refleja cómo la acción sobre los dos barrios se fue realizando de a cuentagotas.
Cabe destacar que para esa altura todavía no se había presentado el Plan de Ordenamiento Urbano, que pueden encontrar reseñado en esta nota de El Litoral del 28 de abril de 2010 o, más atrás, en esta nota del Uno del 30 de marzo de 2009.

Sin embargo, como verán, los pobladores a ser erradicados sabían perfectamente qué era lo que se les venía

En el #26 de Pausa, de noviembre de 2008, publicamos esto


PARIAS DE CIUDAD

Un difuso proyecto turístico-inmobiliario puso de relieve una característica notoria de la ciudad: la división social; en playa norte, de un lado de calle Riobamba, los vecinos temen perder sus casas; enfrente se levantan mansiones. Viven en la villa y subsisten cirujeando en Guadalupe. Pero los quieren desalojar para ampliar la Costanera hacia el norte. La ONG Manzanas Solidarias salió a defenderlos; en nombre de la seguridad, la Vecinal Guadalupe Noreste pide que se ejecute el proyecto.



Por Ezequiel Nieva

Una línea de cal que borró la lluvia de octubre como signo de una realidad que, lejos de ser invisible, cada vez es más difícil de ocultar: la división social. Calle Riobamba, en el noreste de la ciudad –el barrio conocido como Playa Norte–, es una marca. A uno y otro lado del pavimento dos mundos casi opuestos conviven, aunque con muy distintos porvenires a la vista: una villa que subsiste de la basura de barrio Guadalupe y un conjunto nuevo de casonas, al norte del camping de Luz y Fuerza, cuya característica más saliente es la privilegiada vista a la laguna.

Las casas nuevas tienen –aunque no formalmente– playa propia: una suerte de extensión del relleno de arena que se hizo como parte de los trabajos de la proyectada Playa Grande y que abarca un trecho que, trasladado a nivel calle, comienza en French (8300), pasa por Luz y Fuerza y termina a la altura del 8700. Son cuatro cuadras de arena en donde los fines de semana, al sol de la tarde y a un lado de la ancha laguna, algunos jóvenes de Guadalupe juegan carreras en sus cuatriciclos.

Calle French, en esa zona del este, es el –también formal, ya que no en los hechos– fin de la ciudad. De ahí hacia el norte, las viviendas que se levantan no figuran en el mapa oficial y la propiedad de las tierras está en una nebulosa legal. La reconstrucción histórica podría llevar largos párrafos; se puede abreviar señalando que fueron de la familia Funes y que, al morir Funes padre, quedaron en manos de sus cuatro hijos; la deuda acumulada en décadas de impuestos impagos hizo que pasaran al ejido de la Municipalidad. Entre tanto, en una vasta zona de esos terrenos –no sobre la costa, donde ahora están las casonas que fueron levantadas a una altura prudente, sino más hacia el oeste– familias provenientes de otros sectores de la ciudad comenzaron a asentarse.

En las últimas tres décadas conformaron casi un barrio. Unas 300 casas si se tienen en cuenta los ranchos más alejados, que de momento no corren el mismo riesgo de ser erradicados que los vecinos ubicados sobre calle Riobamba: 120 familias –unas 450 personas– según un censo de hace dos años hecho por los propios vecinos. La zona quedó demarcada a mediados del mes pasado por una gruesa línea de cal, como de cancha de fútbol, que señalaba de qué lado se irían a erradicar –en una primera etapa– las viviendas. Al este de la cal, 17 casas (la cuadra completa de Riobamba al 8600) habían quedado sentenciadas.

