viernes, 29 de noviembre de 2013

Danza en las nubes

Por Pato Che 
  
Las ganas de visitar las ruinas de la capital del imperio totonaca se estrellaron con el caos de basura, puestos vacíos y altos precios que dejó la Cumbre Tajín 2013. Apenas hace unos días, miles de personas invadieron los alrededores de Totonacapan, para extasiarse con bandas tan disímiles como Pet Shop Boys, Julieta Venegas o Los Tigres del Norte.
Si bien estamos de paso, las ruinas del Tajín bien valen la parada. Esta ciudad prehispánica floreció entre los años 650 y 950 hasta convertirse en la más grande del norte del Golfo de México. Acampar parece la mejor opción, pero las tarifas nos ahuyentan hasta Papantla, supuesta cuna de “los voladores”, esos tipos que hoy danzan en las alturas para captar la atención –y las monedas– de los turistas.
Las estrechas callejuelas de Papantla requieren maniobras precisas al volante y, aunque logro librar unos cuantos roces, pasa lo inevitable: una cicatriz se dibuja en la nueva piel de Adelita, nuestra combi guerrera.
Pero el problema más apremiante es otro: si nos quedamos en un hotel ¿qué hacemos con Chai? Dejar a la perrita en la combi nos duele más a nosotros que a ella, así que decidimos meterla al hotel, escondida en la mochila. La operación es un éxito.
Es hora de que humanos y perro descansen, pues al alba los espera una visita a la “ciudad trueno” (nombre del Tajín, en totonaca).

Vestigios imperiales
Los imponentes basamentos piramidales decorados con grecas (xicalcoliuhqui) y las amplias canchas de juego pelota del Tajín nos recuerdan la grandeza de las culturas precolombinas. La monumental arquitectura y la avanzada concepción urbanística prevalecen como prueba de los conocimientos científicos del pueblo totonaca.
En 1519, cuando los españoles arribaron a la zona, la ciudad ya había sido abandonada y nunca sería encontrada por los conquistadores. Sin embargo, años más tarde, los totonacos de Cempoala establecerían una alianza con Hernán Cortés para marchar juntos a la conquista de Tenochtitlan (hoy Ciudad de México), con la esperanza de librarse de la opresión azteca.
Pero, una vez derrotados los enemigos mexica, los totonacas también fueron sometidos por el hombre blanco, que destruyó gran parte de sus códices y manuscritos. Aun así, su cultura es una de las que mejor se conservan.
Como pueblo agrícola, sus creencias giraban en torno a la tierra, los astros y las siembras. Como sus antepasados toltecas, ofrecían sacrificios y rituales a sus dioses, algunos de los cuales se siguen practicando y son patrimonio inmaterial de la humanidad.

Hombres pájaro
Uno de esos rituales es el de “los voladores”. Se trata de cinco “hombres pájaro” que desafían la gravedad, lanzándose en vuelo desde un palo de unos treinta metros de altura, sujetados con sogas desde las piernas y la cintura. Caen simulando la lluvia, pues el ritual es para agradecer o pedir por la fertilidad del suelo.
Cuenta la leyenda que en una época de gran sequía, un grupo de viejos sabios encomendó a cinco jóvenes enviar un mensaje a Xipe Totec, dios de la fertilidad, para que regresaran las lluvias y prosperaran las cosechas.Entraron al bosque y buscaron el árbol más alto y recto y le rogaron por ayuda. Lo cortaron y lo llevaron a su aldea, sin que tocara la tierra. Una vez allí, cavaron un hoyo, lo enterraron y le presentaron ofrendas. Los hombres se adornaron con plumas para simular aves, colocaron cuerdas en sus cinturas y se echaron en vuelo circular al sonido de la flauta y el tambor.
Aunque su origen se ha atribuido a Papantla, es bien sabido que este ritual se practicó en toda la región de Totonacapan, que hoy comparten los estados de Veracruz y Puebla, así como en varias culturas precolombinas, que llegaron hasta el actual territorio de Nicaragua.
Una gallina negra y un poco de kuchut (aguardiente) y de tabaco se colocan en el agujero donde se “siembra” el palo. Con gran solemnidad, el caporal toca su flauta y su tambor mientras el grupo se alista danzando en torno al poste. Luego, visten el palo con las cuerdas de abajo hacia arriba. En lo alto del poste, colocan un cuadro de madera, que gira en torno al eje, y desde donde se enrollan las cuerdas que sujetarán a los voladores. Mientras, el caporal sube a lo más alto, sin ningún tipo de protección, donde danza y toca sus instrumentos. Lo hace sobre la “manzana”, una especie de capuchón de madera que embona en la punta del mástil y que tiene una superficie en la que apenas caben los pies.
Los cuatro danzantes representan los puntos cardinales. En la cima, el caporal guía al grupo al ritmo de sus instrumentos, fabricados con carrizo y cuero. A su señal, cada danzante salta al vacío y gira trece veces (los trece cielos del dios sol), antes de tocar el suelo. Entre los cuatro, realizan un total de cincuenta y dos vueltas, número que simboliza los años de un ciclo en el Xiuhmolpilli (calendario totonaca).
Después de la conquista, los misioneros españoles trataron de prohibir los vuelos, pero como no lo lograron, lo impregnaron de un sentido religioso, como a muchos otros ritos y tradiciones indígenas. Hoy, el ritual se realiza en diversas comunidades de Totonacapan (sobre todo, en fiestas patronales) y los voladores han añadido algunas acrobacias para impresionar a los visitantes de los en sitios arqueológicos.
Lejos de extinguirse, la tradición se transmite con orgullo de padres a hijos, por vía oral, como lo hicieron sus antepasados.

Don Mardonio
Por esas cosas del destino, al llegar a Espinal, conocimos a don Mardonio Méndez Juárez, un volador que llevó la tradición a muchos rincones del mundo. Su biógrafa, Irene Castellanos, nos guió hasta su casa para conocer su historia.
Mardonio nació en Espinal, en 1927, en el seno de una familia muy humilde, que apenas poseía una casita de barro con techo de palma. A los 16 años, quiso aprender a “volar” y se unió al maestro José Pérez, quien quería formar un grupo nuevo, pues el suyo se había desintegrado por cuestiones económicas. Erasmo de Rojas, los hermanos Pedro e Isidro Salazar y Asunción Ramos, completaron el equipo, del cual Mardonio Méndez se hizo caporal.
Su primer viaje al exterior fue a California, en 1956, contratados por la empresa DeLeón Aztec-Mayan Spectacular. Les pagaban apenas dos dólares por día, recuerda don Mardonio, quien en el primer show tuvo que pedir disculpas a los dioses, porque el ritual de vestir el palo comenzó al revés y con ayuda de una grúa.
El grupo llevó la danza aérea a Canadá, Estados Unidos y Francia, donde la paga a veces no alcanzaba ni para comer y dormían “por ahí, acurrucados en el suelo”.
En junio de 1963, en Berlín Occidental, Mardonio y sus voladores amenizaron un evento en el que el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, ofreció un discurso.
“La libertad supone muchas dificultades y la democracia no es perfecta, pero jamás nos vimos obligados a erigir un muro, para confinar a nuestro pueblo”, pronunció el mandatario en crítica a la Unión Soviética. Hoy, Estados Unidos erige un muro en su frontera sur, que lo confina de América Latina.
Unos meses después, contratados por la Casa Blanca, los danzantes se dieron cita en Washington D.C, donde fueron recibidos con la noticia del asesinato de Kennedy, ejecutado un día antes, en Texas. El grupo acompañó los tres días de sepultura y finalmente ejecutó el vuelo frente al nuevo presidente, Lyndon B. Johnson.

La última danza
A sus 86 años, los tesoros más preciados de Mardonio son su familia y sus fotografías. Aunque ha perdido parcialmente la vista y sus pasos son cada vez más pequeños y dificultosos, sus pies siguen conservando alas.
Ante la mirada incrédula de su biógrafa, Mardonio aceptó nuestra invitación de repetir la hazaña tan aplaudida en escenarios internacionales. “Me duele un poco la rodilla”, dijo, mientras ponía sus pies sobre una “manzana” que conserva como recuerdo de grandes épocas. Equilibrado en un solo pie, Mardonio hizo sonar su tambor y bailó una vez más hacia los cuatro puntos cardinales, agradeciendo las lluvias que dan vida a Totonacapan, ese “hermoso jirón de la Tierra” (como lo define Irene), que aún nos tendría más sorpresas...

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013

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El retorno de la arena

Celebración de la guitarra por la puesta a punto de Los Alisos.

Por Marcelo Przylucki

Cuatro playas de nuestra ciudad funcionarán como balnearios este verano (Espigones I y II, Costanera Este y Los Alisos), al igual que los piletones ubicados en los parques del Sur y Juan de Garay, mientras que el Paseo de la Laguna y Playa Grande serán únicamente áreas de solárium. El total de espacios cubre sin ningún problema la demanda del público playero, lo que no quita el hecho de que ciertos avances sufridos hace algunos años, haya provocado no sólo la disminución de aguas sumergibles, sino también la pérdida de espacios verdes. En 1997, Los Palmeras actuaron en el estacionamiento del por entonces naciente Wal Mart, cadena que dos años antes había comenzado a servirse de las arenas de Los Alisos en procura de rellenar ese gran estanque que se encontraba bien cerca del margen sur de la ruta 168.
La playa de El Pozo está habilitada y a festejarlo fueron chicos y grandes, con peloteros y rock.

