martes, 14 de septiembre de 2010

Carta abierta a los legisladores por Santa Fe. Sobre papel prensa

Esta carta fue publicada en la edición en papel de Pausa, la #62 que salió a la calle el viernes pasado. Si acuerda con su contenido, difúndala.

A los diputados y diputadas por la provincia de Santa Fe en el Congreso de la Nación: los radicales y socialistas en el Frente Cívico y Social, a la diputada por Solidaridad e Igualdad, al demoprogresista y al del GEN, a quienes pertenecen al Frente para la Victoria. Al senador Rubén Giustiniani y a la senadora Roxana Latorre:

Esto es palabra impresa en papel de diario.

Ustedes, muy pronto, van a discutir y legislar sobre la posibilidad cierta de que existan más voces en este soporte.

Apelamos sólo a ustedes, y no a todos los representantes de nuestra provincia para la Nación.

Omitimos a quienes ya explícitamente pertenecen a espacios partidarios que se han pronunciado en contra de esa posibilidad. Se aproxima un proceso legislativo que va a exigir un control político institucional intenso y público. De su producto se espera, también, el mismo resultado.

Control institucional público: así un Estado republicano democrático es transparente. Esa transparencia permite que las cosas se discutan pluralmente y se negocien. Se acuerden, o no se acuerden: siempre se puede empezar otra vez. Y cambiar colectivamente, dentro de las reglas establecidas, en períodos razonables, cortos y sólidamente previsibles.

Esa forma es superior respecto de la forma privada existente para la producción y venta de papel de diario en la actual situación. Una situación que, además, estructuralmente está detenida en el momento mismo de su fundación.

La forma privada en la que el papel de diario se produce y distribuye fue diseñada durante la última dictadura. No discurriremos en este punto sobre en qué condiciones y con qué métodos se materializó ese diseño. Señalaremos, sí, que esa forma privada tuvo un sólo y único objetivo: el control de la opinión pública. (Las razones coyunturales son obvias: no es necesario hacer una recorrida por el archivo de Clarín y de La Nación durante la dictadura. Compartían entonces las posiciones tanto como ahora: en sus contenidos, soportes, empresas y hasta periodistas). Estas dos firmas crean, modelan, acompañan y actualizan la opinión pública.

La opinión pública implica el modo, los canales y los soportes en que todos los que pisamos este suelo nos conectamos y nos identificamos con una nube de ideas, de información, de emociones en algún sentido comunes. Está llena de palabras, de lenguaje, de intercambio. Y todos aquellos que estamos lanzados a la opinión pública no podemos evitar su triple mandato simultáneo de posibilidades. Ocupar la mayor cantidad de espacio en esa nube: producir sentido común. Cuestionarlo, que es también un modo de estar ahí. Ampliarlo, hacerlo crecer y darle matices: capturar gestos, tendencias, elementos sociales extendidos y situarlos en la palabra masiva. Cada una de esas posibilidades actúan relacionadas y así el sentido común se complejiza, se diversifica. Y la palabra masivamente publicada pasa a estar situada en las palabras de otros, que frente a frente, por celular, o investidos en un avatar de la esfera 2.0, conversan entre sí sobre lo que leen, oyen, miran, scanean en la web.

Lo que diferencia a Clarín y La Nación es que durante la dictadura no sólo fueron parte vinculada al gobierno de facto como socios empresariales o voceros. (Como cómplices en la tortura o el secuestro y apropiación de hijos de desaparecidos es una calificación sobre la que la Justicia debe todavía dirimir). El punto es cómo de esa asociación nació un modelo empresarial específicamente destinado a anular la diversidad. Eso significa ocupar espacio en la opinión pública con una estrategia basada en ser la única productora de papel en la zona territorial fiscal y cambiaria con capacidad y escala para fijar precios de privilegio.

Clarín y La Nación operan con muchísimos menos riesgos que otras voces que integran el espacio público en su mismo soporte. Muchísimos menos riesgos es muchísimos menos millones de dólares.

Casi no hay gran empresa periodística externa a Papel Prensa que no lo haya dicho. En los 80 lo decía Julio Ramos en Ámbito Financiero, en los 90 y hace pocos años Jorge Lanata lo indicó en Página/12 y en Crítica. Jorge Fontevecchia lo ha dicho en su último formato de Perfil. Lo dijo estos días el Grupo Uno –que, en paralelo, batalla contra la ley de Medios– a través de su diario insignia en la provincia, La Capital de Rosario, y luego en su edición local. Crónica, el más popular antes de que Clarín y La Nación iniciaran su política de precios asimétricos, también lo ha señalado. Son todos impresores de palabras en papel de diario. Y está también en la documentación de la empresa.