En la movida, una casa en construcción fue tumbada “sin previo aviso y con una impresionante custodia policial”, según advirtieron en ese momento desde la ONG Manzanas Solidarias. La embestida disparó la reacción de los vecinos y la topadora no volvió a aparecer por el barrio. Recién entonces un funcionario de la Municipalidad se acercó a dar explicaciones: se trata de un proyecto, archivado años anteriores, que ahora cobra nuevo impulso dentro del Plan Urbano de la ciudad: el ensanche de Riobamba y su posterior continuación hacia el sur para empalmar con la Costanera y así extender el tradicional paseo santafesino un kilómetro más hacia el norte. Hasta Playa Norte. (Como inmediatos beneficiarios de la iniciativa aparecen los inversores que proyectan convertir la zona en un centro turístico –una suerte de country con muelles y embarcaderos para yates–, tema que excede largamente el objetivo y el espacio de este informe).

Después de la topadora, en calle Riobamba

La reunión del miércoles 15 de octubre, que se desarrolló en la sede de Manzanas Solidarias (también sobre Riobamba, aunque al sur de French: la calle que opera de límite de la primera etapa del ensanche), no conformó a los vecinos de la parte pobre de Playa Norte. Ellos querían que los representantes de la Municipalidad explicaran el significado de la línea de cal y los motivos de la demolición de la casa en construcción, temerosos de que sus propias casas –precarias todas ella, las de chapa, las de barro y aún las de material– corrieran la misma suerte.

Jorge Rico, coordinador del Distrito Este, replicó que la traza señalada responde a un proyecto de ensanchar calle Riobamba 32 metros hacia el oeste para mejorar el acceso a la playa –desde la Vecinal de Guadalupe Noreste, que apoya el proyecto municipal y alienta los futuros emprendimientos privados, aportaron un detalle: la traza sería sinuosa y no recta, siguiendo de algún modo la línea de la Costanera. Eso permitiría, les dijo Rico a los vecinos, potenciar “el aspecto turístico” de la zona. “Un proyecto que no es compatible con la existencia del barrio pobre”, calificaron desde Manzanas Solidarias.

En cambio, el representante municipal no dio respuestas sobre el otro motivo de la reunión: la demolición de la casa en construcción. “Se mostró sorprendido; dijo desconocer de dónde había provenido la orden”, dijeron desde la ONG. Las familias que estaban presentes le recordaron que ellos viven en el lugar hace más de 25 años –un plazo que, según cómo se interprete la ley vigente, les permitiría poder acceder a la propiedad de las tierras–, que llegaron ahí corridos por la miseria, que el trabajo de cirujeo que realiza la mayoría es lo único que pueden hacer para sobrevivir, que fueron levantando sus viviendas con mucho sacrificio y que si su condición de pobres no es compatible con un lugar turístico al menos merecen un lugar digno para vivir.

También le recordaron a Rico “las promesas” del secretario de Desarrollo Social, Alejandro Boscarol, del coordinador de distrito, Darío Gatarelli, y de otros funcionarios, efectuadas en una reunión anterior: que “ningún vecino de Playa Norte sería movido hasta que exista una alternativa de vivienda digna, definitiva y dentro del radio de Guadalupe”. El funcionario se comprometió entonces a permitir que el vecino damnificado reconstruya su vivienda con ayuda oficial (para los materiales), a investigar el origen de la orden de demolición y a mantener una mejor comunicación con los vecinos. Pero faltó al segundo encuentro previsto con los vecinos –el 28 de octubre último– anunciando que pasarían casa por casa a aclarar las dudas que pudiesen existir. Que no son pocas.

NADIE SABE DÓNDE. En el lado pobre de Playa Norte opinan que, en el mejor de los casos, si sus terrenos han de convertirse en la continuación de la Costanera, los de enfrente deberían ser solo playa y no casas con playa privada. Dicen que de haber prosperado el faraónico proyecto de Playa Grande –una extensión de 4,2 kilómetros de arena que iba a extraerse de los yacimientos cercanos a la orilla, idea de la gestión Balbarrey demorada porque, entre otros puntos, no se previó cómo contener la arena ni su limpieza– todos, de ambos lados de Riobamba, deberían ser erradicados. “No solamente los negros de este lado”, como graficó un vecino.