En El Pozo existía una orilla de más de 100 metros desde la cual era posible acceder al chapuzón y que fue socavado por las dragas de la multinacional, dejando peligrosas barrancas y metros de playa estériles. Esto contrajo una fuerte desolación en el lugar, que siguió funcionando como solárium un tiempo y después volvió a su calidad de balneario, pero casi de manera simbólica: su extenso campo arenoso se plagó de yuyos sin remover, más de la mitad de su borde lagunero se infestó de juncos, su acceso al agua no supera los 20 metros de longitud mientras que son pocos los pasos que se pueden pisar hacia sus adentros, puesto que muy cerca los pozos succionan lo que esté cerca. Toda esta enumeración sirve sólo para explicar el por qué uno de los lugares más bonitos de la ciudad sucumbió ante los embates del abandono del Estado y el comprensible alejamiento del público, que no veía allí un buen lugar para recrearse.

Dar un revés
Desde el verano pasado, la organización social y cultural El Pozillo está poniendo los cuerpos de los que dispone para realzar esa imagen borrosa de lo que alguna vez fue. En su momento –en articulación con el Estado municipal– se encargaron del mantenimiento del lugar, de la edificación de mesas y asadores e instalaron un pequeño local que funciona como proveeduría. Así, y también dando manija en el boca a boca y por redes sociales, el colectivo promovió la vuelta de los santafesinos a las arenas y aguas del barrio. Más de 300 personas se acercaron a la clausura de la temporada cuando los pozilleros realizaron la segunda edición del Festival Barrio Cultura, en el cual se presentan números de malabarismo & clown y peloteros para chicos, así como la presentación de bandas en vivo, de manera libre y gratuita. El sábado 16, inmerso el ambiente santafesino en los festejos por el aniversario de la ciudad (y aprovechando también la apertura de la temporada) se celebró por tercera vez este festival en la renaciente playa. Como siempre los payasos, murga, chicos y chicas del barrio poniéndose en piel de artistas, subidos a un escenario en la playa que ven desde sus casas todos los días. La emergente y poderosa Cosmudus, la alternativa rockera de la paranaense Vulcanícola, el swing de Dany Funky, los ya incalificables Astro Bonzo y los fieles Senderos de Traición fueron los que se subieron a las tablas de Los Alisos para colaborar con su trabajo ante 500 pares de ojos. “De lo que se trata es de contagiar nuevamente los ánimos de usar nuestra playa, que hoy por hoy significa el 25% de la oferta en la ciudad y que está volviendo a ser hermosa. Al otro día del evento, ya había una decena de parejitas noviando, algunos en el agua, picados, chicas asoleándose, se sabe que es un lindo lugar y sobre todo, tranquilo” asegura Rodrigo Bosqui, uno de los fundadores del grupo conformado en 2010. El proyecto Puesta en valor del Balneario Los Alisos fue diagramado y presentado por los jóvenes de la organización y aprobado por las dependencias municipales correspondientes. Un tendido mínimo de luz pública y algunos bancos son el objetivo para reforzar lo hecho la temporada pasada en el espacio de camping; la instalación de canchas de fútbol y vóley en la abundante extensión de arena, aptas para torneos “si tuviesen mayor infraestructura”, agrega Bosqui; una zona de juegos para los chicos, evidenciada en la confección rústica de hamacas con viejas ruedas pendiendo de los árboles, invitando y no cesando de invitar a un lugar que se está recuperando a tracción a sangre, un modo para intentar revertir –ya con resultados concretos– el efecto de las políticas de descuido de nuestros espacios.

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013

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jueves, 28 de noviembre de 2013

El suicida, por Rebo


Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013
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Trabajar tras las rejas por otro futuro

Mediante talleres y convenios con otros organismos, el Instituto Autárquico Provincial de Industrias Penitenciarias enseña oficios empleando a 500 internos de cárceles santafesinas.

Por Marcela Perticarari

Con la misión de “brindar a las personas privadas de su libertad un oficio a través de diversos talleres y colaborando a su reinserción”, el Instituto Autárquico Provincial de Industrias Penitenciarias (Iapip) se creó el 25 de agosto de 1986 –luego de cuatro décadas de trabajo– a través de la ley 9.907, que asigna bajo su dirección los lugares que empleen mano de obra alojada en las distintas unidades penitenciarias de Santa Fe. El organismo, que responde ante el Ministerio de Seguridad bajo la órbita de la Secretaría de Asuntos Penitenciarios, goza de autarquía financiera y maneja los fondos provenientes de la comercialización de sus productos. Dentro de sus atribuciones se destacan la reorganización de los talleres industriales existentes, la planificación y comercialización de la producción según criterios de operatividad y organizar el aprendizaje de oficios que permitan formar obreros especializados.
Las variadas industrias carcelarias generan ingresos con la fabricación de todo tipo productos: faroles, muebles, parrillas, bloques y vestido. (Foto: Felipe Escoto)

“El objetivo no es mejorar los encierros sino la vida de aquel que ha tenido que ser encerrado por el sistema penal. Además se intenta, por todos los mecanismos sociales adecuados, crear hábitos de trabajo y enseñar oficios para que los internos, al salir en libertad, tengan la posibilidad de una nueva vida, además de comercializar su producción con criterio empresarial”, remarcan desde Iapip.
En la actualidad funcionan 34 talleres distribuidos en seis penales de la provincia, de los cuales 19 se ubican en la Unidad Nº 1 Coronda, dando trabajo unas 300 personas, es decir el 30% de los internos allí alojados. Talleres de albañilería, carpintería –mobiliario escolar, de oficina, mesas y camas–, bloquera, criadero de pollos y lechones, herrería –parrillas, juegos para asador, faroles, caballetes, canastos para residuos y puertas–, mantenimiento eléctrico, huerta, sastrería, panadería, movilidad, escobería, servicio de catering, fabricación de cajones de verduras, salón cultural, fotografía y radio conforman las opciones para emplear a los reclusos. En la Unidad Nº 2 de Las Flores hay talleres de carpintería, herrería, talabartería, mimbrería y cañas. En la Unidad Nº 3 de Rosario se desarrollan los de cañas y carpintería. En las unidades Nº 4 y Nº 5 de mujeres (Santa Fe y Rosario) funciona un taller de sastrería donde se confeccionan banderas y uniformes para organismos gubernamentales. En la Unidad Nº 11 de Piñeiro están ubicados los talleres de sastrería, bolsas y panadería y el mes pasado se abrió una fábrica de colchones que confecciona 100 unidades diarias y emplea a 40 reclusos. Los internos trabajan en jornadas de cuatro horas diarias y el dinero que reciben a cambio se deposita en una cuenta corriente.

Nueva etapa
El joven contador Matías Fernández asumió la dirección del ente en junio de 2012, al mismo tiempo que Raúl Lamberto se hacía cargo de la cartera de Seguridad de la provincia. “La principal falencia con la que nos encontramos al comienzo era que no había trabajo. Si bien ésta es una industria donde se capacita a los internos y se busca que tengan un oficio, los talleres estaban desiertos y arrancamos con un trabajo bastante arduo”, contó a Pausa.
“Al iniciar la gestión nos dimos cuenta que el taller tradicional de mosaicos era imposible de recuperar por el alto costo que implicaba renovar la maquinaria, entonces iniciamos una fábrica de ladrillos ecológicos, losetas, juegos de jardín, alambrados perimetrales y postes olímpicos. Además, en enero de este año, empezamos a cogestionar el local de la panadería Furman y sumamos gente a trabajar allí”, enumeró el funcionario. Acerca del salón cultural en Coronda, comentó que se llevan adelante ciclos de cine-debate, talleres de teatro, torneos de ajedrez y truco. “De todos modos apuntamos a que sea un lugar de capacitación en oficios. A esta idea la replicamos en la cárcel de mujeres de Santa Fe y está teniendo muchísimo éxito: es un salón moderno y no parece de una cárcel. Entonces, cuando hay alguna actividad allí, todas las internas quieren ir porque se olvidan por un rato que están presas”, acotó Matías Fernández.
En 2013, por primera vez en la historia de Iapip, también se dictaron cinco capacitaciones en oficios en la cárcel de Coronda que cuentan con certificación del Ministerio de Educación: dos cortas –albañilería y fotografía– y tres largas –panadería, carpintería y sastrería– que culminan el 20 de diciembre. “Van a egresar unas 30 personas. Los cursos tienen un nivel de exigencia bastante alto porque la idea es que el oficio sea bien aprendido”, destacó Fernández.
“Tenemos que invertir continuamente dentro de las cárceles, no sólo en talleres productivos sino en otros ámbitos porque tenemos las herramientas para hacerlo: hoy contamos con 34 talleres y el ministro nos pide 50, aunque es muy difícil llegar a esa cifra porque Iapip se autosustenta con las ventas ya que el presupuesto asignado sólo se puede utilizar para adquirir bienes de uso. La idea es seguir creciendo, ampliando los cupos laborales en Piñero y en Las Flores. Es un objetivo primordial, ya que las cárceles nuevas no están preparadas para los talleres. Además queremos que haya un maestro aproximadamente cada diez internos”, añadió.
—Al aprender un oficio, ¿cambia el entorno de quien está privado de la libertad?
—Por ejemplo, en los casos de delitos sexuales, esos internos son los mejores trabajando y los más responsables porque no tienen problemas de conducta, su problema es otro. Y está claro que quienes no son adictos a las drogas son más fáciles de recuperar. No tomamos el número de internos como un éxito. Hoy los cupos laborales son reales para cada taller y cada interno aprende bien el oficio. En la cárcel el peor problema es el tiempo libre que tienen y es importante que lo ocupen en una actividad productiva, recreativa o educativa. Se dice que la cárcel es la facultad del delito y nosotros tratamos de revertir esa situación enseñando oficios que sean posibles de sostener en el tiempo y en la vida en libertad. Muchos estudian carreras universitarias, pero cuando están encerrados 20 años es poco probable que cuando salgan puedan ejercer como abogados o contadores, por ejemplo. Distinto es el caso de oficios como panadero, carpintero o albañil.
Y afirmó que “personalmente estoy muy contento con este trabajo. Antes de asumir la dirección yo trabajaba en la administración del Servicio Penitenciario, no vengo de ningún partido político. En Coronda, Iapip es muy reconocido en la sociedad y se nota que están contentos con la gestión. No quiero dar estadísticas porque los frutos del trabajo que estamos haciendo de reinserción social a través de un oficio se van a ver en un futuro. Si les damos herramientas todo es más fácil, y si no hacemos nada la inseguridad va a aumentar. Nosotros estamos haciendo seguridad desde otro lado, desde la reinserción, tratando que muchas de estas personas no vuelvan a delinquir. Y si la gran mayoría delinque nuevamente es porque no tiene posibilidades, se trata de una causa relacionada a la pobreza”.