Clarín y La Nación toman decisiones en conjunto respecto de la producción y venta del papel para todos los diarios, regulando cuánto se produce y qué parte de esa producción está destinada a la competencia. Dejan a los terceros sin papel así sea operando por debajo de la capacidad instalada. Compran cerca del 70% de lo que producen. Pagan por su propia producción casi 500 dólares, venden su remanente a 600. Los terceros han de rogar por entrar allí: los que no pueden (más del triple de consumo de papel que los que sí) tienen que conformarse con papel importado a precios que van de los 700 a 800 dólares.


No puede ser que no sea de interés público que la opinión pública esté condicionada por esta política de precios. Garantizar las posibilidades libres de acceso a la opinión pública es parte de la constitución misma del hecho legislativo democrático. ¿Cómo el legislador puede permitir que se produzca ese tipo de gestión de la palabra impresa escrita? Si la discrecionalidad en la entrega de pauta oficial –cuestión no legislada en la Nación, tampoco en las provincias ni en los municipios– es tema de debate, ¿cómo se puede permitir que la censura esté en los precios mismos que permiten acceder al soporte propio de la palabra impresa?

El sistema privado de decisiones instaurado por la asociación entre Clarín, La Nación y la dictadura no sólo no garantiza las posibilidades de acceso a la opinión pública, sino todo lo contrario: las poda o las bloquea. Y en la palabra impresa está base de la agenda diaria mediática, el punto desde donde se irradia al resto del sistema periodístico, el punto en que se cristaliza aquello que por ese sistema circula.

No se refiere a otra cosa el proyecto de ley ingresado a la Cámara de Diputados.

Se trata de la conformación de una comisión de 16 legisladores, proporcionales a los bloques, para la consideración de un marco regulatorio para la producción y venta de papel. Un marco cuyos objetivos contemplan el abastecimiento a precio igualitario para todos los medios que lo requieran. Equidad comercial y sustitución de importaciones. Ese marco regulatorio, tras pasar por esa comisión, se discutirá en el Congreso.

Legisladoras y legisladoras: sabemos que han sabido negociar, mejorar, desarrollar leyes recientes sustantivas para la democracia y la igualdad de derechos. Que tal acción se ha realizado manteniendo en firme las diferencias partidarias y de ubicación respecto del Poder Ejecutivo. Ha estado allí el voto transversal por el matrimonio igualitario, pero también la estatización de las AFJP. Ha estado allí la necesaria ley de Medios. Esperamos de la oposición que no adopte intransigencias inconducentes, tanto como que el oficialismo no se cierre en posturas rígidas y estólidas.

Un marco regulatorio para la producción de papel a precios igualitarios abre a la libertad de expresión, no la cercena. Tan necesario y simple como eso. Es la tarea del legislador en relación al derecho: producir justicia en términos de equidad y libertad. Pero también apelamos a ustedes en tanto hombres y mujeres de la política institucional que apoyan procesos de producción de justicia en términos de reparación y verdad.

Disolver la política de censura por precios impuesta por Papel Prensa es una temática para el legislador. Pero, mientras tanto, el juez se enfrentará a la producción de un fallo relativo a delitos contra la humanidad. Habrá documentos, testimonios y un proceso que será narrado por una de las partes implicadas: justamente, la acusada.

La estrategia de ese relato es abierta: manosear el pasado hasta volverlo un reality familiar de la tortura; inventar una versión sobre la institucionalidad de los tiempos de la dictadura que es, como poco, una fantasía procaz de la legalidad; desacreditar sin pudor al movimiento de derechos humanos.

Ese fallo por venir referirá a delitos contra la humanidad. El movimiento de derechos humanos lideró este reclamo a la justicia desde finales de los 70, cuando los únicos acompañantes eran abogados con destino de centro clandestino de detención. Esos delitos siempre fueron denunciados dentro de un imperativo estricto: el ajuste a los procedimientos, requerimientos y plazos de la Justicia. Ya en democracia, el movimiento de derechos humanos partió de un punto claro: exigir todas las garantías para los acusados, aquellos que extrajeron toda garantía para aplicar su violencia.

¿Habría verdadera seguridad jurídica si no hubiesen existido las denuncias y condenas promovidas por el movimiento por los derechos humanos?