Al oeste de Riobamba, zona históricamente inundable por ser muy baja –como la cava que rodea la villa–, los terrenos se fueron rellenando en una tarea que insumió varios lustros. “Gracias a nuestro esfuerzo”, relató una vecina, “se rellenaron con arena, con tierra, con basura. Fue un esfuerzo nuestro, no de la Municipalidad”.

De esa tierra que consideran propia, asegura, los quieren erradicar. Hay distintas versiones acerca del lugar adonde los llevarían: detrás del Regimiento GADA, cerca del Mercado de Abasto, barrio La Loma (la nueva ubicación del relleno sanitario), detrás de la Granja La Esmeralda y hasta en la cava que hay detrás de la villa, para lo cual otra vez deberían volver a rellenar la tierra. Otras versiones circulan en el barrio: por ejemplo, que la Municipalidad va a proveer a los vecinos de los materiales para que construyan sus nuevas casas. “Pero ¿dónde?”, se preguntan. “¿Para qué viene la gente de la Municipalidad a hacernos la cabeza diciéndonos que nos van a ayudar con los materiales si después pasan tres, cuatro, cinco años y es siempre la misma historia?”.

UNA LARGA HISTORIA. El 16 de junio de 2005, a poco más de un mes de las primeras elecciones internas obligatorias tras la caída de la Ley de Lemas –previas a la renovación que se dio a fines de ese año con el triunfo de la lista de Jorge Henn, entonces oposición, sobre el oficialista Rubén Meahuod, luego presidente del cuerpo y ahora opositor–, el Concejo sancionó la ordenanza Nº 11.197, que establece continuar la avenida Almirante Brown (vulgo: Costanera) por calle Italia primero y Riobamba después y “la conformación de un parque lineal paralelo en un ancho total de 60 metros”. De esos 60 metros, 32 están en juego. Y ahí, en la cuadra del 8600, 17 casas permanecen sostenidas por la incertidumbre.

La ordenanza aún no fue cumplida. A fines de 2006, un año y medio después de la sanción, dos representantes de la Vecinal de Guadalupe Noreste hicieron una encendida defensa del proyecto. “Nos daría más seguridad si a esa gente se la reubica”, dijeron en una entrevista publicada en El Litoral el 29 de octubre de 2006.

Molestos porque las obras no habían sido contempladas en el presupuesto de ese año, Eduardo Man y Oscar Roa –presidente y tesorero de la Vecinal, respectivamente– hablaron de la importancia que sufrían por no poder corregir “la discontinuidad que presenta la avenida Costanera, que comienza en el Puente Colgante y finaliza en el monumento al general Artigas”, deseosos de que ese final abrupto y en rotonda pudiera extenderse hacia el norte y así “jerarquizar” la zona.

“Una ordenanza es un documento público que obra como mandato para los funcionarios”, le dijeron a las autoridades municipales de entonces. “La ciudad contaría con una infraestructura costera que trascendería los límites de la misma, convirtiéndola en un polo de atracción turística con las consecuentes ventajas económicas inherentes a ello”. El presidente de la Vecinal explicó que acompañan la iniciativa porque “le va a dar un empuje muy grande a toda la zona de Guadalupe y revalorizaría un área que hoy no es explotada en toda su potencialidad”.

El tesorero agregó que, más allá de calle Javier de la Rosa, la ciudad se encuentra “postergada”. “Es una de las zonas más lindas de la Capital, motivo por el cual exigimos al gobernador y al intendente que esta ordenanza sea cumplida. Estamos postergados; hace poco tiempo logramos tener una iluminación que, aunque buena, es precaria; no tenemos asfalto, no nos cortan los yuyos y hay basurales”, ilustró. Ni Obeid ni Balbarrey, huelga recordarlo, atendieron la exigencia, que hubiera derivado en la erradicación de media villa: incluidos los basurales de los que habló Roa y que constituyen el único modo de subsistencia de buena parte de sus vecinos del oeste.