Un espacio competitivo
A mediados de 2013, el gobierno provincial invirtió 145.000 pesos en remodelar el salón de venta ubicado en Uruguay 2631 de nuestra ciudad, donde se exhiben los productos elaborados por los internos de toda la provincia. Las obras incluyeron la renovación completa de iluminación, cartelería, techo, piso, pintura del salón, decoración y refuncionalización del patio. En Coronda y Rosario funcionan locales similares que cumplen una doble función: por un lado comercializar todo lo que se produce dentro de los talleres de Iapip, y por otro brindar un servicio a la comunidad a partir del bajo costo de los productos en comparación con el mercado.
—¿A partir de la reinauguración del local en Santa Fe aumentaron las ventas?
—El sector público es quien mayormente consume nuestros productos porque tenemos mejores precios y se pueden hacer compras directas. No obstante, el caudal de ventas aumentó con la reinauguración, porque antes era como entrar a una oficina pública, que son lugares que dan ganas de pocas cosas: suelen ser sitios viejos donde están todos los muebles amontonados, y así es imposible competir con el mercado. Por eso la decoración del local está acorde a los tiempos que corren y la gente puede ver que los muebles que compra en Iapip son tan prácticos y funcionales como los de cualquier negocio privado.

La historia
En 1947, a partir de la ley 3.138, se creó la Secretaría de Industrias, Orientación Profesional y Aprendizaje. De allí pasaron a depender los talleres de los establecimientos penitenciarios de la provincia de Santa Fe, que estaban bajo la órbita del Ministerio de Gobierno y Justicia Pública.
En 21 de Julio de 1948 se concretó la creación de la Dirección General de Institutos Penitenciarios de la provincia, que coordinó la operatividad de los talleres con esa secretaría. Dos años después se creaba la Comisión Administrativa de Industrias Carcelarias, que tuvo asiento en el Correccional de Coronda y dependía de la Dirección General de Institutos Penales de la Provincia. No contaba con autarquía financiera y su jurisdicción se limitaba a los penales masculinos; las mujeres, alojadas en la Unidad Nº 3 de Rosario, dependían de las Hermanas Superioras.
En 1977, a través de la ley 8.089, se crea la Comisión Administrativa de Industrias Penitenciarias, organismo autárquico dependiente del Ministerio de Gobierno, con asiento en la Unidad Nº 1 de Coronda, cuya prioridad se centraba en la producción a fin de comercializarla a organismos del Estado. Adquirió autonomía financiera y fijó el destino de los beneficios al mantenimiento y equipamiento de los diversos talleres. Nueve años después, ya en democracia, se promulgó la ley 9.907 y nació el Instituto Autárquico Provincial de Industrias Penitenciarias.

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013

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martes, 26 de noviembre de 2013

Digresiones

Por Adrián Brecha
I

8.15 Am. Suena el teléfono fijo. Tengo prohibido atenderlo. Generalmente no atiendo, ya que por esas raras casualidades un par de números se asemejan al teléfono del Hospital Iturraspe. La mañana suele ser el momento en que la gente me pide turnos para el traumatólogo o para análisis bioquímicos. Suele suceder que quien llama no resiste y remarca los mismos números. Tres veces.
Desconociendo mi propia orden,acciono el botón verde. Una grabación me pone en conocimiento de que esta llamada será grabada. Una voz dulce intenta convencerme del maravilloso beneficio que acabo de obtener. Presto mucha atención, en ningún momento dije que sí, pero sigue. La frenética locución no para de detallarme lo fantástico y bienaventurado que soy al recibir un seguro por muerte, accidente y/robo en la vía pública. Me plantea lo problemático que sería no optar por el seguro: “Mañana ud va por la calle y de un edificio le cae algo, se imagina enfrentar los gastos médicos, estando con problemas económicos”.
Atónito, solo le respondo que no voy por la vida pensando en que voy a sufrir un accidente y que prefiero pagar el gas o comprarme cigarrillos. Con total desparpajo ella se mofa y se sorprende de lo poco que pago por el servicio público. Luego de 15 minutos de idas y vueltas parece que somos amigos. Hace su último intento. Ya es tarde, por un momento dudo. Me comió el cerebro. Corto.

II

Entender qué es la percepción del tiempo es una de las grandes cuestiones que aún no han resuelto los científicos. El tiempo, en sí mismo, no es moco de pavo. ¿Cuáles son los síntomas o señales que nos actualizan en nuestro camino a la vejez? Porrón mediante con el Licenciado Rabufetti elaboramos algunos ítems:
1) Pensar que Mercado Libre es un espacio físico similar a tiendas argentinas.
2) Resistencia al envasado de yerba en paquete plástico.
3) Contar un episodio del Mundial ante un interlocutor que aun no había nacido.

4) Recordar el sabor real del tomate.
5) Extensión del periodo de recuperación pos resaca.

6) Teorizar sobre el paso del tiempo.

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013
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El presupuesto y sus asimetrías

El proyecto oficial prevé subas de impuestos que impactan en el bolsillo de la gente y programa erogaciones e ingresos record, con prioridad en educación, seguridad y salud.

El impacto de la inflación en los recursos del Estado recaerá, una vez más, en el bolsillo del santafesino promedio. El proyecto de presupuesto 2014 –que discute por estos días la Legislatura provincial– incluye subas del 22 al 28% en el impuesto Inmobiliario y lleva al doble el módulo tributario del impuesto a los Sellos, además de la aplicación de un nuevo tributo “ecológico”.
Si bien la palabra final la tiene la Legislatura, en donde el oficialismo es minoría, el antecedente de la reforma tributaria aprobada el año pasado –con apoyo de los sectores mayoritarios del PJ– sumado al resultado de las últimas elecciones –en las que el Frente Progresista se impuso tanto en las categorías locales como nacionales– permite suponer que, con la sanción del presupuesto, se producirá también la “actualización” impositiva que pretende el gobierno.
Ángel Sciara, ministro de Economía, y Sergio Beccari, secretario de Ingresos Públicos.

La intención es subir el mínimo del impuesto Inmobiliario Urbano de 44 a 120 pesos y del Inmobiliario Rural de 144 a 250 pesos con el argumento de que hace 20 años que no se actualiza. Se prevén subas promedio del 25% para ambos tributos. También se contempla una actualización del módulo tributario de Sellos que pasará de 10 a 20 centavos. Esos aumentos alcanzan a todos los ciudadanos por igual; en contraste, la aplicación del impuesto “ecológico” será sólo para 82 industrias.
La suba de Sellos será visible –más allá de los trámites administrativos y judiciales habituales– en el costo de las partidas de nacimiento, que pasarán de 8 a 16 pesos (equivale a 80 módulos tributarios). También en la inscripción del matrimonio, trámite que subirá de 30 a 60 pesos (300 módulos tributarios).
Otro aspecto a “armonizar” es la alícuota de Ingresos Brutos para el sistema financiero (del 6% al 7,5%) y para la telefonía celular (del 6% al 7%), en sintonía con las provincias de Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires. Para alivio del bolsillo de buena parte de los contribuyentes, en 2014 no subirá la Patente.

Verde asimetría
Para tener una idea sobre cuánto aportarán los ciudadanos de a pie y cuánto las grandes industrias basta comparar un par de datos: con los incrementos del Inmobiliario el gobierno estima que se recaudarán, el año próximo, entre 70 y 78 millones de pesos extra; el impuesto “verde”, que alcanzará a 82 empresas, reportará en idéntico plazo unos tres millones de pesos al erario público.
La asimetría se explica en parte por el piso que fijó el Ejecutivo a las industrias y cerealeras a las que apunta el nuevo tributo. “El sistema que estamos utilizando implica que, de un universo de 20 mil industrias, estén gravadas sólo 82”, indicó el secretario de Ingresos Públicos de la provincia Sergio Beccari.

Los billetes a futuro
El presupuesto 2014 llega a cifras record de casi 54 mil millones de pesos con una marcada incidencia del gasto social: las mayores partidas son para educación, seguridad y salud. Dentro del gasto de la administración central –que insume la mayor cantidad de recursos– se ubica en primer lugar el Ministerio de Educación (35,39%), luego Seguridad (12,19%) y tercero Salud (11,08%).
El proyecto presenta para la provincia un nivel de gastos corrientes del orden de los 48 mil millones de pesos y de recursos corrientes por 52 mil millones. El ahorro económico es de 4.202.695.000 pesos, superior en un 70,9% al presupuesto 2013.
En respuesta a las críticas de la oposición, desde donde sostienen que el gobierno gasta más de lo que recauda, el ministro de Economía Ángel Sciara destacó el modo en que se administraron gastos y recursos durante 2013: mientras los gastos corrientes aumentaron en un 32,1%, los recursos lo hicieron en un 34,6%.
Al presentar el presupuesto 2014, el funcionario remarcó algunas situaciones puntuales: se prevé para el año próximo un aumento de los gastos de funcionamiento de hospitales y centros de salud, respecto a lo presupuestado para 2013, de un 46%.