Otra vez, será ahora la Justicia la que dirima respecto de la compra de Papel Prensa. Por esa situación les pedimos, hombres y mujeres de la política institucional de la democracia, dos cosas más.

Primero, una defensa enfática de la acción de la Justicia: allí estarán las pruebas y procedimientos. Que se apoye su acción: fue necesario un consenso político para el juicio a las juntas, para la derogación de las leyes de impunidad y la reapertura de los juicios a genocidas. Es también necesario un consenso político para esta causa, la cual continuamente, y con una virulencia inédita, será presentada a la opinión pública sin ningún recato a la hora de apelar a impugnaciones, afrentas y descalificaciones. Queriendo hacer de víctimas, victimarios.

Por eso también se hace necesario reconocer y defender al movimiento de derechos humanos. En todas sus formas (desde el Equipo Argentino de Antropología Forense al Banco Nacional de Datos Genéticos, desde Hijos a las Abuelas de Plaza de Mayo) siempre se ha ajustado al mandato de la democracia. Porque el movimiento de derechos humanos es inseparable de que hayamos llegado a la democracia.

Es cierto que actualmente la política de buena parte del movimiento de derechos humanos se ha vuelto política de Estado a través de una decidida gestión de gobierno. Con más razón entonces aquellos que se oponen a este gobierno no pueden defeccionar. La justicia no ha de ser supeditada al conflicto partidario. No se puede defeccionar, no se puede dejar sólo en manos de una gestión el sostén de legitimidad. Ese sostén ha de venir de las instituciones políticas en su conjunto. Radicales y socialistas no pueden ser indiferentes a esto. Interpelamos, entonces, a la mística genuina de aquellos radicales que encarnaron y llevaron adelante el juicio a la juntas. Y a la racionalidad institucional, en términos de programa y conducta política, de la militancia socialista.

Apertura en la elaboración del proyecto para el oficialismo y apropiación del momento histórico por parte de la oposición son los principales desafíos para recuperar la dignidad del palabra política y las posibilidades de proliferación de la palabra impresa pública.

Señores y señoras legisladores y legisladoras, nuestro pedido es abierto, de cara a nuestros lectores, desde un periódico de la capital de la provincia que representan, que de tan pequeño ni siquiera compra papel por cuenta propia sino que depende de un imprentero. Se lo pedimos porque, justamente, esperamos que cuando llegue el día de crecer y comprar el papel prensa por nuestra cuenta, podamos acceder –ni más ni menos– que a un precio justo.

El precio justo que a través de la mano militar los propagandistas de la represión negaron a todos y cada uno de los que quisieron comprometerse con esto de escribir palabras para imprimirlas y que alguien, como ustedes, las puedan discutir, refutar o disfrutar.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Mañana: Pausa #62

Desde mañana en los kioscos de Santa Fe
Pausa #62

Con estos contenidos:

Inundación de soja: el gobierno provincial admite que la frontera agropecuaria llegó al límite y que la soja prácticamente invade todo. El reclamo de las entidades agrarias en contra del fallo San Jorge y de la limitación a las fumigaciones en las proximidades de zonas urbanas

Carta abierta a los legisladores por Santa Fe: la posición y la exhortación editorial del periódico por un precio justo e igualitario del papel de diario.

No pagan los impuestos: el quién es quién de los célebres evasores de Santa Fe

Contra la trata: los efectos de ley 26.364 y de los equipos interdisciplinarios que afrontan la cuestión; 921 víctimas liberadas

Y todo el deporte, el cine, la música, los espectáculos, las crónicas de viajes, el humor y más

Todo por $3, desde mañana, en los kioscos





sábado, 4 de septiembre de 2010

Pausa en la Feria del Libro

Amigos, amigas, los esperamos desde mañana y hasta el domingo 12 en la Feria del Libro. Estación Belgrano, Bv. Gálvez entre Dorrego y Avellaneda, de 9 a 21 hs.

En el stand de Pausa van a poder encontrar ediciones atrasadas, ideal para coleccionistas. Y para todos aquellos interneteros que aún no conocieron el peri
ódico versión papel, será una buena oportunidad.