En esa entrevista, los dos representantes de la Vecinal de Guadalupe Noreste hicieron hincapié en el hecho de que, de concretarse el proyecto, “se erradicaría el asentamiento de esa villa que se encuentra frente a Luz y Fuerza”. “Con ello se lograría hacer realidad un reclamo de mucho tiempo atrás. Nos daría más seguridad si a esa gente se la reubica”, dijeron. Según Man y Roa, Balbarrey estaba en sintonía con la iniciativa, aunque se excusaba en la falta de recursos. “La intención política es que se haga”, reconoció entonces el presidente de la Vecinal, que también acudió, por carta, al senador nacional Carlos Reutemann –un vecino ilustre de la zona, aunque en esa época ya estaba radicado en Buenos Aires y con pocas perspectivas de poder vivir de nuevo en Guadalupe.

Ante Reutemann, Obeid y Balbarrey pidieron los vecinalistas, pero los fondos para la obra nunca aparecieron. Ahora, a casi un año del recambio de autoridades, el proyecto parece tomar nuevo impulso. Y, por tanto, genera también resistencias y rechazos.

La tapa de noviembre de 2008

¿PARA QUÉ? La primera reacción ante el avance de la Vecinal provino de Manzanas Solidarias, una ONG que surgió con la crisis de 2001 y cuya política de trabajo social pasa por favorecer la autogestión y la toma de decisiones por parte de los ciudadanos. “La crisis llevó a muchas familias a sufrir una de las consecuencias máximas de la pobreza y la exclusión: comer de la basura. Sabíamos que desde hacía tiempo, mucha gente en nuestro país comía de lo que se tiraba. Cuando vimos en las calles de nuestro barrio a madres jovencitas, vecinas de las zonas más pobres que circundan a Guadalupe, alimentando a sus hijos de lo que rescataban de las bolsas, podíamos mirar para otro lado o podíamos hacer algo. Y decidimos tratar de hacer algo”, narran los responsables de la asociación.

Desde el principio, la ONG se organizó –con voluntarios que se hacían cargo de una manzana– para recabar las necesidades inmediatas de todos los vecinos. De esa forma, elaboraron un completo sistema de datos que hicieron circular entre la gente, a la vez que explicaban su propuesta. La idea era coordinar tareas para almacenar todo aquello que unos vecinos pudiesen necesitar y otros aportar: comida, ropa, calzado... “Esto generó entre la familia necesitada y la de clase media una relación especial, de afectos y aprendizajes: una que sintió no estar sola en medio del dolor y otra que aprendió cómo se vive en la pobreza y las actitudes heroicas de quienes sobreviven con dignidad a pesar de las injusticias con las que ya nacieron”, agregan. Llegaron a contar más de 60 manzanas organizadas con este sistema y hoy la ONG ocupa una casa en la que se dictan talleres recreativos y se brinda apoyo escolar a los chicos del barrio.

Alarmados ante el regocijo de la Vecinal de ver cumplido el viejo anhelo de “erradicar la villa”, la gente de Manzanas Solidarias buscó el apoyo de los concejales de la oposición –mantuvieron reuniones con Henn y con Marta Fassino– y luego dirigieron una nota al entonces titular del cuerpo deliberativo: Rubén Mehauod. “No sabemos si algún concejal se ha preocupado por ver qué significaba el ensanche de Riobamaba: la erradicación de familias pobres, muchísimas que viven en Playa Norte. Nadie habló de propuestas de viviendas dignas para ellos. En la ordenanza ni siquiera se hace una mínima alusión a su existencia... ¿Nadie los vio?”, se preguntaban.

“Y en un plano técnico, no se entiende de qué sirve el alargue. No lleva a ninguna parte; se topa con un bañado que está muchos metros por debajo del nivel de la calle. Para continuar hacia el norte se debería invertir muchísimo dinero, ¿y para qué? Si la comunicación con las localidades del norte está garantizada a pocas cuadras, por la avenida General Paz. Para nosotros es evidente la intención de sacar a los pobres de esa zona, después de haberla demonizado, de haber logrado que se bajen los precios, de que las inmobiliarias y las empresas hagan sus negociados”.