Razones oficiales
Uno de los argumentos del aumento de impuestos –la inflación y su incidencia en la política salarial– se explica en parte por las partidas para sueldos del sector público, que ascienden a 21.635.499.000 pesos: un 45% del total de gastos corrientes. Eso sin contar los aumentos salariales que no están incorporados en el presupuesto. Si se suman otros gastos relacionados con los salarios –pasividades, Ley 5.110 y Establecimientos Educativos privados– el monto asciende a 32.965.449 pesos, lo que representa el 67,88% del total del gasto.
El gobierno justificó los retoques porque “son necesarios para actualizar y armonizar” determinados tributos, como los mínimos del Inmobiliario cuya última redefinición fue en 1993. “Esta adecuación apunta a armonizar los valores con los que tienen las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos”, agregó Sciara.

Gastos y recursos
El presupuesto provincial 2014 estima recursos por 53.892 millones de pesos y un total de gastos de 53.609 millones de pesos, lo que da un superávit financiero de 282.459.000 pesos. Del total de gastos corrientes previstos, 37.636.672.000 pesos corresponden a la administración central (los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial); 5.212.765.000 a los organismos descentralizados (Direcciones de Vialidad, Vivienda y Administración Provincial de Impuestos) y 10.760.397.000 pesos a los Institutos de Seguridad Social.

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013

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lunes, 25 de noviembre de 2013

El nuevo puerto espera oferentes

El proyecto de situar una estación sobre el Paraná todavía no arranca. Es la tercera licitación. Cuestionamientos sobre la localización.

¿La tercera será la vencida? Para el 28 de noviembre está prevista la dos veces pospuesta licitación pública internacional para el traslado del nuevo Puerto de Santa Fe. Las prórrogas –en abril y julio– fueron a pedido de posibles interesados; se extendió así la posibilidad para la compra de los pliegos y la presentación de ofertas.
El llamado inicial estaba previsto para el 25 de abril. A pedido de los grupos empresarios interesados en participar, se prorrogó por tres meses más. No obstante, para dar cumplimiento a lo solicitado en el pliego, los interesados volvieron a solicitar una prórroga. El 19 de julio la provincia fijó una nueva fecha: el jueves 28 de noviembre.
Según el presupuesto nacional, en 2014 se destinarán partidas por el 4,97% del total de las obras de acceso al nuevo puerto. Además,  en el camino hacia la “reconversión” ya está sancionada la ley que deslinda al Ente Administrador del Puerto de Santa Fe del préstamo del Fonplata, de cuya devolución se hará cargo la provincia. Sólo resta que aparezcan las ofertas.

Estudios de riesgo y beneficio
La última solicitud de prórroga por parte de posibles interesados se fundamenta en la necesidad de contar con un mayor plazo para la obtención de información y análisis de los aspectos físicos, operativos, contables, comerciales, financieros y jurídicos del proyecto.
El traslado incluye la construcción de una nueva terminal portuaria multipropósito en la margen derecha del río Paraná (aproximadamente en el kilómetro 584 de navegación), sobre la vera troncal de la actual Hidrovía Paraná-Paraguay. Es la última localización de ultramar apta para operaciones con buques oceánicos, destacan los impulsores del traslado.
La etapa de inversión comprende las obras principales para la reconversión del puerto. La ejecución fue dividida en dos partes: infraestructura primero; puente y accesos luego.
La infraestructura incluye la ejecución de las obras principales de construcción del puerto. Inicialmente se desarrollará en el sitio para la operación de buques de ultramar y de barcazas y todas las instalaciones terrestres necesarias para la recepción de cargas desde camiones. Las obras principales son: agro-graneles, contenedores y acceso vial.
Para el proyecto se estima una inversión total de más de 170 millones de dólares. La provincia aportará 40 millones de dólares, de los cuales 25 provendrán del préstamo del Fonplata y los 15 restantes de distintas asignaciones presupuestarias plurianuales.
Después de dos fracasos, en la Unidad de Gestión del Proyecto de Reconversión del Puerto de Santa Fe –la dependencia del gobierno provincial que tiene a su cargo el proceso– esperan que el tercer llamado atraiga a empresas interesadas. El 28 de noviembre se hará la apertura de ofertas –si las hay– a las 11.00 en el Salón Blanco de la Casa Gris.

¿Es el sitio correcto?
En torno al traslado y al punto de localización del nuevo puerto hay muchas dudas. En el gobierno ya advirtieron que para garantizar que los barcos puedan operar y maniobrar con normalidad los cálculos de los expertos dicen que es necesario efectuar dragado y “cortar” una isla.
En noviembre de 2012 el Centro de Estudios y Acción Popular (CEAP) presentó a la Cámara de Diputados un documento de análisis sobre el tema, que incluye aspectos financieros vinculados al préstamo del Fonplata y una radiografía del Ente Administrador Puerto de Santa Fe.
El análisis técnico del documento del CEAP fue aportado por el profesor Mario Amsler, titular de la cátedra de Hidráulica Fluvial de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la UNL. Ese estudio deja en claro que el punto escogido para el nuevo puerto, cercano a la desembocadura del río Colastiné frente a la isla La Paciencia, es “totalmente inapropiado” para la construcción de la obra.
“Corresponde al antiguo cauce del río Paraná, que es hoy un brazo secundario con intensa sedimentación, lo que obligará a permanentes dragados. Tiene estrecho margen de maniobra para los barcos, los accesos que se deben construir sobre las islas son sumamente costosos por el carácter inundable de la zona e implica un fuerte impacto ambiental”, explicó el docente de la UNL Hugo Kofman, retomando aquel estudio del CEAP.

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013

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A dos aguas: Naturaleza

Por Fernando Callero

[Capítulo anterior: Un cañón]

Naturaleza. Una palabra linda, parecida a maleza, que es la parte del pasto que más me emociona. La que despunta salvaje en los terrenos.
El césped me parece una mariconada. Salvo en las canchas, donde funciona para regular el tranco de los deportistas, la gramilla rala y prolija de los parques me deprime. Todos los panes que garpé para mi jardín, mientras construía mi casa, ahora, al cabo de tres años, reventaron en variedades autóctonas mucho más copadas: el cardo azul, de cabo prismático; el diente de león, amarillo y enseguida pompón blanco y volátil; el maicillo, pertinaz y silbador; las flechitas; el abrojo; y al ras de algún clarito, el rojo común de las retamas.
La naturaleza es una idea, un concepto, que como casi todo gran ideal viene a dar cuenta de una destrucción. Sólo lo perdido puede funcionar como valor paradisíaco, igual que la infancia. Así también el agua, cuando pasó de ser el nombre de un elemento para significar un problema.
El agua dulce escasea, sobre todo en el norte, mucho por contaminación y otro tanto por alteraciones climáticas. En España, depende la zona, el agua potable cotiza al igual que cualquier otro producto de consumo.
En la época de los exilios económicos, umbrales del 2000, un mito que se transformó en clásico fue que en los baños de las discotecas no había agua potable y que en la barra una botella chica cotizaba a 10 euros o más. Y no era sólo para especular con la sed sin freno del cluber pastillero, que necesita hidratarse continuamente, sino porque ya el agua había ingresado al repertorio de recursos escasos (como el amor, diría Mario Bunge): una mercadería de lujo.
En esta zona del mundo, el agua todavía sostiene su emporio invisible. El acuífero guaraní “preservado” a la altura del Chaco por un proyecto muy sospechado del ecologista yanqui Douglas Tompkins es un caso paradigmático de control masivo de un recurso. El viajero que llega a Concepción, Corrientes, y quiere aventurarse en los esteros, debe hacer un rodeo enorme para poder ingresar, pagando, por supuesto, una tarifa.
Pero acá nomás, en Santa Fe, el ser del agua y el ser de la ciudad se yuxtaponen. Vivimos sobre uno de los lechos de río más grandes del mundo. Y el agua tiene un signo ambiguo, entre ser un tesoro altamente codiciado y su poder destructivo en épocas de crecida. Con esto se da el amor-odio al agua.
Llueve hace tres días. Tengo miedo.