Los esperamos!!!

viernes, 27 de agosto de 2010

Disputas mediáticas

Por Juan Pascual

El envío a la Justicia de un informe con documentación y testimonios sobre la compra espuria de Papel Prensa por los diarios Clarín, La Nación y La Razón, en el cual se vincula la secuencia de amenazas, persecuciones, intimidaciones y –luego de consumada una venta a precio vil– secuestros, desapariciones y torturas sobre quienes eran los antiguos propietarios de la empresa fue tratado por una de las partes (Clarín y La Nación, los que resultaron beneficiados en el proceso) de este modo:



Las versiones contradictorias sobre un mismo suceso, lugar o espacio entre aquellos que estuvieron presos, detenidos desaparecidos y torturados siempre fueron moneda corriente. La situación se presta a tales imprecisiones y, por ello, al tratamiento mesurado de las fuentes, de los documentos, de las palabras, para la construcción de un registro colectivo que abra a un conocimiento político de lo sucedido y a un tratamiento justo de lo actuado.
Pero contraponer, deslegitimar, ubicar en la posición de la deshonestidad, de la mentira interesada, de la falacia maliciosa al testimonio de un detenido y torturado por la dictadura a partir de otro testimonio enunciado por una persona de igual condición es muy otra cosa. Más todavía si eso es el centro argumentativo de la "defensa".
Son familia, por igual. Son torturados, por igual.
Los diarios, en combo, recrean un imperativo de la tortura que explica la mecánica misma del procedimiento: producir una palabra que condene al par (y, en el mismo movimiento, a sí mismo). Reventar el estatuto de ese sujeto que está ahí –por medio de una mirada penetrante, una picana zumbadora, un pene caliente o una pila de billetes, igual da en este caso– para volverlo un cuerpo puro de las necesidades, una entidad que sólo es capaz de desear que eso termine, que no puede decir a nada que no.

¿De qué modo las imágenes de fondo editorializan la entrevista a Papaleo?

La efectividad de esa estrategia obscena está en impedir la consideración de que un "quebrado", sea por la picana o por el soborno –en estas circunstancias, en esta situación y respecto de estos testimonios: en este específico caso– no es un delincuente, como lo sindica Osvaldo Papaleo: es también una víctima que vuelve a ser víctima. Quizá de sus horrores en la memoria, quizá de sus miedos presentes entonces. Quizá es una víctima de sí mismo.
No significa eso que no sea sopesado su testimonio. Significa que hay que considerar que si la falsedad fue inducida –por la violencia de la bota o del dinero– no estamos frente a una mentirita común: estamos frente a la actualización y violación de una escena de 1976.

La versión en papel de esta entrevista se puede encontrar acá

Isidoro Graiver es también este tipo que dio esta entrevista mucho tiempo antes de dar un testimonio perfecto por medio de solicitadas, escribanos públicos y demases, para los dos grandes diarios.
Poco más le queda a Clarín y La Nación que apelar a reproducir esas escenas donde uno se pierde de sí mismo, y se vuelve la víctima victimario (de su propia historia y de la de los otros). Es eso o hacer hablar a los muertos, como se hizo con el fiscal Molinas aquí, lo que produjo la obvia respuesta de su hijo, por ejemplo acá.
Cerrar el círculo de esa obscenidad en una disputa moral –o penal– por las deshonestidades de los testimonios de la tortura y el horror, los testimonios más únicos que un ser humano puede producir, sólo sirve a la sonrisa de los torturadores. Isidoro Graiver ha vuelto a ser una víctima Y, podría decirse, de los mismos victimarios.
Mientras al debate mediático se le siga dando el mismo lugar y jerarquía que a las actuaciones de la Justicia y las discusiones del Congreso (ambas por venir), el manoseo seguirá continuando. Ese debate mediatizado bajo las reglas de una de las partes no merece darse, justamente, bajo esas reglas. Discutir los documentos en la Justicia, repasándolos, observando las fechas, viendo los precios, analizando la época y la situación de los testimoniantes: perfecto. Analizar las cifras del negocio de la producción de papel monopolizada por sus principales consumidores, con precios desleales que estructuran diferencias fácticas no sólo en el negocio, sino en las posibilidades de expresión de la palabra escrita: fantástico. Que ambas cosas se hagan en los medios de prensa: un deber.
Pero andar de revuelque por los meandros de la familia Graiver, teniendo que soportar a un clan de opas y opinologistas barruntando todos juntos las imbecilidades más descabelladas de compra/venta de voluntades, historias y memorias colectivas, es envilecer la cuestión, es hartar a la opinión pública, es caer en la trampa.

viernes, 20 de agosto de 2010

Salió en Nº 61



Desde hoy en los kioscos.

Reforma penal, banco, autopista, cárceles, política, sociedad, música, cine, viajes, deportes, noticias, humor y la agenda más completa.