La carta de Manzanas Solidarias es de la época en que se estaban construyendo las casas frente a la villa. “Si no tuvieran garantías de que esa gente fea se va a ir, no invertirían”, remarcaron. “Lo que estamos pidiendo a los concejales es que, ya que nadie se opuso a la ordenanza, prevean propuestas dignas para todas estas familias: viviendas, trabajo, ya que en su mayoría viven de lo que tiran los vecinos de Guadalupe. Hace un tiempo que conocemos la existencia de esta ordenanza, pero el hecho de que la Vecinal Noreste esté presionando en los medios de comunicación para que se ejecute nos hace poner en movimiento para que no se comentan más injusticias”.

SIN PLAN B. Poco después, el 21 de diciembre de 2006, el Concejo se hizo eco del pedido de Manzanas Solidarias. Un pedido de informes sancionado en la sesión de ese día exigía que el Ejecutivo municipal revelara en qué estado se encontraban las obras previstas por la ordenanza Nº 11.197, si se estaban evaluando “los estudios realizados por instituciones intermedias de barrio Guadalupe” y si se tenía previsto algún plan tendiente a “la reubicación de las familias que se encuentran viviendo del lado oeste de calle Riobamba, a la altura del 8500 al norte”.

Como ocurrió a lo largo de toda su gestión, el intendente Martín Balbarrey no hizo ni lo uno ni lo otro: ni contestó el pedido de informes, ni evaluó las alternativas posibles... sencillamente porque la obra seguía parada.

Y en ese estado de inercia siguieron las cosas –las casonas multiplicándose de un lado de Riobamba, los minibasurales del otro– hasta que una línea de cal y una topadora sacudieron de la modorra a los vecinos de Playa Norte.

HABLAN LOS VECINOS. “Antes no teníamos problemas, hasta hace tres años, cuando compraron los terrenos de Riobamba al 8600. Los que compraron dicen que la gente de enfrente somos negros de mierda, por eso nos quieren sacar a nosotros. Acá la gente vive en chapas, en barro, y recién ahora la Municipalidad vino a prometer que vamos a tener una casa de material. Pero eso no existe”, dijo Horacio, un ayudante de albañil de 36 años –de los cuales los últimos 32 años los pasó en el barrio.

Lidia –40 años, 36 en Playa Norte– agregó: “Nosotros estamos cómodos acá. Hace más de 30 años que estamos viviendo. Y tantas veces se habló de que nos iban a sacar. Nosotros fuimos a reuniones en la Municipalidad, a mitad del año pasado, y nos iban a dar una parte de los terrenos como propiedad nuestra, pero después no sé qué negocio hicieron y ahora es otro planteo. Vinieron, marcaron una línea y dijeron: de acá para adelante, la gente tiene que salir”.

–¿Qué explicación les dieron?

–Que están haciendo el reordenamiento de la Costanera, la vista panorámica... pero quieren tapar la villa.

–Nos tienen amenazados de que nos van a pasar la topadora con chicos y todo –completó Horacio.

–Hay un proyecto –retomó Lidia– de que unos inversores van a hacer la calle y con la plata que ellos van a poner (la Municipalidad) nos va a comprar los terrenos de El Gada para hacernos la casa, porque no tienen fondos. Pero yo pregunto: si la Municipalidad no tiene fondos, ¿de qué proyecto están hablando?

–De un proyecto privado...

–Sí, pero viste como está la Bolsa y todo lo demás. ¿Y si se va al carajo? Está todo en un pantano...

Verónica tiene 28 años y es “nueva” en la zona: hace apenas siete años que llegó. “Me cayó bastante mal esta novedad, porque me afecta: la línea de cal cruza mi casa. Yo había comprado una pieza con un baño, después seguí edificando y ahora resulta que me van a sacar la mitad de la casa. Y no sé para dónde arrancar, porque nadie nos da una solución y mientras tanto la avenida Costanera sigue”, relató.