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013

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sábado, 23 de noviembre de 2013

Chupáte, basura

Por Federico Coutaz

Murió el Horacle, me dijeron hace unos días. ¿Cuándo? El año pasado. ¿Cómo? No se sabe.
No sé mucho de Horacle, ni siquiera su nombre, no sé si era un buen tipo, ni nada de eso que se dice de alguien que ha muerto. No fui su amigo, no creo que me registrara. Solía estar borracho. El motivo de estas líneas es que murió un poeta.
Alguna vez lo escuché leer o recitar poemas enteros en alguna especie de acto o recital con micrófono. La mayoría de las veces fueron fragmentos que largaba como tos, como escupida o vomitada. Deambulaba con sus versos en las noches, los repartía como estampitas, amistoso, desafiante o indiferente.
Solía sentarse en cualquier mesa sin haber sido invitado, interrumpía cualquier situación y recitaba. Muchas veces, quizás todas, olvidaba el poema en algún verso, entonces miraba hacia arriba y completaba la cadencia con alguna puteada que lo asistía, para salvar el ritmo. Luego se levantaba y se iba. Recuerdo siempre este final: “y los perros en la lluvia… y… la concha de mi madre”.
Otra lluvia y otra imagen, en su palabra, es cuando llevó una pizza a la gorda. La gorda era su mujer que murió en la inundación o apenas después. Cuando pusieron las cruces en la plaza, Horacle fue a llevarle una pizza, a comer una pizza con ella, a sentarse con la pizza frente a una cruz que decidió que era ella, se largó a llover y dejó la pizza, junto a la cruz, bajo la lluvia. “Solo como una pizza bajo la lluvia”, dice un cuento de Juan Forn, en el que se atribuye la frase a Lou Reed o a Zappa. Da igual. También lo escribió Horacle.
Mi último y primer recuerdo, no cronológico sino asociativo, es haberlo escuchado manguear con la brutal e infalible fórmula: “Dale, dáme dos pesos y decíme: tomá, basura, chupáte”.
Respecto de su muerte, escuché cosas sueltas, llenas de lagunas, pero con algunas coincidencias: Córdoba, una plata cobrada, envenenamiento. Quién sabe… Puede que me engañe la melancolía pero temo que cada vez queden menos poetas. Murió el Horacle, murió un poeta. Siempre es noticia muy triste la muerte de un poeta. Salud Horacle, buen viaje.

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013
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viernes, 22 de noviembre de 2013

Macho nativo

Por Licenciado Ramiro

A raíz de la columna pasada –en la que confesé toda mi inutilidad en relación al gremio de la construcción y de los ferreteros–, he llegado a la conclusión siguiente: soy el masculino con menos masculinidad del planeta. Sí, eso. Y lo peor es que siquiera puedo recordar si la perdí o, directamente, nunca la cultivé. ¿Y cómo me di cuenta? Sencillo: autogenealogía introspectiva.
No sé muy bien por qué, el otro día un amigo me pregunta sin preámbulos: “¿Vos sabés hacer asado?”. Mi respuesta fue “No, pero soy un excelente prendedor de fuego. Incluso, no necesito ni alcohol ni nafta para hacerlo.” Mi amigo, incrédulo, insistió: “¿Nada más?” Y ahí sí, lo mío ya fue definitivo: “Hamburguesas sí sé hacer. Pero si tengo que hacerte un asado lo hago al horno que me sale rico.” Y bueno, aparentemente hacer un asado en el horno es más o menos como fajarla a la madre, para un macho argento hecho y derecho… Y yo eso no lo sabía. Pista número uno de mi falta de masculinidad.
Si no sé cuál es la diferencia entre un tornillo y un clavo, se imaginarán que menos que menos voy a saber diferenciar las partes del motor de un auto cada vez que le abro el capó. De hecho, si me dicen caballos de fuerza o cilindros, a mí lo que se me viene a la cabeza es una carrera de turf o un cucurucho de helado de menta granizada (que, encima, es mi gusto favorito… porque es bien fresco). O sea, ni me pregunten cómo se le cambia una rueda pinchada a un auto, porque yo soy el típico que cuando le pasa eso llama a la grúa del seguro. Aunque, lo admito, eso sí me da un poco de cosita. Durante un año viajé semanalmente en el auto a Entre Ríos, y siempre, antes de salir, le pedía a todos los santos que por favor no se me pinchara una goma porque apesta la señal de celular en las rutas urribarristas y eso significaba quedarme a vivir entre Nogoyá y XX de septiembre (sí, hay un pueblo que se llama así).
Hago asados en el horno y no sé nada de fierros… pero todavía hay más.
Me encanta el fútbol. Sobre todo jugarlo. No soy de mirar muchos partidos, aunque tengo un equipo al que sigo (soy hincha) y simpatizo por otros tantos. Pero no soy fanático y si el equipo “enemigo” al mío gana, me pongo contento si lo hizo jugando bien. También, el otro día mi viejo me preguntó si iba a ver el partido de Argentina… Yo ni sabía que jugaba Argentina y, entonces, ahí me la mandé mal. Le pregunté: “¿Juega Messi?”; y como me dijo que no, inmediatamente le respondí: “Ah, entonces no me importa”…
Lo voy a decir rápidamente: no sé escupir. No me sale. Si quisiera hacerlo seguro me termino ensuciando la remera o escupiendo la zapatilla. Nunca en mi vida escupí y eso se debe, creo, a que la primera vez que lo intenté fue con mi  papá, a los 3 años. Yo andaba resfriado y, obvio, me tragaba los mocos. En el Puente Carretero, yendo para mi casa en Santo Tomé, mi viejo me dijo: “Cuando tengas mocos, escupilos”, y me enseñó cómo hacerlo. Claro, yo quise seguir el ejemplo y lo hice… pero él nunca me avisó que tenía que hacerlo afuera del auto y le terminé llenando de mocos la palanca de cambios de su inmaculado Peugeot 504. Me comí tal reto que quedé traumado para siempre y nunca pude escupir. Y ese, además, es mi único recuerdo nítido y real de mi infancia santotomesina.
Hay un indicio más. No me hace sentir orgulloso. Estuve a punto de no confesarlo. Pero lo voy a hacer porque yo sé que hay otros varones que también lo hacen. Orino sentado. Sí, y me encanta. Es supercómodo, no mojo los bordes del inodoro y no corro riesgo de mojarme a mí mismo. Esto tiene una explicación. Mi tabla no queda levantada, y entonces es muy incómodo andar sosteniendo con una mano la tabla, con la otra… bueno, y encima embocarle al agujero. Me siento y listo. Además, de noche me levanto con ganas de orinar, dormido, ni prendo la luz… Me siento y chau pinela. Prueben, machos…
Tengo todavía más para confesar, pero no hay espacio para hacerlo ahora. En resumen, Ricardo Iorio sentiría pena por mí; de seguro que su chacarera titulada “Moraleja” no se inspiró en varones como yo… La masculinidad convive con la femeneidad en cada uno de nosotros y nosotras. La sociedad, la familia, la iglesia, los medios de comunicación, te enseñan cómo reprimir una de las dos de acuerdo al género al que pertenecés… evidentemente, conmigo estas instituciones no tuvieron éxito. Y menos mal, porque si lo hubiesen tenido me quedaría con las ganas de escupirles la cara… Simplemente por no ser macho y argentino, ¡carajo!

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013
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jueves, 21 de noviembre de 2013

Las caretas y los hinchas

Por Gastón Chansard

Cuando leas esto quizás Germán Lerche disfrute Punta del Este y el resto de los directivos que acompañaron al vaciamiento de Colón estén buscando un buen cirujano plástico para cambiarse las caras.
Quizás tu bronca de hincha se haya transformado en una tristeza enorme, o el dolor que te causó esperar un partido (Atlético Rafaela) que nunca se jugó se renovó en un oportuno espíritu de lucha.
Quizás los jugadores se equivocaron en el día para tomar la medida (justa por lo demás). Quizás vos, socio sabalero, hoy ya pienses a quién votar sin caer en un nuevo engaño a tus sentimientos.
Quizás la renuncia del presidente más corrupto de la historia del Club Atlético Colón no apague el incendio que supo provocar. Quizás Marito Sciacqua esté pensando en cuántos pibes más “manotear” para salir del paso.
Quizás los delincuentes que llevaban puesta la misma camiseta que te pusieron de bebé, ahora estén tramando un nuevo arrebato, como lo hicieron con algunos hinchas y periodistas el lunes de la renuncia de Lerche.
Quizás esa barrabrava que armaron el ex presidente y sus secuaces hoy esté pensando en cómo (por las buenas o por las malas) presentarse ante los futuros dirigentes a ofrecer su siempre oportuno apoyo.
Quizás los puntos que perdió la dirigencia y los millones que nunca llegaron a las arcas del club se transformen en miles de voluntades de cambio.
Quizás la memoria de largos y sostenidos fracasos en el ascenso alcance para pegar el volantazo a tiempo y no caer en el vía crucis de aquellos 14 años en la B.
Quizás el final de la caída de este tobogán sea más dolorosa de lo pensado. Pero al hincha de Colón, ¿quién puede darle lecciones de dolor? Si el sabalero lleva el sufrimiento escrito en su ADN.
Lo único seguro es que cuando leas esto vas a ser más hincha de Colón que ayer. Y mucho más que el triste lunes 18 de noviembre de 2013.

Publicada en Pausa #126, miércoles 20 de noviembre de 2013

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martes, 19 de noviembre de 2013

Pausa #125 completo en pdf

El archivo completo en pdf de Pausa #125, si hacés click acá.

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Un futuro sin santafesinos, por Rebo


Publicada en Pausa #125, miércoles 6 de noviembre de 2013


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Una enfermedad llamada doctor

El doctor Kiskesabe trabaja sobre el reverso de la medicina: la yatrogenia, los males que los propios médicos producen sobre sus pacientes, ya sea por error o por negocio.

Por Pato Che

Tras nuestra resurrección mecánica en Veracruz, nos dirigimos hacia Poza Rica, donde nos esperaban el doctor “Nacho” Espinosa y su esposa “Conchi”, para hablar sobre un tema tabú en la industria de la salud: la Yatrogenia, el mal que causan los doctores.
La idea de hacer un documental al respecto se le ocurrió hace unos años a Emma, cuando le compartí mi interés por las columnas que “mi doc” escribe para varios periódicos mexicanos. Los textos del “Doc Kiskesabe”, como se auto-proclama, ofrecen valiosa información médica, aderezada con un particular sentido del humor y un estilo fresco que la hacen comprensible para cualquier lector.
La mejor receta para estar saludable son las cuatro “C”: comer, correr, cagar y coger.