Por 3 mangos, ¿qué más querés?

sábado, 14 de agosto de 2010

Hágase cargo y hágales frente

Una selección quizás inútil del listado de la dvdteca del Cine Club Santa Fe

Por Donnie Zerbatto

Todo listado es el registro de un universo que, en su notación misma, se va ordenando. Un listado de películas organizado por sus directores da un resultado, un recorrido posible. Otro armado –a partir de las bandas sonoras, por ejemplo– produce otras agrupaciones. Allí podría recortarse la sección “Ennio Morricone”, con Cinema Paradiso de Tornatore y Novecento de Bertolucci o también, y por qué no, el área “Tarantino”, con su peculiares selecciones y rescates musicales: después del cachondeo que disfrutó Kurt Russell en Death Proof ¿cómo no ir como perro jadeante al descargadero de tonadas a por Down in Mexico de los Coasters? El bailecito con amputación de oreja protagonizado por Michael Madsen en Perros de la calle (1992) ¿no rescató del olvido a Stuck in the middle with you, de Stealers Wheel?

Afortunado eres, Kurt...

Sin embargo, hay ciertos elementos en todo listado que nunca terminan de ajustar en ninguna categoría. Cosas raras.

Ojo, no quiere decir esto que sean excitantes o estimulantes. No, para nada: las cosas raras no se pueden ubicar bien, no se termina de saber bien por dónde se les entra. La locura no es nada alegre y los que verdaderamente son tomados como especimenes raros la pasan verdaderamente mal.

Si al listado de más 500 pelis de la dvdteca del cineclú Santa Fe se lo dividiese entre aquellas para las que tenemos una puerta de entrada y aquellas que no imaginamos por dónde corno se las encara, el segundo grupo tendría al menos nueve títulos, a mi leal, honesto y para mí calificadísimo entender.

No hablo de películas “problema”, así como esas que se supone cuestionan taaanto nuestro modo de ser que después de verlas vamos a volvernos otras personas, así, para siempre jamás. Hablo de las películas que plantean una verdadera dificultad para ser miradas. Las que están tan lejos que nos resultan extrañas, prácticamente inabordables. Que a veces aburren hasta la maceta o que a veces son sencillamente incomprensibles. Antes que nada, que son anormales: no se acercan ni medio a lo que se ve regularmente, pero en ningún sentido. Y, sin embargo, algo de lo existente las hace pertenecer al listado. Tienen gestos de nuestra actualidad para exponer.

Tim Burton rescató la vida de Ed Wood para hacer el film homónimo, protagonizado obviamente por Johnny Depp. Ed Wood es considerado el peor director de la historia del cine. Ese rótulo no es chiste: es un bodriazo con deficiencias técnicas de producción. Burton, con mirada estratégica, convirtió esa particularidad en tema de una peli. El cineclú, en cambio, da la oportunidad de ver dos títulos cruciales del malogrado director: Glen or Glenda? (1953) y Plan 9 from outer space (1959).

Con la presencia en ambas del mismísimo Bela Lugosi (la cara típica en byn del Drácula moderno sport), ambas pelis ofrecen esa extraña experiencia. Difícil es recomendar un director al que masivamente se lo trata como bosta. Pero fácil es advertir lo interesante de tener la posibilidad de acercarse y poder oler el objeto, así hieda a cualquier cosa. Pocas veces se posee la chance de ver al espécimen más deplorado.

El día que paralizaron la tierra (1951) de Robert Wise ofrece una vuelta de tuerca a la propuesta anterior. Es la versión original de la hiperpromocionada porquería inaguantable protagonizada por Keanu Reeves, conocida en Argentina como El día que la tierra se detuvo (2008). ¿Cómo será la versión primera? ¡Da vértigo la comparación y, acaso, su resultado! Ideal para una noche nula, tipo nada que hacer, son las dos, mañana me rasco, no tengo sueño ni intenciones sexies.

¡Platos voladores ultramodernos!