La casa de Verónica, hoy, tiene dos habitaciones, un baño, un patio y los cimientos para una tercera habitación. La línea de cal pasa por encima de los cimientos y de una de las habitaciones. “Me quedaría una pieza y un baño, nuevamente: como cuando compré. Y si quieren hacer la vereda, me quedo sin nada: sin casa, ni patio, ni nada. Nos quedamos totalmente desorientados con esto de la línea (de cal). No sabemos qué hacer; yo tengo dos criaturas y no sé si voy a poder seguir edificando. Todo el esfuerzo que hice para comprar mi casa hoy no sirve de nada”.

Verónica fue una de las que participó de la reunión con los funcionarios municipales. “Dicen que tienen planeado darnos una casa, pero hay gente que no va a poder pagarla. Porque a la casa hay que pagarla mensualmente. Acá por lo menos la gente tiene dónde salir a cirujear; es un sustento. Hay muchísima gente que no trabaja. Y la mayoría son chicos”.

–Ustedes dicen que hay otras prioridades antes que agrandar la Costanera...

–Exactamente. Hay muchos chicos que se están muriendo de hambre. Hay muchos comedores para abrir, muchas escuelas para limpiar: muchas cosas para hacer antes que la Costanera. Gente viviendo en las plazas, chicos enfermos en el hospital que no tienen lo que necesitan; no hay medicamentos en los dispensarios, no hay leche, ¿y se van a preocupar por una avenida Costanera? Que se preocupen por otras cosas.

UNA COPA QUE NO SE DERRAMA NUNCA. “Lo importante es la ideología que subyace, opinó Liliana Berraz, presidenta de la ONG Manzanas Solidarias. “La falta de solidaridad, los derechos vulnerados, la xenofobia detrás del chivo expiatorio de la seguridad”, enumeró. Para la dirigente social, que además es docente en una de las escuelas cercanas a Playa Norte, el conflicto por los terrenos es una repetición de una teoría en boga en los 90: la de la copa que, cuando se derrama, beneficia a todos. “Traducido”, continuó, “significa que cuando Playa Norte se transforme en un country los pobres van a tener trabajo de pintores de yates o carpinteros”. En particular, Berraz se manifestó defraudada por las autoridades municipales: “Es demasiado contradictorio su discurso de cuando eran candidatos (hablaban de inclusión) con este tipo de proyectos”.

lunes, 25 de octubre de 2010

¿Qué pasa en Playa Norte? I

Como desgraciadamente en muy pocos medios locales aparece la opinión y perspectiva de los vecinos de Playa Norte y Bajo Judiciales respecto de la erradicación de sus barrios y el traslado a terrenos privados detrás del GADA, postearemos durante estos días videos y entrevistas del lugar realizados desde la Asociación Civil Manzanas Solidarias, aquella que a partir de 2001 organizara la solidaridad entre los vecinos ricos y pobres de Guadalupe.

Hoy se encuentran ante la situación de que el emplazamiento de los dos barrios a erradicar es de sumo y superior interés inmobiliario.

Eso no es invento trasnochado nuestro ni de la Asociación: lo dice el plan de ordenamiento urbano, tal como se publica en
El Litoral del 28 de abril: de French al terraplén norte, casas de hasta 2 pisos; de Riobamba a la laguna (es decir: una cuadra) Torres ¡con vista al río!


sábado, 23 de octubre de 2010

Para quienes se hayan hartado de una cultura patriarcal que no da más...

¡SOMOS MALAS, PODEMOS SER PEORES!