Pero su lectura no solo provoca sonrisas. Si bien se disfrutan los chistes y los ejemplos de la vida real, las revelaciones sobre los abusos y las prácticas de gran parte de la comunidad médica, generan, cuando menos, indignación.
Por eso la idea de hacer documental, para advertir a los pacientes sobre los riesgos que hay detrás de una visita “normal” al médico, como lo hará Nacho en el el libro que planea publicar con sus columnas.
Así que después de varios años de intercambio de correos, finalmente nos conocimos en persona con el Doc Kiskesabe, quien a pesar de sus dos costillas rotas (producto de una caída de un caballo), nos hospedó en su casa, nos cedió una larga entrevista y nos dejó hablar con sus pacientes.

El patito feo
Nacho Espinosa estudió medicina en la Universidad Veracruzana en los 60, arrastrado por un fuerte deseo de ser médico que lo acompañó “desde chamaco”, según nos cuenta.
Fue mientras cursaba su especialidad en medicina interna en el Centro Médico Nacional (hoy Hospital Siglo XXI), que empezó a interesarse por la Yatrogenia, o como él le llama: una enfermedad llamada doctor.
“Durante mi residencia de medicina interna, algunos maestros se preocuparon por el fenómeno de la Yatrogenia, cuando aún era un tabú. Ese grupo correlacionó autopsias con historias clínicas y analizó dónde habíamos cometido errores”, dice Nacho.
Los resultados fueron sorprendentes. De 624 casos revisados, se encontraron “errores médicos” en cien, es decir, un 16%. El promedio fue similar al de los pocos estudios sobre el tema, llevados a cabo principalmente en Estados Unidos. El equipo logró llevar los resultados a algunos congresos y conferencias, pero las puertas se comenzaron a cerrar. Tanto que Nacho fue despedido del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en 1985, por develar la cantidad de yatrogenias que se producen en la praxis diaria.

Negocio de la salud
El vocablo “yatrogenia” o “iatrogenia” está formado por dos raíces griegas: yatros, cuyo significado es médico, y gennao: origen. Literalmente, significa lo que genera el médico o la medicina, pero en la jerga médica se ha utilizado para catalogar las consecuencias nocivas derivadas de sus acciones, aun cuando su intención sea beneficiar al paciente.
La Yatrogenia ha existido desde siempre, desde la época de Hipócrates, pero al sistema de salud le gusta hablar de sus éxitos, no de sus errores. Las estadísticas se adecuan para mantener el sistema”, explica Nacho. “El médico calla sus errores, porque necesita mantener un estatus. Temen que la gente no acuda a los servicios, cuando es al revés: al reconocer los errores, se aprende a evitarlos. Y el que no haya autocrítica ni en las escuelas ni el los hospitales de enseñanza, propicia que este fenómeno vaya en aumento”.
La Yatrogenia puede ir desde un mal diagnóstico, generalmente con medicación excesiva, hasta procedimientos quirúrgicos innecesarios, incluyendo cesáreas. Se ejerce por “omisión” o “comi$ión”, dice Kiskesabe, pues en la mayoría de los casos hay un trasfondo económico: es la propia industria farmacéutica (apoyada por los grandes consorcios mediáticos), la que ha hecho de la salud humana, un negocio. Así, es común que los doctores receten medicamentos que el paciente no necesita, realicen intervenciones innecesarias y riesgosas, y mantengan al enfermo en un eterno deambular por salas de hospitales, sin que se puedan encontrar las causas de su mal.
Y lo peor, el problema aumenta con la creación de grupos de arbitraje médico, que si bien son una herramienta legal para los afectados, propician que los médicos obliguen al paciente a llevar a cabo costosos estudios, para cubrirse las espaldas ante una posible demanda.

Un consultorio singular
Al consultorio de Nacho llegan pacientes de todos los rincones del estado de Veracruz. Y aunque vienen de estratos sociales muy diferentes, cuentan las mismas historias: han deambulado por consultorios de diversas especialidades, cargando abultados expedientes y un sinfín de medicamentos carísimos, sin que puedan hallar solución a sus males.
“Lo primero que él hace es quitarle a sus pacientes todo el bolsón de medicamentos, con lo que inicia una desintoxicación” cuenta la señora Aide Roche, una de sus pacientes. “Él explica de una forma muy graciosa, muy simpática, pero nos da a ver hechos concretos de cómo está la problemática en nuestra salud, principalmente si venimos de otros sectores, donde nada más nos traen con la enfermedad de acá pa’ allá”.
“Él describe la medicina institucional como realmente es: vueltas para allá, vueltas para acá. Es un entretenimiento y van dando de largas, pero no se enfocan en lo que es”, dice Antonio, otro paciente. “Estuve dando vueltas más de un año y me mandaron a hacer cinco estudios, dizque muy bien hechos, pero en realidad no me hicieron absolutamente nada. Esta es la segunda vez que vengo con Espinosa Solís y me quitó los tratamientos, ahora solo tomo una pastilla”.
A Kiskesabe, le consultan incluso otros médicos, como el doctor Ramón Guerrero, quien coincide en que lo que distingue a Nacho entre sus colegas, es su sencillez y su sinceridad: “Dice las cosas como son, la verdad así planita, planita”. Su esposa Rosa Edna Juárez cuenta conmocionada cómo en una ocasión Espinosa salvó la vida de su madre, quien llegó en un estado cardíaco crítico, pero gracias a un diagnóstico certero, pudo atenderse a tiempo. María del Carmen Gamundi, secretaria de Nacho desde hace trece años, nos cuenta: “yo le he dicho al doctor que él podría ser un médico rico, si fuera de esos médicos que les gusta explotar a sus pacientes. Pero él atiende a todos por igual, dentro y fuera del consultorio, porque todos somos seres humanos. Eso es lo que lo hace diferente”.
Hoy, a sus sesenta largos, Nacho sigue ejerciendo una medicina humanista que es cada vez más difícil encontrar en los hospitales del mundo. Y advierte sobre la necesidad de agregar una clase más de medicina, la “cuaternaria”, que sería la encargada de cuidar a los pacientes del mal que les causan sus doctores.
Sin embargo, aclara Kiske, la mejor receta para estar saludable es vivir al día y sin presiones, siguiendo en lo posible la regla de las cuatro “C”: comer, correr, cagar y coger.
Para más información sobre Yatrogenia (o para contactar al Doc Kiskesabe): www.kiskesabe.com

Publicada en Pausa #125, miércoles 6 de noviembre de 2013
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lunes, 18 de noviembre de 2013

El cosito ese...

Por Licenciado Ramiro

Me he embarcado en el desafío de ponerme a construir una casa. Bueno, “aramos” dijo el mosquito. En verdad, he contratado gente para que construya mi futura casa. Por supuesto, no me voy a poner quejoso por la posibilidad (el privilegio) que tengo de poder invertir en ello. Pero sí me voy a poner quejoso por otras cuestiones relacionadas a la construcción, pa’ variar.
El albañil a cargo de la obra es un genio haciendo lo suyo. No hay nada para reprocharle: responsable, prolijo, honesto, detallista (en exceso) y cuida el mango como si fuera suyo propio. Como si fuera poco, ni él ni ninguno de sus peones le dicen algo a las mujeres que pasan cerca. Pero como siempre hay un pero (si no lo hubiera sería aburrido), además de sus virtudes tiene varios de los vicios inmanente al gremio. Y sobre eso, pues, quiero hoy escribir.
Lo primero y más obvio es su machismo. No es un machismo misógino ni violento, no. Cómo decirlo… él cree y está convencido de que quien toma las decisiones y a quien es necesario explicarle lo que se hace y no se hace es a mí y no a mi pareja porque, ¿quién es el macho alfa, el jefe de la casa? ¿Quién es el que manda, eh? Él cree que yo, pobre. Y entonces siempre que hay que tomar una decisión o siempre que va a hacer algo es capaz de pasarle por al lado a mi novia ignorándola para venir a decirme a mí lo que va a hacer o necesita. En el último de los casos, si no me encuentra ahí sí le habla a mi novia, pero para preguntarle dónde estoy yo y cuándo voy a aparecer. Eso sí, para preguntarle si ya compramos lo que nos pidió sí la agarra a ella, porque, claro, ¿quién hace los mandados? La mujer, obvio… es ella la “mandada” a hacer las compras.
Pero tranquilas, mis queridas lectoras feministas. Créanme que es una ventaja este tipo de machismo. Nadie las jode y, por más polémico que suene, es un machismo que me discrimina a mí más que a mi novia. Nuestro albañil está convencido de que por ser yo varón y “el hombre de la casa” es lógico que sé sobre la construcción y entonces me tiene una hora explicándome con detalle qué, por qué, cómo y con qué hizo lo que hizo; cuando yo, al minuto de su relato, ya no sé si me habla de golf o de aspectos de la construcción. O sea, tengo la obligación de saber lo que me dice porque soy macho, claro. Y mientras tanto yo sigo tratando de descubrir qué es y dónde está la famosa “zabaleta”, que se supone que es algo que hizo con “cerecita” y no un conocido hotel céntrico de Santa Fe.
Como verán, con mi albañil es una de cal y una de arena. Y hablando de cal, de arena y de materiales para la construcción varios, acá va una consecuencia de su machismo. Para no andar perdiendo el tiempo y para que nosotros compremos donde queramos y más nos convenga (esta es la de cal) nuestro querido albañil me dice qué materiales necesita y me manda a comprarlos. Yo no entiendo lo que me pide. Es más, ni siquiera le entiendo la letra de lo que escribe. Pero bueno, que en los negocios se arreglen como el farmacéutico se arregla con la caligrafía del médico. Hasta ahí no había problemas...
Pero sucede que todo, pero todo (y toda también por las dudas) lo que necesito comprarle al albañil viene de diferentes tamaños, para diferentes aplicaciones, de diferente material, curvado o recto, liso o rugoso, grueso, mediano o fino, de una marca o de otra… Le pido por favor no haga la pregunta obvia: ¡claro que yo no sé eso hasta que el del negocio me pregunta cuál de todos quiero! Así que me guío por el precio, por intuición propia, sentido común y compro el resultado de todos esos criterios. Sí, no hay que ser mago para adivinar que el coso ese no era el que el albañil necesitaba, sino que era el otro coso que me habían mostrado después. Y encima el “este no es” viene acompañado de un “ah, pero yo pensé que sabías lo que tenías que buscar”. Lo cual significa volver al negocio, que se me rían en la cara, perder dos horas de laburo u ocio, y todo por un simple prejuicio machista.
Por eso ¿queridos? lectores, si van a empezar a construir, antes de hacer cualquier cosa cómprense o bajen de Internet todo catálogo existente sobre cualquier material de la construcción; siempre, pero siempre, el coso que usted anda buscando va a venir con un coso extra que además viene en tres tamaños: chico (que es más o menos así); mediano (así, aproximadamente) y grande (que es como el chico pero tres o cuatro veces más); y puede ser de plástico o metálico, y depende para qué lo quieras. A menos claro, está, que te dé lo mismo y entonces ver crecer tu hogar se siente como un coso acá adentro que no te puedo explicar.