Padre e hijo (2004), de Alexander Sokurov, está en la lista de las normales. Se puede decir: es muy europea, hay un conflicto humano denso, lleno de sudor y carne, esos techos ya los he visto en alguna parte, qué cosa intensita y compleja ese vínculo de esos hombres, etcétera. Pero El arca rusa (2002) nos presenta un Sokurov estratosférico. La peli es bellísima, una fiesta para el ojo, un infierno técnico de perfeccionismo (99 minutos todos tirados en una sola toma, con la coordinación de 2000 actores y tres orquestas). A la gente sofisticada la arrebola, ganó el argento Cóndor de Plata a la peli extranjera y fue nominada como la mejor en Cannes. Sé que transita 300 años de historia rusa y que se detiene en una gran cantidad de cuadros de distintos pintores, y en otras obras de arte. Lo sé, lo ví. Pero estoy seguro de que no hay nadie en Santa Fe que con el recorrido regular de la educación estatal –aún terminada una carrera de grado específica en arte– pueda mirar el film sin que algo (o la mayoría de las cosas) se le escape. Si niegan esto mienten, o han dedicado un tiempo casi patológico a la formación autodidacta en historia social y del arte de Occidente. Es tanta y tan vasta la erudición que exige El arca… que uno queda subyugado por la propia exclusión, por cómo el film nos escupe nuestra propia ignorancia.

Vea que cosa más maravillosa para no entender

Completamente lo contrario es Vanishing point (1971), de Richard Sarafian. Objeto de culto pop yanqui, citada tanto por Tarantino en Death Proof como por Audioslave en el video de Show me how to live, tenemos aquí una interminable persecución en megacoches del período paleopetrolero a través de un desierto terroso que da calor nomás de verlo. Tuercas del mundo: aquí tenéis una posta posta, si bien es abrumadoramente melancólica. Nada de pelitos con gel y pavadas Rápido y furioso: mecánica pura y dura, choques, reviente y un macho conductor desahuciado.

Hay que tener la voz en off de la voz en off

La incursión etno antropológica por la cultura imperial puede continuar por los extraños documentales Koyaanisqatsi (1982) y Powaqqatsi (1988), de Godfrey Reggio. Música y sucesiones de imágenes sobre lo que en lengua hopi quiere decir “vida desequilibrada” y “vida en transformación”. Más claro: vea de dónde provienen las secuencias más icónicas y típicas (hasta en la imagen publicitaria) sobre “el vértigo urbano”, “el medio ambiente”, “el cielo”, “el hombre alienado que trabaja”…

La banda sonora le añade mucho muy mucho

Las dos últimas en el grupete son alemanadas. La primera, un clásico de la ciencia ficción arqueológica: de tan antigua es ya una reliquia acerca de cómo se imaginaba el futuro desde el lejano pasado. Metrópolis (1927) de Fritz Lang es una pesadilla obrera sobre el maquinismo taylorista, junto a su particular proceso revolucionario… ¡en el más puro estilo del cine mudo! La estética futurista de los edificios junto a unos jardines de una mítica exhuberancia le dan visos de superproducción en su época. Y la segunda (que acaso puede dialogar en muchos aspectos con la anterior) es el documental sobre un evento de juventudes políticas militantes. En El triunfo de la voluntad (1935) Leni Riefenstahl da una lección de estetización cinematográfica de la política, de encuadres creadores de líderes y panorámicas amalgamadoras y constitutivas de las masas. Miles y miles de jóvenes alemanes acampan, realizan actividades físicas e intelectuales propias de la raza superior y comparten hermanados el rancho de campaña, mientras son visitados por la plana mayor del Estado nazi, Hitler incluido. Discursos y arengas de Goebbels y de toda de la jerarquía (hasta explican el antisemitismo desde la perspectiva biológica), la puesta en escena completa del sexto Congreso del Partido Nacionalsocialista, y toda la euforia que puede producir el miedo en una masa destinada a suicidarse no sin antes protagonizar la mayor producción en serie de cadáveres de la historia humana.

Esto es Occidente, Europa, Alemania

Yendo a lo seguro. Todas las pelis que aquí se refieren están en la dvdteca, menos la de Burton y la de Keanu. O sea: si no está dispuesto a la sorpresa, métase de cabeza con las imprescindibles Cinema Paradiso, Novecento o Perros de la calle. No le fallarán.

Publicado en Pausa #55

domingo, 8 de agosto de 2010

Ya salió el #60


En los kioscos de Santa Fe y por suscripción a pausadigital@gmail.com...

(En el interior, coberturas sobre la interna local entre CGT y CTA, el nuevo plan urbano, la presencia de Hernán Brienza en el encuentro de cibermilitantes, la apertura de un nuevo espacio escénico, los padres que le taladran el alma a sus hijos para volverlos estrellas furbolísticas, una guía con el mejor cine político de la dvdteca del CCSF, humor, agenda, el noticiero y muchísimo más...)