(fragmento de la nota de Ana Fiol publicada en Pausa #65)

"La Marcha del Encuentro y la lucha para legalizar y universalizar el derecho de abortar sin morir: 30 cuadras compactas de feministas tocando tambores, voceando consignas políticas, repartiendo volantes y escribiendo todas las paredes transformaron a su paso la ciudad y a sí mismas. Una formidable demostración de fuerza y de desafío a la normalización patriarcal de los atributos de las mujeres y de la femineidad. Ruidosas, agresivas, insumisas, desobedientes, irrespetuosas, fuertes, reclamando a los gritos por una sexualidad libre de embarazos no deseados y por la soberanía, el derecho individual al propio cuerpo y a las decisiones que lo involucran. La Marcha es un único momento y lugar en el que nos reunimos como mujeres para rebelarnos de tanto “destino social de servidumbre”, como nos enseñara hace 60 años Simone de Beauvoir."




La nota completa te espera en PAUSA #65, ahora en los kioscos de SF por $3


jueves, 21 de octubre de 2010

Ya se está repartiendo el PAUSA #65


-¿Qué hará el Lole en 2011?


-Ana Fiol se manda contundente crónica y análisis del Encuentro de Mujeres


-Especial MÚSICA: Ale David y recital de Spinetta, Tito Bruschini en Mo' Blues y Deacon Jones, la flaca Tealdi nos explica qué tiene que ver Rage Against the Machine con la ciudad con mayor densidad de remeras de Pearl Jam por habitante, Marina Ramayo adelanta el nuevo disco de La Gordini y Donnie Zerbatto recomienda de la dvdteca del CCSF una gema de poppunkteen oriental


-El censista: ¡una terrible amenaza!


-Psicología deportiva y fútbol


-Apoyo a microemprendedoras


-Tamagnini ahora está en Bielorrusia... MALDITO TAMAGNINI que no para de viajar


Y más, y más, y más, y MAAAAAAAAAAAAAAAS


(si, eso fue un grito)


*******************EN PAUSA #65*******************


(o sea: compralo. Sale menos que un porrón)

sábado, 16 de octubre de 2010

Invasión (1969, de Hugo Santiago)

Por Donnie Zerbatto

De algunas calenturas gloriosas sólo me queda la memoria, algunas fotos en la cabeza. De unas pocas de esas franelas, el deseo de haber avanzado más: una semana, un mes de descajete furibundo. De sólo dos o tres atesoro la tan conocida y mentada nostalgia de lo que no fue (como la tristeza o la tos, tiembla en el pecho, pero de modo leve y rítmicamente siseante. A esa sensación ya le vendría bien un nombre, porque la frasecita para evocarla está de más gastada).

Invasión (1969) de Hugo Santiago es la franela circunstancial de la novia que nunca tuvo el cine argentino.


Uno de los mejores críticos que hayan dado estas landas publicaba serialmente en la Fierro de los ‘80. Afuera del circuito cinéfilo clásico, zambullido en esa peculiar banda que eran los lectores de las “historietas para sobrevivientes”, Ángel Faretta era una fusión entre filósofo marxista alemán de los ‘40 con nardo fanático del sci-fi y el fantasy: recomendaba con fruición y de modo agotador y recurrente la lectura de El señor de los anillos, en los tiempos en que salía en baratas ediciones tapa blanda de bolsillo –de la imprescindible Editorial Minotauro–, mientras al mismo tiempo se preocupaba por definir una propia teoría estética. De Invasión llegó a decir que fue uno de “los mejores films del mundo en los últimos años…”. Completamente por otro lado, alguno de esa pedante e imbécil runfla de snobs que escriben en El amante reconoce que es “la” peli de culto argentina. Esas afirmaciones absolutamente excesivas en la voz de un buen crítico y de un probable gansillo frívolo dan cuenta del vacío amoroso que produjo Invasión en el cine argento.