Publicada en Pausa #125, miércoles 6 de noviembre de 2013

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Antes no sabía, ahora no recuerda

En su segunda declaración ante la Justicia, Reutemann no dio precisiones sobre el control de la defensa oeste antes de la inundación y reiteró que no le avisaron sobre la crecida.

Por Milagros Argenti

Por segunda vez en nueve años, Carlos Alberto Reutemann ofreció declaración testimonial en el proceso abierto por la inundación de 2003. El 12 de abril de 2004, cuando la causa aún no tenía imputados firmes, el ex gobernador respondió por escrito las preguntas del primer juez de la causa, Diego de la Torre. En 2006, el magistrado Jorge Patrizi procesó al ex intendente Marcelo Álvarez, al ex ministro de Obras Públicas Edgardo Berli y  al ex director provincial de Hidráulica Ricardo Fratti por estrago culposo agravado por la muerte de 18 personas. Paralelamente, Jorge Castro y su esposa Milagros Demiryi se constituyeron como actores civiles contra quienes resultaren responsables para la Justicia, como también contra los Estados municipal y provincial.
Igual que en 2004, el senador nacional contestó por escrito, amparado en sus fueros, las preguntas del actor civil de la causa inundación 2003.

En junio último comenzó la etapa de producción de pruebas y con ella la sucesión de declaraciones testimoniales, que se extendió hasta el 6 de agosto. La etapa de producción de pruebas no está terminada; aún resta que se realice una pericia, a pedido de Berli, pero además el juez Gustavo Urdiales tiene que resolver sobre el pedido de prescripción presentado por la defensa del ex intendente Álvarez. Entre tanto, Reutemann recibió un nuevo pliego de preguntas confeccionado por los abogados del matrimonio Castro. Como en 2004, el ex titular del Ejecutivo provincial se amparó en sus fueros de senador nacional y remitió las respuestas por escrito.
Su declaración tiene 232 líneas, que se reducen a 212 sin las formalidades de rigor: fecha, datos del testigo, saludo inicial y final al juez Urdiales. 125 de esas líneas –el 58%– son copia literal de las respuestas de 2004, o bien hacen alusión a ellas. En ese 58% de reiteraciones, Reutemann abona otra vez su teoría sobre la falta de advertencias respecto de la magnitud que tendría la catástrofe: se victimiza y le apunta a los organismos competentes. Además, refiere las amplias responsabilidades que, a su entender, le cabían a la Municipalidad e inaugura una nueva versión de aquel célebre “a mí nadie me avisó” haciendo gala del tiempo transcurrido desde el 29 de abril de 2003. Así redobla la apuesta con un “No recuerdo”.

Los que no le avisaron
Desde la primera consulta, Reutemann deja en claro su posición: “En ningún momento durante mi último mandato como gobernador de la provincia de Santa Fe fui informado por miembros de mi gabinete, ni de las autoridades municipales o comunales de las localidades afectadas, ni tampoco de la Nación a través de sus autoridades específicas como ser el Instituto Nacional del Agua, ni por dependencias universitarias con conocimientos superiores en la presente temática, ni verbalmente ni por escrito, en relación al comportamiento del Río Salado, tanto atinente a su altura, como a la velocidad de sus aguas”. La cita es prácticamente idéntica a su primera respuesta de 2004.
Continúa: “En todo el territorio provincial, en el último trimestre del año 2002 y primer cuatrimestre del año 2003, se produjeron precipitaciones muy por arriba de los promedios normales, tal es así que los registros demuestran que en sólo siete meses (octubre de 2002 a abril de 2003) llovió el 51,8% del total de los años 2002 y 2003. En ocho departamentos de la provincia, llovió en los siete meses mencionados del 45,11% al 51,9% de los dos años y en los restantes once departamentos, llovió el 51,8% al 58,2% de los dos años. Estos datos prueban, que no sólo la cuenca del Río Salado resultó afectada por las desmedidas precipitaciones ocurridas principalmente en los meses mencionados, sino que todo el territorio de la provincia resultó seriamente afectado”. Cabe preguntarse en qué punto el ex gobernador sigue considerando que esos datos lo deslindan de responsabilidades, siendo que los mismos dan cuenta de que los excesos pluviales venían azotando la provincia meses antes de la inundación.
“¿Nunca se interesó, por sí o a través de preguntas específicas a sus funcionarios, acerca de la incidencia de las lluvias extraordinarias de 2002 sobre el comportamiento del río?”, indaga el nuevo pliego de preguntas.
La respuesta es vieja: “De las conversaciones que mantuve con las autoridades de las localidades afectadas, que son en definitiva las que tienen un conocimiento preciso y directo de su población y jurisdicción territorial, nunca escuché comentarios ni de las autoridades de las localidades visitadas ni de los miembros de mi gabinete que concurrieron a las mismas, acerca de la incidencia de dichas lluvias sobre la cuenca del río Salado y en particular sobre la ciudad de Santa Fe”, repitió el ex gobernador.

La ley que no aplicó
En su artículo 4, inciso j, la ley provincial 8.094 de Defensa Civil obliga al Poder Ejecutivo a “disponer la realización de estudios e investigaciones relativos a las zonas susceptibles de ser afectadas por desastres naturales”. En función de ello es que se le preguntó a Reutemann si había ordenado los correspondientes estudios. Su respuesta no refiere en nada a lo que se le requiere, sino que comenta las obras de defensa realizadas en su primer mandato: “Rincón, todo Alto Verde y los tramos I y II de la Avenida de Circunvalación hasta Gorostiaga”; y luego enumera las gestiones efectuadas ante la Nación durante  su segundo gobierno para la concreción del tramo III, gestiones que reconoce infructuosas. “Todos sabemos –se justifica– en la crisis que entró el país a partir del año 2001 y sus consecuencias, motivo por el cual no se obtuvo el financiamiento correspondiente del Estado Nacional para la concreción de la obra”.
La ley 8.094 establece en su artículo 3 que “el gobernador de la provincia tendrá a su cargo la planificación, organización, control y dirección de la defensa civil, y eventualmente, la conducción de las operaciones de emergencia dentro del ámbito provincial”; y en su artículo 4, incisos b y f, que “el Poder Ejecutivo es responsable de establecer planes y programas de defensa civil”, y de “efectuar las previsiones para la evacuación de la población en caso de desastre”. Reutemann fue indagado, entonces, sobre las previsiones de su gobierno en cumplimentación de ese articulado. En tres tramos de su declaración, su contestación es la que sigue: “todo lo relacionado con previsiones para una eventual evacuación de la ciudad, era de competencia exclusiva y excluyente de la Municipalidad”. El ex gobernador sustenta sus palabras en el artículo 7 de aquélla normativa, que reza: “los intendentes municipales, dentro de su jurisdicción territorial, tendrán la misma responsabilidad que la establecida en el artículo 3º para el gobernador de la provincia”. Sucede que Reutemann interpreta que las obligaciones en torno a la emergencia recaen por completo en los mandatarios locales, y en ese sentido, evalúa que “no puede ser de otro modo, puesto que la lógica y el sentido común, hacen que sea imposible que el titular del Poder Ejecutivo Provincial, frente a una eventual emergencia que abarcara el total de las localidades de esta provincia, pudiere estar presente a la vez y en un mismo momento en todas ellas y llevar adelante la suma de las medidas y actividades a que refiere la ley citada”. Pero su interpretación resulta curiosa, ya que sin mediar palabra, el artículo 7 de la norma continúa: “debiendo (los intendentes) cumplir las directivas e instrucciones que el gobernador imparta”. Directivas e instrucciones que, como los resultados lo evidenciaron en 2003, nunca fueron impartidas por el titular del Ejecutivo provincial.

Lo que no recuerda
Una de las cuestiones más discutidas en el transcurso de las testimoniales efectuadas entre el 10 de junio y el 6 de agosto fue la del contralor de las obras de la avenida de Circunvalación, tanto en su aspecto vial como hídrico. Funcionarios provinciales y nacionales se atribuyeron mutuamente esa competencia en varias ocasiones a lo largo de los 57 días de audiencias. Hubiera sido interesante, entonces, que quien ordenó proyectar la obra dirima la cuestión. Pero no.
“¿Qué repartición u organismo auditó la obra de la avenida de circunvalación inaugurada en 1997?”, le preguntaron.
“No recuerdo cuál era la repartición u organismo encargado de auditar dicha obra, entiendo que la respuesta a ello habría que buscarla en los antecedentes, documentales y expedientes administrativos relacionados con su construcción”, contestó Reutemann.
Y tal como lo hiciera en 2004 (de hecho, con las mismas palabras) en una de sus últimas respuestas el ex mandatario expresó su particular impresión acerca de su actuación durante la catástrofe: “En todo momento estuve al frente de esas gestiones, agotando esfuerzos y recursos, para mejor atender la catástrofe. Fue preocupación principal y casi excluyente de mi gobierno atender de la manera más eficaz posible, la grave emergencia producida, así como procurar remedio definitivo a la misma. Sin embargo el gobierno de la provincia debía seguir funcionando, así que luego de un tiempo prudencial debí abocarme a la problemática del resto de las localidades de la provincia, las cuales requerían mi presencia, dado que sus autoridades entendían, con justa razón, que debía gobernar para todos por igual”.

Publicada en Pausa #125, miércoles 6 de noviembre de 2013

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domingo, 17 de noviembre de 2013

A dos aguas: Un cañón

Por Fernando Callero

[Capítulo anterior: Dos planetas azules]

El Uruguay baja limpio por un lecho de basalto. El  agua es clara y deja un regusto ferroso al volver de cada zambullida. Yo soy gordito y no tengo bici. Mi prima sí. Una siesta nos prestan una cámara de camión y nos perdemos río adentro. Estamos acampando a la altura de La Tortuga Alegre. De un lado está Concordia, del otro Salto, Uruguay, con su puerto parecido a un tata dios plantado en sus patitas flacas.
Antes de la represa era otra cosa: Federación existía, el Salto Grande era todavía un pensamiento colectivo por donde repuntaban los grandes bichos. El dorado. La dicha de mi papá. Los poemas de Salto Grande, de Daniel Durand.
Después, en los 80, aparecieron los camiones Terex, amarillos, con sus tremendas patonas y sus cabinas chiquitas montadas de un solo lado. Las excursiones escolares donde se perdieron tantos tuppers de jugo. Y tanta guita al pedo de las cooperadoras.
Hace poco unos geólogos, los doctores Daniela Kröhling y Martín Iriondo, descubrieron que en su lecho se abre un gran cañón, unas diez veces más profundo que el río, algo inaudito. Tratada con cloro en los piletones, esa agua va a la red de dónde sale con un gusto, para mí, inexpresable, porque me formé con él. O sea, para mí esa es el agua. Y cuando trato de pensar en la huella que ha afirmado en mi memoria, no se me ocurren adjetivos sino imágenes asociadas. Mi abuela Negra cocinando con el ramo de perejil en un charquito de agua en la mesada, la canilla silbando continuamente porque casi todas las operaciones culinarias la requieren. El agua es el alma de la casa. Y el bandazo que sale de la olla cada vez que ella revisa su puchero “sanito” hecho con bifes porque el caracú tapa las arterias. Eso, más el apio roto para el caldo y el rojo del morrón, se me presentan en simultáneo. Y el sabor del agua está ahí, entreverado en ese bosque de multifunciones, imposible aislarlo desde mi perspectiva. Tendría que viajar y hacer la experiencia, pero nada de lo que vengo apuntando procede de esos modos de inferir, así que nada.
El ser de cada cosa se revela en lo distinto, pero ese es un ser científico, flaco y trémulo. Yo no sé qué puta hacer con mi vida: tengo edad como para fecundar óvulos, regar con leche todo, pero me falta un propósito. Lo voy a buscar. Tomo vino rosado en la plaza Zorraquín, con soda. Todavía quedan unos almacenes alrededor. Botella verde, de litro. Un eclipse de luna frente a las torres naranjadas del Fonavi. Ahí vive esa gurisita rubia que se cambió al Nacional. No le daba más el cuero. Era muy rara. Ahora no me acuerdo el nombre, pero en la próxima columna sí.

Publicada en Pausa #125, miércoles 6 de noviembre de 2013

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jueves, 14 de noviembre de 2013

Ocho historias que no desaparecerán

Los deportistas militantes durante la dictadura.

Por Gastón Chansard

La dictadura cívico-militar de nuestro país se apropió del poder entre los años 1976 y 1983 y atravesó todas las capas económicas, todas las edades y todas las actividades de la sociedad, por lo tanto el deporte tampoco estuvo al margen de la noche más larga y oscura que vivimos los argentinos. Gustavo Veiga es uno de los periodistas que más tiempo y dedicación le dedicó a la investigación del tema y, como fruto de tantos años de trabajo, el periodista publicó el libro Deporte, Desaparecidos y Dictadura en 2006, y el año pasado salió a la luz una segunda edición. Siete años después de la obra, parte de la tarea de investigación se transformó en una miniserie con formato de documental. “A partir de ahí se tomaron las historias, Gustavo las guionó y hoy salieron a la luz ocho capítulos”, aseguró Julio Santamaría, que junto a Carlos Eduardo Martínez es uno de los directores del audiovisual, que fue proyectado en la Feria del Libro de Santo Tomé,
Gustavo Veiga es el autor de un rescate histórico que luego fue llevado a la pantalla.

En el diálogo con Pausa, Santamaría sintetizó el nacimiento de un plan que cumplió con su objetivo. “Gustavo habló conmigo, le comenté que Carlos tiene una pequeña productora y ahí comenzó todo, fue un proyecto de una mesa con tres patas. Luego de ese arranque llegó Adriana Zerdin (periodista), que nos ayudó mucho a la hora de conseguir los avales de las diferentes organizaciones de Derechos Humanos”. Zerdin, que también estuvo presente en Santo Tomé, se encargó de explicar que esos avales fueron “muy importantes, sirvieron para abrir puertas hacia las instituciones del Estado, que a su vez nos permitieron que concursemos, y todos los organismos de Derechos Humanos nos cedieron todo lo que podían darnos”, y además destacó que “muchos diputados también nos apoyaron y estimularon para que armemos el proyecto”. Santamaría subrayó que la construcción de la serie se debe a que se inscribieron en un concurso del Incaa y que fueron uno de los ganadores, “gracias a eso pudimos llevar adelante la realización”.

8 en 30.000
El trabajo fílmico cuenta con ocho historias (26 minutos cada una) seleccionadas del libro. Cada capítulo recorre las vidas y trayectorias de atletas en distintas disciplinas. Y narra la historia de militantes políticos de diferentes agrupaciones que fueron secuestrados y desaparecidos por la última dictadura cívico-militar: todos deportistas federados, en muchos casos destacados en sus respectivas disciplinas.
La Plata Rugby Club (rugby), Adriana Acosta (hockey), Gustavo “Papilo” Olmedo (fútbol), Daniel Schapira (tenis), Gustavo Bruzzone (ajedrez), Antonio Piovoso (fútbol), Alicia Alfonsín (básquet) y Miguel Sánchez (atletismo) son los protagonistas de los ocho capítulos del documental. Al momento de tomar las decisiones sobre qué historias del libro reflejar en la pantalla, el director dijo: “tuvimos que elegir aquellas que podían tener una construcción audiovisual sólida, donde había testimoniantes, material de archivo provenientes de noticieros, de archivos privados, de súper 8, como en el caso de los rugbiers, donde tuvimos la suerte de encontrarnos con la madre de uno de los jugadores desaparecidos que filmaba casi todos los partidos. También nos encontramos con material que reflejaba mucho de la vida más íntima, de juegos, de la casa, de la familia de muchos de esos chicos”.
Cada historia tiene tres líneas: los compañeros del deporte, los compañeros de la militancia y los amigos de la vida junto a los familiares. A excepción de la historia de La Plata Rugby Club, donde hubo 17 desaparecidos y se los refleja a cada uno de ellos, todos los otros capítulos son historias individuales. Uno de esos protagonistas es el santafesino Gustavo Bruzzone, un ajedrecista desaparecido en 1977 que trascendió a raíz del trabajo periodístico que llevó adelante Nicolás Lovaisa. La historia del que era vecino de barrio Villa María Selva y desarrollaba su actividad en el Club Atlético Unión se encuentra en la segunda edición del libro de Veiga, y la misma fue seleccionada para ser parte del audiovisual. La proyección del capítulo de Bruzzone en la Feria del Libro de Santo Tomé fue el puntapié inicial de la charla que brindaron Julio Santamaría, Adriana Zerdin y el local Lovaisa.
Cabe destacar que en el capítulo de Bruzzone, los realizadores filmaron en Santa Fe y Santo Tomé para rescatar los testimonios de familiares, amigos y compañeros de militancia. 

Memoria
Los realizadores coinciden en subrayar el trabajo busca dar a conocer estas historias para no caer en el olvido, “estos relatos de vidas están soterrados, absolutamente olvidados, casi todas las historias sólo se conocen sólo en el lugar donde ese deportista ejercía su disciplina”. Con respecto a la postura de las diferentes asociaciones y federaciones deportivas, Santamaría fue crítico: “oficialmente la Unión Argentina de Rugby nunca se ocupó de esta temática, como tampoco la Asociación Argentina de Tenis se ocupó de Daniel Schapira, un tenista de San Lorenzo que fue llevado a la ESMA y luego desaparecido”.

Publicada en Pausa #125, miércoles 6 de noviembre de 2013

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