Con argumento de Borges y Bioy, la historia se resume a lo que su título indica; la invasión, la defensa de la ciudad invadida y la resistencia pueden pensarse como una anticipación de lo que vendría en el ’76. Lo mismo se dijo de la historieta de Oesterheld, El eternauta, de 1957. Puntualmente, Invasión contrapone a un grupo de uniformados tecnológicamente avanzados contra otro cuya organización, gustos y rituales pertenecen más a un código nostalgioso de un pasado a perderse que a otra cosa. Seres en rigurosas gabardinas claras, que torturan rodeados de aparatos de TV prendidos, contra milongueros medio borrachines comandados por un viejito amante de los gatos. Sería más razonable, entonces, filiar Invasión con el hitazo literario gorilón La fiesta del monstruo, producido también por B&B.

Sin embargo, pegando la vuelta, sería más razonable aún recordar que durante la dictadura la peli fue prohibida y su negativo fue robado de los estudios Alex. Sobrevivió como rareza en VHS; recién en el siglo XXI Santiago se encargó de comandar una recuperación y reedición del film (ahora en óptimas condiciones). Puede decirse que la historia se encargó de volver a escribir a la peli: hasta habría allí una suerte de celebración de la lucha armada.

O sería muuucho más razonable todavía recordar lo que Borges supo decir, varias veces y de varias formas: que las historias épicas con las que cuenta la humanidad son pocas, dos o tres a lo sumo. Que Troya puede ser Buenos Aires (por ello en el film se llama “Aquilea”). Que el chiste está en cómo se relatan esas épicas, donde lo fundamental es el tono más que los héroes. Si es así, entonces el chiste está en Santiago y su fenomenal director de fotografía, Ricardo Aronovich. Y en otro grosso, que hace la banda de sonido: Pichuco Troilo.

Santiago se fue a los 20 años a París, becado. Era 1959. Trabajó como asistente de Robert Bresson a los 23. Y a los 30 se metió con esa dupla de vejetes tarambanas que jamás se repitió en la historia cultural argentina. Su periplo no terminó allí: en 1974 hizo otra peli más con guión de Borges y Bioy (Los otros), pero nuevamente en Francia. Y en 1985 hizo una suerte de continuación de Invasión pero con guión de la principal pluma del radicalismo, Juan José Saer, llamada Las veredas de Saturno. (Se prevé para el año que viene una más sobre los avatares de Aquilea, Adiós, conformándose así una trilogía).

Actuaciones poco afectadas, casi secas, mujeres que hasta actualmente serían hermosas y una suerte de taita en el cuerpo de Lautaro Murúa, el viejo Buenos Aires como locación, el blanco y negro jugado a pleno contraste y unos travellings poderosísimos aportan a la riqueza visual de esta película. Cuesta entrar en su ritmo (se notan los 40 años pasados respecto de su producción) pero una vez adentro los hechos fluyen en un particular extrañamiento, hasta un giro final que, al mismo tiempo, interpela e inquieta.


Cochazos. La cantidad y variedad estilística de las escenas automovilísticas es, a falta de mejor palabra, sobresaliente. De día, de noche, de tarde, con el ojo en el receptáculo, en la circulación del vehículo o en la presa de una persecución, las tomas se suceden con una calidad y una marca fotográfica localmente inusitadas.

Olga Zubarry es la pareja de Lautaro Murúa en el film. Juntos llevan adelante una historia de amor centrada en los silencios y los secretos. Juntos, pero separados, se relacionan con la trama central de la peli. Juntos son muy hot.

Distopía. Si bien se utiliza el término como oposición a “utopía”, creo que le cabe mucho más a la extraña operación que se hace en la peli sobre Buenos Aires. Todas las locaciones son reconocibles (la cancha de Boca, el puerto, las callejas empedradas) pero parecen cinco centímetros corridas respecto de su función y lugar. Pasa lo mismo con el mapa de Aquilea: claramente es representativo de Buenos Aires, pero no es para nada el mapa de Buenos Aires. Es como si se usara al puente colgante como locación de una antena para conectarse con los extraterrestres y eso, en una peli, fuese creíble. En el sentido más estricto del término, el film le otorga un nuevo aura a la ciudad.


Publicado en Pausa #62